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title: "Milei se comparó con Sarmiento, pero hay una contradicción difícil de esconder: el “padre del aula” construyó Estado donde el Gobierno busca retirarlo"
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description: "El Presidente utilizó inteligencia artificial para imaginar un diálogo en el que Sarmiento reivindica su vehemencia, su pelea contra la “barbarie” y hasta su manera de enseñar economía. La comparación funciona como pieza de propaganda, pero choca con la trayectoria del propio prócer: Sarmiento hizo de la educación pública, la formación docente y la expansión estatal una obsesión política. Milei, en cambio, gobierna en medio de un fuerte retroceso del financiamiento nacional y acaba de eliminar incluso el piso legal de inversión educativa."
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date_published: "2026-09-11T18:25:00-03:00"
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  - "Sarmiento"
author_name: "Alejandro Cabrera"
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category_name: "Política"
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category_description: "Novedades de la Política Argentina y sus principales actores en las esferas del poder. Casa Rosada y Congreso."
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# Milei se comparó con Sarmiento, pero hay una contradicción difícil de esconder: el “padre del aula” construyó Estado donde el Gobierno busca retirarlo

Hay algo particularmente revelador en que Javier Milei haya necesitado recurrir a la inteligencia artificial para conseguir que Domingo Faustino Sarmiento le diga exactamente aquello que quería escuchar. En el video difundido este 11 de septiembre por el Día del Maestro, el Presidente aparece sentado frente a una recreación digital del prócer argentino. Sarmiento le pregunta si lo critican por sus formas; Milei responde que cuestionan su tono, su vehemencia y su agresividad. Entonces el personaje generado por computadora lo consuela: a él también lo llamaban vehemente, provocador y hasta loco. El diálogo termina convirtiéndose en una suerte de legitimación histórica del actual Presidente. Milei afirma que Sarmiento lo inspiró a “enseñar” economía para que los argentinos comprendieran cómo los políticos les robaban mediante la inflación y los impuestos, mientras el falso Sarmiento reivindica la educación como una “empresa civilizatoria”. El mensaje fue acompañado por un “Feliz Día del Maestro. MAGA!”.

Como pieza de comunicación política es eficaz. Milei toma una figura que forma parte del panteón nacional, encuentra características personales que efectivamente pueden compararse —la confrontación, el lenguaje áspero, la vocación polémica, cierta fascinación por las grandes batallas culturales— y construye una continuidad histórica: Sarmiento habría combatido la barbarie del siglo XIX y él estaría combatiendo ahora al estatismo, la inflación y la “casta”. El problema empieza cuando se sale de las formas y se observa el contenido. Porque el Sarmiento real puede discutirse por muchas razones, algunas muy serias, pero si existe un aspecto de su pensamiento imposible de separar de su legado es precisamente la convicción de que **el Estado debía intervenir activamente, gastar dinero, formar maestros, construir escuelas y garantizar que la educación llegara incluso donde el mercado jamás hubiera tenido incentivos para llevarla**.

La contradicción resulta demasiado grande como para reducirla a una diferencia de época. Sarmiento no pensaba la educación como un servicio que debía organizarse exclusivamente alrededor de decisiones individuales entre familias y proveedores. La consideraba una herramienta de construcción nacional. Como gobernador de San Juan impulsó en 1862 una ley que establecía la obligatoriedad de la enseñanza primaria. Durante su Presidencia, entre 1868 y 1874, se fundaron centenares de escuelas, se expandió radicalmente la matrícula, se impulsó la Escuela Normal de Paraná para formar docentes, las bibliotecas populares, instituciones científicas y estructuras nacionales destinadas a difundir conocimiento. Entre el inicio y el final de su gobierno, el número de alumnos primarios pasó aproximadamente de 30.000 a 100.000. No esperaba que la demanda individual produjera espontáneamente un sistema educativo: utilizó la autoridad y los recursos del Estado para construirlo.

