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title: "Reforma del Banco Central: qué quiere cambiar Milei y por qué puede condicionar a los próximos gobiernos"
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description: "El proyecto elimina la posibilidad de que el BCRA financie al Tesoro, reduce sus objetivos exclusivamente a preservar el valor del peso y dificulta la remoción de sus autoridades. El debate comenzará este miércoles 5 de agosto en comisiones de Diputados: no habrá todavía una votación en el recinto."
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  - "Banco Central"
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  - "Economía"
  - "MIlei"
author_name: "Alejandro Cabrera"
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category_name: "Política"
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category_description: "Novedades de la Política Argentina y sus principales actores en las esferas del poder. Casa Rosada y Congreso."
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# Reforma del Banco Central: qué quiere cambiar Milei y por qué puede condicionar a los próximos gobiernos

El Gobierno comenzará a defender en el Congreso una reforma profunda de la Carta Orgánica del Banco Central que pretende modificar la relación entre la autoridad monetaria, el Poder Ejecutivo y las cuentas públicas.

La iniciativa será analizada este miércoles 5 de agosto en un plenario de las comisiones de Finanzas y de Presupuesto y Hacienda de la Cámara de Diputados. Será una reunión informativa y el primer paso del trámite parlamentario: todavía no se votará la ley ni existe un dictamen listo para llegar al recinto.

El núcleo del proyecto es sencillo de explicar: ningún gobierno podría volver a utilizar al Banco Central como fuente directa de dinero para cubrir un déficit fiscal.

Para conseguirlo, la propuesta elimina los adelantos transitorios, prohíbe comprar deuda pública durante su emisión, limita la distribución de utilidades y busca terminar con las Letras Intransferibles que el Tesoro entregó durante años a cambio de dólares de las reservas.

También cambia la misión institucional del BCRA y endurece de manera extraordinaria las condiciones para remover a su presidente y a los integrantes del directorio.

El Gobierno presenta la reforma como un blindaje contra la inflación y la manipulación política de la moneda. El planteo tiene puntos razonables, especialmente cuando intenta impedir que el déficit sea cubierto con emisión. Pero la letra también abre interrogantes sobre el poder que concentrarían las autoridades del Central, la pérdida de mecanismos de coordinación con Economía y la ausencia de herramientas excepcionales ante una crisis profunda.

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## Un Banco Central dedicado solamente a cuidar el valor del peso

Actualmente, la Carta Orgánica establece que el Banco Central debe promover la estabilidad monetaria y financiera, el empleo y el desarrollo económico con equidad social.

El proyecto reemplaza ese mandato múltiple por una misión primaria y fundamental: preservar el valor de la moneda.

En términos prácticos, significa que la institución deberá concentrar sus decisiones en combatir la inflación y proteger el poder adquisitivo del peso. Ya no tendrá entre sus responsabilidades legales promover el empleo, orientar el crédito hacia las pequeñas empresas o favorecer el desarrollo de las economías regionales.

El argumento oficial es que una institución con una sola herramienta principal —la política monetaria— no puede ser responsable simultáneamente de la inflación, el empleo, el crecimiento y la distribución del ingreso.

Con un objetivo único, sostienen sus impulsores, será más sencillo evaluar el desempeño del Banco Central. Si el peso pierde valor y la inflación aumenta, sus autoridades no podrán justificar el fracaso argumentando que priorizaron el empleo o la actividad económica.

La propuesta se acerca al modelo adoptado por varios países latinoamericanos, donde la estabilidad de precios ocupa el lugar central. Sin embargo, no existe una única fórmula internacional. La Reserva Federal de Estados Unidos, por ejemplo, combina la estabilidad de precios con el objetivo de alcanzar el máximo nivel de empleo, mientras el Banco Central Europeo prioriza el control inflacionario.

La modificación tampoco significa que el Estado dejará de tener responsabilidades sobre el empleo, la producción o las pequeñas empresas. Significa que esas políticas deberán desarrollarse desde el Ministerio de Economía, los bancos públicos, los programas fiscales o las instituciones de fomento, pero no mediante las decisiones monetarias del BCRA.

