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title: "Benegas Lynch culpó a los televisores del Mundial por la mora, pero los datos del BCRA muestran un problema mucho más profundo"
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description: "El diputado de La Libertad Avanza sostuvo que detrás de las estadísticas hay personas que compraron electrodomésticos y ahora “no quieren pagar” porque Argentina no salió campeón. Sin embargo, los registros oficiales muestran un deterioro generalizado: la mora bancaria de las familias llegó al 12,8%, entre los prestamistas no bancarios alcanza el 26,9% y en los préstamos personales trepa al 34,1%. No existe evidencia pública que permita atribuir el salto de los impagos a la compra de televisores por el Mundial."
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date_published: "2026-08-26T17:52:00-03:00"
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  - "Benegas Lynch"
  - "Mora"
author_name: "Alejandro Cabrera"
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# Benegas Lynch culpó a los televisores del Mundial por la mora, pero los datos del BCRA muestran un problema mucho más profundo

Alberto “Bertie” Benegas Lynch volvió a poner en discusión la explicación que el Gobierno viene ofreciendo frente al fuerte crecimiento de la morosidad de los hogares argentinos. El diputado nacional de La Libertad Avanza sostuvo que detrás de las estadísticas aparecen personas que compraron motos, electrodomésticos o incluso financiaron apuestas y planteó un ejemplo particularmente polémico: alguien que adquirió un televisor para mirar el Mundial y, después de que Argentina no saliera campeona, decidió no pagarlo.

La frase sigue la línea que Javier Milei había ensayado pocos días antes en la Bolsa de Comercio de Rosario, cuando también mencionó la compra de televisores durante el Mundial como una de las posibles explicaciones del incremento de los atrasos. Benegas Lynch fue más lejos: cuestionó lo que definió como un “guion” opositor destinado a instalar que las familias no pueden pagar sus cuentas y vinculó ese planteo con un discurso político que, según él, desconoce la reducción de la pobreza.

El problema es que, cuando la discusión abandona los ejemplos hipotéticos y se mira la información disponible, el fenómeno resulta bastante más difícil de reducir a consumidores irresponsables que compraron bienes que no podían pagar.

El último Informe sobre Bancos publicado por el Banco Central muestra que en junio la irregularidad del crédito destinado a las familias se ubicó en **12,8%**, mientras que la mora empresaria fue de apenas 3,5%. El sistema financiero en su conjunto continúa sólido y con altos niveles de cobertura, pero el deterioro está claramente concentrado en los hogares.

La situación es todavía más grave cuando se sale de los bancos tradicionales. En febrero, último dato consolidado del BCRA para proveedores no financieros de crédito —fintech, emisores de tarjetas, cadenas comerciales, casas de electrodomésticos, cooperativas y otros prestamistas—, **el 26,9% de la cartera estaba en situación irregular**. Apenas seis meses antes ese indicador era 9,7 puntos porcentuales menor.

Dentro de ese universo, la mora alcanzaba **34,1% en préstamos personales**, 19,4% en tarjetas de crédito, 26,2% entre las fintech y 44,3% en empresas dedicadas a la venta de electrodomésticos. Es decir: Benegas Lynch tiene razón en un punto limitado cuando señala que los electrodomésticos forman parte de la problemática. Lo que no demuestran esos datos es que el salto general de la mora pueda explicarse por televisores comprados para el Mundial, y mucho menos que quienes incumplen simplemente hayan decidido no pagar porque la Selección quedó eliminada.

El Banco Central no publica una estadística que permita conocer la motivación individual detrás de cada deuda vencida. No existe en esos registros una categoría “televisores por el Mundial”, ni una que distinga entre alguien que dejó de pagar deliberadamente y una familia cuyos ingresos dejaron de alcanzar para afrontar las cuotas.

Esa diferencia es central.

## El punto más débil del argumento: aumentó el crédito, pero también aumentó la proporción que no se paga

Benegas Lynch introdujo además un razonamiento económico que merece ser separado del ejemplo del televisor. Señaló que durante años los bancos se habían acostumbrado a prestarle al Estado y que, con el actual Gobierno, comenzaron nuevamente a financiar al sector privado. Según el diputado, el crédito pasó aproximadamente del 3% al 12% del PBI y “en esa misma proporción aumenta la mora”.