Incluso la Ley 1420, sancionada en 1884 durante la presidencia de Julio Argentino Roca y no durante la de Sarmiento —una precisión histórica que conviene mantener— terminó cristalizando muchas de las ideas educativas que él había defendido durante décadas. La norma estableció una educación primaria común, gratuita y obligatoria y colocó en manos estatales la formación de maestros, el financiamiento de escuelas y la supervisión del sistema. Sarmiento participó activamente de ese proceso intelectual y político y continuó vinculado a la educación hasta los últimos años de su vida. Se puede cuestionar su concepción de “civilización y barbarie”, sus posiciones sobre pueblos indígenas, sus expresiones elitistas y violentas o numerosos aspectos de su proyecto nacional. Lo que resulta mucho más difícil es transformar su legado en una reivindicación del retiro estatal de la educación.

Ahí el video de Milei empieza a parecer menos un homenaje a Sarmiento que una operación para apropiarse de una autoridad histórica seleccionando solamente aquello que encaja con su propia personalidad. Toma la vehemencia, la polémica y la idea de combatir la barbarie; deja afuera las escuelas, el financiamiento, la formación docente y la construcción institucional. Es como homenajear a San Martín por su capacidad de liderazgo y omitir que cruzó los Andes.

## El Sarmiento que Milei recreó con IA no habla de presupuesto, salarios docentes ni universidades

La elección resulta todavía más llamativa porque llega en un momento particularmente delicado para el sistema educativo argentino. Apenas tres días antes del Día del Maestro se conocieron los resultados de PISA 2025: Argentina retrocedió respecto de 2022 en matemática, lectura y ciencias y quedó nuevamente muy por debajo de la media de la OCDE. Sólo **24% de los estudiantes argentinos de 15 años alcanzó el nivel mínimo esperado en matemática**, frente a 65% en el promedio de la OCDE; en lectura llegó al nivel básico alrededor del 40%, contra 69% de la OCDE, y en ciencias el 41%, frente al 74%. Los resultados son malos, estructurales y atraviesan varias administraciones. Sería absurdo atribuirle a Milei doce años de escolaridad de chicos que ingresaron al sistema mucho antes de que llegara al poder. Pero resulta igualmente absurdo utilizar el fracaso heredado como argumento para desentenderse de lo que ocurre desde diciembre de 2023.

El Gobierno respondió correctamente en un punto: las pruebas PISA de 2025 no constituyen una evaluación exclusiva de su política educativa. Los alumnos evaluados llevan años atravesando escuelas administradas principalmente por las provincias, pasaron por distintos gobiernos nacionales y sufrieron además la ruptura educativa de la pandemia. El deterioro argentino comenzó mucho antes que Milei y ningún análisis serio debería ocultarlo. Pero esa defensa pierde fuerza cuando el mismo Gobierno utiliza selectivamente cualquier mejora educativa como prueba de que su programa funciona y cualquier deterioro como herencia ajena. La responsabilidad política sobre un sistema puede ser acumulativa: Milei no creó la crisis, pero está tomando decisiones que determinarán si la profundiza o empieza a revertirla.

Y ahí los números presupuestarios chocan directamente con la escena digital junto a Sarmiento. El Presupuesto 2026 aprobado por el Congreso asignó a la función Educación y Cultura recursos que, según el análisis de Chequeado, implican una caída real cercana al **1% respecto de 2025 y del 47,7% frente a 2023**. La misma ley eliminó además el artículo de la Ley de Financiamiento Educativo que fijaba como referencia una inversión mínima del 6% del PBI, aunque esa meta había sido incumplida por gobiernos anteriores en prácticamente todos los años salvo 2015. El dato necesita esa aclaración: Milei no recibió un país que cumpliera religiosamente con el 6% y decidió romperlo. Recibió una legislación frecuentemente incumplida y decidió directamente eliminar la obligación. Políticamente no es lo mismo.

