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title: "Marruecos consolida un eje con EE.UU. e Israel: armas, embajadas y un nuevo empuje sobre el Sáhara Occidental"
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description: "Rabat, Washington y Tel Aviv anunciaron una profundización de su cooperación política, económica y de seguridad. Israel y Marruecos elevarán sus relaciones al nivel de embajadas, mientras Estados Unidos e Israel reiteraron su respaldo a la propuesta marroquí de autonomía para el Sáhara Occidental. El movimiento consolida a Marruecos como socio estratégico occidental en el norte de África, pero también aumenta la presión sobre el Frente Polisario y sobre Argelia, su principal rival regional."
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date_published: "2026-09-19T14:32:00-03:00"
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tags:
  - "Estados Unidos"
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  - "Marruecos"
author_name: "Alejandro Cabrera"
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category_name: "Mundo"
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# Marruecos consolida un eje con EE.UU. e Israel: armas, embajadas y un nuevo empuje sobre el Sáhara Occidental

Marruecos acaba de dar otro paso en una estrategia internacional que lleva años construyendo y que hoy empieza a producir resultados mucho más visibles. Estados Unidos, Israel y el reino de Mohamed VI anunciaron en Nueva York una nueva etapa de **cooperación trilateral**, apenas un día después de que Rabat y Tel Aviv acordaran elevar sus relaciones diplomáticas mediante la apertura formal de embajadas y el nombramiento de embajadores. La declaración no se limita a ceremonias diplomáticas: incluye cooperación económica, conexiones aéreas, tecnología, innovación y, sobre todo, seguridad. Pero detrás de todo ese entramado aparece el objetivo estratégico que Marruecos persigue desde hace décadas: conseguir cada vez más apoyo internacional para su posición sobre el **Sáhara Occidental**.

El acuerdo tiene una genealogía muy concreta. En diciembre de 2020, durante el primer mandato de Donald Trump, Marruecos aceptó normalizar relaciones con Israel dentro de los **Acuerdos de Abraham**. A cambio, Washington rompió con décadas de política estadounidense y reconoció la soberanía marroquí sobre el Sáhara Occidental. El documento trilateral de aquel momento dejó además escrito que Estados Unidos consideraba la propuesta de autonomía presentada por Rabat como la base para una solución del conflicto. Desde entonces, Marruecos fue profundizando su relación con Israel mientras conservaba una asociación estratégica histórica con Estados Unidos. Seis años más tarde, esa arquitectura diplomática se convierte en una relación bastante más amplia: ya no es solamente normalización entre Marruecos e Israel, sino una estructura de coordinación entre los tres países.

La nueva declaración vuelve a colocar el Sáhara Occidental en el centro. Estados Unidos e Israel sostienen que la propuesta marroquí de autonomía debe convertirse en el eje de una salida política y consideran urgente abandonar un statu quo que lleva décadas sin solución. Marruecos administra aproximadamente el **80% del territorio**, mientras el Frente Polisario controla el restante 20% y reclama la creación de un Estado saharaui independiente. El Polisario sostiene que cualquier solución debe permitir a la población elegir entre autonomía e independencia mediante un proceso de autodeterminación. Rabat, en cambio, ofrece autonomía administrativa, política y económica, pero siempre bajo soberanía marroquí.

Aquí hay una diferencia importante que conviene no perder. **Estados Unidos e Israel reconocen explícitamente la soberanía marroquí**, pero Naciones Unidas todavía no ha llegado formalmente tan lejos. La resolución 2797 del Consejo de Seguridad, aprobada en octubre de 2025, supuso el mayor avance diplomático conseguido hasta ahora por Rabat: tomó el plan de autonomía marroquí como base de las negociaciones y afirmó que una “autonomía genuina” podía representar el resultado más factible. Sin embargo, el mismo texto mantuvo la referencia a una solución que permita la **autodeterminación del pueblo del Sáhara Occidental**. Por eso presentar la posición estadounidense-israelí como idéntica a la de la ONU sería simplificar demasiado la situación: hay una convergencia creciente alrededor de la autonomía, pero el marco multilateral continúa dejando abierta la cuestión de la autodeterminación.

