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title: "La ONU advierte por un “El Niño” excepcional: podría ser el más fuerte registrado y la Argentina se prepara para lluvias extremas hasta 2027"
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description: "La Organización Meteorológica Mundial confirmó que El Niño ya está consolidado, seguirá intensificándose durante la primavera y tiene una probabilidad prácticamente del 100% de mantenerse hasta febrero de 2027. La NOAA incluso calcula un 69% de posibilidades de que alcance una intensidad histórica, superior a todos los episodios medidos desde 1950. Para la Argentina, el principal riesgo se concentra en el Litoral, la Cuenca del Plata y el centro del país, donde pueden aumentar las lluvias, las crecidas de los ríos y las inundaciones durante la primavera y el verano. El Gobierno ya activó un plan federal de emergencia, mientras la OMM advierte que un fenómeno de esta magnitud puede amplificar sequías, inundaciones, olas de calor y tormentas en distintas partes del planeta."
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date_published: "2026-09-03T18:41:00-03:00"
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author_name: "Alejandro Cabrera"
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# La ONU advierte por un “El Niño” excepcional: podría ser el más fuerte registrado y la Argentina se prepara para lluvias extremas hasta 2027

El fenómeno que desde comienzos de año venían observando meteorólogos y organismos internacionales terminó consolidándose y ahora las previsiones son considerablemente más preocupantes. La Organización Meteorológica Mundial, dependiente de Naciones Unidas, confirmó este jueves que El Niño continuará ganando intensidad durante los próximos meses y probablemente alcance una categoría “muy fuerte” hacia finales de 2026. La probabilidad de que permanezca activo hasta febrero del próximo año es prácticamente del 100%, una persistencia que significa que buena parte de la primavera y del verano argentinos transcurrirá bajo la influencia de uno de los principales motores naturales de variabilidad climática del planeta.

La advertencia más impactante llegó de la secretaria general de la OMM, la argentina Celeste Saulo, quien explicó que el episodio podría alcanzar una potencia superior a todo lo observado desde que el organismo comenzó su actual sistema de seguimiento hace aproximadamente cuatro décadas. La formulación requiere una precisión importante: todavía no puede afirmarse como un hecho consumado que será “el Niño más fuerte de la historia”, porque el máximo se espera para los próximos meses y las mediciones definitivas deberán realizarse cuando el episodio termine. Pero la señal científica es extraordinariamente fuerte. La NOAA, el organismo meteorológico estadounidense, calcula que existe un **69% de probabilidad de que durante el trimestre octubre-diciembre el evento alcance un nivel considerado histórico**, por encima de los anteriores episodios registrados en sus series desde 1950.

El Niño no es una tormenta específica ni un fenómeno que golpee simultáneamente a todo el planeta de la misma manera. Se produce cuando las aguas superficiales del Pacífico ecuatorial central y oriental se calientan de forma persistente por encima de sus valores normales y ese calentamiento termina modificando la circulación atmosférica. Lo que ocurre a miles de kilómetros sobre el Pacífico puede alterar después lluvias, temperaturas, vientos, sequías y tormentas en América, Asia, África y Oceanía. La OMM confirmó que desde mediados de agosto las anomalías cálidas ya fueron suficientes para considerar establecido el episodio y que las temperaturas del océano continúan aumentando. En julio, la región Niño 3.4 ya presentaba una anomalía de aproximadamente +1,4 °C, mientras otras zonas del Pacífico oriental superaban ampliamente esos valores.

Para entender la dimensión del pronóstico hay que recordar los grandes Niños recientes. Los eventos de 1982-83, 1997-98 y 2015-16 quedaron asociados a lluvias extraordinarias, inundaciones, sequías, incendios, pérdidas agrícolas y alteraciones de ecosistemas en distintas regiones. El episodio de 1997-98 continúa siendo uno de los principales puntos de comparación histórica por la magnitud del calentamiento del Pacífico y sus consecuencias globales. Lo que los modelos actuales muestran es que el Niño 2026-27 tiene posibilidades concretas de ingresar en ese grupo excepcional e incluso superar algunos de esos registros. Eso no significa que cada inundación, cada sequía o cada tormenta que ocurra durante los próximos meses pueda atribuirse directamente al fenómeno, pero sí que las condiciones generales aumentan la probabilidad de determinados extremos climáticos.