La primera parte tiene una base real. El crédito al sector privado efectivamente se expandió fuertemente desde niveles extraordinariamente bajos y el BCRA informó que en junio el financiamiento bancario total, incluyendo préstamos en pesos y moneda extranjera, equivalía aproximadamente al **12,3% del PBI**.

Pero el salto del crédito por sí solo no explica el problema.

Si solamente hubiera más préstamos, sería lógico encontrar más pesos en mora aunque la calidad de la cartera permaneciera constante. Lo que muestran las estadísticas es algo diferente: **también creció con fuerza el porcentaje de la cartera que dejó de pagarse normalmente**.

En agosto de 2025, por ejemplo, la irregularidad de los créditos bancarios a las familias era de 6,6%. En febrero de 2026 había aumentado al 11,2%. Cuatro meses después llegó al 12,8%. Entre los prestamistas no financieros ocurrió algo similar: la irregularidad pasó a 26,9%, mientras que en fintech alcanzó 26,2%.

Por eso no alcanza con decir que “hay más mora porque hay más crédito”. **Hay más crédito y, al mismo tiempo, una proporción mayor de ese crédito está entrando en irregularidad.**

El dato es todavía más significativo entre quienes ya recurrieron simultáneamente a bancos y prestamistas no bancarios. El BCRA encontró que 6,9 millones de personas tenían financiamiento en ambos universos en febrero y que la irregularidad de sus deudas bancarias había alcanzado el 16,1%, cinco puntos por encima de agosto de 2025.

Además existe una franja que todavía ni siquiera aparece dentro de la mora formal. El Banco Central considera irregular, en términos generales, una deuda que supera los 90 días de atraso. Pero en febrero otro **5,9% de la cartera de los proveedores no financieros estaba entre 30 y 90 días de mora**, una categoría que el propio organismo define como de seguimiento especial por su mayor riesgo de incobrabilidad.

La discusión, por lo tanto, no consiste solamente en cuántos argentinos dejaron definitivamente de pagar. También hay un universo de personas que comienza a retrasarse y todavía no ingresó en los indicadores más graves.

La explicación basada exclusivamente en decisiones irresponsables tampoco encaja fácilmente con otro hallazgo. Un análisis publicado por La Nación sobre la evolución de la mora señaló que **casi dos de cada tres nuevos morosos dejaron de pagar sin haber incrementado extraordinariamente el tamaño de sus obligaciones**, un resultado compatible con un deterioro de la capacidad de pago y no necesariamente con un boom de compras desmedidas.

Eso no significa que todos los deudores estén en la misma situación. Evidentemente existen personas que se sobreendeudaron, realizaron gastos prescindibles, tomaron créditos sin suficiente planificación o simplemente decidieron priorizar otras obligaciones. También puede haber compras de televisores, motos y cualquier otro bien durable dentro de los atrasos.

Pero presentar esos ejemplos como explicación general requiere evidencia que hasta ahora no apareció.

## De la televisión a la comida: el problema de fondo está en los ingresos

La respuesta más directa al argumento oficial llegó desde la Confederación Argentina de la Mediana Empresa. CAME sostuvo que el endeudamiento que observa en los hogares está vinculado crecientemente con consumos básicos y remarcó que los rubros que mejor resisten son alimentos, bebidas y farmacia, mientras otras categorías continúan mostrando dificultades.

Los datos del INDEC tampoco muestran un escenario de consumo expansivo compatible con familias lanzadas masivamente a gastos extraordinarios. En junio de 2026, las ventas de supermercados medidas a precios constantes **cayeron 3,1% interanual**, y durante los primeros seis meses del año acumularon una disminución real de 2,8%.

Ese indicador no demuestra que la mora se origine en la compra de alimentos. Sí aporta contexto: mientras aumenta significativamente la proporción de familias con problemas crediticios, el consumo real en supermercados está cayendo. No parece precisamente una economía doméstica caracterizada por un exceso generalizado de gasto.

