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title: "Irán volvió a atacar posiciones de Estados Unidos y Trump promete responder: la guerra entra otra vez en una fase de máxima tensión"
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description: "Teherán lanzó misiles contra bases estadounidenses en Jordania y aseguró haber atacado también la base aérea de Al Minhad, en Emiratos Árabes Unidos, después de que Washington bombardeara posiciones iraníes en la estratégica isla de Larak. Jordania afirmó haber interceptado ocho proyectiles y Emiratos negó que su base hubiera sido alcanzada, aunque confirmó que derribó un dron iraní. Donald Trump prometió “golpear fuerte” a Irán y volvió a abrir la posibilidad de una escalada después de casi un mes de relativa calma militar. El Estrecho de Ormuz vuelve a quedar en el centro de un conflicto que ya lleva seis meses y está empujando nuevamente el petróleo por encima de los US$90."
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  - "Estados Unidos"
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author_name: "Alejandro Cabrera"
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category_description: "Noticias y análisis sobre Medio Oriente: política, conflictos, diplomacia, economía y actualidad en una de las regiones más complejas y relevantes del mundo."
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# Irán volvió a atacar posiciones de Estados Unidos y Trump promete responder: la guerra entra otra vez en una fase de máxima tensión

La guerra entre Estados Unidos e Irán volvió a abandonar el terreno de las sanciones, los bloqueos económicos y las amenazas para regresar a los ataques directos. Durante las últimas horas, fuerzas estadounidenses bombardearon dos posiciones iraníes en la isla de Larak, ubicada en pleno Estrecho de Ormuz, y Teherán respondió con una nueva ofensiva contra instalaciones donde se encuentran tropas norteamericanas en Jordania y, según su propia versión, también en Emiratos Árabes Unidos.

La escalada es particularmente significativa porque representa el primer intercambio militar directo de esta magnitud desde fines de julio. Durante aproximadamente un mes, ambos países habían mantenido una suerte de equilibrio precario: Washington reforzaba las sanciones y el bloqueo económico mientras Irán seguía utilizando el control sobre Ormuz como su principal herramienta de presión. Esa etapa acaba de quebrarse.

El origen inmediato del nuevo enfrentamiento estuvo en la isla de Larak, una pequeña posición iraní situada cerca de Bandar Abbas y de una de las rutas marítimas más importantes del planeta.

El Comando Central estadounidense confirmó que sus fuerzas atacaron dos lanzadores iraníes. Según Washington, miembros de la Guardia Revolucionaria estaban preparando cohetes equipados con minas navales para utilizarlos contra el tránsito comercial en el Estrecho de Ormuz. El Pentágono describió la operación como una acción “limitada y precisa” frente a una amenaza que consideraba inminente.

Irán ofreció una reconstrucción completamente diferente. Denunció una agresión estadounidense contra su territorio y sostuvo que el ataque dejó víctimas militares y civiles. La agencia Tasnim informó inicialmente tres muertos, mientras otras fuentes iraníes hablaron de dos integrantes de la Marina de la Guardia Revolucionaria entre los fallecidos. También se registraron heridos.

La respuesta no tardó.

Durante la madrugada, Irán lanzó misiles balísticos contra dos instalaciones utilizadas por fuerzas estadounidenses en Jordania. La televisión estatal iraní difundió imágenes que, según aseguró, correspondían a los lanzamientos.

Jordania informó que sus defensas aéreas interceptaron **ocho misiles** que ingresaron en su espacio aéreo. Hasta el momento no se informaron víctimas ni daños significativos en las instalaciones estadounidenses atacadas. Donald Trump aseguró posteriormente que todos los proyectiles capaces de provocar daños fueron derribados.

La situación en Emiratos Árabes Unidos es bastante más confusa.

El Ejército iraní afirmó que había lanzado drones contra la base aérea de **Al Minhad**, cerca de Dubai, y señaló que el objetivo eran posiciones donde permanecían desplegadas tropas y helicópteros de Estados Unidos.

El Gobierno emiratí lo negó.

Su Ministerio de Defensa afirmó que la información sobre un ataque contra Al Minhad era falsa y sostuvo que la base no había sido alcanzada. Sin embargo, Emiratos sí confirmó un incidente militar distinto: sus fuerzas interceptaron un dron iraní que se aproximaba a su espacio territorial. No se registraron daños.

La distinción es importante.

Hasta ahora puede afirmarse que **Irán aseguró haber atacado Al Minhad, pero Emiratos lo niega**. Lo comprobado independientemente es que hubo un dron iraní interceptado en las proximidades del país. Presentar como confirmado que la base estadounidense fue efectivamente bombardeada iría más allá de la información disponible.

Abu Dhabi reaccionó además con dureza política. Su Cancillería calificó la incursión del dron como una “peligrosa escalada”, una violación de la soberanía emiratí y una amenaza directa para sus ciudadanos y residentes.