El cambio, de todos modos, es considerable. Durante buena parte de las últimas décadas, Marruecos debía defender su posición sobre el Sáhara frente a un sistema internacional mucho más dividido. Ahora tiene detrás a Estados Unidos e Israel y ha conseguido además que países europeos importantes se aproximen progresivamente a su propuesta. España modificó su postura en 2022 para considerar el plan de autonomía marroquí como la opción más seria y realista; Francia dio posteriormente un paso todavía más explícito; y la resolución aprobada en Naciones Unidas en 2025 desplazó el centro de gravedad diplomático desde la idea histórica de un referéndum hacia la negociación de una autonomía. Argelia y el Polisario continúan rechazando que ese proceso pueda cerrarse sin que exista la posibilidad de independencia.

La dimensión militar explica también por qué esta relación importa mucho más allá del Sáhara. Según los datos de SIPRI citados por EL PAÍS, **Estados Unidos proporciona alrededor del 60% de las importaciones de armamento marroquí e Israel aproximadamente el 24%**, desplazando a Francia como segundo proveedor. Esa evolución transformó a Marruecos en el mayor importador de armas de África y alteró el equilibrio militar del Magreb frente a Argelia, su competidor estratégico histórico. El acuerdo de cooperación militar firmado con Israel en 2021 abrió además la puerta a intercambios tecnológicos, inteligencia, sistemas de defensa y adquisiciones de armamento israelí.

La cooperación con Washington es todavía más profunda. Marruecos alberga periódicamente los ejercicios militares **African Lion**, dirigidos por Estados Unidos y considerados entre las mayores maniobras militares de África. El país ocupa una posición geográfica excepcional: mira simultáneamente al Atlántico, al Mediterráneo y al estrecho de Gibraltar, se encuentra a pocos kilómetros de Europa y funciona como puente político y comercial hacia África occidental. Washington lo considera desde hace décadas un socio relevante para la estabilidad regional, la lucha antiterrorista y la seguridad africana. La nueva entente con Israel añade tecnología militar y cooperación de inteligencia a esa relación.

La otra gran pieza del tablero es **Argelia**. Las relaciones entre Rabat y Argel están prácticamente congeladas y sus fronteras terrestres permanecen cerradas desde hace años. Argelia es el principal respaldo político, diplomático y militar del Frente Polisario y acoge los campamentos de refugiados saharauis de Tinduf. Además mantiene una asociación militar histórica con Rusia, aunque durante los últimos años también intentó diversificar sus vínculos internacionales. El fortalecimiento militar marroquí y su acercamiento a Estados Unidos e Israel son observados desde Argel como una modificación del equilibrio estratégico regional. Y la cuestión del Sáhara sigue siendo probablemente el mayor obstáculo para cualquier reconciliación entre las dos grandes potencias del Magreb.

La paradoja es que Washington intenta simultáneamente acercar a Marruecos y Argelia. A comienzos de este año, Estados Unidos impulsó en Madrid una nueva ronda de conversaciones con participación de representantes marroquíes, saharauis, argelinos y mauritanos, acompañados por Naciones Unidas. El proceso quedó estancado en mayo cuando la atención diplomática estadounidense se desplazó hacia la guerra con Irán. Pero la estrategia norteamericana sigue apostando por convertir la autonomía propuesta por Rabat en la base de un entendimiento. El problema es que, para el Polisario y para Argelia, aceptar como condición de partida la soberanía marroquí equivale prácticamente a decidir el resultado antes de comenzar la negociación.

Mientras tanto, el futuro de la **MINURSO**, la misión de Naciones Unidas desplegada en el Sáhara desde 1991, también está entrando en una etapa decisiva. Fue creada originalmente con la misión de organizar un referéndum de autodeterminación que nunca llegó a celebrarse y de supervisar un alto el fuego que se quebró en 2020. Hoy sus funciones son mucho más reducidas y actúa fundamentalmente como observadora. Su mandato vence a finales de octubre y está prevista una revisión estratégica. Fuentes citadas por EL PAÍS aseguran que Washington impulsa una reducción de efectivos y costes, lo que podría disminuir todavía más el peso operacional de la misión.

La diplomacia marroquí está aprovechando también el momento para presentarse como un actor indispensable en la seguridad internacional. Su ministro de Exteriores, **Naser Burita**, pidió esta semana la creación de un código internacional de conducta para los Estados que controlan pasos marítimos estratégicos y puso como ejemplo el estrecho de Gibraltar. Según explicó, por allí circula aproximadamente un buque cada cinco minutos y Marruecos entiende que su posición geográfica implica una responsabilidad internacional. El mensaje tiene varias capas: Rabat no quiere ser visto solamente como receptor de ayuda occidental o guardián de fronteras migratorias, sino como un país capaz de ofrecer seguridad en una de las rutas marítimas más importantes del planeta.