La propia NOAA introdujo una advertencia fundamental para evitar interpretaciones alarmistas: **un Niño más fuerte no garantiza automáticamente impactos más graves en todos los lugares**. La intensidad del fenómeno aumenta las probabilidades de determinadas anomalías, pero los resultados locales dependen también del Atlántico, de la circulación atmosférica regional, de la temperatura del suelo, de los sistemas meteorológicos de corto plazo y del cambio climático global. La Argentina puede tener una primavera muy húmeda en determinadas provincias mientras simultáneamente otras regiones registren déficits de lluvia. Esa heterogeneidad es precisamente una de las razones por las cuales los organismos meteorológicos trabajan con probabilidades y escenarios, y no con pronósticos deterministas para varios meses.

## Argentina: más lluvias en la Cuenca del Plata y riesgo de inundaciones

En nuestro país la mayor atención está puesta sobre el noreste, el Litoral y la Cuenca del Plata. El director del Servicio Meteorológico Nacional, Pedro Di Nezio, explicó que El Niño ya comenzó a generar una señal de aumento de precipitaciones sobre parte de esa región y sobre sectores del centro argentino. Entre las zonas bajo seguimiento aparecen Buenos Aires, Santa Fe, Entre Ríos, Corrientes, Misiones y Chaco, además de las cuencas de los ríos Paraná, Paraguay y Uruguay. Cuando un Niño fuerte coincide con la temporada naturalmente lluviosa de primavera y verano, aumenta el riesgo de tormentas intensas, acumulados elevados en períodos relativamente breves, saturación de suelos y posteriores crecidas.

Esto no significa que exista desde ahora una predicción concreta de una inundación determinada en Rosario, Santa Fe, Corrientes o el conurbano bonaerense. Los pronósticos estacionales no tienen esa precisión. Lo que muestran es que las probabilidades están inclinándose hacia un escenario más húmedo que el normal en regiones que concentran millones de habitantes, producción agropecuaria, infraestructura vial y buena parte de la actividad económica argentina. El riesgo aumenta cuando lluvias extraordinarias se acumulan sobre cuencas ya cargadas o cuando grandes volúmenes de agua caen en ciudades con sistemas de drenaje insuficientes.

En Cuyo el efecto puede ser diferente y, al menos inicialmente, favorable. Las mayores precipitaciones pueden contribuir a aliviar una sequía prolongada que afecta a sectores de la región desde hace más de una década. En el agro también existe una combinación de oportunidades y amenazas. Después de años en los que La Niña provocó enormes pérdidas por falta de agua en la zona núcleo, un escenario más húmedo puede mejorar reservas del suelo, favorecer cultivos y recuperar rindes. Pero cuando la precipitación supera determinados niveles, el beneficio se transforma rápidamente en anegamientos, imposibilidad de ingresar a los lotes, enfermedades, erosión y dificultades para cosechar o transportar la producción.

El Gobierno decidió comenzar a prepararse varios meses antes de que el fenómeno alcanzara su máxima intensidad. El Ministerio de Seguridad aprobó formalmente en junio el **Plan de Coordinación Federal ENOS 2026/2027**, elaborado por la Agencia Federal de Emergencias. La resolución reconoce específicamente que el escenario incrementa el riesgo de precipitaciones superiores a las normales durante la primavera y el verano en la Cuenca del Plata y establece un mecanismo escalonado de coordinación entre municipios, provincias y Nación ante emergencias hidrometeorológicas.

Desde mayo se realizaron sucesivas reuniones entre la AFE, el Servicio Meteorológico Nacional, el Instituto Nacional del Agua, las Fuerzas Armadas, fuerzas federales, autoridades sanitarias y organismos provinciales. Buenos Aires, Chaco, Corrientes, Entre Ríos, Misiones y Santa Fe estuvieron inicialmente en el centro del esquema por su exposición a las cuencas hídricas, aunque posteriormente se incorporaron otros distritos. El sistema prevé monitoreo satelital, intercambio de información hidrológica, modelos de riesgo municipales y coordinación logística para movilizar recursos nacionales cuando la capacidad local o provincial resulte insuficiente.

El dato es relevante porque uno de los mayores daños durante este tipo de eventos no depende únicamente de cuánto llueve, sino de cuán preparado está el territorio para recibir esa lluvia. Dos ciudades sometidas a la misma tormenta pueden sufrir consecuencias completamente diferentes dependiendo del estado de los desagües, la urbanización de zonas inundables, los sistemas de alerta, la capacidad de evacuación, la disponibilidad de refugios y el mantenimiento de caminos y defensas. El Niño incrementa el peligro climático; la vulnerabilidad urbana y social determina cuánto de ese peligro termina transformándose en desastre.

