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title: "La industria y la construcción se hundieron en julio y vuelven a encender la alarma sobre la economía real"
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description: "Los dos sectores productivos registraron retrocesos mensuales cercanos al 5% y volvieron a mostrar que la estabilización macroeconómica todavía no se traduce en una recuperación sostenida de la actividad. El deterioro alcanzó prácticamente a todo el entramado fabril, mientras el empleo, la demanda interna, los costos energéticos y la competencia importada siguen condicionando a las empresas."
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date_published: "2026-09-08T18:27:00-03:00"
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tags:
  - "CRECIMIENTO"
  - "Economía"
  - "EMAE"
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author_name: "Alejandro Cabrera"
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category_name: "Economía"
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# La industria y la construcción se hundieron en julio y vuelven a encender la alarma sobre la economía real

Julio dejó una fotografía difícil de compatibilizar con la idea de una economía que ya habría ingresado en una etapa firme de recuperación. Los dos grandes motores de la actividad productiva vinculados al mercado interno sufrieron caídas muy pronunciadas: **la producción industrial manufacturera retrocedió 5% frente a junio y la construcción cayó 4,6%**, según los datos difundidos este martes por el INDEC. No se trata únicamente de un movimiento estadístico mensual. La industria quedó además **4,9% por debajo de julio de 2025** y acumula una contracción del 2,6% durante los primeros siete meses del año. La construcción descendió 4,5% interanual, aunque todavía conserva un crecimiento acumulado del 1,7% respecto del mismo período del año pasado.

El golpe adquiere mayor relevancia porque junio había ofrecido justamente la señal contraria. La industria había avanzado 0,9% mensual y la economía en su conjunto había mostrado una expansión del 0,8%, alimentando nuevamente las expectativas de que la actividad pudiera empezar a estabilizarse después de varios meses caracterizados por subas y bajas. Julio desarmó esa lectura: el salto anterior no consiguió consolidarse y apareció otra vez el comportamiento en “serrucho” que economistas y empresarios vienen señalando desde hace meses. El dato definitivo del EMAE de julio recién será difundido por el INDEC el 24 de septiembre, pero las caídas simultáneas de industria y construcción anticipan una elevada probabilidad de deterioro en el indicador general de actividad.

La magnitud sorprendió incluso entre los analistas que ya esperaban números negativos. María Castiglioni, directora de C&T Asesores Económicos, señaló que los indicadores parciales anticipaban retrocesos pero no de semejante intensidad y consideró que el resultado contribuye a explicar por qué distintas consultoras comenzaron a revisar hacia abajo sus proyecciones de crecimiento para 2026. Sebastián Menescaldi, de EcoGo, llegó a una conclusión similar: una caída mensual cercana al 5% simultáneamente en dos sectores de semejante peso difícilmente pueda ser interpretada como un episodio menor y probablemente tendrá una incidencia visible sobre el nivel general de actividad.

El problema tampoco quedó concentrado en una rama determinada. En julio **todos los grandes agrupamientos industriales retrocedieron en términos mensuales desestacionalizados**. Las mayores bajas se registraron en muebles y otras manufacturas, con 13,9%; productos de metal, maquinaria y equipo, con 8%; automotores y otros equipos de transporte, con 6,4%; y otros equipos, aparatos e instrumentos, con 6,1%. Cuando se observan las 16 divisiones más detalladas que componen el índice, la refinación de petróleo fue prácticamente la única excepción relevante, con una mejora mensual del 1,7%. Esa amplitud transforma el dato en algo más preocupante que una crisis puntual de una industria específica: muestra un debilitamiento extendido de la producción.

La comparación interanual refuerza el diagnóstico. Doce de las 16 divisiones fabriles produjeron menos que en julio de 2025. La fabricación de otros equipos, aparatos e instrumentos cayó 31,4%; maquinaria y equipo, 26,7%; prendas de vestir, cuero y calzado, 15,9%; y textiles, 13%. Entre las pocas ramas que consiguieron crecer aparecen madera, papel, edición e impresión, refinación de petróleo, industrias metálicas básicas y otros equipos de transporte. El contraste entre sectores asociados a energía o determinados bienes intermedios y aquellos ligados a consumo, inversión productiva y manufacturas tradicionales vuelve a mostrar una economía funcionando a velocidades muy diferentes.