Este punto muestra nuevamente una de las características más delicadas de la guerra.

El conflicto es formalmente entre Estados Unidos, Israel e Irán, pero una parte importante de la infraestructura militar estadounidense se encuentra distribuida en países árabes que no necesariamente quieren convertirse en participantes directos. Desde febrero, Teherán atacó o amenazó posiciones ubicadas en Qatar, Bahréin, Kuwait, Emiratos y Jordania argumentando que esos territorios son utilizados por Washington para operar contra Irán.

Cada nueva ofensiva aumenta entonces el riesgo de ampliar geográficamente la guerra y arrastrar a Estados que preferirían mantenerse por fuera.

## Trump promete “golpear fuerte” y vuelve a crecer el riesgo de una escalada

Donald Trump respondió pocas horas después con una nueva amenaza.

“Vamos a golpearlos fuerte”, dijo el presidente estadounidense en declaraciones citadas por Fox News. También aseguró que habrá una respuesta al lanzamiento de misiles iraníes.

Lo que no está claro todavía es cuál será la magnitud de esa respuesta.

La Casa Blanca tiene varias alternativas: volver a atacar posiciones militares limitadas, ampliar las operaciones contra instalaciones de la Guardia Revolucionaria, aumentar la presión naval sobre Ormuz o ingresar en un terreno mucho más peligroso atacando infraestructura petrolera iraní.

Ese último escenario volvió a aparecer este lunes de una manera extraña.

Trump publicó en sus redes dos videos que mostraban enormes explosiones sobre **Kharg**, la principal isla exportadora de petróleo de Irán, acompañados por el mensaje de que estaba siendo destruida. Las imágenes resultaron ser generadas mediante inteligencia artificial y no existe evidencia de que se haya producido un ataque de esas características.

El vicepresidente JD Vance intentó explicar posteriormente que Trump estaba “enviando un mensaje”.

La utilización de videos falsos para simular la destrucción de una instalación petrolera resulta particularmente sensible porque Kharg no es un objetivo cualquiera.

Por esa isla sale buena parte del petróleo iraní. Un ataque real contra su infraestructura energética podría elevar enormemente el precio internacional del crudo y provocar una represalia iraní mucho más amplia contra instalaciones petroleras de los países del Golfo.

Hasta ahora, Washington evitó cruzar completamente esa línea.

En marzo, Estados Unidos atacó objetivos militares ubicados en Kharg, pero Trump había amenazado entonces con destruir la infraestructura petrolera si Irán continuaba bloqueando Ormuz.

La posibilidad sigue abierta.

Y el petróleo reaccionó inmediatamente.

El Brent volvió a superar los **US$90 por barril**, con una suba de más de 2% durante la jornada. Desde el comienzo de la guerra, el precio internacional ya aumentó aproximadamente 25%.

El impacto no es solamente financiero.

Antes de la guerra, por el Estrecho de Ormuz transitaba cerca de una quinta parte del petróleo y el gas comercializado mundialmente. Desde febrero, el flujo se redujo drásticamente porque Irán consiguió imponer una especie de bloqueo parcial mediante minas, amenazas y ataques a buques.

Estados Unidos sostiene que recientemente logró retirar las minas existentes de las principales rutas internacionales.

Precisamente ésa es la explicación utilizada para justificar el bombardeo de Larak: Washington asegura que los iraníes estaban preparándose para volver a minar el estrecho después de que las fuerzas estadounidenses consiguieran limpiarlo.

Teherán, en cambio, insiste en que la navegación solamente podrá normalizarse bajo condiciones acordadas con Irán.

Ahí está el núcleo económico de la guerra actual.

Estados Unidos intenta que Irán pierda la capacidad de bloquear Ormuz.

Irán sabe que ésa es probablemente su herramienta de presión más poderosa porque tiene efectos inmediatos sobre el precio mundial de la energía.

Mientras pueda amenazar el estrecho, puede hacer que el costo de la guerra se sienta en las estaciones de servicio estadounidenses, en Europa y en buena parte de Asia.

La administración Trump respondió durante las últimas semanas cambiando parcialmente de estrategia.

Después de los intensos bombardeos de comienzos de año y de julio, Washington había comenzado a concentrarse en una campaña de **asfixia económica**.

El secretario del Tesoro Scott Bessent anunció que Estados Unidos pretende imponer sanciones secundarias cada semana contra bancos, empresas y países que continúen financiando o comprando petróleo iraní.

Bessent explicó este lunes que, en su interpretación, el nuevo ataque iraní demuestra precisamente que esa presión está funcionando.

