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title: "El giro malvinero de Milei no logra convencer: el 61% cree que responde a conveniencia política"
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description: "La nueva estrategia presidencial consiguió instalar nuevamente la cuestión del Atlántico Sur y las medidas anunciadas reciben apoyo en sectores amplios de la sociedad. Sin embargo, una encuesta de Management & Fit muestra una fuerte desconfianza sobre las motivaciones del Gobierno: apenas uno de cada cuatro consultados atribuye el cambio a una convicción genuina."
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date_published: "2026-09-07T20:10:00-03:00"
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  - "Encuesta"
  - "Malvineros"
  - "Milei"
author_name: "Alejandro Cabrera"
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category_name: "Política"
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category_description: "Novedades de la Política Argentina y sus principales actores en las esferas del poder. Casa Rosada y Congreso."
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# El giro malvinero de Milei no logra convencer: el 61% cree que responde a conveniencia política

Javier Milei consiguió algo que parecía improbable apenas unas semanas atrás: colocar a Malvinas nuevamente en el centro de la agenda política argentina. La cadena nacional en la que afirmó que “las islas Malvinas son argentinas por historia y por derecho” alcanzó un nivel de conocimiento extraordinario, cercano al 90%, y las medidas anunciadas —endurecimiento de sanciones contra empresas petroleras que operen sin autorización argentina, fortalecimiento de la presencia estratégica en Tierra del Fuego y envío al Congreso de una Ley de Defensa de la Soberanía Nacional— encontraron un terreno social fértil. Pero esa adhesión a la causa no se trasladó automáticamente a confianza en el Presidente. Según un relevamiento nacional de Management & Fit, **el 61,1% de los argentinos considera que el cambio de Milei se explica por conveniencia política y solamente el 24,7% cree que responde a una convicción personal**.

Milei y sus tres espejos: cuánto tiene realmente de Churchill, Thatcher y Reagan

Ese es probablemente el dato más incómodo para el Gobierno. No aparece un rechazo mayoritario a endurecer la posición argentina sobre las islas, sino una separación muy clara entre la política anunciada y la credibilidad del dirigente que la impulsa. El sondeo, realizado sobre mil casos y con un margen de error del 3%, muestra además una sociedad prácticamente partida respecto de la sustancia del discurso: el 44,6% considera que Milei anunció medidas concretas y el 44,2% entiende que predominó una declaración política general. La brecha se vuelve mayor cuando se pregunta por su convocatoria a superar diferencias partidarias alrededor de Malvinas: el 41% confía en ese llamado y el 56% desconfía.

La explicación está en la propia historia reciente del Presidente. Milei no llegó al poder como un dirigente identificado con el nacionalismo malvinero tradicional. Durante la campaña presidencial de 2023 reivindicó varias veces a Margaret Thatcher, la primera ministra británica que condujo al Reino Unido durante la guerra de 1982, y defendió su capacidad de liderazgo incluso frente a las críticas que eso generaba en Argentina. También había utilizado una formulación más cercana al principio de autodeterminación de los isleños, algo incompatible con la posición diplomática argentina, que sostiene que la disputa es bilateral entre Buenos Aires y Londres y rechaza considerar a la población implantada después de 1833 como una tercera parte con capacidad para decidir la soberanía. El discurso de la última semana abandonó casi completamente aquel registro y adoptó uno mucho más parecido al utilizado históricamente por gobiernos peronistas, radicales e incluso militares.

La transformación tampoco ocurrió en un vacío. Milei llega a este movimiento cuando queda poco más de un año para las presidenciales de 2027 y cuando su principal fortaleza política —la economía— enfrenta una percepción social mucho menos favorable que los indicadores macroeconómicos que exhibe el Gobierno. La desaceleración de la inflación, el equilibrio fiscal y la recuperación de determinados sectores conviven con pérdida de poder adquisitivo en amplios segmentos, endeudamiento familiar, preocupación por el empleo y una valoración del Gobierno que se encuentra muy por debajo de sus mejores momentos. Reuters situó recientemente la aprobación presidencial alrededor del 36,8%. En ese contexto, Malvinas ofrece algo que prácticamente ninguna discusión económica puede darle hoy al oficialismo: una causa con capacidad para atravesar la grieta política y generar consensos muy superiores a los que obtiene Milei personalmente.

## Una causa que Milei puede aprovechar, aunque muchos no crean en su conversión

El resultado de la encuesta muestra precisamente esa paradoja. La sociedad puede respaldar una política sin confiar en las razones del Presidente para impulsarla. Management & Fit encontró que el 35,9% interpreta que el objetivo principal de la cadena fue defender la soberanía argentina, mientras que un 34% considera que el propósito estuvo fundamentalmente relacionado con marketing y posicionamiento electoral. Las respuestas cambian radicalmente según la valoración previa del Gobierno: entre quienes aprueban a Milei, alrededor del 81% considera que la defensa de la soberanía fue el objetivo central; entre quienes desaprueban su gestión, aproximadamente el 61% atribuye el discurso al posicionamiento electoral. Malvinas, una de las pocas cuestiones capaces de generar consenso transversal, terminó así atravesada nuevamente por la polarización alrededor del Presidente.

