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description: "El ministro de Economía viajará a Asheville, Carolina del Norte, para participar de la reunión de ministros de Finanzas y presidentes de bancos centrales del G20 y mantendrá un encuentro con el secretario del Tesoro estadounidense. La cita tiene un peso especial para la Argentina: Bessent fue el funcionario que instrumentó el swap por US$20.000 millones y las compras de pesos con las que Washington salió a sostener al Gobierno en plena turbulencia de 2025. Caputo llegará ahora con más reservas y mejores indicadores externos, pero también con una economía doméstica atravesada por la mora, el consumo débil y la necesidad de consolidar el acceso al financiamiento internacional."
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date_published: "2026-08-30T18:14:00-03:00"
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  - "Argentina"
  - "Bessent"
  - "Estados Unidos"
  - "Luis Caputo"
  - "SWAPP"
author_name: "Alejandro Cabrera"
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# Caputo vuelve a buscar a Bessent: reunión clave en el G20 tras el auxilio de US$20.000 millones de Estados Unidos

Luis Caputo vuelve a Estados Unidos y nuevamente Scott Bessent aparece en el centro de la agenda económica argentina. El ministro de Economía mantendrá esta semana una reunión bilateral con el secretario del Tesoro norteamericano durante el encuentro de ministros de Finanzas y presidentes de bancos centrales del G20 que se realizará entre lunes y martes en Asheville, Carolina del Norte.

No será un encuentro protocolar cualquiera. Bessent se convirtió durante 2025 en uno de los funcionarios extranjeros más importantes para la estabilidad financiera del gobierno de Javier Milei. Fue el encargado de instrumentar un swap de monedas por US$20.000 millones con el Banco Central argentino y de ordenar compras de pesos en el mercado cuando la presión cambiaria amenazaba con desestabilizar al Gobierno en las semanas previas a las elecciones legislativas de octubre.

La relación entre ambos gobiernos quedó así muy lejos de una simple afinidad ideológica. Washington puso recursos concretos detrás de su apoyo a Milei.

El Tesoro estadounidense comenzó a comprar pesos el 9 de octubre de 2025 y posteriormente volvió a intervenir tanto en el mercado oficial como en el denominado “blue chip swap”. Bessent llegó a afirmar entonces que su departamento tenía capacidad para actuar “con flexibilidad y fuerza” si era necesario estabilizar a la Argentina. También defendió públicamente el programa frente a las críticas internas en Estados Unidos y sostuvo que el mecanismo no constituía un rescate tradicional porque se trataba de operaciones financieras que, según aseguró, no provocarían pérdidas para los contribuyentes norteamericanos.

Ese antecedente convierte a la reunión de esta semana en algo bastante más importante que una fotografía.

Caputo llega a Asheville en una posición internacional considerablemente más cómoda que la que tenía hace un año, pero todavía con una dependencia relevante de los organismos multilaterales y del respaldo político estadounidense.

El Gobierno consiguió durante 2026 recomponer reservas, acumular dólares y cumplir mejor con los compromisos acordados con el Fondo Monetario Internacional. El Banco Central superó durante el año los US$14.000 millones de compras de divisas, según los datos citados por el Ministerio de Economía, y el FMI viene reconociendo una mejora significativa en los colchones externos.

Pero la historia todavía no está cerrada.

## De pedir auxilio a presentar el “modelo argentino”

Caputo tendrá un papel especialmente visible dentro de la cumbre.

Según informó Economía, será el principal expositor de un panel dedicado al crecimiento y explicará las medidas aplicadas por la Argentina para alcanzar estabilidad macroeconómica y generar las condiciones para una expansión sostenida. Lo acompañarán el viceministro José Luis Daza, el presidente del Banco Central, Santiago Bausili, y el vicepresidente de la entidad, Vladimir Werning.

La escena encierra una transformación política interesante.

Hace menos de un año, Caputo viajaba a Washington intentando contener una corrida y conseguir una red de protección internacional. Ahora pretende presentar a la Argentina frente al G20 como un caso de estabilización.

Hay fundamentos para esa narrativa.

