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title: "Trump baja el tono con Cuba: anticipa un acuerdo y descarta, por ahora, una intervención militar de Estados Unidos"
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description: "Donald Trump aseguró que Washington y La Habana terminarán alcanzando un acuerdo y afirmó que no cree necesario utilizar a las Fuerzas Armadas contra la isla. El mensaje representa una distensión importante después de meses de amenazas, sanciones, restricciones sobre el suministro de petróleo y declaraciones estadounidenses sobre un eventual cambio político en Cuba."
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date_published: "2026-09-27T20:37:00-03:00"
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  - "CUBA"
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  - "Estados Unidos"
  - "Trump"
author_name: "Alejandro Cabrera"
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category_name: "Mundo"
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# Trump baja el tono con Cuba: anticipa un acuerdo y descarta, por ahora, una intervención militar de Estados Unidos

Donald Trump produjo un cambio significativo en el tono utilizado hacia Cuba. Apenas cuatro días después de asegurar ante la Asamblea General de Naciones Unidas que el sistema cubano estaba bajo una presión sin precedentes y que la “libertad” llegaría a la isla, el presidente estadounidense afirmó que espera alcanzar un acuerdo con La Habana y descartó como escenario probable una intervención militar.

La frase fue directa: **Estados Unidos y Cuba, según Trump, terminarán haciendo un acuerdo y no sería necesario recurrir a las Fuerzas Armadas**. El mandatario agregó que Washington quiere “ayudar a Cuba” y habló incluso de una futura apertura de la isla hacia los estadounidenses.

La declaración resulta especialmente relevante porque durante buena parte de 2026 la relación bilateral evolucionó en la dirección contraria. Estados Unidos endureció la presión económica sobre La Habana, restringió el acceso cubano al petróleo, aplicó nuevas sanciones y desde el Gobierno norteamericano se habló abiertamente de la necesidad de un cambio profundo en el sistema político de la isla.

Ahora Trump introduce otra posibilidad: **que ese proceso termine en una negociación y no en una acción militar**.

### LAS CLAVES DEL NUEVO ESCENARIO

- Trump afirmó que Estados Unidos y Cuba probablemente alcanzarán un acuerdo.
- Dijo que no cree que sea necesario utilizar a las Fuerzas Armadas.
- Washington mantiene una fuerte política de presión económica sobre la isla.
- Cuba atraviesa una grave crisis de combustible, electricidad, inflación y abastecimiento.
- Los dos gobiernos mantienen contactos desde marzo.
- La Habana reconoce la existencia de conversaciones, pero exige respeto por su soberanía y su sistema político.
- Cuba se mostró abierta a relaciones comerciales con empresas estadounidenses.
- Trump había dicho apenas días antes ante la ONU que el sistema cubano estaba cerca de caer.
- No existe todavía un acuerdo anunciado ni se conocen públicamente todas las condiciones que Washington plantea.
- Tampoco está claro cuánto estaría dispuesto a conceder el Gobierno cubano para obtener una flexibilización de las medidas estadounidenses.

## Qué dijo exactamente Trump

El presidente estadounidense habló antes de abandonar la Casa Blanca y fue consultado sobre el futuro de la política hacia Cuba.

Su respuesta contrastó con el lenguaje mucho más confrontativo utilizado durante los meses anteriores.

Trump afirmó que **“Cuba y nosotros vamos a hacer un acuerdo”** y agregó que no cree que Estados Unidos necesite utilizar su poder militar.

No anunció un tratado y no detalló condiciones. Tampoco estableció un calendario.

Pero el mensaje tiene importancia porque elimina, al menos del escenario inmediato planteado públicamente por la Casa Blanca, una opción que había generado creciente temor durante los últimos meses: una acción militar estadounidense destinada a acelerar un cambio político en La Habana.

La diferencia entre “no creo que necesitemos al Ejército” y una garantía formal de no intervención es importante.

**Trump no firmó un compromiso de no utilizar la fuerza. Expresó su expectativa de que no será necesaria porque considera posible alcanzar un acuerdo.**

## El cambio sorprende porque cuatro días antes había endurecido el discurso

El contraste con la Asamblea General de Naciones Unidas es evidente.

El 22 de septiembre Trump describió a Cuba como un Estado fracasado, aseguró que el Gobierno comunista enfrentaba una presión extraordinaria y dijo que la “libertad” llegaría a la isla.

