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title: "¿Contra quién está realmente Trump? Negocia con Delcy, se asocia con Betancourt y detiene a un perseguido de Ortega"
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description: "La detención del periodista nicaragüense Luis Galeano, exiliado en Estados Unidos desde 2018 y con una solicitud de asilo todavía pendiente, deja al descubierto una contradicción profunda de la política de Donald Trump: Washington dice combatir a las dictaduras de América Latina, pero su maquinaria migratoria alcanza a quienes escaparon de ellas, mientras la Casa Blanca reconoce a Delcy Rodríguez, negocia el petróleo venezolano y respalda a un empresario investigado por presunto lavado de dinero."
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date_published: "2026-09-14T14:26:00-03:00"
date_modified: "2026-09-14T14:35:04-03:00"
tags:
  - "Autoritarismos"
  - "Libertad"
  - "Trump"
author_name: "Alejandro Cabrera"
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category_name: "Estados Unidos"
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category_description: "Información sobre los principales acontecimientos del país Estados Unidos y del Presidente Donald Trump"
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# ¿Contra quién está realmente Trump? Negocia con Delcy, se asocia con Betancourt y detiene a un perseguido de Ortega

Luis Galeano estaba manejando un Uber cuando fue detenido. No se encontraba escondido, participando de una organización clandestina ni intentando ingresar ilegalmente a Estados Unidos. Trabajaba para sostener a su familia y, al mismo tiempo, continuaba dirigiendo desde Miami *Café con Voz*, el programa con el que desde hace años denuncia al régimen de Daniel Ortega y Rosario Murillo. Su esposa, Deykel Santamaría, solamente alcanzó a recibir una breve llamada: Galeano le comunicó que agentes del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas, ICE, lo habían arrestado. Durante las primeras horas no se informó oficialmente dónde estaba alojado, cuál era el motivo específico de la detención ni qué procedimiento migratorio enfrentaría.

La escena contiene una ironía difícil de ignorar. Galeano no llegó a Estados Unidos huyendo de una democracia ni escapando de una investigación judicial ordinaria. Abandonó Nicaragua en diciembre de 2018, durante la ofensiva que el orteguismo lanzó contra los medios independientes después de las protestas sociales de aquel año. El Poder Judicial nicaragüense, subordinado al Gobierno, había ordenado detenerlo bajo acusaciones de “terrorismo” e “incitación al odio”, delitos utilizados repetidamente para transformar la crítica política y el trabajo periodístico en supuestas amenazas contra el Estado. La orden apareció luego del asalto y la confiscación de las instalaciones de 100% Noticias, canal desde el cual también se transmitía *Café con Voz*. Ante el riesgo de terminar encarcelado, Galeano salió por pasos fronterizos clandestinos y buscó protección en Estados Unidos. [Nicaragua Investiga](https://nicaraguainvestiga.com/nacion/174153-luis-galeano-arrestado-ice/?utm_source=chatgpt.com) y [100% Noticias](https://100noticias.tv/migracion/149678-ice-detiene-periodista-luis-galeano/?utm_source=chatgpt.com).

Desde entonces, presentó formalmente una solicitud de asilo político, pero casi ocho años más tarde su expediente continuaba sin una resolución definitiva. Este dato resulta central porque permite evitar dos simplificaciones. Galeano no tenía necesariamente un derecho automático a permanecer indefinidamente en Estados Unidos solamente por haber solicitado asilo, pero tampoco era una persona completamente desconocida para el Estado o ajena a cualquier proceso legal. Había entregado sus datos, expuesto su historia, documentado la persecución sufrida y esperado durante años una respuesta del sistema migratorio estadounidense.

Una solicitud de asilo pendiente no garantiza la residencia ni impide por sí misma una detención. Tampoco la detención equivale a una deportación definitiva o demuestra que el arrestado haya cometido un delito. Las autoridades pueden revisar su situación migratoria, disponer su custodia y llevar el caso ante un juez. Sin embargo, si existe un temor fundado de persecución, Estados Unidos debe evaluar ese riesgo antes de devolver a la persona al país del cual escapó. En el caso de Galeano, la documentación de su trayectoria, la orden de captura de 2018 y su exposición pública como crítico de Ortega convierten una eventual repatriación en un asunto de derechos humanos, no simplemente administrativo.

