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title: "Cuba ante su mayor giro económico desde 1959: crisis energética, derrumbe productivo y una apertura al mercado que empieza a cambiar la isla"
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description: "Actualizado al 6 de septiembre de 2026. Cuba atraviesa una crisis que ya no puede explicarse solamente por el embargo estadounidense ni únicamente por las fallas del socialismo cubano. La combinación de décadas de baja productividad, pérdida de aliados, escasez de divisas, deterioro energético, emigración masiva y una ofensiva económica de Washington llevó al Gobierno a habilitar empresas privadas de mayor escala, capital extranjero, contratación directa, comercio exterior privado y mecanismos de mercado que hasta hace pocos años parecían incompatibles con el modelo revolucionario."
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date_published: "2026-09-07T10:59:00-03:00"
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  - "Cuba"
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author_name: "Alejandro Cabrera"
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category_name: "Mundo"
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# Cuba ante su mayor giro económico desde 1959: crisis energética, derrumbe productivo y una apertura al mercado que empieza a cambiar la isla

Para entender lo que está ocurriendo hoy en Cuba hay que empezar por una imagen bastante sencilla: el Estado que durante décadas pretendió organizar casi toda la vida económica de la isla ya no tiene los dólares, el combustible, la capacidad productiva ni, crecientemente, la población económicamente activa suficiente para hacerlo. No desapareció el régimen socialista, no existe una transición política hacia una democracia liberal y tampoco se está privatizando masivamente la economía al estilo de Europa oriental después de la caída de la Unión Soviética. Pero la Cuba de septiembre de 2026 es económicamente mucho menos parecida a la Cuba de Fidel Castro que la de hace apenas cinco años. El Partido Comunista mantiene el monopolio político, las principales empresas estratégicas continúan bajo control estatal y el Gobierno insiste en que la empresa pública seguirá siendo el núcleo del sistema; al mismo tiempo, acepta propiedad privada sobre medios de producción, empresas con más de cien empleados, inversión extranjera en negocios privados, contratación directa de trabajadores, precios determinados crecientemente por el mercado, importaciones privadas, distribución privada de combustible y participación empresarial no estatal en sectores que durante décadas estuvieron prácticamente reservados al Gobierno.

Por eso, definir lo que está sucediendo simplemente como una “apertura al capitalismo” es tentador, pero necesita una precisión. **Cuba no está abandonando oficialmente el socialismo: está incorporando cada vez más instrumentos capitalistas para intentar salvar una economía socialista que ya no consigue sostenerse con sus mecanismos tradicionales.** Y probablemente esa sea la transformación más interesante. En los años noventa el mercado fue admitido como una concesión temporal para sobrevivir al derrumbe soviético. Con Raúl Castro empezó a ser reconocido como un complemento necesario. Desde 2021 el empresario privado adquirió personalidad jurídica y comenzó a ganar espacio. En 2026, en cambio, el Gobierno habla abiertamente de mecanismos de mercado como instrumentos para asignar recursos y acaba de aprobar el paquete de liberalización más profundo desde la revolución de 1959. Incluso el órgano oficial del Partido Comunista admite ahora una “mayor apertura al capital privado” y reconoce explícitamente el papel del mercado, aunque enfatiza que todo esto debe utilizarse para preservar el socialismo.

## Una economía que lleva años retrocediendo y en 2026 se precipitó

La crisis actual no empezó este año. Cuba nunca consiguió recuperar plenamente el dinamismo perdido tras la desaparición de la Unión Soviética y durante décadas sustituyó parcialmente aquella dependencia primero con el turismo, después con los servicios profesionales exportados al exterior y finalmente con la relación privilegiada con la Venezuela chavista. El problema es que esos soportes se fueron debilitando casi simultáneamente. La economía ya sufría una productividad muy baja, empresas estatales ineficientes, una agricultura incapaz de abastecer al mercado interno, escasez crónica de divisas, dificultades para acceder al crédito internacional y una infraestructura energética envejecida. A partir de 2019 se sumaron el endurecimiento de las sanciones norteamericanas durante la primera presidencia de Donald Trump, la pandemia y el derrumbe del turismo, el deterioro venezolano y luego una reforma monetaria cubana que intentó corregir distorsiones acumuladas durante décadas pero terminó acompañada por una gigantesca depreciación del peso y una explosión inflacionaria.