Eso cobra especial relevancia en medio de la actual **crisis de Ceuta** y de las tensiones migratorias con Europa. Marruecos sabe que posee instrumentos de presión importantes frente a España y la Unión Europea: cooperación migratoria, lucha contra redes de tráfico, intercambio de inteligencia y control de una parte fundamental de la frontera sur europea. Pero al mismo tiempo intenta construir una imagen de socio estable y previsible. La nueva alianza con Washington e Israel fortalece su capacidad para negociar con Bruselas desde una posición de mayor autonomía.

La relación con Israel, sin embargo, continúa teniendo un costo interno para Rabat. Marruecos mantiene una sociedad ampliamente sensible a la causa palestina y durante la guerra de Gaza hubo importantes manifestaciones contra la normalización con Israel. Mohamed VI conserva además el título de presidente del Comité Al-Quds de la Organización de Cooperación Islámica, encargado de defender el estatuto de Jerusalén. Desde 2020, el Palacio ha intentado sostener simultáneamente dos posiciones: cooperación estratégica cada vez más profunda con Israel y apoyo oficial a la creación de un Estado palestino. Esa dualidad vuelve especialmente delicado cada avance público en la relación bilateral.

Pero los gobiernos parecen haber decidido continuar. Esta semana Marruecos e Israel acordaron pasar de simples oficinas de enlace a **embajadas completas y embajadores residentes**, además de profundizar los vuelos directos, inversiones y cooperación. Es un salto diplomático cualitativo porque institucionaliza una relación que, pese a las crisis regionales posteriores a 2020, nunca terminó de romperse. Desde el punto de vista israelí, Marruecos representa uno de los grandes éxitos de los Acuerdos de Abraham: un país árabe importante, con vínculos históricos con la comunidad judía y una posición estratégica en África y el Mediterráneo que conserva la relación incluso en momentos de elevada tensión regional.

Para Donald Trump también existe una dimensión política personal. La Casa Blanca considera los Acuerdos de Abraham uno de los principales logros de política exterior de su primer mandato y ahora intenta ampliarlos. La nueva declaración trilateral elogia explícitamente su papel en aquella normalización. Desde Washington, Marruecos puede convertirse además en una demostración de que el esquema inaugurado en 2020 puede sobrevivir a guerras, crisis diplomáticas y cambios de gobierno y transformarse en cooperación militar y económica duradera.

Marruecos obtiene a cambio algo que probablemente considere todavía más valioso: **peso internacional**. Tiene a Estados Unidos respaldando su principal reivindicación territorial, a Israel convertido en uno de sus grandes proveedores militares, relaciones comerciales privilegiadas con Europa, una creciente presencia económica en África subsahariana y un papel estratégico sobre Gibraltar y las rutas migratorias. Cada una de esas piezas aumenta el costo diplomático para cualquier país que quiera confrontar directamente con Rabat.

El gran interrogante es qué efecto tendrá todo esto sobre el conflicto saharaui. Desde la perspectiva marroquí, el aumento del número de países que respaldan la autonomía reduce progresivamente las alternativas del Polisario y debería obligarlo a negociar. Desde la perspectiva saharaui y argelina, ocurre exactamente lo contrario: consideran que las grandes potencias están utilizando su peso para convertir en irreversible una situación territorial que Naciones Unidas todavía considera pendiente de descolonización. El Consejo de Seguridad dejó esa contradicción abierta en su última resolución: acercó como nunca antes el proceso al plan marroquí, pero mantuvo la exigencia de autodeterminación.

La nueva entente entre Marruecos, Estados Unidos e Israel debe leerse, por lo tanto, como bastante más que una fotografía diplomática. **Es la consolidación de un eje político, militar y económico que modifica el equilibrio del Magreb y fortalece extraordinariamente la posición internacional de Rabat.** Estados Unidos obtiene un socio estable junto a Europa y en África; Israel consolida uno de los vínculos más importantes surgidos de los Acuerdos de Abraham; y Marruecos consigue respaldo político, armas, tecnología y legitimidad internacional para su estrategia sobre el Sáhara Occidental. Lo que todavía falta saber es si esa acumulación de poder acercará una solución negociada o hará cada vez más difícil que el Polisario y Argelia acepten sentarse a una mesa cuyo punto de partida consideran favorable a Marruecos.

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