El Instituto Nacional del Agua será especialmente importante durante los próximos meses porque una de las amenazas más difíciles de administrar es la combinación entre precipitaciones locales y crecidas provenientes de las cuencas superiores. Una tormenta intensa en Brasil, Paraguay o el norte argentino puede tardar días o semanas en trasladarse aguas abajo y afectar después al Paraná o al Uruguay. El carácter internacional de la Cuenca del Plata hace que el seguimiento de los ríos dependa también de lo que ocurra fuera de las fronteras argentinas.

## Un Niño muy fuerte sobre un planeta cada vez más caliente

Hay otro componente que preocupa particularmente a Naciones Unidas: El Niño ocurre ahora sobre un planeta cuya temperatura promedio es considerablemente superior a la de los grandes episodios del siglo XX. El fenómeno no es causado por el cambio climático; es una oscilación natural que existe desde mucho antes de la industrialización. Pero ambas cosas pueden superponerse. El Niño libera calor acumulado en el océano hacia la atmósfera y suele empujar temporalmente hacia arriba la temperatura media global. Cuando ese mecanismo opera sobre un calentamiento de base ya elevado por la acumulación de gases de efecto invernadero, pueden registrarse récords térmicos y extremos mucho más significativos.

António Guterres utilizó este jueves un lenguaje particularmente dramático al advertir que el fenómeno se está haciendo “gigantesco” y que el mundo entra nuevamente en un terreno climático peligroso. Más allá de la retórica del secretario general, la preocupación científica es concreta: océanos más cálidos contienen más energía y una atmósfera más caliente puede retener mayor cantidad de vapor de agua, lo que potencialmente intensifica precipitaciones extremas en determinados sistemas meteorológicos. Al mismo tiempo, los cambios de circulación asociados con El Niño pueden reducir drásticamente las lluvias en otras regiones y aumentar el riesgo de sequías e incendios.

La señal ya aparece en distintos puntos de América Latina. Panamá y El Salvador adoptaron medidas de emergencia, Perú declaró estados de emergencia en numerosos departamentos y Ecuador elevó su nivel de alerta. En Brasil las autoridades reforzaron vigilancia e incrementaron el despliegue de brigadistas ante el riesgo de incendios en áreas donde El Niño suele favorecer condiciones más secas. La respuesta regional muestra por qué el fenómeno no puede explicarse simplemente como “más lluvia”: mientras el sudeste de Sudamérica puede enfrentar precipitaciones extraordinarias, zonas tropicales y del norte continental pueden registrar el comportamiento opuesto.

En el Pacífico norte y oriental también existen señales particularmente llamativas. Tres sistemas tropicales de gran intensidad llegaron a coexistir en la cuenca, un fenómeno poco frecuente favorecido por temperaturas oceánicas muy elevadas. El Niño suele reducir la cizalladura de viento sobre determinados sectores del Pacífico y crear condiciones más favorables para el desarrollo de ciclones, mientras puede tener efectos distintos sobre la actividad de huracanes en el Atlántico. La interacción con un Atlántico tropical también excepcionalmente cálido vuelve el panorama de 2026 especialmente complejo.

Para la Argentina, el período más sensible todavía está por delante. El Niño continuará fortaleciéndose durante septiembre y octubre y los modelos esperan que alcance su máximo alrededor de noviembre o diciembre. Después comenzaría una disminución gradual, pero sus efectos atmosféricos pueden persistir durante buena parte del verano. La OMM estima una probabilidad prácticamente del 100% de continuidad hasta febrero y la NOAA mantiene más de 90% de posibilidades de un episodio de categoría muy fuerte durante el otoño e invierno del hemisferio norte, coincidentes con nuestra primavera y verano.

Por eso el punto central no debería ser únicamente si terminará batiendo o no el récord histórico. Esa definición llegará después, cuando puedan compararse las anomalías oceánicas definitivas con los eventos anteriores. Para la planificación argentina alcanza con saber algo bastante más concreto: **el país atravesará la primavera y buena parte del verano bajo un Niño excepcionalmente intenso, con mayores probabilidades de lluvias por encima de lo normal en algunas de las zonas más pobladas y productivas del territorio**.

Después de años en los que la preocupación climática argentina estuvo asociada principalmente a la sequía, el escenario comienza a invertirse. El agua que faltó puede convertirse ahora en agua que sobra. Y en un fenómeno que podría extenderse hasta febrero de 2027, la diferencia entre una temporada extraordinariamente húmeda y una emergencia de gran escala dependerá tanto de lo que haga el océano Pacífico como de cuánto consiga anticiparse el Estado antes de que lleguen las lluvias más fuertes.

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