Los datos más recientes de la CEPAL permiten dimensionar hasta dónde llegó esa caída. El PIB real disminuyó un 1,9% en 2023, otro 1,1% en 2024 y un 3,8% en 2025. Es decir, tres años consecutivos de recesión después de que la producción ya hubiera quedado profundamente dañada por la pandemia. Para 2026 el organismo acaba de proyectar una contracción extraordinaria del **10,3%**, una cifra comparable con las crisis económicas más profundas de la historia moderna cubana, y prevé otra caída del 5,1% en 2027 si continúan las restricciones energéticas y financieras. Al mismo tiempo, la inflación, que oficialmente había bajado del brutal 77,3% de 2021 hasta 14,1% en 2025, volvió a acelerarse: alcanzó un 20,7% interanual en julio y la CEPAL calcula que podría terminar 2026 cerca del 27%.

Pero el dato más revelador quizá no sea la inflación oficial sino la moneda. Durante décadas el sistema cubano consiguió sostener tipos de cambio administrados completamente desconectados de la escasez real de dólares. Esa ficción prácticamente colapsó. En diciembre de 2025 el Banco Central abandonó la idea de una única paridad oficial y estableció un esquema segmentado. Mientras determinados sectores estatales conservan tipos preferenciales, para la población y parte de la economía no estatal existe ahora un mecanismo más flexible. Paralelamente, en el mercado informal —que en la práctica marca numerosos precios— el dólar pasó de unos 435 pesos en enero de 2026 a aproximadamente 680 a finales de julio. La moneda cubana perdió así más de la mitad de su valor frente al dólar en apenas siete meses. El paquete de reformas incorpora además mayor dolarización parcial, subastas de divisas y mecanismos cambiarios más próximos a la realidad del mercado.

Esto tiene una consecuencia social enorme. El salario estatal medio de 2025 fue de 6.930 pesos mensuales. La CEPAL calcula que equivalía a unos **17,7 dólares al tipo de cambio informal** de aquel momento. Aunque hacer una conversión directa no refleja exactamente el poder adquisitivo local, sí muestra la distancia creciente entre quienes dependen exclusivamente de un salario público y quienes reciben remesas, trabajan para el turismo, tienen acceso a dólares o desarrollan actividades privadas. La apertura económica está generando así una paradoja: el mercado permite que aparezcan productos que el Estado ya no puede proveer, pero esos bienes suelen tener precios inaccesibles para una parte muy importante de la población.

La debilidad estatal también puede verse en las propias cuentas públicas. En 2025 el gasto real en educación cayó 12,6% y el destinado a salud pública y asistencia social disminuyó 12,8%, mientras el Gobierno intentaba bajar un déficit fiscal que había superado el 11% del PIB entre 2021 y 2023. El rojo se redujo al 5,4% en 2025 y rondaría el 5% este año, pero no como consecuencia de una explosión de ingresos: la CEPAL describe en buena medida un ajuste forzado provocado por la caída de la recaudación, la inexistencia de financiamiento externo suficiente y la imposibilidad de ejecutar gasto. El déficit restante continúa financiándose principalmente mediante emisión monetaria, precisamente uno de los mecanismos que alimenta la presión inflacionaria.

## La electricidad es ahora el corazón de la crisis

Todo problema económico cubano termina actualmente chocando con la energía. Las centrales termoeléctricas tienen décadas de antigüedad, requieren mantenimiento e inversiones que el país viene postergando y necesitan combustible que Cuba no produce en cantidad suficiente. Incluso antes de 2026 el sistema eléctrico registraba apagones cotidianos y colapsos completos. Pero el salto cualitativo se produjo este año, cuando la administración Trump decidió convertir el suministro petrolero en una herramienta explícita de presión política.

El 29 de enero Trump firmó una orden ejecutiva que permite imponer aranceles adicionales a productos procedentes de cualquier país que venda o proporcione petróleo directa o indirectamente a Cuba. El mecanismo busca disuadir no solamente a compañías sino también a terceros Estados de abastecer a la isla. Esto ocurrió después de que el flujo venezolano, que todavía había cubierto aproximadamente un tercio de las necesidades cubanas durante 2025, prácticamente se interrumpiera. Washington sancionó posteriormente a CUPET, la petrolera estatal cubana, y amplió en los meses siguientes las restricciones sobre entidades energéticas, financieras y mineras.