La delegación cubana abandonó el recinto durante aquella parte de su intervención.

El presidente estadounidense presentó entonces la situación cubana como parte de una transformación política más amplia en América Latina, donde Washington viene recuperando influencia y adoptando una estrategia más agresiva frente a gobiernos, organizaciones criminales y actores que considera hostiles.

Cuatro días después, la palabra dominante ya no fue caída. Fue un **acuerdo**.

Eso no significa necesariamente que Trump haya abandonado su objetivo político.

Puede significar que considera que la presión acumulada consiguió crear las condiciones necesarias para negociar.

## La negociación entre Washington y La Habana ya existía

Uno de los aspectos más importantes para entender la noticia es que los contactos no comenzaron esta semana.

En marzo, el presidente cubano Miguel Díaz-Canel reconoció públicamente que representantes de Cuba y Estados Unidos habían iniciado conversaciones destinadas a intentar resolver las diferencias bilaterales.

Fue una admisión especialmente significativa.

Durante semanas habían circulado versiones sobre contactos indirectos y canales reservados, pero el Gobierno cubano evitaba confirmar formalmente una negociación.

Finalmente, Díaz-Canel reconoció que existían conversaciones y sostuvo que el objetivo era alejar la relación de la confrontación.

Cuba estableció, sin embargo, una condición básica: **cualquier negociación debe realizarse respetando la soberanía, la autodeterminación y el sistema político cubano**.

Ese punto continúa siendo probablemente uno de los principales obstáculos para cualquier acuerdo profundo.

## El Gobierno cubano también deja abierta la puerta

Las declaraciones de Trump coincidieron con un mensaje menos cerrado desde La Habana.

El canciller cubano Bruno Rodríguez aseguró ante Naciones Unidas que Cuba sigue dispuesta al diálogo con Estados Unidos y manifestó que la isla está abierta a mantener relaciones comerciales y empresariales con compañías estadounidenses.

Al mismo tiempo, volvió a condenar el embargo y las medidas de presión económica aplicadas por Washington.

La combinación resulta reveladora.

Cuba no está diciendo que acepta las exigencias estadounidenses.

Pero tampoco está cerrando la negociación.

**La posición cubana parece ser: diálogo sí, capitulación política no.**

Washington intenta llegar desde el punto opuesto: la presión económica como herramienta para obtener cambios que durante décadas no consiguió mediante sanciones convencionales.

## La verdadera arma de Trump hasta ahora no fue militar: fue el petróleo

La situación cubana cambió drásticamente durante 2026 por su acceso a la energía.

Durante décadas Venezuela había sido uno de los principales proveedores de petróleo de Cuba. Esa relación permitió sostener buena parte de la generación eléctrica, el transporte y la actividad económica de la isla.

El escenario se modificó después de la caída de Nicolás Maduro y del cambio político venezolano.

Washington consiguió prácticamente cortar los envíos venezolanos hacia Cuba y aumentó posteriormente la presión sobre terceros países que podían reemplazarlos.

El Gobierno de Trump amenazó con represalias comerciales contra países que suministraran petróleo a la isla.

El resultado fue particularmente duro.

Durante algunos períodos Cuba prácticamente dejó de recibir combustible del exterior.

La crisis energética existente, que ya era profunda por el deterioro de las centrales eléctricas y la falta de inversiones, entró entonces en otra dimensión.

## Cuba pasó meses prácticamente a oscuras

La electricidad se convirtió en una de las manifestaciones más visibles de la crisis.

Durante 2026 se produjeron apagones nacionales y cortes de muchas horas en diferentes provincias.

Incluso La Habana, históricamente más protegida que el interior frente a las restricciones eléctricas, comenzó a registrar cortes prolongados.

La falta de diésel y fuel oil afectó centrales térmicas, transporte, distribución de alimentos, hospitales, producción industrial y suministro de agua.

A eso se sumó el deterioro estructural de una red eléctrica que requiere enormes inversiones y que funciona con plantas envejecidas.

**La crisis cubana ya existía antes del endurecimiento estadounidense, pero las restricciones energéticas aplicadas durante 2026 aumentaron considerablemente la presión.**

Y ahí aparece una de las claves para entender la estrategia de Trump.

