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title: "La inflación perforó el 2% en junio: el dato que celebra Milei y las señales que todavía preocupan"
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description: "El Índice de Precios al Consumidor avanzó 1,9%, el registro más bajo desde agosto de 2025 y la primera medición inferior al 2% durante este año. Sin embargo, el primer semestre acumuló 16,8%, la inflación interanual subió al 33,5% y los servicios continúan aumentando por encima de los bienes."
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date_published: "2026-07-14T18:38:00-03:00"
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  - "argentina"
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  - "inflación"
author_name: "Alejandro Cabrera"
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category_name: "Economía"
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# La inflación perforó el 2% en junio: el dato que celebra Milei y las señales que todavía preocupan

La inflación volvió a desacelerarse y consiguió atravesar una barrera que el Gobierno buscaba desde comienzos de año. El INDEC informó que los precios aumentaron 1,9% durante junio, frente al 2,1% registrado en mayo y el 2,6% de abril.

El resultado confirmó la tercera desaceleración mensual consecutiva después del 3,4% alcanzado en marzo. También fue el primer dato inferior al 2% de 2026 e igualó el registro de agosto de 2025, cuando el índice también había sido del 1,9%.

Para la Casa Rosada, el número representa una victoria económica y política. Javier Milei felicitó públicamente al ministro Luis Caputo y el equipo económico destacó especialmente que la inflación núcleo, que excluye precios estacionales y regulados, descendió al 1,6%.

Ese indicador es relevante porque intenta reflejar la tendencia más persistente de los precios. Al quedar por debajo del nivel general, ofrece una señal favorable para los próximos meses, aunque no garantiza que la inflación continúe bajando de manera automática.

El dato también fue ligeramente mejor que el esperado por el mercado. El Relevamiento de Expectativas de Mercado del Banco Central había calculado un 2% para junio, mientras que los analistas con mejores antecedentes de pronóstico habían estimado exactamente un 1,9%.

## Qué productos y servicios impulsaron los precios

La desaceleración no fue uniforme.

La división que más aumentó durante junio fue Recreación y cultura, con una suba del 4,2%, impulsada en buena medida por el turismo, los pasajes, los hoteles y los paquetes vinculados con las vacaciones de invierno.

El segundo incremento más elevado correspondió a Vivienda, agua, electricidad, gas y otros combustibles, que avanzó 3,3%. Los ajustes en las tarifas de electricidad y los gastos relacionados con la vivienda continuaron presionando sobre los presupuestos familiares.

Los precios estacionales aumentaron 3,4%, por encima del promedio. En ese grupo incidieron principalmente el turismo y algunas verduras, aunque el descenso de determinadas frutas compensó parcialmente las subas.

Los regulados avanzaron 2,3%, afectados por la electricidad y el transporte público. Esto muestra que una parte importante de la inflación continúa vinculada con las correcciones tarifarias y con decisiones administrativas que todavía no terminaron de trasladarse completamente a los precios.

En el otro extremo, Prendas de vestir y calzado aumentó apenas 0,4%, mientras que Comunicaciones registró una variación del 0,9%.

El comportamiento de la indumentaria puede explicarse por una combinación de menor demanda, mayor competencia de productos importados y promociones destinadas a reducir existencias. La baja inflación del rubro no significa necesariamente una mejora del consumo, sino que también puede reflejar las dificultades de los comercios para trasladar aumentos.

Alimentos y bebidas no alcohólicas, la división con mayor incidencia sobre los hogares de menores ingresos, aumentó 1,3%. El número quedó considerablemente por debajo del nivel general y ayudó a explicar la desaceleración.

Dentro de los alimentos existieron comportamientos muy diferentes. Algunos productos vinculados con panificados, cereales y medicamentos registraron incrementos, mientras frutas como el limón y la naranja mostraron fuertes bajas mensuales.

La moderación de los alimentos representa una señal favorable, pero no elimina el efecto acumulativo. Aunque un producto aumente menos que durante los meses anteriores, su precio se mantiene sobre una base que ya incorporó todos los incrementos previos.

## El primer semestre terminó muy lejos de la meta oficial

Con el 1,9% de junio, la inflación acumulada durante los primeros seis meses de 2026 llegó al 16,8%.

Ese resultado vuelve imposible cumplir con la previsión del Presupuesto, que había estimado una inflación anual del 10,1%. Los precios superaron en junio el objetivo proyectado para todo el año.

La secuencia mensual muestra las dificultades que atravesó el proceso de desinflación. El año comenzó con un 2,9% en enero, repitió el 2,9% en febrero y aceleró al 3,4% en marzo. Después descendió al 2,6% en abril, al 2,1% en mayo y finalmente al 1,9% en junio.

El descenso de los últimos tres meses permitió contener el acumulado, pero no alcanza para acercarse a la pauta presupuestaria. Para terminar 2026 alrededor del 10%, los precios deberían registrar una variación negativa durante el segundo semestre, una posibilidad descartada por las propias proyecciones oficiales y privadas.

Otro dato que merece atención es la inflación interanual.

Aunque el índice mensual bajó, la comparación con junio de 2025 aumentó desde el 33,2% registrado en mayo hasta el 33,5%. Esto se produce porque la inflación de junio de 2026 fue superior a la del mismo mes del año pasado, que sale de la comparación anual.

