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title: "Trump sacudió la ONU: amenazó con “aniquilar” a Irán, anticipó un cambio en Cuba y reivindicó el poder militar de EE.UU."
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description: "En un discurso de unos 35 minutos ante la 81ª Asamblea General de Naciones Unidas, Donald Trump defendió la guerra contra Irán, aseguró que todavía espera un acuerdo pero advirtió que puede destruir al régimen si las negociaciones fracasan. También prometió profundizar la presión sobre Cuba, reivindicó la intervención estadounidense en Venezuela, pidió abandonar la Corte Penal Internacional y presentó una política exterior basada en soberanía, fuerza militar y negociación desde una posición de poder. En tecnología, anunció que su Gobierno comenzará a llamar “superinteligencia” a la inteligencia artificial."
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date_published: "2026-09-22T13:21:00-03:00"
date_modified: "2026-09-22T13:26:35-03:00"
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  - "81 Asamblea General de la Onu"
  - "Trump"
author_name: "Alejandro Cabrera"
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category_name: "Mundo"
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# Trump sacudió la ONU: amenazó con “aniquilar” a Irán, anticipó un cambio en Cuba y reivindicó el poder militar de EE.UU.

Donald Trump regresó al escenario de Naciones Unidas con un discurso que condensó prácticamente toda la doctrina internacional de su segundo mandato: **Estados Unidos negociará, pero lo hará desde una posición de fuerza; utilizará instrumentos económicos cuando sean suficientes y conservará la opción militar cuando considere amenazados sus intereses; rechazará organismos internacionales que, a juicio de Washington, limiten su soberanía; y prestará una atención especialmente intensa al hemisferio occidental**. El centro absoluto de su intervención fue Irán, pero el Presidente recorrió también Venezuela, Cuba, Groenlandia, la Corte Penal Internacional y la inteligencia artificial. Más que una exposición tradicional de prioridades diplomáticas, Trump presentó un balance de su política exterior y una defensa explícita de una concepción del poder estadounidense basada en actuar antes que esperar a que los problemas se resuelvan mediante organismos multilaterales.

La frase que dominó inmediatamente los titulares internacionales estuvo dirigida a **Irán**. Trump afirmó que todavía cree posible alcanzar un acuerdo después de las elecciones legislativas estadounidenses del 3 de noviembre, pero planteó públicamente una alternativa extrema: permitir que Irán reconstruya su economía dentro de un acuerdo o **“aniquilar” a la República Islámica** si las negociaciones fracasan. Reuters señala que el Presidente pidió además a otros gobiernos profundizar el aislamiento económico de Teherán para aumentar la presión negociadora. Irán sostiene desde hace años que su programa nuclear no busca producir armas atómicas, mientras Trump volvió a justificar los ataques estadounidenses e israelíes iniciados en febrero con el argumento de que impedían que Teherán obtuviera una bomba nuclear.

El lenguaje fue excepcional incluso para los estándares de Trump. El mandatario sostuvo que Estados Unidos e Irán terminarán llegando a una solución “de una forma u otra” y aseguró que el cálculo del liderazgo iraní está condicionado por las elecciones de medio término estadounidenses. Al mismo tiempo afirmó que él no permitirá que esa consideración electoral altere sus decisiones militares. Buena parte de la delegación iraní abandonó el recinto durante ese tramo del discurso. AP registró que Trump describió al Gobierno iraní como debilitado y desesperado y sostuvo que la presión coordinada de otros países puede acelerar el fin de lo que presentó como décadas de amenaza iraní.

La intervención debe leerse además dentro de una guerra que se acerca a sus **siete meses** y que ha producido costos crecientes para todas las partes. Trump utilizó el escenario internacional para responder también a las dudas sobre la capacidad militar estadounidense. Aseguró que Estados Unidos dispone de municiones suficientes para continuar el conflicto, aunque el inspector general del Pentágono había advertido días antes sobre faltantes estratégicos en determinados inventarios como consecuencia de la intensidad de las operaciones. La diferencia es importante: el Presidente intentó transmitir una imagen de abundancia y capacidad ilimitada, mientras documentos del propio aparato militar han señalado tensiones concretas sobre determinadas reservas.