## Washington apuesta a negociar desde una posición de fuerza

La administración estadounidense parece considerar que la debilidad económica cubana modificó la relación de fuerzas.

Trump viene diciendo desde principios de año que Cuba terminaría buscando un acuerdo porque ya no dispone del respaldo venezolano que sostuvo a la isla durante décadas.

Su estrategia fue aumentar progresivamente el costo de no negociar:

**Petróleo. Sanciones, restricciones comerciales. Presión financiera. Sanciones individuales. Amenazas contra países que colaboraran energéticamente con La Habana. Y, en determinados momentos, la posibilidad de una opción militar permaneció dentro de la discusión pública.**

La declaración actual sugiere que Trump considera posible pasar de esa etapa de coerción hacia otra de negociación.

**La pregunta es qué pretende obtener a cambio.**

## ¿Qué podría incluir un eventual acuerdo?

Todavía no existe un documento público que permita conocer con precisión la negociación.

Pero las posiciones expresadas por ambos gobiernos permiten identificar varios asuntos centrales.

Washington viene reclamando cambios políticos, liberación de detenidos considerados presos políticos, mayores libertades económicas y modificaciones en la estructura del sistema cubano.

También existen diferencias sobre migración, seguridad regional, relaciones militares, sanciones y confiscaciones históricas de propiedades estadounidenses.

Para Cuba, las prioridades son diferentes.

La Habana necesita recuperar acceso regular al petróleo, aliviar sanciones, obtener financiamiento, reconstruir su sistema energético y normalizar una economía profundamente debilitada.

También busca mayores posibilidades de comercio con Estados Unidos.

Es precisamente en ese punto donde podría existir un espacio de negociación.

**Washington tiene capacidad para aliviar la presión económica. Cuba necesita desesperadamente ese alivio. La discusión será qué recibe Estados Unidos a cambio.**

## El problema central: Trump habla de cambio y Cuba de soberanía

La distancia política sigue siendo enorme.

La administración Trump ha hablado abiertamente de la necesidad de cambiar el Gobierno cubano.

Díaz-Canel sostiene que cualquier conversación debe respetar el sistema político existente.

Es difícil imaginar posiciones iniciales más alejadas.

Estados Unidos podría exigir reformas que La Habana interprete como una amenaza directa al monopolio político del Partido Comunista.

Cuba podría reclamar el levantamiento de medidas que Washington considera precisamente su principal herramienta de negociación.

Por eso un eventual acuerdo no necesariamente implicaría una normalización completa.

Podría comenzar con entendimientos parciales.

**Energía.**

**Migración.**

**Presos.**

**Comercio.**

**Remesas.**

**Visados.**

**Vuelos.**

**Intercambios empresariales.**

La historia de las relaciones entre ambos países muestra que los avances suelen producirse por etapas.

## Trump no es Obama: si hay apertura sería bajo otra lógica

La comparación inevitable aparece con Barack Obama.

En diciembre de 2014 Washington y La Habana sorprendieron al mundo anunciando un proceso de normalización después de décadas de enfrentamiento.

Obama restableció relaciones diplomáticas, flexibilizó viajes y buscó utilizar la apertura económica como mecanismo para transformar gradualmente la relación.

Trump tiene una concepción prácticamente inversa.

Su estrategia parte de la **presión máxima**.

Primero aumenta el costo económico y político.

Después negocia desde una posición que considera más favorable.

Si se produce una apertura con Cuba, probablemente no se presente como una reconciliación ideológica sino como un acuerdo obtenido después de forzar concesiones.

Esa diferencia será central para comprender cualquier entendimiento futuro.

## Marco Rubio es una pieza decisiva

Existe además un protagonista particularmente importante dentro de la administración estadounidense: Marco Rubio.

Su historia personal y política está profundamente vinculada con Cuba.

Hijo de inmigrantes cubanos y durante años una de las figuras más duras de Washington contra el régimen de La Habana, Rubio ocupa un lugar central en la política exterior de Trump.

Paradójicamente, su participación puede terminar siendo indispensable para cualquier acuerdo.

Trump ha señalado anteriormente que Rubio participa de los contactos con Cuba.

Si una negociación consigue el respaldo de una figura históricamente asociada con el sector más duro de la diáspora cubana, **el presidente tendría mayores posibilidades de vender políticamente un acuerdo sin ser acusado por su propia base de haber cedido frente al comunismo cubano**.

