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title: "Caputo admite que la economía se frenó y vuelve a mirar a la política: cuando el relato choca contra los datos"
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description: "Luis Caputo reconoció que la economía argentina está creciendo menos y que el riesgo país volvió a subir, pero atribuyó buena parte del deterioro al contexto internacional y al temor de los inversores a un eventual regreso del kirchnerismo."
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date_published: "2026-10-03T12:26:00-03:00"
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  - "Argentina"
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  - "MIlei"
author_name: "Alejandro Cabrera"
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category_name: "Economía"
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# Caputo admite que la economía se frenó y vuelve a mirar a la política: cuando el relato choca contra los datos

Luis Caputo hizo una admisión que hace algunos meses habría resultado bastante más incómoda para el Gobierno: **la economía argentina está creciendo menos**. Lo dijo en París, durante la Argentina Week, mientras intentaba convencer a inversores europeos de que el rumbo económico sigue siendo sólido y que la desaceleración actual constituye solamente un problema transitorio.

Hasta ahí, nada demasiado sorprendente. El problema aparece cuando comienza la explicación.

Para Caputo, la pérdida de velocidad de la economía responde fundamentalmente a dos elementos: un escenario internacional más adverso —tasas más altas en Estados Unidos y petróleo más caro— y la incertidumbre política interna. En particular, señaló que entre inversores financieros volvió a aparecer la preocupación por la posibilidad de que el kirchnerismo regrese al poder en 2027.

La explicación tiene una parte atendible. Las tasas norteamericanas más elevadas encarecen el financiamiento para prácticamente todos los mercados emergentes y la volatilidad internacional castiga especialmente a países de mayor riesgo. Argentina no vive aislada del mundo.

Pero convertir esa explicación en el centro del diagnóstico deja afuera una parte incómoda de la historia.

Porque el mercado no solamente mira quién puede ganar una elección dentro de un año. También mira **cuántos dólares tiene el Banco Central, cómo va a pagar la Argentina sus próximos vencimientos, cuánto crece la economía, qué pasa con la actividad industrial, si el Tesoro puede refinanciar su deuda y cuándo el país podrá volver realmente al mercado internacional de crédito**.

Y ahí los números empiezan a ser menos cómodos.

El segundo trimestre de 2026 terminó con una caída desestacionalizada del PBI del **0,6% respecto del trimestre anterior**, aunque la comparación interanual todavía mostró un crecimiento del 2%. En julio, el EMAE cayó **2,9% frente a junio y 1,4% interanual**. Ese mismo mes, la producción industrial manufacturera retrocedió 4,9% interanual y 5% en términos desestacionalizados, mientras que la construcción cayó 4,5% frente al mismo mes de 2025 y 4,6% respecto de junio.

Eso ya no es únicamente “ruido electoral”.

## El truco de mirar la tendencia y no la caída

Caputo eligió una lectura particular de los datos para defender su argumento.

El ministro señaló que la serie de **tendencia-ciclo** del INDEC todavía muestra un crecimiento mensual de alrededor del 0,2% y aseguró que la economía acumula 29 meses creciendo bajo esa medición. Por eso rechazó hablar de una recesión y sostuvo que simplemente existe una expansión más lenta.

Técnicamente, esa afirmación no es falsa.

Pero tampoco cuenta toda la película.

La serie tendencia-ciclo está diseñada precisamente para eliminar movimientos bruscos de corto plazo y mostrar hacia dónde se mueve la economía estructuralmente. Por eso cambia mucho más lentamente que la serie desestacionalizada. Puede seguir mostrando una pendiente positiva mientras, simultáneamente, los datos más recientes registran retrocesos significativos.

La discusión, entonces, no consiste en determinar si Caputo está utilizando un indicador inventado. No lo está.

El problema es **qué indicador decide enfatizar**.

Si se mira la tendencia-ciclo, julio mostró un modesto crecimiento del 0,2%. Si se observa el nivel de actividad efectivo corregido por estacionalidad, la economía cayó 2,9% en un solo mes. Si se observa el PBI trimestral, cayó 0,6%. Si se analiza la industria, cayó 5% mensual. Y si se mira la construcción, cayó 4,6%.

Es decir: existen razones para no declarar automáticamente que Argentina ingresó en una recesión prolongada, pero también existen razones suficientes para hablar de una **desaceleración importante y de sectores productivos que atraviesan una contracción concreta**.

La diferencia no es semántica.

Es política.

Durante buena parte de los últimos dos años, el Gobierno utilizó cualquier dato positivo como confirmación de que el programa económico funcionaba. Cuando ahora aparecen datos negativos, la explicación empieza a desplazarse hacia la volatilidad estadística, los shocks internacionales y la incertidumbre electoral.

Ahí aparece la primera contradicción.

Si la economía crecía por las virtudes del programa, resulta difícil explicar que cuando deja de crecer al mismo ritmo la responsabilidad pase fundamentalmente al contexto.

## El riesgo país no mira solamente al kirchnerismo

La explicación de Caputo sobre el riesgo país merece todavía más atención.

El ministro destacó correctamente que el indicador llegó a ubicarse cerca de los 2500 puntos durante el inicio del gobierno de Milei y posteriormente cayó hacia la zona de los 400. Esa baja fue importante y reflejó una mejora significativa en la percepción financiera sobre la Argentina.

Pero ese proceso comenzó a revertirse.

A fines de septiembre, el riesgo país volvió a superar los **600 puntos básicos**, su nivel más alto desde comienzos de mayo. El viernes 2 de octubre terminó alrededor de los **650 puntos**, después de una nueva caída de los bonos argentinos.