Aquí es necesario evitar dos simplificaciones opuestas. Es falso explicar el colapso energético únicamente por las sanciones: las centrales estaban deterioradas desde mucho antes, Cuba arrastra décadas de inversiones insuficientes y el sistema estatal presenta graves problemas estructurales. Pero también es difícil sostener que las nuevas restricciones petroleras sean marginales. En junio, el propio Gobierno cubano hablaba de afectaciones eléctricas de alrededor de veinte horas diarias y un déficit medio de 1.955 MW. En julio hubo tres grandes colapsos de la red en apenas nueve días. Para septiembre los apagones de días completos se habían vuelto frecuentes en algunas zonas. Naciones Unidas advierte que la falta de combustible está comprometiendo hospitales, bombeo de agua, refrigeración de alimentos y medicamentos, agricultura y transporte. Incluso la Embajada de Estados Unidos emitió el 4 de septiembre una alerta sanitaria por el aumento de enfermedades gastrointestinales vinculado con la degradación de los sistemas de agua y electricidad.

Y aquí aparece una de las contradicciones más singulares de la nueva Cuba. Estados Unidos está intentando asfixiar el sector energético estatal al mismo tiempo que **autoriza combustible destinado específicamente a empresas privadas cubanas**. Durante 2026 comenzaron a llegar cargamentos estadounidenses de diesel para determinados negocios particulares. La estrategia declarada de Washington es diferenciar entre el Estado comunista, al que pretende debilitar, y el empresario independiente, al que busca fortalecer. El Gobierno cubano, desesperado por aumentar la oferta, terminó permitiendo que compañías privadas importaran combustible y, para julio, casi 200 negocios habían recibido autorización para participar en su distribución mayorista. Incluso se autorizó la primera inversión extranjera para importar y comercializar combustible. El resultado es algo inimaginable no hace tantos años: empresas privadas abasteciendo segmentos de un mercado energético que había sido uno de los monopolios más rígidos del Estado revolucionario.

## El turismo, el azúcar, el níquel y los médicos: se caen las fuentes de dólares

Cuba tampoco tiene un problema exclusivamente energético. Tiene un problema de dólares, y prácticamente todas sus grandes fuentes tradicionales de divisas están atravesando dificultades al mismo tiempo. En 2019 el país recibió alrededor de 4,3 millones de visitantes. En 2025 llegaron apenas 1,8 millones, la cifra más baja desde 2002. Y 2026 está siendo todavía peor: durante el primer semestre ingresaron únicamente 387.591 turistas internacionales, un 60,7% menos que durante el mismo período del año anterior. Para enero-julio el número apenas superó los 419.000. Las restricciones estadounidenses, la falta de combustible de aviación, la suspensión de vuelos, los apagones y el deterioro de los servicios produjeron una tormenta perfecta. Según las autoridades cubanas, hacia finales de julio casi tres cuartas partes de los hoteles estaban cerrados.

El resto del sector externo tampoco ofrece demasiado alivio. Las exportaciones cubanas de bienes y servicios descendieron a 8.847 millones de dólares en 2025, casi 4.300 millones menos que en 2018. La producción de níquel cayó, la minera canadiense Sherritt debió suspender operaciones en Moa por falta de combustible y varios países terminaron acuerdos de contratación de personal médico cubano. Y el azúcar, alguna vez símbolo económico de la isla, atraviesa un colapso casi difícil de imaginar: la zafra 2024/2025 produjo menos de 150.000 toneladas, el peor resultado en más de un siglo, frente a un consumo interno estimado entre 600.000 y 700.000 toneladas. Desde 2023 Cuba, durante generaciones uno de los grandes exportadores azucareros del planeta, importa más azúcar de la que exporta.

Por eso el déficit externo puede incluso reducirse y, paradójicamente, ser una mala noticia. La CEPAL estima que el déficit de cuenta corriente bajaría del 9,4% del PIB en 2025 al 7,1% este año, pero no porque hayan explotado las exportaciones: fundamentalmente porque Cuba ya no dispone de divisas suficientes para importar combustible, maquinaria, alimentos e insumos. Es el tipo de “mejora” que se obtiene cuando una economía se contrae tan violentamente que deja de comprar.