También sería incorrecto afirmar que absolutamente todas las partidas educativas fueron reducidas. El Plan Nacional de Alfabetización recibe en 2026 un incremento real importante, cercano al 39% respecto de lo presupuestado el año anterior, y las becas registraron cierta recomposición. El Gobierno sostiene además que debe concentrar recursos en alfabetización y matemática y ha presentado ambos programas como respuesta al deterioro acumulado. Esa es probablemente la defensa más sólida que puede hacer de su política educativa: no sostiene que el Estado deba abandonar por completo la educación, sino que pretende recortar estructuras que considera ineficientes y concentrarse en resultados básicos.

Pero esa recomposición parcial no elimina la fotografía general. Argentinos por la Educación estimó que la inversión educativa nacional representa alrededor del **0,73% del PBI en 2026**, muy lejos del máximo del 1,59% registrado en 2015. Y nuevamente hace falta una precisión: ese porcentaje corresponde al esfuerzo del Estado nacional, no al gasto educativo total de Argentina, porque provincias y Ciudad de Buenos Aires financian la mayor parte de la educación obligatoria. Sin embargo, el Gobierno nacional sigue siendo decisivo en universidades, becas, formación, programas específicos, infraestructura y coordinación federal. Reducir su participación no equivale simplemente a “devolver competencias a las provincias”; significa trasladar obligaciones hacia jurisdicciones con capacidades fiscales extraordinariamente desiguales.

Las universidades son todavía más difíciles de reconciliar con la épica sarmientina. Durante el primer cuatrimestre de 2026, el presupuesto universitario ejecutado cayó alrededor de **7,9% real respecto del año anterior y 30,7% frente a 2023**, mientras los salarios docentes universitarios acumulaban en abril una pérdida superior al 30% real respecto de noviembre de 2023. En junio hubo finalmente un acuerdo entre Gobierno y universidades que incorporó mejoras salariales, fondos de funcionamiento y partidas adicionales para hospitales universitarios, por lo que tampoco sería correcto describir la situación como un congelamiento permanente. Pero incluso después de esa recomposición, los propios números muestran que el sector todavía no recuperó el poder adquisitivo previo.

Es ahí donde el homenaje se vuelve políticamente incómodo. El Sarmiento histórico puede ser reivindicado desde posiciones liberales por su modernización económica, su admiración por Estados Unidos, su defensa de la inmigración, su preocupación por el progreso material y su rechazo a determinadas formas de caudillismo. No pertenece exclusivamente a una tradición estatista de izquierda y sería igualmente absurdo apropiarlo desde allí. Pero **su liberalismo no se parecía al libertarianismo contemporáneo de Milei cuando llegaba la hora de educar**. Sarmiento entendía que había bienes cuya provisión era condición para que la libertad individual tuviera algún contenido real. Una persona analfabeta podía ser jurídicamente libre y, sin embargo, quedar completamente excluida de la ciudadanía moderna.

Por eso construyó escuelas.

Milei suele invertir ese razonamiento. Su concepción parte de que el individuo y la familia deberían disponer de la mayor libertad posible y de que el Estado tiende a convertirse en una estructura que distorsiona, adoctrina o captura recursos mediante impuestos. Esa filosofía puede discutirse legítimamente. Pero resulta difícil presentarla como continuidad natural de un hombre que dedicó buena parte de su vida precisamente a **crear una maquinaria pública nacional destinada a educar a personas que de otro modo probablemente no hubieran recibido educación alguna**.

Hasta la frase utilizada en el video contiene esa contradicción. Milei afirma que Sarmiento lo inspiró a enseñar economía para que los argentinos entendieran cómo los políticos les robaban mediante “la inflación y los impuestos”. El problema es que la escuela sarmientina necesitaba impuestos. Los edificios, los docentes, las bibliotecas, las escuelas normales y la expansión territorial no aparecieron por generación espontánea. La propia legislación de la época buscó mecanismos públicos de financiamiento para sostenerlas. Sarmiento podía ser ferozmente crítico de la mala administración y de determinados gobiernos; de allí no se desprende que considerara cualquier imposición tributaria una forma de robo.