El riesgo es que el nuevo mandato sea interpretado de una manera demasiado estrecha. Subir fuertemente las tasas o restringir el dinero puede ayudar a contener los precios, pero también enfriar el consumo, el crédito, la inversión y el empleo.

Una autoridad monetaria independiente debe cuidar la moneda sin ignorar que sus decisiones producen consecuencias sobre toda la economía.

## El final de la emisión para financiar al Tesoro

El cambio más importante es la prohibición del financiamiento directo e indirecto al sector público.

La Carta Orgánica vigente permite que el Banco Central entregue adelantos transitorios al Gobierno nacional dentro de determinados límites relacionados con la base monetaria y la recaudación. En la práctica argentina, esos adelantos dejaron muchas veces de ser transitorios y fueron renovados o ampliados para cubrir desequilibrios fiscales.

La reforma deroga por completo esa facultad. El BCRA no podrá conceder préstamos al Gobierno nacional, las provincias, la Ciudad de Buenos Aires o los municipios. Tampoco podrá comprar títulos públicos en el mercado primario, es decir, en el momento en que el Tesoro los emite para conseguir financiamiento.

La diferencia entre el mercado primario y el secundario es central.

La prohibición alcanza a la compra directa de deuda nueva, porque esa operación equivale a financiar al Estado. Pero el Banco Central podrá continuar comprando y vendiendo bonos que ya se encuentran en circulación cuando necesite regular la cantidad de dinero, las tasas o la liquidez del sistema financiero.

Ese tipo de operación forma parte de las herramientas habituales de política monetaria utilizadas por los bancos centrales internacionales y no queda eliminado por el proyecto.

También desaparecería la posibilidad de que el BCRA adelante los fondos necesarios para pagar servicios de la deuda pública. Si el Tesoro necesita dólares para afrontar un vencimiento, deberá adquirirlos o conseguir el financiamiento correspondiente sin recurrir a una transferencia directa del Central.

El objetivo es cortar el circuito mediante el cual un gobierno aprueba gastos superiores a sus ingresos y luego cubre la diferencia creando pesos.

La Argentina utilizó durante décadas los adelantos transitorios y las transferencias de utilidades. Desde 2003, el Banco Central giró al Tesoro el equivalente actual a más de 400 billones de pesos mediante esas dos vías. La utilización fue especialmente intensa durante los gobiernos de Cristina Kirchner y Alberto Fernández, aunque las transferencias de utilidades también fueron empleadas por la administración de Milei.

La prohibición no elimina por sí misma el déficit fiscal. Un futuro gobierno todavía podría gastar más de lo que recauda, pero tendría que financiar esa diferencia mediante impuestos, deuda colocada entre inversores, reducción de otros gastos o créditos internacionales.

El riesgo simplemente se trasladaría. Un gobierno que no pueda emitir para cubrir su déficit podría endeudarse excesivamente o imponer un ajuste desordenado. La nueva Carta Orgánica limita una fuente particularmente inflacionaria, pero no sustituye una política fiscal responsable.

Otro punto que deberá discutirse es la ausencia de una válvula excepcional suficientemente clara.

Durante una catástrofe, una guerra, una pandemia o una crisis bancaria severa, distintos bancos centrales del mundo aplicaron medidas extraordinarias para respaldar a los gobiernos o al sistema financiero. Una prohibición absoluta puede otorgar credibilidad durante tiempos normales, pero también reducir la capacidad de reacción frente a una emergencia que no permita esperar una solución convencional.

## Utilidades contables y Letras Intransferibles

El proyecto también cambia la manera en que el Banco Central puede distribuir sus resultados.

Una parte importante de las supuestas ganancias del BCRA no proviene de ingresos genuinos. Aparece cuando aumenta el precio del dólar y, en consecuencia, las reservas y otros activos en moneda extranjera valen más pesos dentro del balance.

Esa diferencia contable fue transferida en distintas oportunidades al Tesoro. Para entregar esos pesos, el Central debía emitirlos, aunque la ganancia no hubiera surgido de una operación concretada ni hubiera generado dinero disponible.

