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title: "Duhalde revisó el 2001, cuestionó la desconexión del poder y lanzó una advertencia a Milei: “Un gobierno que no cuida a los chicos no sabe lo que hace"
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description: "El expresidente volvió sobre los días más dramáticos de la Argentina reciente: los saqueos, los muertos, la caída de De la Rúa y la sensación de un país que se venía abajo. También habló del poder, de la salud mental de los líderes y dejó una frase dirigida al presente: para Duhalde, ningún gobierno puede considerarse exitoso si no pone como prioridad a los niños y a los sectores más vulnerables."
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date_published: "2026-07-05T19:45:00-03:00"
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tags:
  - "2001"
  - "Argentina"
  - "Duhalde"
  - "Entrevistas"
author_name: "Alejandro Cabrera"
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category_name: "Política"
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category_description: "Novedades de la Política Argentina y sus principales actores en las esferas del poder. Casa Rosada y Congreso."
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# Duhalde revisó el 2001, cuestionó la desconexión del poder y lanzó una advertencia a Milei: “Un gobierno que no cuida a los chicos no sabe lo que hace

Eduardo Duhalde volvió a mirar diciembre de 2001 desde adentro. No como una postal congelada de helicóptero, saqueos y represión, sino como el final anunciado de una crisis que, según su relato, ya se veía venir desde mucho antes. En la entrevista, el expresidente reconstruyó reuniones previas, advertencias empresarias, intentos fallidos de modificar el rumbo económico y una percepción central: el gobierno de Fernando de la Rúa no alcanzó a comprender la magnitud del derrumbe que se estaba gestando.

La charla parte de una pregunta inevitable: cómo se llegó a los muertos, a los saqueos, al estallido social y a esos días que marcaron una de las heridas más profundas de la democracia argentina. Duhalde no responde con una sola causa. Habla de una economía paralizada, de empresarios que sentían que iban a perder sus compañías, de dirigentes que intentaron advertirle al poder político y de un país en el que la calle ya empezaba a expresar bronca antes de que la crisis explotara por completo.

## Las señales antes del derrumbe

Duhalde recordó una reunión convocada por Raúl Alfonsín con empresarios importantes, muchos de ellos vinculados al radicalismo. Según su relato, el encuentro sorprendió por el tono de alarma: los empresarios no fueron a defender un privilegio sectorial, sino a decir que la situación se venía abajo y que muchos estaban al borde de perder sus empresas.

Esa escena es clave porque muestra que el 2001 no llegó de golpe. Antes de los saqueos, antes de la renuncia de De la Rúa y antes del colapso político, ya había señales claras en el mundo productivo. La convertibilidad, la recesión, la falta de crédito, la caída del consumo y la imposibilidad de competir habían generado una sensación de encierro económico.

Frente a ese diagnóstico, Duhalde contó que junto a Carlos Brown impulsó el Movimiento Productivo Argentino, una herramienta política y económica que buscaba convencer al gobierno de cambiar el rumbo. La idea era recuperar una mirada desarrollista, orientada a la producción, el trabajo y la actividad industrial.

Para Duhalde, la salida no podía ser simplemente financiera. No alcanzaba con sostener el esquema monetario o cumplir con los mercados. La Argentina necesitaba volver a producir. Esa fue, según su relato, la advertencia que intentaron llevarle al gobierno de la Alianza.

> **El problema, según Duhalde, no era solo económico: era la incapacidad del poder para escuchar que el país real se estaba quebrando.**

## De la Rúa y la desconexión del poder

Uno de los pasajes más fuertes de la entrevista aparece cuando Duhalde recuerda un encuentro con Fernando de la Rúa. No lo acusa de mala fe ni intenta hacer un diagnóstico personal cerrado, pero sugiere que el entonces presidente no lograba registrar la gravedad de lo que ocurría.

El expresidente describe una escena de desconexión: De la Rúa saludando varias veces, caminando, mientras afuera la tensión social crecía. La imagen funciona casi como símbolo de la crisis: un gobierno encerrado en sus propios rituales mientras la calle empezaba a romper todos los bordes.

Duhalde también recordó insultos y episodios de bronca popular frente a dirigentes. La sociedad ya no estaba solo preocupada: estaba en estado de furia. Los saqueos y la violencia posterior fueron el punto extremo de una descomposición que llevaba meses acumulándose.

La lectura política es clara. Para Duhalde, los gobiernos caen cuando pierden contacto con la realidad social. Cuando no escuchan a los empresarios, a los trabajadores, a los sectores medios y a los pobres, la crisis deja de ser un problema de indicadores y se convierte en un problema de gobernabilidad.

## El poder y la salud mental

La entrevista también se detiene en un tema menos habitual: el efecto psicológico del poder. Consultado sobre si el poder pudo haber afectado a De la Rúa, Duhalde evita una respuesta tajante. Dice que no puede afirmarlo, pero abre una reflexión más amplia sobre cómo los presidentes viven encerrados en una burbuja de presión, ceremonial y aislamiento.

Para explicar esa idea, compara la cultura política argentina con la de algunos países europeos. Menciona líderes que, aun ocupando cargos de enorme responsabilidad, conservaban rutinas cotidianas: salir, hacer tareas domésticas, cocinar, lavar, limpiar o sostener espacios de vida personal fuera del poder.

El ejemplo más claro que utiliza es Angela Merkel. Duhalde recuerda que la ex canciller alemana defendía esas actividades cotidianas como una cuestión de salud mental. La idea es simple pero profunda: quien gobierna necesita conservar una parte de vida normal para no quedar absorbido por el cargo.