## Milei puede parecerse al temperamento de Sarmiento; en educación, representa casi la discusión contraria

Hay algo todavía más problemático en la pieza oficial: la utilización del concepto de “barbarie”. En el video, el personaje digital de Sarmiento afirma que “cuando la barbarie impera, las cosas no se logran con tibieza”. Es una referencia deliberada a una de las categorías centrales de su pensamiento. En el siglo XIX, Sarmiento utilizó la oposición civilización-barbarie para explicar de manera brutalmente simplificadora los conflictos políticos y sociales de la Argentina. Esa concepción tuvo consecuencias culturales duraderas y contiene algunos de los aspectos más cuestionables de su obra. Que un Presidente del siglo XXI recupere esa división para presentarse a sí mismo como representante de la civilización frente a sus adversarios no parece exactamente el tipo de homenaje histórico que debería hacerse sin una mínima reflexión.

Porque en la política contemporánea la “barbarie” termina teniendo nombres demasiado cómodos: sindicalistas, opositores, periodistas, docentes críticos, economistas que discrepan o cualquiera que cuestione el proyecto gubernamental. El riesgo de la comparación no es sólo histórico. Sirve para convertir un desacuerdo político en una batalla moral donde uno de los bandos representa el progreso y el otro el atraso. Milei utiliza permanentemente ese recurso: socialistas, “zurdos”, “mandriles”, “econochantas”, periodistas “ensobrados”. En el video, la IA pone a Sarmiento a justificar retroactivamente ese comportamiento.

El Presidente tiene razón en que Sarmiento fue vehemente. Basta leer sus textos para comprobarlo. También fue agresivo, polémico, egocéntrico y capaz de expresiones que hoy resultarían inadmisibles. Si la comparación se limitara al temperamento, probablemente habría bastante material para construirla. Lo que no se desprende de ahí es que compartir una personalidad combativa implique compartir un proyecto de país.

Y el proyecto educativo es justamente donde la distancia se vuelve más grande.

Sarmiento pensaba que la Argentina necesitaba construir ciudadanía mediante educación común porque no confiaba en que una sociedad fragmentada pudiera organizarse sola. Creía que formar maestros debía ser una política nacional. Creía que abrir una escuela era una intervención civilizatoria. Creía que el Estado debía llegar a territorios donde no existía infraestructura y convertir la educación en una experiencia compartida incluso entre hijos de familias de orígenes diferentes. Más allá de todos los problemas de aquella visión, había una certeza: **sin una institucionalidad pública fuerte, no existía nación moderna posible**.

Milei gobierna desde una premisa mucho más desconfiada respecto de esa institucionalidad. Su administración eliminó el Ministerio de Educación como cartera autónoma, cuestionó el funcionamiento universitario, vetó leyes de financiamiento, redujo partidas y eliminó pisos legales de inversión. También lanzó planes de alfabetización y matemática, aumentó fondos puntuales y acordó parcialmente con las universidades, pero todo dentro de un programa cuya dirección general es reducir el peso del Estado nacional. Eso puede ser defendido como política propia. Lo que cuesta es presentarlo como una versión actualizada del sarmientismo.

La ironía aumenta después de PISA. Argentina acaba de descubrir que **76% de sus estudiantes de 15 años no alcanza siquiera el nivel básico en matemática**. En lectura, seis de cada diez quedan debajo del piso esperado. Ese debería ser el dato central del Día del Maestro. No si Milei se parece a Sarmiento por hablar fuerte, sino qué debería hacer el país para que un adolescente termine la escuela pudiendo comprender un texto, resolver una operación y desenvolverse en una economía cada vez más compleja.