No significa que la inflación esté acelerándose en el margen. Refleja un efecto estadístico generado por la base de comparación. Sin embargo, muestra que el descenso interanual puede volverse más lento cuando se comparan los precios actuales con meses de 2025 que ya presentaban registros relativamente bajos.

El Gobierno había planteado la expectativa de llegar durante el segundo semestre a una inflación mensual que comenzara con cero. El 1,9% de junio representa un avance, pero todavía existe una distancia considerable respecto de ese objetivo.

Incluso mantener una inflación cercana al 2% durante varios meses implicaría un aumento anual muy superior a los niveles habituales de las economías estables. El desafío ya no consiste únicamente en perforar circunstancialmente ese umbral, sino en sostener la tendencia y acercarse progresivamente a registros inferiores.

## La discusión sobre los salarios y el consumo

La reducción de la inflación no produce automáticamente una recuperación del poder adquisitivo.

Para que los ingresos reales mejoren, los salarios, las jubilaciones y las asignaciones deben aumentar por encima de los precios durante un período prolongado. Un mes de inflación más baja puede generar alivio, pero no revierte por sí solo la pérdida acumulada.

El impacto también varía según el tipo de hogar.

Las familias que destinan una parte mayor de sus ingresos a alimentos se beneficiaron de que ese rubro aumentara menos que el promedio. Pero quienes tienen una incidencia elevada de alquileres, servicios públicos, transporte, educación o medicina enfrentaron incrementos superiores.

Esta diferencia explica por qué el promedio general puede mostrar una inflación del 1,9% mientras muchos hogares perciben aumentos considerablemente mayores en sus gastos habituales.

El dato de junio también debe interpretarse dentro de una economía con comportamientos sectoriales muy desiguales. Mientras algunos bienes durables se benefician de las importaciones y de una mayor estabilidad cambiaria, sectores relacionados con el consumo masivo continúan enfrentando dificultades.

La competencia externa y la debilidad de la demanda ayudan a contener determinados precios. Esa combinación beneficia al consumidor en el corto plazo, pero puede generar consecuencias sobre la producción, las ventas y el empleo si se prolonga.

## El Gobierno vincula la baja con la reforma del Banco Central

Milei utilizó el nuevo índice para reforzar su argumento de que la reducción de la inflación depende fundamentalmente del equilibrio fiscal y de la ausencia de emisión destinada a financiar al Tesoro.

La Casa Rosada prepara una reforma de la Carta Orgánica del Banco Central con la que pretende prohibir la asistencia monetaria directa o indirecta al Gobierno, limitar la distribución de utilidades y establecer sanciones para las autoridades que incumplan esas restricciones.

El proyecto también buscará que el objetivo principal del organismo vuelva a ser la preservación del valor de la moneda. El oficialismo sostiene que estas condiciones impedirían que una futura administración revierta el programa monetario mediante decisiones políticas.

La oposición cuestiona esa interpretación y señala que la inflación no depende exclusivamente de la cantidad de dinero. También intervienen el tipo de cambio, las tarifas, los salarios, las expectativas, los costos internacionales y el nivel de actividad.

El debate llegará al Congreso durante un momento favorable para el Gobierno. El 1,9% ofrece un argumento concreto para defender la continuidad del programa y presentar la reforma del Banco Central como una garantía institucional contra el regreso de la inflación.

Sin embargo, el propio índice muestra que los precios regulados y los servicios continúan creciendo por encima de los bienes. El control monetario puede reducir la tendencia general, pero todavía quedan pendientes correcciones de precios relativos capaces de generar aumentos puntuales.

## Qué puede pasar con la inflación de julio

Las primeras estimaciones privadas ubican la inflación de julio nuevamente cerca del 2%. El turismo por las vacaciones de invierno, los aumentos de tarifas y determinados ajustes en el transporte podrían ejercer presión.

Al mismo tiempo, la estabilidad de los alimentos, la competencia de productos importados y una demanda todavía moderada funcionarían como factores de contención.

La evolución del dólar será otra variable central. El Relevamiento de Expectativas de Mercado proyectó para julio un tipo de cambio promedio de $1482 y elevó su previsión para diciembre a $1673. Una depreciación ordenada podría tener un traslado limitado, pero un movimiento abrupto aumentaría el riesgo de que comerciantes y empresas ajusten sus listas preventivamente.

El dato de junio confirma que la inflación volvió a descender después del salto registrado durante el primer trimestre. También demuestra que el programa económico conserva capacidad para contener los precios incluso con ajustes en servicios públicos.

Pero el 1,9% no significa que el problema esté resuelto.

La inflación acumulada ya supera la meta presupuestaria anual, la comparación interanual volvió a subir y los servicios esenciales continúan aumentando por encima del promedio.

El Gobierno consiguió perforar el 2%. Ahora deberá demostrar que no fue un resultado aislado y que puede transformar esa baja en una tendencia sostenida sin depender exclusivamente de la caída del consumo, el atraso de determinados precios o la postergación de aumentos.

La verdadera prueba comenzará en julio y agosto. Si la inflación núcleo se mantiene cerca del 1,6% y los alimentos continúan moderados, la desaceleración podría consolidarse. Si el dólar, las tarifas o los precios estacionales vuelven a presionar, el índice podría regresar rápidamente por encima del 2%.

Junio le dio a Milei el número que esperaba. El próximo desafío será sostenerlo.

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