Ese razonamiento le permite a Duhalde marcar una diferencia con la Argentina, donde el poder suele vivirse como encierro, exaltación o aislamiento. En su mirada, esa falta de equilibrio puede afectar la capacidad de decisión de los dirigentes.

> **Para Duhalde, el poder puede enfermar cuando separa al dirigente de la vida común y de la realidad que debería gobernar.**

## La advertencia a Milei

La entrevista se vuelve actual cuando le preguntan por Javier Milei. Duhalde no responde con una chicana económica ni con una comparación directa entre 2001 y el presente. Elige otro eje: los chicos.

Su frase es contundente: un gobierno municipal, provincial o nacional que no cuida a los inocentes, especialmente a los niños, no sabe lo que hace. Para el expresidente, la prioridad de cualquier administración debe estar en quienes no pueden defenderse solos: los chicos, los pobres, los débiles, los que dependen de una red mínima de protección.

Duhalde recuerda el problema de la mortalidad infantil y compara la situación argentina con otros países que lograron reducirla drásticamente. También menciona prácticas de asistencia a familias de niños fallecidos, conocidas como “angelitos”, y sostiene que detrás de esos casos había pobreza extrema, desnutrición y abandono social.

La advertencia tiene una lectura directa sobre el presente. En medio de un gobierno que ordena la macroeconomía con fuerte ajuste fiscal, Duhalde plantea una vara moral: la política no puede medirse solo por déficit, inflación o riesgo país. También debe medirse por lo que ocurre con los niños.

## El límite del ajuste

Sin mencionarlo en términos técnicos, Duhalde introduce una discusión central para la Argentina actual: cuál es el límite humano de un programa económico. Su experiencia de 2001 lo lleva a mirar la crisis no solo desde los números, sino desde la calle, la comida, la infancia y la desesperación social.

La frase sobre los niños funciona como una crítica de fondo a cualquier gobierno que pierda sensibilidad social. No importa si es nacional, provincial o municipal. Para Duhalde, quien no pone a los más vulnerables en el centro de su gestión está fallando en la esencia misma de gobernar.

Ese argumento conecta su mirada histórica con el presente. En 2001, la desconexión entre el poder político y el deterioro social terminó en estallido. Hoy, Duhalde parece sugerir que ningún gobierno debería creer que la estabilidad económica alcanza si al mismo tiempo crecen la pobreza, el hambre o la fragilidad infantil.

> **La política, para Duhalde, empieza por una pregunta básica: qué hace el Estado con los que no pueden esperar.**

## Alfonsín y la salida política

En el tramo final, la entrevista vuelve a la crisis que le tocó asumir. Duhalde recuerda que llegó al poder en una situación de emergencia extrema y que el respaldo político fue clave. En particular, menciona el papel de Raúl Alfonsín, una figura central para sostener una transición institucional en medio del caos.

Ese punto es importante porque 2001 no fue solo una crisis económica. Fue una crisis de representación, de autoridad y de legitimidad. La sucesión de presidentes, la presión callejera y el colapso de la confianza exigían una salida política amplia.

Duhalde entiende que su gobierno no puede explicarse sin ese marco. No bastaba con administrar. Había que reconstruir autoridad estatal, contener la emergencia social y encauzar un país que venía de romper todos los equilibrios.

La ayuda de Alfonsín, en esa lectura, representa algo que hoy parece escaso: acuerdos básicos entre adversarios para evitar que la crisis se lleve puesto al sistema. En 2001, la política estaba desprestigiada, pero todavía conservó capacidad de pactar una salida institucional.

## La comparación con la Argentina actual

Cuando le preguntan si aquella crisis puede compararse con la situación argentina actual, Duhalde prefiere ser prudente. Dice que es difícil comparar crisis de distinta dimensión y que el paso del tiempo vuelve borrosos algunos recuerdos. Pero la entrevista deja pistas claras sobre su mirada.

No dice que la Argentina esté igual que en 2001. Tampoco afirma que el desenlace pueda repetirse. Lo que sí plantea es una advertencia sobre los mecanismos que llevan a un gobierno a perder control: falta de escucha, desconexión social, deterioro de la vida cotidiana y ausencia de prioridad sobre los sectores más vulnerables.

En ese sentido, la comparación no es mecánica. No se trata de decir que la historia se repite, sino de identificar señales de riesgo. Duhalde habla desde la memoria de alguien que vio una crisis convertirse en estallido y que entiende que los gobiernos suelen advertir el peligro demasiado tarde.

## Una entrevista atravesada por la memoria y el presente

El testimonio de Duhalde tiene valor porque mezcla historia personal, diagnóstico político y advertencia social. Habla del 2001, pero también habla de hoy. Recuerda a De la Rúa, pero interpela a Milei. Vuelve sobre Alfonsín, pero deja planteada la necesidad de acuerdos en un país que sigue tensionado.

Su mirada puede discutirse, pero tiene una autoridad particular: fue uno de los dirigentes que tuvo que administrar la salida del derrumbe. Por eso sus palabras sobre la desconexión del poder, la salud mental de los gobernantes y la prioridad de la infancia no aparecen como comentarios aislados, sino como conclusiones nacidas de una experiencia límite.

La entrevista deja una idea fuerte: las crisis no empiezan cuando estallan. Empiezan antes, cuando los gobiernos dejan de escuchar, cuando la economía real se rompe, cuando la gente pierde esperanza y cuando los dirigentes creen que todavía tienen tiempo.

Duhalde volvió a contar el 2001, pero el mensaje quedó dirigido al presente. Un país puede ordenar sus cuentas, negociar con mercados o sostener discursos de poder. Pero si no cuida a los chicos, si no registra el sufrimiento social y si no conserva una conexión mínima con la realidad, la política vuelve a caminar sobre un terreno demasiado conocido.

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