## “Mientras otros hablaron, yo actué”

Ese contraste entre discurso y acción fue la columna vertebral de la intervención. Trump presentó su política exterior como una ruptura con gobiernos que, según él, permitieron que distintos conflictos se prolongaran durante años. Su tesis fue que los problemas internacionales no deben dejarse “pudrir” porque después resultan más difíciles de resolver. A partir de esa idea trazó una narrativa personal: otros gobiernos discutieron sobre paz, mientras el suyo utilizó poder económico, diplomático y militar para alterar situaciones que consideraba enquistadas. Es una caracterización política del Presidente sobre su propia gestión; varios de los conflictos que mencionó, entre ellos Ucrania, Gaza e Irán, continúan abiertos y con resultados todavía inciertos.

La contradicción entre **“pacificador” y comandante de una guerra en curso** atravesó buena parte de la presentación. Trump reivindicó negociaciones diplomáticas y anticipó un acuerdo con Irán, pero al mismo tiempo mostró disposición explícita a escalar militarmente. Ese doble mensaje parece convertirse en uno de los componentes centrales de la estrategia estadounidense: ofrecer una salida negociada mientras intenta convencer a la contraparte de que rechazarla tendrá un costo insoportable. Sus partidarios describen ese método como negociación desde la fortaleza; sus críticos cuestionan que amenazas tan abiertas puedan dificultar precisamente la posibilidad de alcanzar acuerdos duraderos.

## Venezuela y una doctrina más agresiva para América Latina

Uno de los pasajes con mayores implicancias para América Latina estuvo dedicado a **Venezuela**. Trump presentó la operación estadounidense que terminó con la salida de Nicolás Maduro en enero como demostración de que Washington no permitirá amenazas contra sus intereses dentro del hemisferio occidental. Al hablar del petróleo venezolano incluso utilizó la expresión según la cual “al vencedor pertenecen los despojos”, mientras reivindicaba el acceso estadounidense a miles de millones de barriles y defendía el uso de poder militar para proteger intereses nacionales considerados vitales.

La frase resulta especialmente relevante porque la administración Trump viene desarrollando una relación mucho más estrecha con el Gobierno interino de **Delcy Rodríguez**. La propia mandataria venezolana se encuentra en Nueva York durante la Asamblea General y tenía prevista una conversación con Trump. Su delegación ya inició negociaciones con bancos multilaterales y empresas estadounidenses sobre petróleo, minería y una reestructuración de deuda calculada entre US$150.000 millones y US$200.000 millones. Washington intenta combinar apertura económica, recuperación de activos venezolanos en el exterior y reformas políticas internas.

En términos más amplios, la descripción de Venezuela deja entrever una actualización de la vieja idea estadounidense de considerar al hemisferio occidental como una esfera de seguridad prioritaria. Trump no formuló formalmente una nueva doctrina jurídica, pero sí dejó claro que su Gobierno interpreta amenazas militares, narcotráfico, infraestructura estratégica, recursos energéticos y presencia de potencias rivales en América como asuntos directamente vinculados con la seguridad nacional estadounidense. Esa misma orientación aparece en la iniciativa **Shield of Americas**, creada por Washington junto con países latinoamericanos para combatir organizaciones criminales y carteles violentos.

## Cuba: “la libertad llegará”

Después de Venezuela llegó uno de los mensajes más duros dirigidos a **Cuba** en años. Trump calificó al país como un Estado fallido, aseguró que el Gobierno comunista está sometido a una presión sin precedentes y predijo su caída. El Presidente anunció que su administración busca un “cambio fundamental” en la situación cubana y afirmó que la libertad terminará llegando a la isla. La delegación cubana abandonó el recinto durante esas declaraciones.

El mensaje adquiere otra dimensión después de lo ocurrido en Venezuela. Estados Unidos mantiene desde hace más de seis décadas un embargo económico sobre Cuba, pero la administración Trump ha aumentado la presión durante su segundo mandato y sus declaraciones recientes han generado preguntas acerca de hasta dónde pretende llegar Washington. Reuters recuerda que el Presidente había señalado anteriormente que Estados Unidos tenía “planes” para Cuba. Hasta ahora, sin embargo, no anunció durante su discurso una operación militar ni un mecanismo concreto de cambio de régimen. Por eso conviene distinguir la contundencia política de sus palabras de una decisión operativa que no fue comunicada.

El discurso deja, no obstante, una clara advertencia regional: **Washington considera que el statu quo cubano ya no tiene por qué ser permanente**. Esa posición cuenta con el respaldo de sectores cubano-estadounidenses especialmente influyentes dentro del Partido Republicano, pero previsiblemente genera rechazo entre gobiernos latinoamericanos que, incluso manteniendo diferencias profundas con La Habana, se oponen a cualquier intervención externa destinada a cambiar un gobierno por la fuerza.