Caputo sostiene que el “riesgo electoral” explica parte del movimiento y contó que inversores con los que habló en Nueva York le preguntaron por una eventual vuelta del kirchnerismo. Es perfectamente posible que esa preocupación exista. Los inversores financieros no analizan únicamente balances: también evalúan continuidad política, probabilidades de reformas y sustentabilidad futura de las decisiones económicas.

Pero reducir la señal del mercado a esa preocupación sería demasiado cómodo.

Los análisis privados que siguieron la reciente suba del riesgo país identificaron también cuestiones específicamente económicas: **menor acumulación de reservas, dudas sobre la disponibilidad futura de dólares, vencimientos importantes durante 2027 y dificultades para recuperar el acceso al financiamiento internacional**. Durante septiembre, por ejemplo, el BCRA redujo fuertemente el ritmo de compra de reservas: pasó de un promedio diario de US$137 millones entre abril y junio y US$38 millones en agosto a apenas US$14 millones diarios.

Y hay otra contradicción evidente.

Si la Argentina realmente hubiera recuperado la confianza financiera que el Gobierno describe, un riesgo país de 600 o 650 puntos seguiría siendo difícil de explicar.

Para un país que necesita refinanciar vencimientos importantes durante 2027, semejante spread continúa siendo demasiado elevado para regresar al mercado internacional en condiciones normales. De hecho, el propio Caputo viene admitiendo ante inversores que Argentina necesita una compresión adicional del riesgo para poder emitir nueva deuda en dólares el año próximo.

Dicho de otra forma: el Gobierno celebra haber bajado desde 2500 hasta 600 puntos, y tiene motivos para hacerlo. Pero el mercado tampoco está diciendo que Argentina ya es un país normal.

Está diciendo algo bastante más ambiguo.

Reconoce una mejora fiscal, una reducción importante de la inflación y mayor estabilidad macroeconómica, pero todavía exige una prima extraordinariamente alta para prestarle dinero al Estado argentino.

Ese matiz desaparece cuando toda la discusión queda reducida a si los inversores tienen miedo de que vuelva Cristina Kirchner, el peronismo o cualquier otra fuerza opositora.

## El problema que Caputo todavía no resolvió

Sería igualmente incorrecto ignorar los logros del programa.

La inflación bajó de manera significativa. El Gobierno consiguió pasar del déficit al superávit fiscal. El Banco Central acumuló reservas durante buena parte de 2026 y algunos sectores vinculados con energía, minería y agro muestran perspectivas de inversión importantes. Incluso el FMI reconoció esta semana los avances argentinos en materia de estabilidad macroeconómica, disciplina fiscal y fortalecimiento de la posición externa.

Pero el propio Fondo hizo una observación que ayuda a entender el problema central: **el crecimiento necesita expandirse hacia más sectores de la economía**, porque hasta ahora estuvo especialmente concentrado en energía, minería y agricultura.

Ahí está probablemente la discusión que el Gobierno debería estar dando.

No si la economía técnicamente entró o no en una recesión por dos décimas.

No si los inversores de Nueva York tienen miedo de que vuelva el kirchnerismo.

No si la tendencia-ciclo permite encontrar todavía una línea ligeramente positiva.

La pregunta importante es **por qué, después de casi tres años de Gobierno, la estabilización todavía no consiguió transformarse en un proceso de crecimiento suficientemente amplio como para sentirse simultáneamente en industria, construcción, consumo, empleo y salarios**.

Caputo apuesta a que la respuesta llegará.

Dice que agosto y septiembre parecen mejores, que los créditos hipotecarios impulsarán la construcción, que las concesiones viales generarán actividad y que las inversiones anunciadas durante estos años comenzarán progresivamente a materializarse. También sostiene que el salario real está recuperándose y que una nueva expansión del crédito puede convertirse en motor de crecimiento.

Puede ocurrir.

Pero esa es una promesa hacia adelante.

Los datos disponibles hoy cuentan otra cosa: una economía que después del rebote inicial perdió velocidad; un PBI que cayó en el último trimestre medido; una actividad mensual que sufrió un retroceso fuerte en julio; industria y construcción con números negativos; menor ritmo de acumulación de reservas y un riesgo país que, después de acercarse a los 400 puntos, volvió hasta la zona de 650.

Por eso la explicación política de Caputo puede ser cierta y, al mismo tiempo, insuficiente.

Claro que las elecciones generan incertidumbre.

Claro que una eventual modificación radical del programa económico preocupa a determinados inversores.

Claro que las tasas estadounidenses y el petróleo afectan a la Argentina.

Pero gobernar también significa conseguir que la economía sea lo suficientemente sólida como para resistir esos factores.

Si cada vez que aparece una turbulencia internacional Argentina vuelve a frenar, si cada elección vuelve a disparar el riesgo país y si la posibilidad de refinanciar la deuda depende permanentemente de que el escenario político sea exactamente el que desea el mercado, entonces el problema no puede explicarse únicamente por quienes podrían llegar después.

**También hay que mirar lo que está ocurriendo ahora.**

Y quizás ese sea el dato más significativo de las declaraciones de Caputo.

Por primera vez en bastante tiempo, el ministro ya no está discutiendo solamente cuánto va a crecer la Argentina.

Está explicando **por qué está creciendo menos**.

Ese cambio discursivo puede parecer pequeño, pero dice bastante sobre el momento económico que atraviesa el Gobierno: la estabilización todavía existe, pero el desafío dejó de ser convencer de que el ajuste funcionó.

Ahora tiene que demostrar algo mucho más difícil: **que después del orden fiscal y la baja de la inflación existe una economía capaz de crecer sin necesitar permanentemente una explicación para justificar por qué volvió a frenarse.**

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