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title: "Milei se desploma en el ranking regional y aparece entre los presidentes con peor imagen de América Latina"
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description: "Una nueva encuesta regional mostró una fuerte caída de Javier Milei en la percepción pública latinoamericana. El presidente argentino descendió hasta el puesto 16 entre los mandatarios mejor valorados de la región, en medio del ajuste económico, el desgaste político interno y un clima social cada vez más tenso. El dato encendió alarmas dentro del oficialismo porque refleja un deterioro que ya no aparece solamente en mediciones locales."
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date_published: "2026-05-13T15:52:00-03:00"
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tags:
  - "América Latina"
  - "Argentina"
  - "Encuestas"
  - "Javier Milei"
  - "La Libertad Avanza"
author_name: "Alejandro Cabrera"
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category_name: "Política"
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category_description: "Novedades de la Política Argentina y sus principales actores en las esferas del poder. Casa Rosada y Congreso."
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# Milei se desploma en el ranking regional y aparece entre los presidentes con peor imagen de América Latina

La imagen de Javier Milei atraviesa uno de sus momentos más delicados desde que llegó a la Casa Rosada. Una encuesta regional difundida en las últimas horas mostró que el presidente argentino cayó al puesto 16 en el ranking de mandatarios mejor valorados de América Latina, una baja fuerte para un dirigente que durante los primeros meses de gestión había logrado instalarse como una figura de alto impacto regional y global.

El dato no pasa desapercibido dentro del oficialismo porque muestra algo más profundo que una oscilación estadística. La caída de Milei ya no aparece solo en encuestas argentinas vinculadas al desgaste del ajuste económico o a tensiones políticas locales. Empieza a verse también en estudios internacionales que miden liderazgo, aprobación y percepción pública en toda la región.

La situación tiene además un componente simbólico importante. Javier Milei construyó buena parte de su identidad política alrededor de una imagen internacional disruptiva: el outsider que enfrentaba al “socialismo”, defendía el libre mercado y prometía convertirse en referencia mundial de una nueva derecha libertaria. Durante meses logró instalarse como una figura observada globalmente, con fuerte presencia mediática y respaldo en sectores conservadores y liberales internacionales. Pero ahora los números empiezan a mostrar desgaste.

El contexto económico aparece como uno de los factores principales detrás de esa caída. Aunque el Gobierno sostiene que logró desacelerar la inflación y estabilizar algunas variables macroeconómicas, el costo social del ajuste sigue siendo alto. La caída del consumo, la pérdida de poder adquisitivo, el deterioro de salarios y jubilaciones, la tensión universitaria y los conflictos sociales empezaron a impactar sobre la percepción pública del Presidente.

## Del fenómeno global al desgaste interno

Durante el inicio de gestión, Milei logró sostener una narrativa de shock político que incluso generaba simpatía fuera de Argentina. Su estilo confrontativo, las apariciones internacionales, el vínculo con Donald Trump, Elon Musk y referentes de la nueva derecha global le daban visibilidad constante. Para muchos sectores internacionales, el presidente argentino representaba un experimento político novedoso: un libertario radical intentando aplicar un ajuste extremo para estabilizar una economía crónicamente inflacionaria.

Pero el problema de los liderazgos disruptivos es que dependen mucho de resultados rápidos. Cuando la novedad pierde impacto, la gestión empieza a ocupar el centro de la escena. Y ahí aparecen las dificultades.

La sociedad argentina atraviesa todavía una etapa de fuerte presión económica. Aunque el Gobierno insiste en que el sacrificio actual es necesario para evitar una crisis mayor, amplios sectores sociales todavía no perciben mejoras concretas en su vida cotidiana. El oficialismo mantiene apoyo duro en parte del electorado, pero empieza a encontrar límites para expandir consenso.

La caída en rankings regionales refleja precisamente eso: Milei ya no es visto solamente como una figura disruptiva o mediática. Empieza a ser evaluado por resultados políticos, económicos y sociales concretos. Y en ese terreno el desgaste se vuelve inevitable para cualquier gobierno que aplica un ajuste tan fuerte.

## El impacto del conflicto social y las internas

La baja en la imagen presidencial coincide además con semanas especialmente complejas para el Gobierno. La marcha universitaria volvió a llenar Plaza de Mayo y mostró capacidad de movilización contra el ajuste educativo. Los conflictos gremiales siguen activos en distintos sectores. La discusión por salarios y jubilaciones continúa abierta. Y las internas dentro del oficialismo empiezan a mostrarse cada vez más visibles.

La tensión entre Karina Milei y Santiago Caputo, los cruces alrededor de Manuel Adorni y la incomodidad creciente de Patricia Bullrich forman parte de un clima político más inestable que el de los primeros meses de gestión. Aunque Milei sigue concentrando el liderazgo total de La Libertad Avanza, la sensación de cohesión interna ya no es la misma.