El Gobierno logró dos años consecutivos de superávit fiscal primario, redujo fuertemente la inflación respecto de los niveles iniciales de la gestión, reconstruyó parte de las reservas y mantuvo una expansión importante de sectores exportadores como energía, minería y agroindustria. En julio, el propio FMI describió la estabilización argentina como “impresionante” y destacó el incremento de reservas, la reducción del riesgo soberano y los proyectos de inversión aprobados bajo el RIGI.

El Fondo, sin embargo, conserva una mirada más prudente que la que suele presentar el Gobierno.

En la segunda revisión del programa, completada en mayo, recordó que Argentina había incumplido la meta de reservas netas de diciembre de 2025 y que debieron aplicarse medidas correctivas. El organismo aprobó igualmente la revisión y liberó aproximadamente US$1.000 millones adicionales, llevando los desembolsos acumulados del nuevo programa a unos US$15.800 millones.

Ese detalle permite entender por qué la relación con Bessent y Kristalina Georgieva continúa siendo estratégica incluso en un escenario de mayor tranquilidad.

La Argentina mejoró considerablemente su posición externa, pero todavía está atravesando la transición entre una economía sostenida por apoyos excepcionales y otra capaz de financiarse regularmente en los mercados internacionales.

El propio programa del FMI proyecta una estrategia gradual para recuperar acceso sostenible al mercado de capitales mediante compras de reservas, emisiones locales en dólares, privatizaciones, repos y financiamiento de organismos internacionales. El Fondo espera además que las reservas netas aumenten al menos US$8.000 millones durante 2026.

Por eso el respaldo de Bessent sigue teniendo valor.

No necesariamente porque Caputo viaje a pedir otro paquete de emergencia. Hasta el momento no existe información pública que indique que se esté negociando una nueva asistencia financiera estadounidense.

Pero tener al secretario del Tesoro como aliado ofrece a la Argentina una cobertura política importante frente a los mercados, los organismos multilaterales y los inversores.

Y Washington también obtiene algo a cambio.

Cuando Bessent explicó en 2025 por qué Estados Unidos estaba dispuesto a respaldar a Milei, no habló solamente de economía. Presentó la operación como parte de una estrategia destinada a consolidar un aliado regional y reducir la influencia de China sobre sectores estratégicos argentinos como minería e infraestructura.

El vínculo financiero forma parte, por lo tanto, de una alianza geopolítica mucho más amplia.

Eso también estará presente en Asheville.

La reunión del G20 se produce en un escenario internacional particularmente delicado. Estados Unidos intenta utilizar su presidencia del foro para volver a concentrar la agenda en crecimiento, desequilibrios comerciales, deuda soberana, innovación privada y cadenas de suministro estratégicas. Pero Bessent tiene además otra prioridad: conseguir que los miembros del G20 acompañen la campaña de máxima presión financiera contra Irán.

El Tesoro norteamericano advirtió que los países que mantengan determinados vínculos económicos con Teherán pueden enfrentar sanciones secundarias y anticipó que el tema estará presente en prácticamente todas las reuniones bilaterales de Bessent.

Para Argentina, cuya relación con Irán ya está atravesada desde hace décadas por el atentado a la AMIA y la investigación judicial sobre funcionarios iraníes, el alineamiento político con Washington en ese punto probablemente resulte considerablemente menos conflictivo que para países como China, Turquía o algunos socios de Medio Oriente.

El verdadero desafío del G20 estará en otro lado.

Estados Unidos llega al encuentro intentando convencer al resto del mundo de reducir desequilibrios comerciales mientras enfrenta simultáneamente cuestionamientos por su propia política arancelaria, una deuda pública que acaba de superar los **US$40 billones** y rendimientos de sus bonos de largo plazo en máximos de casi dos décadas.

Bessent, precisamente el funcionario que intervino de manera extraordinaria para sostener al peso argentino en 2025, comenzó este año a intervenir también con mayor intensidad sobre mercados mucho más grandes. El Tesoro aumentó las recompras de bonos estadounidenses de largo plazo y participó junto a Japón en una intervención destinada a frenar la caída del yen. Algunos banqueros centrales y operadores comenzaron a cuestionar hasta dónde llegará ese nuevo activismo.