## El éxodo: Cuba pierde trabajadores, consumidores y futuro

Hay otra crisis menos visible que los apagones pero probablemente más difícil de revertir: la demográfica. Según datos oficiales, Cuba terminó 2025 con **9.434.593 habitantes**, 313.414 menos que un año antes. El saldo migratorio negativo fue de aproximadamente 245.000 personas solamente durante 2025. Ese mismo año nacieron apenas 68.051 niños mientras se registraron más de 134.000 fallecimientos. La combinación de emigración, baja natalidad y envejecimiento está reduciendo rápidamente la base laboral y aumentando la presión sobre un sistema de jubilaciones y servicios sociales que ya tiene dificultades de financiamiento.

La CEPAL calcula que alrededor del 10% de la población salió del país desde 2021 y señala una característica llamativa del mercado laboral: la tasa oficial de desempleo sigue apareciendo en apenas 1,7%, pero solamente el 49,9% de las personas mayores de 15 años participa de la fuerza laboral. Más de 4,2 millones quedan fuera de esa estadística. El organismo señala además que alrededor del 20% de los ocupados trabaja informalmente y que la edad media de quienes permanecen empleados ya supera los 44 años. En otras palabras, Cuba puede mostrar poco desempleo precisamente porque una parte enorme de sus jóvenes decidió que su mejor estrategia económica era irse.

Eso tiene además un efecto circular sobre las reformas. El país necesita empresarios, técnicos, ingenieros, profesionales y trabajadores para reconstruir su aparato productivo, pero precisamente esos grupos se encuentran entre quienes más posibilidades tienen de emigrar. Al mismo tiempo, la diáspora se convirtió en una fuente potencial de capital tan importante que el Gobierno acaba de hacer algo ideológicamente extraordinario: habilitar a cubanos residentes en el exterior a ser propietarios o socios de empresas privadas radicadas en Cuba.

## Cómo llegó Cuba hasta esta apertura

La apertura de 2026 no surgió de la nada. El primer gran antecedente fue el **Período Especial** de los años noventa. Cuando desapareció la Unión Soviética, Cuba perdió comercio subsidiado, petróleo barato, créditos y mercados garantizados. Fidel Castro respondió aceptando algo que ideológicamente había combatido: trabajo por cuenta propia, turismo extranjero, inversión internacional, circulación de dólares y pequeños espacios para actividades privadas. No fue presentado como un nuevo modelo sino como una concesión de emergencia. Cuando la situación mejoró y Venezuela empezó a reemplazar parcialmente el papel soviético, una parte de aquella liberalización volvió a restringirse.

El segundo salto llegó con Raúl Castro. Desde 2008 comenzó a entregar tierras estatales ociosas en usufructo, eliminó determinadas prohibiciones de consumo y reconoció que el Estado tenía alrededor de un millón de empleados excedentes. En 2010 amplió a 178 las actividades permitidas para trabajadores por cuenta propia, permitió contratar empleados y anunció una reducción gigantesca de las plantillas públicas. Los Lineamientos aprobados por el Partido Comunista en 2011 legitimaron conceptualmente una economía donde el Estado conservaría el control estratégico pero compartiría determinadas actividades con pequeños empresarios, cooperativas y capital extranjero. También se permitió nuevamente comprar y vender viviendas y automóviles.

En 2019 ocurrió otro cambio simbólico. La nueva Constitución reconoció formalmente **la propiedad privada sobre determinados medios de producción**, además de la propiedad mixta y la importancia de la inversión extranjera. Pero mantuvo dos barreras fundamentales: la empresa estatal socialista seguiría siendo el sujeto principal de la economía y el Partido Comunista conservaría su monopolio político. Esa combinación sigue vigente y explica gran parte de la peculiaridad cubana: existe una empresa privada legal dentro de un sistema donde no existe una oposición legal que pueda defender políticamente sus intereses y donde el Estado conserva una enorme capacidad regulatoria sobre esos propietarios.

El siguiente salto llegó en 2021, precisamente en medio de otra gran crisis. El Gobierno pasó de una lista muy reducida de actividades particulares autorizadas a permitir negocios privados en más de 2.000 sectores, salvo un conjunto de actividades explícitamente prohibidas. Luego dio personalidad jurídica a las **mipymes privadas**, permitiendo que dejaran de funcionar simplemente como trabajadores autónomos y operaran como sociedades. Ese cambio coincidió con la reforma monetaria conocida como Tarea Ordenamiento, que eliminó el peso convertible, devaluó fuertemente la moneda oficial y aumentó salarios y precios administrados. La intención era ordenar las múltiples distorsiones monetarias; el resultado terminó mezclándose con escasez, pandemia, emisión y depreciación hasta producir una inflación que alcanzó oficialmente el 77,3% durante aquel año.