“Están en shock por el estado de su economía”, sostuvo durante la reunión de ministros de Finanzas del G20 en Carolina del Norte. Según el funcionario, Teherán estaría recurriendo nuevamente a la acción militar porque “está perdiendo económicamente”.

La versión iraní es exactamente opuesta.

El gobierno de Masoud Pezeshkian sostiene que Estados Unidos utiliza sanciones, bloqueos y operaciones militares para obligarlo a aceptar condiciones que considera incompatibles con su soberanía. El presidente iraní insistió este lunes en que su país no desea prolongar el conflicto, pero advirtió que responderá de manera “decisiva” a nuevas agresiones.

Pezeshkian dijo además que continuar la guerra “no está en interés de nadie” y mantuvo abierta la posibilidad de una salida negociada.

Esa combinación de negociación y represalia resume bastante bien el momento actual.

Ninguna de las dos partes parece querer iniciar inmediatamente una guerra total.

Pero ninguna parece dispuesta a retroceder.

Un alto funcionario iraní describió a Reuters el intercambio de las últimas horas como una **“confrontación limitada y contenida”**, aunque advirtió que cualquier nuevo ataque estadounidense generará una respuesta considerablemente más dura.

El problema es que las confrontaciones “limitadas” sólo permanecen limitadas mientras ambos adversarios calculen correctamente hasta dónde puede llegar el otro.

Y después de seis meses de guerra ese margen empieza a reducirse.

## Seis meses de conflicto, miles de muertos y un Estados Unidos que también empieza a sentir el desgaste

La nueva escalada ocurre además apenas un día después de conocerse que los propios mandos militares estadounidenses están expresando preocupación por el costo de mantener indefinidamente la operación contra Irán.

La guerra comenzó el **28 de febrero**, cuando Estados Unidos e Israel lanzaron una ofensiva coordinada contra instalaciones iraníes. Teherán respondió atacando Israel y bases estadounidenses distribuidas por los países del Golfo.

Desde entonces hubo bombardeos, treguas parciales, intercambios de misiles, negociaciones fallidas y nuevas ofensivas.

Miles de personas murieron y millones fueron desplazadas en Irán, Líbano y otras zonas alcanzadas por el conflicto. Estados Unidos perdió hasta ahora **18 militares**.

En abril, Trump frenó la fase más intensa de la denominada “Operación Epic Fury” después de un acuerdo de alto el fuego.

En junio apareció un nuevo marco de negociación.

También fracasó.

En julio, Estados Unidos volvió a bombardear durante dos semanas diferentes instalaciones iraníes.

Después llegó aproximadamente un mes de relativa calma militar que ahora acaba de terminar.

El dato especialmente incómodo para Washington es que Irán continúa conservando capacidad para atacar bases, lanzar misiles y amenazar la navegación después de seis meses de operaciones de una potencia militar incomparablemente superior.

Eso no significa que Teherán esté ganando la guerra.

Irán sufrió enormes daños militares, pérdidas económicas y destrucción de infraestructura. Su capacidad nuclear y misilística fue golpeada repetidamente y el bloqueo estadounidense intenta asfixiar todavía más su economía.

Pero tampoco fue neutralizado.

Y la prolongación está comenzando a generar costos estratégicos para Estados Unidos.

Un informe clasificado del Departamento de Defensa conocido este fin de semana reveló que comandantes responsables de Europa, el Pacífico y América Latina advirtieron que seguir transfiriendo barcos, aviones, interceptores y tropas hacia Medio Oriente está debilitando la capacidad estadounidense para responder simultáneamente a otras amenazas.

La Armada dispone de una fracción reducida de destructores preparados para nuevos despliegues, se consumieron importantes cantidades de interceptores Patriot y THAAD y decenas de miles de militares permanecen movilizados alrededor de la región.

Esto introduce una contradicción particularmente importante en el nuevo enfrentamiento.

Trump acaba de prometer una respuesta más fuerte.

Pero sus propios militares vienen advirtiendo que cada ronda adicional de ataques tiene un costo que debe medirse no solamente frente a Irán, sino también frente a China, Rusia y las necesidades de defensa estadounidense.

La cuestión ya no es si Estados Unidos tiene capacidad para atacar nuevamente a Irán.

La tiene.

La verdadera pregunta es cuánto tiempo puede hacerlo sin convertir una guerra regional en un problema estratégico global.

Y las últimas horas muestran que esa pregunta volverá a ser puesta a prueba.

Estados Unidos atacó Larak.

Irán respondió contra Jordania y afirma haber atacado Emiratos.

Emiratos derribó un dron.

Trump promete otro golpe.

El petróleo vuelve a subir.

Ormuz continúa bajo amenaza.

Después de casi un mes en el que la guerra parecía haberse desplazado hacia el terreno económico, los misiles volvieron a hablar.

Y cada nueva respuesta hace más difícil saber dónde termina la siguiente.

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