La propuesta establece que solamente podrán distribuirse utilidades realizadas y líquidas. Los resultados generados por la variación del dólar o del precio del oro deberán incorporarse al capital o a reservas especiales del Banco y no podrán convertirse inmediatamente en recursos para el Gobierno.

Además, antes de cualquier transferencia, las reservas acumuladas por el BCRA deberán representar al menos el 50% de su capital. El dinero que eventualmente pueda girarse tendrá que utilizarse exclusivamente para cancelar deuda pública.

El Gobierno intenta de esta manera impedir que una devaluación genere una utilidad contable y que esa supuesta ganancia termine financiando nuevos gastos.

La reforma también busca cerrar el mecanismo de las Letras Intransferibles.

Estos instrumentos fueron entregados por el Tesoro al Banco Central a cambio de dólares de las reservas, utilizados principalmente para pagar deuda. Como no pueden venderse en el mercado, tienen poca liquidez y no le permiten al BCRA recuperar rápidamente las divisas entregadas.

Las distintas administraciones emitieron Letras Intransferibles por aproximadamente 86.000 millones de dólares. El kirchnerismo fue el principal usuario del mecanismo, aunque los gobiernos de Mauricio Macri y Milei también realizaron operaciones para recomprarlas o modificar su composición.

La propuesta no borra de un día para otro las letras existentes. Establece un régimen transitorio mediante el cual una parte de los resultados del Banco Central deberá utilizarse para cancelar progresivamente esas obligaciones y los adelantos transitorios pendientes.

Hasta que esa limpieza se complete, los vencimientos de los adelantos quedarán prorrogados y las letras conservarán las condiciones con las que fueron emitidas.

Por eso, hablar de una eliminación inmediata puede resultar engañoso. La ley impediría generar nuevas Letras Intransferibles, pero el saneamiento del stock acumulado demandará tiempo, recursos fiscales y dólares.

## Un presidente del Central mucho más difícil de remover

El otro gran eje es la independencia institucional.

La Carta Orgánica ya establece mandatos de seis años para las autoridades del BCRA y exige que sean designadas por el Poder Ejecutivo con acuerdo del Senado. Sin embargo, los gobiernos acostumbran nombrarlas en comisión y los presidentes del organismo suelen renunciar cuando cambia la conducción política del país.

La reforma fija causales específicas para remover a los directores, como una falta grave y manifiesta respaldada por hechos precisos.

El Poder Ejecutivo conservará la facultad de dictar el decreto de remoción, pero necesitará previamente la aprobación de dos tercios de los miembros presentes en Diputados y la misma mayoría en el Senado.

El propósito es impedir que un presidente de la Nación desplace al titular del Central por negarse a bajar las tasas, emitir dinero, utilizar reservas o adaptar la política monetaria a una necesidad electoral.

Una mayor estabilidad puede mejorar la credibilidad de la institución y permitir decisiones de largo plazo. Pero los dos tercios en ambas cámaras representan una barrera extremadamente alta.

Con ese requisito, un director podría resultar prácticamente imposible de remover incluso frente a errores graves, pérdida de reservas, incumplimiento del mandato o decisiones que comprometan la estabilidad financiera, siempre que conserve el respaldo de una minoría legislativa suficiente.

La independencia no debería equivaler a ausencia de controles.

El proyecto no desarrolla un sistema fuerte de rendición de cuentas, comparecencias periódicas obligatorias, publicación completa de las decisiones o mecanismos institucionales para explicar los desvíos inflacionarios. Especialistas que acompañan la orientación general de la reforma advierten que el BCRA debe ser autónomo del Poder Ejecutivo, pero no quedar aislado del Congreso y de la sociedad.

La discusión también está atravesada por la situación de Santiago Bausili.

El actual presidente del Banco Central fue designado en comisión y su pliego todavía no recibió acuerdo del Senado. El mandato institucional que completa vence en septiembre de 2028, varios meses después de la finalización del actual período presidencial de Milei.