## Miami también observa cada movimiento

La política hacia Cuba nunca es solamente política exterior estadounidense.

También es política doméstica.

Florida posee una de las comunidades cubanoamericanas más grandes del mundo y durante décadas una parte significativa de ese electorado defendió políticas duras contra La Habana.

Trump construyó una relación particularmente fuerte con ese sector.

Cualquier acuerdo deberá probablemente ser presentado como una victoria obtenida mediante presión y no como una concesión unilateral.

Eso ayuda a explicar el lenguaje del presidente.

Trump no está diciendo que abandonó sus críticas al sistema cubano.

Sostiene que **la presión funcionó y que precisamente por eso ahora puede conseguir un acuerdo**.

## La caída de Maduro cambió completamente el tablero cubano

Existe otro elemento fundamental detrás del acercamiento.

La transformación venezolana alteró uno de los pilares externos de Cuba.

Durante años Caracas suministró petróleo subsidiado a cambio de médicos, asesores y distintos servicios.

Esa relación había comenzado con Hugo Chávez y Fidel Castro y sobrevivió durante el Gobierno de Nicolás Maduro.

La pérdida de ese respaldo dejó a Cuba considerablemente más vulnerable.

Estados Unidos interpretó ese cambio como una oportunidad para aumentar la presión sobre La Habana.

Trump incluso vinculó públicamente ambos procesos.

La lógica estadounidense es sencilla: sin el petróleo venezolano y con mayores dificultades para recibir combustible de otros socios, **el margen de maniobra del Gobierno cubano es menor que en cualquier momento de las últimas décadas**.

## Pero la crisis cubana no se explica solamente por Estados Unidos

También sería incompleto atribuir toda la situación económica de la isla a las sanciones.

**Cuba arrastra problemas estructurales profundos.**

**Baja productividad.**

**Escasez de divisas.**

**Déficit de inversión.**

**Una infraestructura eléctrica deteriorada.**

**Problemas para producir alimentos.**

**Emigración masiva.**

**Distorsiones monetarias.**

**Empresas estatales poco eficientes.**

**Dificultades para atraer capital.**

**Y un sistema económico que durante décadas impuso fuertes restricciones sobre la actividad privada.**

El propio Gobierno cubano comenzó durante los últimos años a introducir cambios que habrían resultado políticamente impensables tiempo atrás.

La expansión del sector privado, nuevas formas de cambio de divisas y otras aperturas parciales muestran que **La Habana también sabe que la estructura económica necesita transformaciones**. [Reuters](https://www.reuters.com/world/americas/lines-grow-banks-cuba-tiptoes-away-communism-stability-seems-distant-2026-09-21/?utm_source=chatgpt.com)

## Una Cuba que lentamente se abre al mercado

Ese aspecto puede convertirse en otro punto de encuentro.

En los últimos años aparecieron miles de pequeñas y medianas empresas privadas, restaurantes, comercios y emprendimientos independientes.

Aunque el Estado continúa controlando los principales sectores estratégicos, la actividad privada adquirió un peso creciente.

La falta de dólares y la crisis de abastecimiento obligaron al Gobierno a aceptar mecanismos económicos que durante mucho tiempo habían sido considerados incompatibles con el modelo cubano tradicional.

Trump podría intentar aprovechar esa transformación para ofrecer acceso económico estadounidense a cambio de una liberalización mayor.

Cuba, por su parte, podría intentar obtener inversiones y comercio sin modificar la arquitectura política fundamental del régimen.

Ahí podría aparecer una negociación.

## La gran diferencia: acuerdo no significa necesariamente democracia inmediata

Uno de los riesgos de interpretar las declaraciones de Trump es asumir que un acuerdo significaría automáticamente el final del sistema cubano.

No necesariamente.

Un acuerdo diplomático puede limitarse a resolver problemas concretos sin cambiar inmediatamente la naturaleza del Gobierno.

Washington y La Habana podrían alcanzar compromisos sobre comercio, petróleo, migración o detenidos mientras continúan manteniendo diferencias fundamentales sobre democracia, derechos humanos y organización política.