La industria le marca 90.000 empleos menos y Caputo responde que es una “reconversión”: el choque que expone las dos velocidades del modelo

## La macroeconomía muestra estabilidad, pero la micro continúa sin despegar

Ahí aparece una de las principales contradicciones del modelo económico actual. El Gobierno consiguió reducir fuertemente el desequilibrio fiscal, sostener superávit comercial y llevar la inflación mensual muy lejos de los registros explosivos de 2023 y comienzos de 2024. En julio, por ejemplo, el IPC fue del 2,1% y el comercio exterior arrojó un superávit de **US$2.115 millones**, con exportaciones creciendo 14,1% interanual hasta US$8.854 millones. Durante los primeros siete meses del año, el saldo comercial positivo llegó a US$16.080 millones. Sin embargo, ese orden macroeconómico no está produciendo automáticamente una expansión homogénea de la producción nacional.

La explicación está en que buena parte de los sectores que hoy generan dólares y sostienen las estadísticas agregadas no son los mismos que concentran el grueso del empleo fabril y del consumo doméstico. Energía, minería y agro pueden registrar inversiones, exportaciones y productividad crecientes mientras al mismo tiempo una fábrica de maquinaria, una textil, una pyme metalúrgica o un fabricante de calzado reducen turnos. El director de la consultora I+D, Diego Coatz, calculó que la producción industrial de julio quedó **18,7% por debajo del máximo alcanzado en noviembre de 2017**, mientras maquinaria y equipos se encuentra casi 48% por debajo de su pico de julio de 2022. El problema deja entonces de ser solamente cuánto crece el PBI y pasa a ser qué sectores explican ese crecimiento y cuánto empleo de calidad consiguen generar.

La propia Unión Industrial Argentina viene señalando esa heterogeneidad desde comienzos del año. Su diagnóstico divide al entramado productivo en tres grupos: sectores impulsados por agro y energía que muestran expansión, actividades relativamente estables vinculadas con una demanda menos elástica y ramas industriales que continúan cayendo por la debilidad del consumo y la mayor competencia importada. La entidad también advirtió por la demora de la recuperación de las pequeñas y medianas empresas y por problemas tributarios, financieros, logísticos y laborales que siguen aumentando sus costos.

La apertura comercial es otra parte de la discusión. No puede atribuirse toda la caída industrial a las importaciones —de hecho, las compras externas totales de julio fueron 1,7% menores que un año antes—, pero su efecto es muy diferente dependiendo de cada sector. La UIA viene alertando especialmente sobre la presión de productos chinos en determinadas cadenas de valor, favorecidos por la enorme sobrecapacidad manufacturera de ese país y precios internacionales extremadamente competitivos. Indumentaria, textiles, electrodomésticos, maquinaria y determinados productos metalúrgicos son algunos de los sectores donde la combinación de consumo doméstico débil y competencia externa genera mayor presión sobre los márgenes locales.

El empleo empieza a reflejar lentamente esa situación. La UIA informaba antes del dato de julio que solamente durante mayo la industria había perdido otros **3.157 trabajadores registrados**, mientras las pequeñas y medianas empresas advertían sobre reducción de planteles y dificultades para sostener capital de trabajo. La caída de la producción no se traduce automáticamente en despidos en el mismo mes porque las empresas suelen utilizar primero suspensiones, reducción de horas extras, vacaciones, disminución de turnos o acumulación de capacidad ociosa. Pero cuanto más prolongada sea la falta de recuperación, menor es la posibilidad de mantener esas estrategias defensivas.

Julio agregó además un factor excepcional: la energía. Menescaldi señaló que el incremento del costo de electricidad y gas, relacionado parcialmente con la guerra en Medio Oriente y las dificultades de abastecimiento durante el invierno, pudo haber llevado a distintas industrias a reducir producción y stocks. El Gobierno dejó de subsidiar parte del GNL utilizado para cubrir la demanda invernal y varias fábricas reportaron restricciones o mayores costos de gas. Ese componente debería moderarse cuando termine el frío, por lo que una parte del derrumbe de julio podría resultar transitoria. Pero incluso eliminando ese efecto, las comparaciones interanuales muestran que el problema industrial viene de bastante más atrás.

La utilización de la capacidad instalada ya venía ofreciendo señales de fragilidad antes de conocerse estos números. En junio se ubicó en **59,1%**, apenas por encima del 58,9% registrado un año antes. Significa que, en promedio, aproximadamente cuatro de cada diez unidades potenciales de capacidad industrial permanecían sin utilizar incluso antes de la caída de julio. El próximo dato, correspondiente justamente al mes que acaba de conocerse, será difundido el 15 de septiembre y probablemente permita comprobar cuánto de la contracción se tradujo directamente en mayor capacidad ociosa.