## Trump contra la Corte Penal Internacional

El Presidente dedicó otro pasaje particularmente duro a la **Corte Penal Internacional**. La calificó como una institución fuera de control y pidió directamente que los países que forman parte de ella abandonen el organismo. Estados Unidos no es miembro de la CPI, pero la Corte tiene jurisdicción sobre determinados crímenes cometidos en territorios de Estados parte y ha investigado actuaciones de fuerzas estadounidenses en el pasado. Trump sostuvo ante la Asamblea que no permitirá que militares de su país sean sometidos a lo que describió como procesos parciales contra Estados Unidos.

Ese planteo sintetiza probablemente mejor que ningún otro la relación de Trump con el sistema multilateral. No implica un abandono de Naciones Unidas: de hecho, compareció ante su Asamblea General, mantendrá reuniones bilaterales allí y utiliza el foro como escenario diplomático. Pero sí expresa una visión según la cual las instituciones internacionales son aceptables mientras no interfieran con decisiones soberanas consideradas esenciales por Washington. Es una posición diferente de la tradición más multilateralista de otros gobiernos estadounidenses, aunque la relación de Estados Unidos con la CPI siempre ha sido compleja incluso bajo administraciones demócratas.

El contexto institucional también importa. Estados Unidos redujo aportes y se retiró de distintos organismos internacionales durante el segundo mandato de Trump. La semana pasada pagó **US$725 millones** al presupuesto regular de Naciones Unidas para evitar perder su voto en la Asamblea, aunque Reuters calcula que todavía mantiene una deuda superior a US$1.000 millones con la organización. La ONU atraviesa al mismo tiempo una crisis financiera y un debate profundo sobre su capacidad para influir realmente sobre guerras que las grandes potencias gestionan cada vez más mediante negociaciones directas.

## Groenlandia y una mayor presencia militar en el Ártico

Trump también confirmó un nuevo acuerdo con **Dinamarca y Groenlandia** que permitirá incrementar la presencia militar estadounidense en la isla. Según explicó, Estados Unidos construirá dos grandes bases adicionales y considera Groenlandia parte de la “frontera norte” de América del Norte. El pacto busca cerrar, al menos parcialmente, una etapa de tensiones después de que las pretensiones estadounidenses sobre la isla provocaran conflictos diplomáticos con Copenhague y otros gobiernos europeos.

La importancia de Groenlandia excede la disputa simbólica. La isla ocupa una posición estratégica fundamental entre América del Norte y el Ártico, posee importantes recursos minerales y adquiere cada vez mayor valor militar a medida que Rusia y China incrementan su actividad en la región. Washington ya tiene instalaciones allí, pero la ampliación anunciada refuerza la idea de que el Ártico será uno de los principales escenarios de competencia entre grandes potencias durante las próximas décadas.

## La inteligencia artificial ahora será “superinteligencia”

Uno de los pasajes más inesperados apareció cuando Trump anunció que, a partir de ahora, los documentos del Gobierno estadounidense utilizarán el término **“superinteligencia”** en lugar de inteligencia artificial. El Presidente argumentó que “artificial” es una descripción incorrecta y aseguró que la tecnología tendrá un efecto incluso mayor al de la Revolución Industrial. También volvió a minimizar advertencias sobre los potenciales riesgos de sistemas avanzados y prometió que su administración no limitará su crecimiento.

La posición contrasta directamente con la que había expresado pocas horas antes el secretario general de Naciones Unidas, **António Guterres**, quien reclamó avanzar hacia un sistema multilateral de gestión de riesgos de inteligencia artificial, evaluaciones independientes y mecanismos internacionales de seguridad. Guterres pidió a los países que lideran el desarrollo tecnológico compartir información sobre riesgos y trabajar en estándares comunes. Trump, por el contrario, puso el acento en evitar que la regulación frene la innovación estadounidense.

La diferencia ilustra otro conflicto que atravesará los próximos años: cuánto espacio debe tener el desarrollo privado de sistemas de IA frente a la regulación nacional e internacional. Estados Unidos y China concentran una parte importante de las capacidades más avanzadas, y precisamente esta semana Trump recibirá en Washington a **Xi Jinping** para una visita de Estado en la que la inteligencia artificial aparece entre los asuntos estratégicos de discusión. Negociadores de ambos países ya exploraron mecanismos de comunicación sobre incidentes tecnológicos con consecuencias para la seguridad nacional.