Ese deterioro también impacta en la percepción externa. En política internacional, la imagen de un presidente depende no solo de sus discursos o alianzas globales, sino también de la estabilidad que transmite puertas adentro. Cuando aparecen conflictos sociales, internas visibles o dificultades legislativas, la narrativa de fortaleza empieza a erosionarse.

A eso se suma un problema clásico de los liderazgos altamente personalizados: cuando el gobierno funciona bien, el líder concentra todo el mérito; cuando aparecen dificultades, también concentra todo el desgaste. Milei construyó un esquema donde casi toda la identidad política oficialista gira alrededor suyo. Eso le dio enorme centralidad. Pero también hace que cada conflicto impacte directamente sobre su figura.

## El ajuste sigue siendo el centro de la discusión

El oficialismo insiste en que el deterioro actual es parte inevitable del proceso de estabilización económica. La Casa Rosada sostiene que heredó una situación límite y que el ajuste era indispensable para evitar una hiperinflación o una crisis mayor. En ese relato, la caída temporal de imagen es el costo político de tomar decisiones que gobiernos anteriores evitaron.

De hecho, dentro del Gobierno creen que parte de la sociedad todavía acompaña el rumbo general aunque exista cansancio por el impacto económico. El argumento libertario es que los resultados estructurales aparecerán más adelante y que la inflación en baja terminará consolidando recuperación política.

Sin embargo, la política rara vez funciona solo con promesas futuras. Cuando el ajuste golpea durante muchos meses seguidos, el desgaste empieza a acumularse incluso entre sectores que inicialmente apoyaban el cambio. El desafío para Milei es sostener legitimidad mientras intenta atravesar la etapa más dura del programa económico.

La universidad pública se transformó en uno de los símbolos de esa tensión. También el empleo estatal, los recortes presupuestarios, las jubilaciones y el deterioro del consumo. Son temas que empiezan a construir un clima social distinto al de los primeros meses posteriores al triunfo electoral.

La pregunta que empieza a atravesar al oficialismo es cuánto tiempo puede sostenerse políticamente un ajuste tan profundo sin mostrar mejoras palpables para sectores amplios de la sociedad.

## América Latina también cambia de clima político

La caída de Milei ocurre además en un contexto regional donde los liderazgos polarizantes empiezan a encontrar límites. América Latina atraviesa un escenario fragmentado, con gobiernos de derecha, centro e izquierda enfrentando dificultades económicas, presión social y creciente desconfianza institucional.

El caso argentino tenía un componente especial porque Milei aparecía como el experimento más radical de la región. Pero justamente por eso también quedó expuesto a un escrutinio mucho más intenso. Cada dato económico, cada protesta y cada conflicto político se amplifica rápidamente fuera del país.

La imagen internacional de Milei sigue siendo fuerte en sectores libertarios y conservadores globales. Continúa teniendo apoyo entre dirigentes de derecha dura y economistas liberales que ven en Argentina un laboratorio político. Pero los rankings regionales miden otra cosa: percepción pública más amplia, estabilidad y aprobación social.

Y ahí empiezan a aparecer señales de desgaste.

## El desafío de recuperar iniciativa

La preocupación central para el Gobierno no es solamente el ranking. Es la tendencia. En la Casa Rosada saben que la caída sostenida de imagen puede empezar a afectar capacidad de negociación política, margen legislativo y percepción económica. Los mercados, gobernadores, empresarios y actores internacionales observan también la fortaleza política del Presidente.

Por eso Milei intenta sostener iniciativa pública permanente. Las giras internacionales, los discursos ideológicos, las apariciones mediáticas y las confrontaciones políticas forman parte de una estrategia destinada a evitar quedar encerrado únicamente en el desgaste económico cotidiano.

El problema es que la conflictividad social y las internas empiezan a competir con esa narrativa. La marcha universitaria mostró una capacidad de movilización inesperada para el oficialismo. Las discusiones dentro del gabinete dejaron de estar completamente ocultas. Y la oposición, aunque fragmentada, intenta aprovechar el clima de desgaste.

Aun así, Milei conserva una ventaja importante: todavía mantiene una base política muy fiel y una oposición que no logra construir una alternativa clara. El Presidente sigue siendo el centro absoluto de la escena argentina y conserva capacidad de fijar agenda. Pero el clima ya no es el mismo que durante los primeros meses de gobierno.

El ranking regional funciona entonces como una señal política más amplia. No define por sí solo el futuro del Gobierno, pero sí muestra que el desgaste empieza a trascender fronteras y que el “fenómeno Milei” entra en una etapa distinta: menos marcada por la sorpresa y más condicionada por los resultados reales de gestión.

La gran incógnita para el oficialismo es si el ajuste logrará producir mejoras económicas visibles antes de que el desgaste político se vuelva más profundo.

Porque la centralidad extrema que llevó a Milei al poder también implica un riesgo: cuando el clima cambia, el impacto cae directamente sobre él.

Y las encuestas empiezan a mostrar que ese cambio ya comenzó.

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