El oficialismo tiene, sin embargo, razones para considerar que la estrategia puede ser políticamente rentable incluso con ese nivel de desconfianza. El 90,3% de los consultados conoció la cadena nacional y el Presidente consiguió modificar durante varios días una agenda pública dominada por economía, salarios, endeudamiento y conflictos internos. La Oficina del Presidente llegó a difundir una consulta realizada por Clarín en redes sociales en la que el 81,3% de quienes participaron expresaron respaldo a las medidas, aunque ese tipo de encuestas abiertas no tiene metodología representativa y no es comparable con un estudio de opinión pública estructurado como el de Management & Fit.

Además, Milei encontró un momento internacional particularmente favorable para realizar el giro. Donald Trump sorprendió al anunciar que Estados Unidos estaba revisando su posición respecto de Malvinas y posteriormente evitó garantizar públicamente el apoyo norteamericano al Reino Unido ante una hipotética nueva crisis en el Atlántico Sur. La Casa Blanca no reconoció la soberanía argentina ni modificó formalmente su política, pero introdujo una incertidumbre que Buenos Aires aprovechó inmediatamente. El Gobierno argentino endureció entonces su discurso contra la explotación petrolera alrededor de las islas y colocó al proyecto Sea Lion —que podría contener alrededor de 1.700 millones de barriles— como uno de los principales argumentos para afirmar que la disputa ya no es solamente histórica sino también económica y estratégica.

Esa combinación explica por qué el giro no puede reducirse únicamente a marketing electoral. Existen cambios reales en el escenario internacional y un avance concreto de los proyectos petroleros británicos que generan motivos objetivos para que cualquier gobierno argentino vuelva a colocar Malvinas entre sus prioridades. Milei anunció sanciones adicionales, una legislación específica sobre soberanía y una mayor presencia militar y logística en el extremo sur. La discusión relevante, entonces, no consiste en decidir si todo es política exterior o todo es oportunismo interno. Ambas dimensiones pueden coexistir: el Gobierno puede identificar una ventana geopolítica auténtica y, simultáneamente, comprender que utilizarla le permite apropiarse de una causa nacional capaz de mejorar su posición política.

Eso explica también la dificultad de la oposición. Rechazar de plano una ley que aumente las sanciones contra empresas que exploten recursos naturales en áreas reclamadas por Argentina puede convertirse en un problema electoral. El oficialismo prepara el proyecto de Ley de Defensa de la Soberanía Nacional y los fundamentos de un Consejo de Seguridad Nacional, consciente de que sectores del peronismo, el radicalismo y otras fuerzas difícilmente quieran quedar posicionados públicamente contra medidas destinadas a fortalecer el reclamo. La estrategia puede permitirle a Milei colocar a sus adversarios ante una disyuntiva: acompañar iniciativas impulsadas por el Presidente o aparecer discutiendo una cuestión sobre la que históricamente existió un amplio consenso nacional.

Pero la encuesta también muestra el límite de esa operación. El 36,5% de los consultados afirmó que su imagen de Milei empeoró después de los anuncios y sólo el 17,9% dijo que mejoró, mientras más del 40% sostuvo que no cambió. Es decir, instalar Malvinas consiguió visibilidad y permitió al Gobierno modificar la agenda, pero hasta ahora no produjo una transferencia clara de popularidad hacia el Presidente. La causa conserva una legitimidad considerablemente superior a la de Milei y, en ese sentido, es posible que el oficialismo esté obteniendo más beneficios para su política exterior que para su imagen electoral.

## Thatcher, Trump y una contradicción que Milei todavía tiene que explicar

El mayor obstáculo para convertir el nuevo posicionamiento en una convicción creíble continúa siendo Margaret Thatcher. Milei nunca escondió su admiración por ella. La mencionó junto con Ronald Reagan y Winston Churchill entre los dirigentes históricos con los que se identifica y durante la campaña defendió incluso la posibilidad de admirar las cualidades de un adversario. El argumento no es necesariamente contradictorio desde un punto de vista intelectual: un presidente argentino puede considerar que Thatcher fue una líder eficaz para los intereses británicos y al mismo tiempo defender intereses argentinos completamente opuestos. El problema político aparece cuando esa admiración convivió durante años con una política mucho menos confrontativa sobre las islas y después se transforma bruscamente en uno de los discursos soberanistas más duros de su Presidencia.