Si el Senado aprueba su designación y luego entra en vigencia el nuevo mecanismo de remoción, Bausili podría continuar al frente del organismo durante un eventual gobierno de otro signo y solo podría ser desplazado mediante la mayoría agravada.

Esa continuidad sería coherente con la idea de independencia, pero obliga al oficialismo a aceptar el principio completo: las autoridades designadas por futuros gobiernos también deberían permanecer aunque fueran rechazadas por un presidente libertario.

## Menos coordinación con el Ministerio de Economía

La reforma elimina la presencia de un representante del Ministerio de Economía en las reuniones del directorio del Banco Central.

También suprime la obligación de que el BCRA emita una opinión técnica previa sobre el impacto que las operaciones de endeudamiento público externo pueden producir en la balanza de pagos.

El Gobierno considera que esas disposiciones debilitan la independencia del organismo o agregan trámites sin influencia real.

Sin embargo, una política monetaria completamente aislada de la política fiscal, cambiaria y de deuda también puede producir inconsistencias.

El Tesoro puede endeudarse, modificar impuestos o aumentar gastos mientras el Banco Central intenta reducir la cantidad de dinero. Del mismo modo, el BCRA puede elevar las tasas o intervenir sobre el dólar generando costos que después debe afrontar el Ministerio de Economía.

La independencia exige evitar órdenes políticas, pero no supone que ambas instituciones deban actuar como compartimentos sin comunicación.

Países con bancos centrales autónomos mantienen mecanismos formales de coordinación, intercambio de información y rendición de cuentas. El desafío del Congreso será proteger al BCRA de las presiones electorales sin convertirlo en un poder económico sin contrapesos.

## Lo que esta ley no incluye

La reforma del Banco Central fue presentada por Milei junto con otros anuncios, pero no todos forman parte del proyecto que comienza a debatirse.

La penalización de los funcionarios que autoricen emisión para financiar el déficit será incluida, según anticipó el Gobierno, en una reforma posterior del Código Penal. Por lo tanto, la ley del BCRA no enviará automáticamente a prisión a un presidente, ministro, diputado o director del organismo.

Tampoco forma parte de esta iniciativa el denominado “grillete fiscal”, el mecanismo que podría suspender gastos y actividades estatales no esenciales cuando las cuentas públicas permanezcan en déficit.

Las reformas del mercado de capitales y del sistema de seguros también serán enviadas por separado.

La distinción es importante porque el discurso presidencial presentó todo como un mismo programa, pero el Congreso deberá analizar cada herramienta en proyectos y momentos diferentes.

## Qué puede cambiar para la economía

La eventual aprobación no produciría una caída automática de la inflación ni una modificación inmediata del dólar, las tasas, los créditos o los salarios.

Su principal efecto sería institucional y de largo plazo: elevar el costo político y legal de utilizar la emisión para financiar al Estado, mejorar la autonomía del Central y enviar una señal de continuidad monetaria más allá del gobierno de Milei.

La reforma podría contribuir a reducir la desconfianza si viene acompañada por equilibrio fiscal, acumulación de reservas, transparencia y una conducción monetaria consistente. Una ley, por sí sola, no crea credibilidad cuando las autoridades incumplen las reglas o cuando el Congreso puede volver a modificarlas mediante otra mayoría.

La Carta Orgánica es una ley ordinaria. Un futuro gobierno que reúna los votos suficientes podría reformarla nuevamente. El proyecto crea obstáculos institucionales, pero no “talla en piedra” la prohibición ni le otorga jerarquía constitucional.

El debate de fondo no debería reducirse a elegir entre un Banco Central subordinado al Presidente y otro completamente desconectado del poder democrático.

La Argentina necesita una institución que no sea utilizada como caja del Gobierno, pero que también rinda cuentas, coordine sus decisiones y conserve capacidad para actuar ante una emergencia.

La prohibición de financiar el déficit responde a una de las causas históricas de la inflación argentina. El punto más discutible será determinar quién controla a las autoridades encargadas de cumplirla y qué herramientas tendrá el país cuando la estabilidad monetaria entre en conflicto con una crisis financiera, social o productiva.

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