Pero la transformación privada empezó a ser imposible de ignorar. En 2024, por primera vez desde las primeras décadas posteriores a la revolución, el sector no estatal representó **el 55% del valor de las ventas minoristas de bienes y servicios**, excluyendo servicios públicos. Hay que tener cuidado: eso no significa que produzca más del 55% de todos los bienes, porque los precios privados son mucho mayores que los estatales. Pero la tendencia es inequívoca. Hacia mediados de 2025 aproximadamente **1,6 millones de los cuatro millones de trabajadores cubanos** estaban vinculados al sector privado y las importaciones realizadas por negocios particulares ya superaban los 1.000 millones de dólares, incluso mientras las importaciones generales del país retrocedían.

## Junio de 2026: el Gobierno cruzó una nueva frontera

El 18 de junio llegó el salto verdaderamente grande. En uno de los peores momentos económicos desde el Período Especial, el Partido y el Gobierno presentaron **176 transformaciones económicas y sociales agrupadas en 23 ejes**. La importancia no reside únicamente en la cantidad sino en el lenguaje utilizado por el propio oficialismo: mayor apertura al capital privado, reconocimiento de mecanismos de mercado para asignar recursos, transformación del sistema empresarial, descentralización, autonomía municipal, cambios en el régimen de propiedad, inversión extranjera, dolarización parcial, reforma bancaria y flexibilización del comercio exterior. El Gobierno aclaró al mismo tiempo que todo ello se haría sin modificar la Constitución y que no constituía una desviación del socialismo.

Entre junio y septiembre empezó a aparecer la letra concreta de esa reforma. Se autorizó que los actores económicos puedan recibir facultades para importar y exportar directamente, se redujeron de 15 a siete días determinados plazos administrativos para proyectos de inversión y se incorporó el silencio administrativo positivo. Se descentralizó la fijación de numerosos precios hacia empresas, productores y gobiernos territoriales, sustituyendo en ciertos casos la formación basada exclusivamente en costos por precios de referencia del mercado. Para el campo se habilitaron acuerdos directos entre productores y compradores y se flexibilizó el acceso a tierras ociosas del Estado.

La reforma tributaria también revela hacia dónde apunta el modelo. Cuba prepara la incorporación de un IVA, reduce el impuesto sobre utilidades del 35% al 30% y quiere reemplazar progresivamente los subsidios generalizados a productos por ayudas focalizadas a personas. Ese último punto es profundamente significativo: la libreta de abastecimiento y la idea de precios fuertemente subsidiados para toda la población formaron parte durante décadas del contrato social revolucionario. Pasar del producto subsidiado al ciudadano vulnerable significa acercarse a un sistema de protección social típico de una economía mixta, donde los precios reflejan más los costos y el Estado compensa a quienes no pueden pagarlos. La transición, en una sociedad cuyos salarios están extremadamente deprimidos, es también uno de los componentes de mayor riesgo social de toda la reforma.

La banca tampoco queda afuera. El paquete contempla un mercado digital de divisas, subastas cambiarias, mayor dolarización y la posibilidad de funcionamiento de banca privada nacional o extranjera bajo supervisión del Banco Central. No significa que mañana aparezcan decenas de bancos comerciales occidentales en La Habana: las sanciones, el riesgo jurídico y la insolvencia del país hacen que la distancia entre autorización legal e inversión efectiva siga siendo enorme. Pero políticamente, que el Gobierno cubano siquiera incorpore la banca privada al nuevo esquema marca una ruptura conceptual extraordinaria.

## Septiembre: empresas privadas grandes y capital de los emigrados

Los cambios publicados durante los últimos días son todavía más contundentes. El **Decreto-Ley 133**, publicado el 2 de septiembre, elimina en la práctica el techo de cien trabajadores que hasta ahora definía el límite máximo de una mediana empresa privada y crea la categoría de empresa privada con más de cien empleados. Podrá haber sociedades de responsabilidad limitada con varios propietarios o empresas unipersonales, abrir establecimientos en distintas provincias y crecer sin el antiguo límite de tamaño. La norma también permite que cubanos residentes en el exterior y determinados extranjeros residentes participen como propietarios. Es importante la precisión temporal: el decreto entra en vigor siete días después de su publicación, es decir, **el 9 de septiembre de 2026**. Al día de hoy está aprobado y publicado, pero faltan tres días para su entrada formal en vigencia.