El cambio es especialmente visible si se compara el lenguaje. Milei pasó de reivindicar aspectos del liderazgo británico y hablar de construir una relación con los isleños que los convenciera de acercarse voluntariamente a Argentina, a afirmar en cadena nacional que no existe discusión posible respecto de la soberanía argentina. Esa distancia entre ambas etapas es precisamente lo que la encuesta parece registrar cuando el 61,1% habla de conveniencia. No necesariamente significa que los entrevistados rechacen la posición actual, sino que consideran que el Presidente adoptó una bandera que anteriormente no formaba parte central de su identidad porque ahora le resulta políticamente útil.

La oportunidad es evidente. Malvinas ocupa un lugar excepcional dentro de la identidad política argentina. No funciona igual que la economía, la inseguridad, el aborto, las jubilaciones o el tamaño del Estado, asuntos sobre los que existen divisiones profundas. El reclamo de soberanía atraviesa generaciones, partidos políticos y clases sociales. La guerra de 1982 dejó además una memoria nacional asociada a los 649 soldados argentinos muertos, los veteranos y una derrota que todavía tiene consecuencias culturales y políticas. El reciente gesto de Giovani Lo Celso con una bandera de “Las Malvinas son argentinas” después del triunfo frente a Inglaterra en el Mundial volvió a mostrar hasta qué punto fútbol, identidad nacional y cuestión territorial permanecen conectados.

Para un Presidente que construyó buena parte de su identidad enfrentando consensos, apropiarse ahora del consenso argentino más transversal constituye una modificación estratégica considerable. Milei ya no intenta solamente convencer a los votantes de que sus reformas económicas son correctas. Está tratando de demostrar que también puede representar símbolos nacionales que durante años estuvieron mucho más vinculados con otras tradiciones políticas. En esa operación hay una ventaja evidente: el peronismo pierde exclusividad sobre una causa que utilizó reiteradamente como componente de su discurso soberanista. Pero existe también un riesgo: cuanto más fuerte sea el lenguaje de Milei, mayor será la exigencia para que sus acciones estén a la altura.

Ese examen puede llegar rápidamente. Las empresas Navitas Petroleum y Rockhopper Exploration mantienen sus planes sobre Sea Lion y consideran legítimas las licencias otorgadas por las autoridades isleñas. El Reino Unido reiteró que su posición sobre la soberanía permanece sin cambios. Estados Unidos todavía no transformó las declaraciones de Trump en una modificación oficial de política. Y algunos de los actores económicos vinculados directa o indirectamente al proyecto tienen conexiones con países y empresas con los que Milei mantiene relaciones estratégicas. La verdadera prueba de convicción no será, entonces, la cadena nacional sino qué hace el Gobierno cuando endurecer las sanciones genere costos diplomáticos o económicos concretos.

La misma encuesta ofrece una advertencia. Más de la mitad de los argentinos considera que la oposición será crítica con la iniciativa de soberanía por motivos electorales, pero al mismo tiempo una mayoría cree que el proyecto podría conseguir aprobación parlamentaria porque Malvinas excede a los partidos. Eso significa que Milei puede obtener una victoria legislativa incluso sin convencer a la población de que su transformación es auténtica. Puede conseguir algo más extraño todavía: que una mayoría desconfíe de sus intenciones y, simultáneamente, apoye las medidas que impulsa.

En última instancia, esa puede ser la principal consecuencia política del giro. **Milei no necesita necesariamente que los argentinos crean que se volvió malvinero; necesita que la política que comenzó a ejecutar produzca resultados y que la oposición no pueda apropiarse completamente del reclamo soberano.** El 61,1% que habla de conveniencia muestra que todavía no consiguió reconstruir su credibilidad sobre el tema. Pero el enorme conocimiento de la cadena, el apoyo a acciones concretas y la dificultad opositora para rechazarlas demuestran que sí consiguió algo importante: convertir Malvinas en una parte central de la agenda presidencial a poco más de un año de las elecciones.

El desafío comienza ahora. Si las sanciones quedan solamente en anuncios, la política estadounidense vuelve a alinearse con Londres y la Ley de Defensa de la Soberanía termina diluyéndose en el Congreso, la lectura de oportunismo probablemente se fortalezca. Si, en cambio, Milei mantiene la política cuando aparezcan costos reales, consigue construir una estrategia diplomática más amplia y logra limitar efectivamente la explotación unilateral de recursos, el mismo electorado que hoy duda podría empezar a interpretar el cambio de otra manera.

Por ahora, la fotografía es clara: **Malvinas volvió al centro de la política argentina, pero Milei todavía no consiguió convencer a la mayoría de que llegó allí por convicción y no porque encontró, en uno de los pocos símbolos capaces de unir al país, una oportunidad política difícil de desaprovechar.**

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