## La construcción perdió otra vez impulso y vuelve a quedar lejos de una recuperación plena

La construcción ofrece una fotografía algo diferente porque el acumulado de 2026 continúa positivo, pero la caída de julio muestra que tampoco consiguió consolidar una trayectoria ascendente. El sector retrocedió 4,6% mensual y 4,5% frente al mismo mes del año anterior. El crecimiento acumulado del 1,7% se explica en buena medida porque compara contra niveles todavía deprimidos de 2025, después del brutal derrumbe provocado inicialmente por la paralización de la obra pública nacional y la retracción de la inversión privada.

Durante los meses anteriores habían aparecido algunas señales de recuperación. La demanda de insumos vinculados a obra pública había mejorado, principalmente por compras de asfalto, mientras cemento y hormigón mostraban aumentos en determinados segmentos. Pero los indicadores adelantados volvieron a debilitarse durante el invierno. Los despachos de cemento registraron fuertes altibajos y continuaron muy por debajo de los niveles de 2022, al igual que el Índice Construya, que releva ventas de materiales destinados principalmente a obras privadas. La reconstrucción del sector, por lo tanto, sigue siendo incompleta y extremadamente sensible a cualquier deterioro del crédito, los costos o las expectativas.

El problema tiene un componente adicional: construir sigue encareciéndose en pesos incluso con una actividad débil. El índice del costo de la construcción del Gran Buenos Aires aumentó **2,1% solamente en julio**, impulsado por un 1,6% en materiales y 2,5% tanto en mano de obra como en gastos generales. La combinación de costos que continúan subiendo, crédito todavía limitado para amplias capas de la población y obra pública nacional muy inferior a la que existía antes de 2024 impide que la recuperación del sector tome velocidad suficiente para compensar el desplome previo.

Los datos aparecen además en medio de una discusión pública cada vez más fuerte entre el Gobierno y la UIA. Luis Caputo respondió recientemente a las críticas del vicepresidente de la entidad, Guillermo Moretti, recordando que la industria había caído también durante la administración anterior pese a contar con subsidios energéticos, controles comerciales y un tipo de cambio administrado. El argumento oficial es que Argentina no puede sostener indefinidamente sectores sobre la base de protección, subsidios y precios internos superiores a los internacionales. La discusión empresarial no niega necesariamente esa necesidad de ganar competitividad; el cuestionamiento está en la velocidad y en las condiciones bajo las cuales se está haciendo la transición.

Esa distinción es central. Que parte de la industria argentina haya sufrido problemas de productividad, presión impositiva, costos logísticos elevados y décadas de protección no significa que cualquier contracción sea automáticamente una corrección saludable. Si la apertura se produce antes de reducir impuestos, mejorar infraestructura, facilitar crédito, bajar costos laborales no salariales y equiparar condiciones financieras, una empresa puede desaparecer antes de tener la posibilidad material de volverse competitiva. La UIA viene reclamando justamente que los beneficios destinados a grandes proyectos de inversión sean acompañados por un mejor entorno para proveedores locales y pymes, para evitar que el crecimiento de minería, energía y agro se convierta principalmente en importaciones de bienes de capital y servicios con escaso derrame sobre el entramado productivo doméstico.

Eso es lo que convierte al dato de julio en algo políticamente más importante que una mala estadística mensual. La economía argentina puede conseguir dólares récord mediante Vaca Muerta, minería y exportaciones agropecuarias; puede mantener equilibrio fiscal y reducir significativamente la inflación; incluso puede mostrar crecimiento anual del PBI. Pero si simultáneamente industria, construcción, consumo y empleo privado formal permanecen estancados o retroceden, el resultado será una recuperación extremadamente desigual, con indicadores macroeconómicos más ordenados pero una percepción social mucho menos favorable.

Julio no demuestra todavía que Argentina haya ingresado en una nueva recesión. Hubo factores estacionales, mayores costos energéticos y problemas invernales que pueden revertirse durante agosto y septiembre. Tampoco invalida los avances obtenidos en equilibrio fiscal, exportaciones o estabilidad de precios. **Sí demuestra, en cambio, que la recuperación productiva está lejos de estar garantizada y que después de casi tres años de gobierno Milei continúa enfrentando el mismo desafío que aparece detrás de buena parte del malestar económico: conseguir que la estabilidad de la macro llegue finalmente a las fábricas, las obras, los trabajadores y el consumo cotidiano.**

El dato que habrá que mirar ahora es el EMAE de julio. Si el 24 de septiembre confirma el deterioro anticipado por industria y construcción, el “serrucho” dejará de ser solamente una particularidad sectorial y volverá a abrir una pregunta incómoda para el Gobierno: **si Argentina está creciendo realmente de manera sostenida o si la economía empezó a estabilizarse alrededor de una estructura donde unos pocos sectores dinámicos avanzan mientras una parte importante de la economía real todavía no consigue salir del estancamiento.**

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