## Ucrania: una guerra que Trump todavía no pudo cerrar

Aunque Irán monopolizó buena parte del discurso, la guerra entre Rusia y Ucrania permanece entre los principales desafíos de la administración. Durante su campaña de 2024 Trump había prometido resolverla rápidamente; cuatro años y medio después de la invasión rusa, el conflicto continúa. El Presidente mantiene críticas hacia ambos lados por los ataques contra infraestructura energética y tenía previsto reunirse este martes con **Volodímir Zelenski** después de su intervención ante la Asamblea.

Trump había intentado recientemente negociar una tregua energética: Ucrania manifestó estar dispuesta a aceptarla si Rusia cumplía, mientras Moscú condicionó su adhesión a un levantamiento de sanciones occidentales contra su sector energético. Pese a esas conversaciones, ambos países continuaron atacando refinerías, instalaciones de energía e infraestructura. El contraste con el discurso presidencial vuelve a ser evidente: Trump se presenta como un mandatario que resuelve problemas mediante acción rápida, pero Ucrania continúa mostrando los límites que puede encontrar esa estrategia frente a guerras en las que ninguna de las partes considera todavía aceptables las condiciones propuestas para terminar el conflicto.

## Un discurso pensado también para Estados Unidos

Aunque fue pronunciado ante líderes de todo el mundo, el discurso tuvo una evidente dimensión doméstica. Trump comenzó destacando empleo privado, reducción de inmigración irregular y seguridad interna, y vinculó incluso las negociaciones con Irán con las elecciones legislativas del próximo **3 de noviembre**. Las elecciones de medio término determinarán el control del Congreso y llegan en un momento en que distintas encuestas muestran dificultades para los republicanos y una aprobación presidencial debilitada por el costo de vida y por las consecuencias económicas del conflicto iraní.

Su mensaje intentó construir una imagen de liderazgo basada en fortaleza: Estados Unidos, según Trump, volvió a ser una potencia capaz de imponer costos, acceder a recursos estratégicos, redefinir relaciones hemisféricas y condicionar negociaciones internacionales. Es un relato que el Presidente necesita también hacia adentro, especialmente porque la prolongación de la guerra con Irán contradice parcialmente la identidad política con la que regresó al poder: la promesa de evitar guerras interminables.

## Una ONU que Trump utiliza mientras cuestiona el multilateralismo

La gran paradoja de la jornada es que Trump utilizó el mayor foro multilateral del mundo para presentar una política exterior profundamente escéptica del multilateralismo. Pidió abandonar la Corte Penal Internacional, defendió intervenciones militares unilaterales, enfatizó la soberanía estadounidense y utilizó amenazas directas contra otro Estado miembro. Pero al mismo tiempo buscó justamente en Naciones Unidas el escenario para legitimar internacionalmente esa estrategia y preparar una jornada de conversaciones con más de una decena de líderes.

En eso se diferencia también del mensaje de despedida de António Guterres. El secretario general reclamó más cooperación internacional para controlar la inteligencia artificial, enfrentar el cambio climático y detener las guerras; Trump puso el centro en el poder soberano de Estados Unidos y en su capacidad para producir resultados que, según su visión, las instituciones multilaterales no consiguen. Dos diagnósticos diferentes pronunciados prácticamente en el mismo escenario y en la misma jornada.

El discurso de Trump ante la **81ª Asamblea General** dejó así una síntesis especialmente clara de su política exterior en 2026. Irán recibió simultáneamente una propuesta de reconstrucción y una amenaza de destrucción; Cuba escuchó una predicción explícita sobre el final de su régimen; Venezuela apareció como ejemplo del nuevo poder estadounidense en América; la CPI fue presentada como una institución que otros países deberían abandonar; Groenlandia como territorio estratégico en el que Washington ampliará su despliegue; y la inteligencia artificial como una tecnología que Estados Unidos pretende desarrollar con menos restricciones.

Más allá de las frases más espectaculares, el mensaje de fondo fue consistente: **Trump quiere que el mundo interprete que Estados Unidos está nuevamente dispuesto a utilizar todas las herramientas de poder —comerciales, diplomáticas y militares— para conseguir sus objetivos**. La incógnita es si esa presión producirá los acuerdos que promete o si, especialmente en Irán, terminará profundizando los conflictos que afirma querer resolver. Esa será probablemente la prueba decisiva de un discurso que presentó la fuerza no como el fracaso de la diplomacia, sino como el instrumento que, según Trump, obliga a que la diplomacia funcione.

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