La demora de casi ocho años tampoco puede analizarse como si fuera exclusivamente una negligencia personal del solicitante. Al finalizar julio de 2026, los tribunales migratorios estadounidenses acumulaban más de 3,1 millones de expedientes pendientes. Dentro de ese universo, casi 2,3 millones de inmigrantes estaban esperando una audiencia o resolución relacionada con su pedido de asilo. Galeano quedó atrapado en ese sistema: Estados Unidos no resolvió durante años si aceptaba protegerlo y ahora una dependencia del mismo Gobierno lo encierra mientras continúa pendiente la respuesta que debía definir su futuro. [TRAC Immigration](https://tracreports.org/immigration/quickfacts/eoir.html?utm_source=chatgpt.com).

## Del discurso contra las dictaduras a la maquinaria de las detenciones

La detención se produce en medio de una expansión extraordinaria de las operaciones de ICE. Durante agosto fueron arrestadas cerca de 51.000 personas, el tercer récord mensual consecutivo. Pero el dato más revelador no es solamente la cantidad, sino el cambio en el perfil de quienes están siendo capturados: en julio, menos de una cuarta parte de los detenidos tenía condenas penales. El resto incluía personas sin antecedentes, sin órdenes finales de deportación y con solicitudes de asilo, residencia u otros procedimientos todavía abiertos.

La Casa Blanca sostiene que su campaña está dirigida contra “los peores de los peores”, pero los números muestran que el dispositivo se volvió mucho más extenso. Los agentes detienen personas en sus trabajos, viviendas, aeropuertos, tribunales y citas migratorias. Paradójicamente, algunos de los inmigrantes más fáciles de localizar son aquellos que confiaron en el sistema: entregaron domicilios, datos personales y huellas digitales para tramitar un asilo, una residencia o un permiso. La búsqueda de resultados cuantitativos convierte así el acto de presentarse ante el Estado en una fuente de vulnerabilidad.

Galeano aparece en el centro de esa contradicción. Durante años, Estados Unidos conoció su identidad, su actividad periodística y su solicitud de protección. No se conoce todavía si ICE lo detuvo durante un operativo específicamente dirigido hacia él, a partir de un control de tránsito, por información suministrada por otra agencia o por alguna irregularidad detectada en su expediente. Por eso sería irresponsable afirmar que Trump ordenó personalmente su arresto o que Daniel Ortega se lo pidió a Washington. No existe hasta el momento ninguna prueba de una coordinación de esa naturaleza.

Pero no hace falta inventar una conspiración para advertir el problema. La contradicción política es suficientemente grave con los hechos disponibles: un Gobierno que presenta su política latinoamericana como una cruzada contra el socialismo y el autoritarismo termina encarcelando a un periodista que fue perseguido precisamente por una dictadura socialista. No porque ICE comparta la ideología de Ortega, sino porque la prioridad doméstica de Trump —mostrar arrestos y endurecimiento migratorio— pesa más que la historia política particular de cada persona detenida.

El peligro que enfrentaría Galeano si fuera enviado a Nicaragua tampoco es hipotético en términos generales. Reporteros Sin Fronteras ubica al país en el puesto 168 entre 180 naciones en su índice de libertad de prensa de 2026. La organización describe un escenario en el que prácticamente desaparecieron los medios independientes dentro del territorio, mientras los periodistas sufren allanamientos, campañas de intimidación, amenazas, detenciones arbitrarias y confiscaciones. Cientos debieron exiliarse y continuar informando desde plataformas digitales en el extranjero, exactamente el modelo con el que Galeano sostuvo *Café con Voz*. [Reporteros Sin Fronteras](https://rsf.org/en/country/nicaragua?utm_source=chatgpt.com)

## Washington castiga a Ortega, pero encierra a quienes escaparon de él

La Administración Trump no puede ser definida sencillamente como aliada de Ortega. En junio impuso restricciones de visado contra más de cien funcionarios nicaragüenses y familiares relacionados con el régimen. Con esas medidas, más de 2.350 personas vinculadas con la estructura gobernante quedaron alcanzadas por restricciones estadounidenses. El Departamento de Estado responsabilizó además a la denominada “dictadura Ortega-Murillo” por la muerte bajo custodia del dirigente indígena Brooklyn Rivera, detenido desde 2023 y mantenido durante años sin contacto normal con su familia. [Departamento de Estado](https://www.state.gov/translations/spanish/continuar-promoviendo-la-rendicion-de-cuentas-de-la-dictadura-de-murillo-ortega?utm_source=chatgpt.com) y

Esa condena oficial vuelve todavía más difícil de explicar el arresto de Galeano. Por un lado, el Departamento de Estado identifica a Ortega y Murillo como responsables de una dictadura y sanciona a sus funcionarios por la persecución de opositores. Por el otro, el Departamento de Seguridad Nacional detiene a uno de los periodistas que escaparon de esa misma persecución. Una agencia reconoce a los victimarios; otra encierra a una de las víctimas.