A ello se suma el peso que adquirieron las obligaciones financieras sobre los ingresos. Según cálculos de Empiria citados por La Nación, las cuotas de capital e intereses de las familias pasaron de representar **9,1% de la masa salarial en abril de 2024 a 24,1%**, prácticamente uno de cada cuatro pesos provenientes de salarios. Si además se agregan los gastos fijos de los hogares, una familia promedio tiene comprometido cerca del 50% de sus ingresos propios.

El mecanismo es bastante sencillo: una persona puede no ser pobre según la medición estadística del INDEC y, al mismo tiempo, encontrarse financieramente muy ajustada.

La pobreza mide si el ingreso de un hogar supera o no el costo de una canasta determinada. La mora mide si alguien logra cumplir en tiempo y forma con sus obligaciones financieras. Son indicadores diferentes. Que disminuya uno no obliga matemáticamente a que disminuya el otro.

Un hogar puede salir estadísticamente de la pobreza y continuar pagando alquiler, servicios, alimentos, transporte, tarjeta y préstamos con un margen mínimo. Si además las cuotas consumen una proporción creciente del ingreso disponible, cualquier pérdida laboral, caída de horas trabajadas, aumento de gastos o acumulación de intereses puede empujarlo hacia el atraso.

El mercado laboral tampoco está exento de tensiones. En el primer trimestre de 2026 la desocupación fue de 7,8% y la subocupación alcanzó 11,1%. Al mismo tiempo, los últimos datos de distribución del ingreso mostraron un incremento del coeficiente de Gini desde 0,435 a 0,442 en un año, señal de un aumento de la desigualdad medida por el INDEC.

Esto tampoco significa que toda la explicación pueda atribuirse al Gobierno. La fuerte expansión del crédito después de años de niveles muy bajos, la forma en que bancos y fintech evaluaron riesgos, las elevadas tasas de determinadas líneas de financiamiento y las decisiones individuales de quienes tomaron deuda forman parte del problema. Incluso Benegas Lynch reconoce una responsabilidad de los bancos cuando dice que deberían “hacerse cargo” de haber concedido malos préstamos.

En eso aparece una contradicción interesante dentro de su propio argumento.

Si el problema fueran esencialmente consumidores que compraron irresponsablemente televisores o motos, la principal responsabilidad recaería en esos deudores. Pero si, como sostiene después el diputado, los bancos otorgaron “préstamos malos”, entonces también existe un problema de evaluación crediticia: entidades que expandieron rápidamente sus carteras hacia clientes cuya capacidad de repago no estaba suficientemente asegurada.

Y si ambas cosas ocurrieron al mismo tiempo —una expansión acelerada del crédito y un deterioro del ingreso disponible de determinados hogares— la explicación vuelve a ser considerablemente más compleja que la imagen de alguien que perdió interés en pagar su televisión porque Argentina quedó afuera del Mundial.

La postura del Gobierno frente a una eventual intervención, en cambio, es coherente con su visión económica. El Ejecutivo sostiene que no debe utilizar recursos públicos para rescatar ni a los deudores ni a los bancos y que cualquier renegociación debe producirse entre privados. El vocero Adrián Ravier reafirmó esta semana que el Estado no implementará un programa para cancelar o refinanciar las deudas particulares.

Esa discusión es legítima. Puede debatirse si el Estado debería intervenir, limitar tasas, facilitar refinanciaciones, modificar regulaciones o directamente mantenerse al margen.

Lo que resulta mucho más difícil de sostener con la información disponible es que el fenómeno de la mora sea simplemente una narrativa opositora.

**El Banco Central registra 12,8% de irregularidad en el crédito a las familias, 26,9% entre proveedores no bancarios, 34,1% en préstamos personales y un deterioro generalizado en prácticamente todas las grandes categorías de financiamiento.**

Se puede discutir qué hacer frente a esos números.

Lo que no se puede hacer es convertir un televisor del Mundial en explicación estadística de millones de deudas sin presentar los datos que lo demuestren.

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