Frente a semejante emergencia, una discusión sobre quién tiene el temperamento más sarmientino resulta casi frívola.

También existe un problema con la utilización de inteligencia artificial para reconstruir conversaciones con muertos. No porque la herramienta sea ilegítima; puede ser extraordinariamente útil para divulgación, cultura y educación. El problema aparece cuando un dirigente político fabrica digitalmente a una figura histórica para poner en su boca argumentos destinados a legitimarlo. El video no presenta una dramatización abierta donde se confrontan ideas históricas. Presenta a Sarmiento diciéndole a Milei aquello que el Presidente necesita que Sarmiento diga.

El personaje no puede discutir.

No puede preguntarle por qué eliminó el piso legal de inversión educativa. No puede preguntar por los salarios docentes. No puede discutir sobre el sentido de una universidad pública. No puede explicarle que fundar escuelas requiere presupuesto. No puede cuestionar qué significa hablar de libertad si tres de cada cuatro adolescentes no logran matemática básica.

Es la gran ventaja política de conversar con un prócer generado por inteligencia artificial: **el prócer siempre termina dándote la razón**.

Sarmiento, por supuesto, tampoco debería convertirse en un santo intocable. Su legado contiene enormes contradicciones, expresiones profundamente racistas para los estándares actuales, una visión jerárquica de la sociedad y una concepción de progreso que muchas veces excluyó violentamente aquello que consideraba atrasado. Una nota crítica sobre Milei no necesita limpiar al personaje histórico para cuestionar la comparación. Justamente lo contrario: Sarmiento fue suficientemente complejo como para que reducirlo a una caricatura libertaria sea intelectualmente pobre.

Milei podría haber utilizado el Día del Maestro para algo mucho más poderoso. Podría haber reconocido el deterioro educativo, hablado de los docentes que enseñan en contextos extremadamente difíciles, explicado cómo piensa revertir los resultados de PISA, detallado qué resultados espera del Plan Nacional de Alfabetización y planteado una discusión adulta sobre cuánto debe gastar Argentina y qué debe exigir a cambio de ese gasto.

Eligió otra cosa: una fantasía digital donde Sarmiento confirma que él también era incomprendido.

Eso dice bastante sobre el modo en que el Gobierno utiliza la historia. Los próceres funcionan como recursos de comunicación mientras no contradigan el relato actual. Alberdi es presentado como antecedente del libertarianismo; San Martín puede incorporarse a la épica patriótica; Sarmiento es convertido ahora en una especie de precursor del Presidente que pelea contra la “casta”. La historia deja de ser un espacio de contradicciones y pasa a funcionar como un gigantesco archivo de frases y símbolos disponibles para la campaña permanente.

El problema es que Sarmiento dejó algo más difícil de manipular que una frase: dejó instituciones.

Y cuando se miran esas instituciones, la comparación se vuelve incómoda.

Puede aceptarse que Milei y Sarmiento compartan vehemencia, vocación polémica, una enorme confianza en sus propias ideas y una tendencia a dividir el mundo entre quienes empujan el progreso y quienes lo obstaculizan. Pero **el Sarmiento educador utilizó el poder para expandir el alcance del Estado; Milei utiliza buena parte de su poder para reducirlo**.

Esa diferencia no es secundaria. Es justamente el corazón del legado que se recuerda cada 11 de septiembre.

Por eso quizás la imagen más fiel del Día del Maestro no sea la de Milei conversando con un Sarmiento fabricado por una computadora. Sería mucho más interesante imaginar al Sarmiento real entrando hoy a una escuela, mirando los resultados educativos argentinos y preguntándole al Presidente cuánto está dispuesto a invertir, qué instituciones piensa construir y cómo pretende garantizar que un chico pobre de cualquier provincia tenga oportunidades comparables con las de uno nacido en una familia acomodada.

Esa conversación sería bastante menos cómoda.

Y probablemente también bastante menos útil para Instagram.

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