También podría ocurrir lo contrario: que Estados Unidos condicione cualquier alivio sustancial a reformas políticas profundas y que las conversaciones vuelvan a bloquearse.

Por ahora, **Trump expresó optimismo. No anunció que las diferencias estén resueltas.**

## La opción militar pierde peso, pero no desaparece jurídicamente

La frase de Trump también debe interpretarse con precisión.

El presidente dijo que **no cree que sea necesario utilizar a los militares**.

No dijo que Estados Unidos haya renunciado formalmente a cualquier utilización futura de la fuerza.

La diferencia importa porque durante los últimos meses el Gobierno cubano venía denunciando que Washington preparaba argumentos para justificar una intervención.

En mayo, Díaz-Canel llegó a advertir que una acción militar estadounidense provocaría un “baño de sangre” y tendría consecuencias regionales imprevisibles. [Reuters](https://www.reuters.com/world/americas/cuba-warns-us-military-action-would-cause-bloodbath-after-drone-report-2026-05-18/)

El mensaje actual reduce considerablemente ese temor en el corto plazo.

Pero la verdadera desescalada dependerá de cómo evolucionen las conversaciones.

## Para Cuba, un acuerdo podría ser una cuestión de supervivencia económica

La necesidad cubana de encontrar una salida es enorme.

La isla enfrenta inflación elevada, una moneda profundamente depreciada, falta de combustible, apagones prolongados y dificultades para importar alimentos, medicamentos y repuestos.

Decenas de miles de cubanos continúan abandonando el país.

La infraestructura necesita inversiones que el Estado no posee capacidad de financiar.

Y el deterioro energético afecta prácticamente todos los demás sectores.

Una flexibilización estadounidense podría modificar rápidamente algunas de esas variables.

La recuperación de suministro energético sería particularmente importante.

También lo serían las inversiones y el acceso al sistema financiero.

Por eso La Habana tiene incentivos claros para negociar.

El problema es determinar **cuánto está dispuesta a conceder políticamente para conseguirlo**.

## Trump pasa de amenazar con el colapso a negociar la salida

El giro discursivo de los últimos días resume perfectamente la estrategia estadounidense.

El martes, Trump describía una Cuba al borde del colapso.

El sábado habló de un acuerdo.

Las dos posiciones no necesariamente son contradictorias desde la perspectiva de la Casa Blanca.

El presidente considera que precisamente **la presión es lo que puede obligar a La Habana a negociar**.

Su apuesta consiste en transformar el deterioro económico cubano en capacidad de negociación estadounidense.

Cuba intenta hacer lo contrario: conseguir alivio económico sin entregar el control político.

Entre esas dos posiciones comenzará a definirse el eventual acuerdo.

## Una oportunidad que puede cambiar seis décadas de enfrentamiento

Estados Unidos y Cuba llevan más de seis décadas atrapados en una relación marcada por revolución, invasiones frustradas, crisis de misiles, espionaje, sanciones, migraciones, terrorismo, expropiaciones y enfrentamientos ideológicos.

Cada intento de acercamiento terminó posteriormente limitado o revertido.

Por eso las declaraciones de Trump deben ser observadas con cautela.

Todavía no hay tratado.

No existe una fecha.

No se conocen las condiciones.

Y las diferencias fundamentales permanecen.

Pero hay algo que sí cambió.

**El presidente estadounidense ya no está hablando solamente de presionar a Cuba hasta provocar un colapso. Ahora también habla públicamente de negociar un acuerdo y afirma que cree posible hacerlo sin utilizar la fuerza militar.**

Del lado cubano tampoco existe un cierre.

La Habana continúa denunciando el embargo y rechazando cualquier intento de imponer un cambio de régimen, pero acepta que existen conversaciones y mantiene abierta la posibilidad de relaciones económicas con empresas estadounidenses.

El escenario, entonces, es profundamente contradictorio.

Nunca en mucho tiempo Cuba estuvo sometida a una presión económica tan intensa.

Pero precisamente en ese momento aparecen también las señales diplomáticas más claras de que ambos gobiernos consideran posible sentarse a negociar.

**El gran interrogante ya no parece ser únicamente si Washington seguirá presionando a Cuba, sino qué acuerdo pretende conseguir Trump con esa presión y qué estará dispuesto a aceptar el Gobierno cubano para aliviar una crisis que amenaza con volverse estructural.**

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