Al día siguiente se anunció otra batería de normas vinculadas a la inversión extranjera y al turismo. Empresas mixtas y compañías de capital totalmente extranjero podrán contratar directamente a trabajadores cubanos sin la intermediación obligatoria de agencias estatales, uno de los mecanismos más criticados durante décadas porque era el Estado quien contrataba, cobraba en divisas y pagaba al trabajador según sus propias condiciones. También se facilita la apertura de cuentas corporativas en el exterior y se permite que actores privados creen agencias de viajes y que trabajadores independientes puedan desempeñarse como guías turísticos. En una industria que durante décadas estuvo dominada directamente por conglomerados estatales y militares, es un cambio de enorme alcance potencial.

Hay además una innovación todavía más importante: el Gobierno se manifestó dispuesto a permitir **inversión extranjera directa en empresas privadas cubanas, incluidas las mipymes**, con reglas sobre propiedad, repatriación de capitales, reinversión y resolución de controversias. Díaz-Canel llegó a plantear públicamente que los emigrados cubanos que quieran invertir, importar tecnología o desarrollar proyectos deberían disponer de un marco estable para hacerlo. Es difícil exagerar la carga histórica de esa declaración en un sistema que durante buena parte de su historia observó a la diáspora —especialmente la radicada en Estados Unidos— con profunda sospecha política.

## Entonces, ¿Cuba se está haciendo capitalista?

**En la estructura económica, parcialmente sí. En el sistema político e institucional, todavía no.** Y esa diferencia es decisiva.

En el sentido económico clásico, Cuba está autorizando una cantidad creciente de instituciones características del capitalismo: propiedad privada productiva, contratación de trabajadores asalariados por particulares, acumulación empresarial, compañías con más de cien empleados, inversión extranjera privada, libertad de precios en más segmentos, compra y venta de tierras bajo determinadas condiciones, importaciones y exportaciones directas, banca privada proyectada y mayor utilización de señales de mercado. El sector privado ya no es un pequeño conjunto de restaurantes familiares o taxis tolerados por el Estado; empieza a convertirse en un componente estructural de la economía cubana.

Pero falta uno de los elementos fundamentales para comparar a Cuba con una economía capitalista convencional: **un sistema institucional independiente del poder político**. La Constitución sigue definiendo a la empresa estatal socialista como el sujeto principal de la economía; sectores estratégicos permanecen en manos públicas; el Partido Comunista conserva el monopolio político; los medios masivos privados continúan prohibidos y el Estado mantiene facultades muy amplias para autorizar, regular o revocar actividades empresariales. Esa ausencia de contrapesos produce la principal duda de cualquier inversor: no basta con que hoy una norma permita algo si no existe seguridad de que dentro de cinco años las mismas reglas seguirán vigentes o que un tribunal independiente pueda proteger una inversión frente al Estado. La propia historia cubana ofrece antecedentes de aperturas que después fueron frenadas o revertidas.

Por eso el paralelo más lógico no es Rusia después de 1991 sino **China y Vietnam**: partido único, planificación estratégica, empresas públicas dominantes en sectores considerados fundamentales y un espacio creciente para capital privado, inversión extranjera y mercado. Incluso las autoridades cubanas llevan años estudiando esos modelos. Pero existe una diferencia enorme. China y Vietnam comenzaron sus reformas con poblaciones mucho mayores, acceso creciente al mercado mundial, enormes flujos de inversión extranjera y, sobre todo, sin un embargo económico comparable al estadounidense. Cuba intenta realizar ahora una reforma de mercado cuando su infraestructura está colapsada, pierde población, carece de divisas y enfrenta probablemente las sanciones energéticas más severas de las últimas décadas.

## El embargo importa, pero no explica todo

La discusión sobre Cuba suele terminar atrapada en dos relatos que se excluyen mutuamente. Para el Gobierno cubano, el bloqueo estadounidense es la explicación central de prácticamente todos los problemas económicos. Para buena parte de sus adversarios, el embargo funciona como una excusa y la responsabilidad pertenece íntegramente al régimen. Los datos permiten una conclusión bastante menos cómoda para ambos.