El problema no es solamente jurídico, sino político. Si Washington pretende presentarse como refugio para los disidentes de Cuba, Nicaragua y Venezuela, no puede tratarlos después como números intercambiables dentro de una estadística migratoria. El asilo existe precisamente para distinguir a quien migra buscando mejores condiciones económicas de quien sería encarcelado, torturado o perseguido si regresara a su país. Ambos pueden merecer un tratamiento humano, pero el segundo cuenta además con protecciones específicas derivadas de su situación de peligro.

Cuando esa evaluación desaparece detrás de objetivos masivos de arrestos, la política migratoria produce un beneficio indirecto para las dictaduras. Ortega no necesita haber solicitado la captura de Galeano para obtener una ventaja: le alcanza con que su crítico quede detenido, pierda capacidad para trabajar, vea interrumpido su programa o tema ser enviado nuevamente a Nicaragua. El efecto disciplinador también alcanza a otros exiliados, que comienzan a preguntarse si registrarse, presentarse ante las autoridades o continuar denunciando públicamente a sus perseguidores puede convertirlos en blancos fáciles.

## Delcy Rodríguez: de figura central del chavismo a socia necesaria

El contraste se vuelve más profundo cuando se compara el trato recibido por Galeano con la relación que Trump construyó con Delcy Rodríguez. Después de la captura de Nicolás Maduro, Estados Unidos no impulsó inmediatamente la entrega del poder a la oposición venezolana. Washington reconoció formalmente al Gobierno interino encabezado por Rodríguez, una de las figuras más importantes del chavismo y durante años vicepresidenta de Maduro.

Ese reconocimiento tuvo consecuencias concretas. La administración de Rodríguez comenzó a recuperar representación jurídica sobre activos venezolanos y desplazó a estructuras vinculadas con la oposición que habían administrado intereses del país en el extranjero. Los directorios opositores que supervisaron durante siete años la refinadora Citgo se preparan para abandonar esa función porque dejaron de ser reconocidos por actores políticos y jurídicos, mientras Caracas y Washington trabajan conjuntamente en la recuperación del negocio petrolero.

Trump capturó a Maduro, pero no desmontó completamente la estructura de poder construida por el chavismo. Retiró a quien se había convertido en el principal obstáculo para sus objetivos y aceptó trabajar con una dirigente del mismo sistema cuando ella estuvo dispuesta a garantizar estabilidad, negocios y acceso al petróleo. No se trata de una adhesión ideológica a Delcy Rodríguez, sino de algo probablemente más importante para comprender el trumpismo: una asociación transaccional.

La diferencia es esencial. Trump no parece dividir permanentemente el mundo entre demócratas y dictadores, ni siquiera entre socialistas y capitalistas. Lo divide entre quienes pueden servir a los intereses estadounidenses del momento y quienes los obstaculizan. Maduro fue tratado como enemigo porque representaba un bloqueo político y económico. Delcy Rodríguez, en cambio, se transformó en una interlocutora aceptable porque podía mantener el control territorial, garantizar la continuidad del Estado venezolano y abrir el sector energético a Washington.

## Betancourt, el petróleo y la verdadera definición de “aliado”

La figura de Alejandro Betancourt permite observar esa lógica con mayor claridad. El empresario venezolano, investigado en España y Suiza por operaciones relacionadas con un supuesto desvío multimillonario de fondos de PDVSA, se convirtió en el intermediario decisivo del acuerdo entre Trump y Rodríguez. Su empresa recibió derechos para explotar 17 yacimientos venezolanos y el esquema otorgó al aparato estadounidense una participación directa: el Departamento de Guerra quedó vinculado con el 35% de la compañía y Washington se aseguró la posibilidad de comprar una parte del petróleo producido a precio de costo.