La Argentina, paradójicamente, fue uno de los primeros laboratorios de esa política.

## Georgieva, reservas y la otra economía que Caputo deberá explicar

En Asheville también estará Kristalina Georgieva y existe la posibilidad de que mantenga otra reunión con Caputo.

La relación entre ambos es fluida. La directora gerente del FMI visitó la Argentina hace poco más de un mes, recorrió Vaca Muerta y volvió a respaldar públicamente el rumbo económico del Gobierno.

Pero el encuentro se producirá mientras comienzan a aparecer señales que muestran una separación cada vez más evidente entre la estabilidad macroeconómica que el Gobierno exhibe en el exterior y las dificultades financieras que enfrentan sectores de la población.

La mora crediticia de las familias se transformó en uno de los principales síntomas.

Según la información citada por LA NACION, unas **5,3 millones de personas** presentan atrasos superiores a 90 días y el fenómeno se multiplicó durante los últimos 18 meses.

El Banco Central viene registrando además un aumento sostenido de la irregularidad en créditos personales y tarjetas, al mismo tiempo que el Gobierno intenta reactivar la economía mediante una baja de tasas, mayor liquidez y nuevos mecanismos para impulsar el crédito hipotecario.

Ese contraste será difícil de ignorar.

Caputo podrá mostrar en el G20 que la Argentina ya no vive con inflación de tres dígitos altos, que tiene superávit fiscal, que compra dólares y que sectores como Vaca Muerta están generando récords exportadores.

Todo eso es real.

Pero la siguiente etapa del programa económico exige demostrar algo bastante más complejo: que el orden macroeconómico puede convertirse en crecimiento sostenido, empleo formal, salarios reales más altos y una reducción de la fragilidad financiera de los hogares.

Incluso el propio Gobierno comenzó durante las últimas semanas a adoptar medidas destinadas a darle mayor impulso a la actividad.

Permitió una reducción de las tasas, anunció el uso de $2 billones del Fondo de Garantía de Sustentabilidad de ANSES para fondear créditos hipotecarios, flexibilizó determinados préstamos en dólares y avanzó con iniciativas para acelerar inversión e infraestructura. Aunque Milei insiste en que no existe un programa de estímulo, la secuencia muestra que la preocupación por la economía cotidiana también llegó al equipo económico.

El viaje de Caputo tiene entonces dos niveles.

Hacia afuera, Argentina intentará consolidar una imagen de éxito: un país que logró estabilizar una economía al borde de otra crisis, recuperó reservas y ahora pretende convertirse en destino de inversiones en energía, minería y tecnología.

Hacia adentro, persisten preguntas más incómodas.

Cuánto tiempo necesitará esa estabilización para sentirse de manera más homogénea. Si el crecimiento podrá sostenerse sin una nueva apreciación cambiaria significativa. Si las reservas alcanzarán para enfrentar los próximos vencimientos. Si Argentina podrá volver finalmente a emitir deuda voluntaria en mercados internacionales a tasas razonables. Y si el crédito puede seguir expandiéndose sin agravar el deterioro de la capacidad de pago de las familias.

Bessent seguirá siendo central para varias de esas preguntas.

En 2025, Estados Unidos demostró que estaba dispuesto a utilizar herramientas excepcionales cuando Milei quedó bajo presión. El swap por US$20.000 millones y las compras de pesos fueron una señal que pocos gobiernos argentinos habían recibido alguna vez desde Washington.

Ahora Caputo vuelve a sentarse frente al mismo funcionario en circunstancias diferentes.

La urgencia financiera es menor.

La relación política sigue siendo extraordinariamente estrecha.

Y justamente por eso la reunión será relevante: permitirá saber si la alianza económica entre Milei y Trump empieza a dejar atrás la etapa del rescate para convertirse en algo más permanente, o si la Argentina todavía necesita que Washington siga funcionando como la última red de seguridad cuando los mercados vuelvan a ponerse nerviosos.

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