Las sanciones tienen hoy **un impacto económico real y enorme**. Cuando Estados Unidos amenaza con penalizar comercialmente a cualquier país que entregue petróleo a una isla importadora de energía, cuando sanciona bancos y empresas energéticas y cuando las restricciones afectan navieras, aerolíneas, transferencias y operaciones financieras internacionales, el costo no puede considerarse marginal. Naciones Unidas está advirtiendo explícitamente sobre consecuencias humanitarias. La caída adicional de 2026 no puede analizarse sin incluir ese choque externo.

Pero el modelo cubano venía mostrando deficiencias mucho antes. La productividad estatal era baja, la producción agropecuaria retrocedía, la infraestructura eléctrica estaba descapitalizada, el país dependía estructuralmente de importaciones alimentarias y energéticas y las autoridades habían postergado durante décadas reformas que sus propios economistas reclamaban. Que Cuba haya necesitado esperar hasta encontrarse al borde de una crisis energética y humanitaria para autorizar empresas privadas de más de cien trabajadores o inversión de la diáspora dice bastante sobre la responsabilidad interna. De hecho, los propios documentos oficiales de 2026 reconocen “errores e insuficiencias internas” además del impacto estadounidense.

La forma más precisa de entender la situación es, entonces, pensarla como **una crisis producida por la interacción entre un modelo interno que llegó extremadamente debilitado al shock y una política estadounidense diseñada deliberadamente para aumentar ese shock**. Quitar cualquiera de las dos variables produce una explicación incompleta.

## La gran paradoja de 2026

Cuba llega a septiembre de 2026 con una paradoja histórica. Washington busca debilitar al Estado socialista y fortalecer al empresario particular. La dirigencia cubana busca fortalecer al empresario particular para evitar que colapse el Estado socialista. Por razones completamente opuestas, ambas estrategias están empujando en la misma dirección a una parte de la economía: **más mercado, más propiedad privada y más espacio para empresas independientes del aparato estatal**.

Eso no garantiza que las reformas funcionen. Para que aparezca una verdadera ola de inversión harán falta electricidad, crédito, reglas estables, proveedores, consumidores capaces de pagar, acceso internacional a bancos y garantías jurídicas. Cuba tiene hoy problemas graves en cada uno de esos elementos. Un empresario puede recibir autorización para importar directamente y aun así no conseguir un banco extranjero dispuesto a procesar su pago por temor a sanciones estadounidenses. Puede tener permiso para abrir una fábrica y después padecer veinte horas sin electricidad. Puede producir alimentos y encontrarse con que buena parte de la población no puede pagarlos. Puede atraer capital de la diáspora, pero el potencial inversor debe preguntarse qué ocurrirá con su propiedad si cambia nuevamente la política interna.

Por eso las 176 reformas son simultáneamente enormes y todavía insuficientes para hablar de una transición económica consolidada. **El cambio legal ya es histórico; el cambio económico real recién empieza.**

Lo que sí parece difícil de revertir es algo más profundo: el viejo principio según el cual el Estado debía producir, importar, distribuir, contratar y fijar prácticamente todo ya quedó roto por la propia realidad. En 2024 el sector no estatal superó por primera vez al estatal en valor de ventas minoristas. Cuatro de cada diez trabajadores ya estaban vinculados a actividades privadas. En 2026 se autorizaron empresas grandes y capital externo privado. El Gobierno está tratando de convertir esta transformación de hecho en una transformación legal antes de que la economía termine de desintegrarse.

Y allí está, probablemente, la verdadera importancia histórica del momento cubano. **La revolución no está anunciando su final; está modificando algunas de las ideas económicas sobre las que construyó su identidad para intentar sobrevivir.** El interrogante ya no es si Cuba incorporará mercado: eso ya ocurrió. La cuestión es hasta dónde está dispuesto a llegar el Partido Comunista, si permitirá que ese nuevo sector acumule suficiente riqueza y autonomía para convertirse en una fuerza social independiente, y si puede construirse una economía mixta viable mientras el sistema político permanece prácticamente sin modificaciones.

A septiembre de 2026, Cuba no es todavía la “China del Caribe”, mucho menos una economía capitalista occidental. Pero tampoco es ya la economía estatal cerrada que sobrevivió durante décadas alrededor del monopolio público. Se encuentra en un terreno intermedio, empujada hacia él no por una conversión ideológica sino por necesidad. **La mayor incógnita para los próximos años es si esta apertura llega a tiempo para evitar un deterioro todavía mayor o si la reforma comenzó cuando la crisis energética, demográfica y productiva ya había avanzado demasiado.**

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