El acuerdo concede acceso privilegiado durante un siglo a una enorme porción de las reservas venezolanas. Según la información publicada, la Casa Blanca conoce los antecedentes y las investigaciones que rodean a Betancourt, pero decidió respaldarlo por considerarlo útil para la seguridad energética de Estados Unidos. Un funcionario de la Administración resumió la justificación afirmando que la geopolítica obliga a trabajar con lo que existe y no siempre permite elegir socios ideales.

La explicación es brutalmente transparente. Los antecedentes, las alianzas anteriores o las sospechas judiciales pueden relativizarse cuando una persona resulta funcional a un objetivo estadounidense. Betancourt fue señalado en distintos momentos como empresario del chavismo, financista de sectores opositores, enemigo de Maduro, interlocutor de Delcy y finalmente socio petrolero de Trump. No necesitó sostener una identidad ideológica permanente: su principal atributo fue saber moverse entre facciones y conservar valor como operador.

Al mismo tiempo, una investigación abierta en España por presunto blanqueo y evasión fiscal permanece paralizada porque Washington no respondió durante más de nueve meses una solicitud de cooperación judicial. La Audiencia Nacional española necesita interrogar a cinco testigos que ya fueron condenados en Estados Unidos por el entramado de corrupción conocido como *Money Flight*. Si la respuesta estadounidense no llega antes de diciembre, la causa contra Betancourt podría volver a archivarse. El empresario niega haber cometido irregularidades y no fue acusado penalmente en Estados Unidos, pero la inacción de Washington lo beneficia objetivamente.

Allí aparece el paralelismo más incómodo. Galeano entregó sus datos al Gobierno estadounidense, esperó casi ocho años una respuesta y terminó detenido mientras trabajaba. Betancourt, rodeado de investigaciones internacionales, consiguió acceso a funcionarios de primer nivel, libertad para viajar y respaldo político porque se volvió indispensable para un negocio estratégico. La diferencia no está determinada por quién combatió más firmemente a una dictadura, sino por quién tiene algo que ofrecerle a Washington.

## Entonces, ¿contra quién está Trump?

Trump está contra Ortega cuando sancionarlo refuerza su liderazgo regional, satisface a las comunidades exiliadas y presiona a un Gobierno hostil. Está dispuesto a convivir con Delcy Rodríguez cuando ella garantiza petróleo y estabilidad. Puede respaldar a Betancourt cuando sus contactos permiten cerrar un acuerdo energético. Y puede permitir que ICE detenga a Galeano cuando su prioridad doméstica es demostrar que nadie queda fuera del alcance de la política migratoria.

Eso no necesariamente constituye una contradicción desde la lógica interna del trumpismo. La coherencia existe, pero no es ideológica: es una coherencia basada en el poder, el control y la utilidad. El aliado de hoy es quien acepta las condiciones de Washington; el enemigo es quien las rechaza. Los valores democráticos pueden acompañar una decisión, pero difícilmente parecen determinarla por sí solos.

Por eso resulta insuficiente definir a Trump simplemente como anticomunista. Un anticomunismo basado en principios debería brindar una protección especial a los periodistas perseguidos por Ortega y desconfiar de las principales figuras del aparato chavista. La política real muestra otra cosa: los opositores son celebrados mientras sirven para debilitar a un adversario, pero pueden quedar abandonados cuando sus necesidades chocan con las prioridades migratorias, económicas o electorales de Estados Unidos.

La detención de Galeano todavía puede corregirse. Un juez podría ordenar su liberación, ICE podría explicar las razones del procedimiento y su pedido de asilo finalmente podría ser evaluado. Pero aun si recupera rápidamente la libertad, el episodio habrá dejado una advertencia para toda la disidencia latinoamericana: escapar de una dictadura, denunciarla durante años y confiar en Estados Unidos ya no garantiza ser tratado como un perseguido político.

No hay pruebas de que Trump haya detenido a Galeano para favorecer a Ortega. Tampoco hay elementos para hablar de una alianza secreta entre Washington, Managua y Caracas. La conclusión es menos conspirativa y, justamente por eso, más inquietante: la suerte de los opositores democráticos parece subordinada a los intereses inmediatos de la Casa Blanca. Delcy Rodríguez controla petróleo, Betancourt ofrece contactos y Galeano representa un expediente migratorio más. En la política de Trump, esas condiciones pesan más que cualquier discurso sobre la libertad.

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