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title: "Milei llevó la campaña a París: la Argentina Week y el comienzo del relato electoral de 2027"
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description: "Javier Milei viajó a Francia para promocionar inversiones y consiguió mostrar activos concretos de la economía argentina, desde Vaca Muerta hasta la minería, acompañado por empresarios y trece gobernadores. Sin embargo, sus intervenciones públicas dejaron una señal política difícil de ignorar: el Presidente comenzó a vincular explícitamente su reelección con la llegada de capitales, la caída del riesgo país, la continuidad de las reformas y una promesa extraordinaria para 2028. La gira económica terminó ofreciendo, al mismo tiempo, un anticipo bastante preciso de la narrativa con la que el oficialismo parece dispuesto a discutir las presidenciales del próximo año."
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date_published: "2026-10-03T14:48:00-03:00"
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  - "Argentina Week"
  - "Francia"
  - "Milei"
author_name: "Alejandro Cabrera"
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category_name: "Política"
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category_description: "Novedades de la Política Argentina y sus principales actores en las esferas del poder. Casa Rosada y Congreso."
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# Milei llevó la campaña a París: la Argentina Week y el comienzo del relato electoral de 2027

La Argentina Week de París tenía un objetivo institucional claro y legítimo: vender oportunidades de inversión en un país que necesita desesperadamente capital, infraestructura, dólares y acceso al financiamiento internacional. Milei viajó acompañado por buena parte del equipo económico, mantuvo una reunión bilateral con Emmanuel Macron, reunió a trece gobernadores de diferentes signos políticos y presentó frente a empresarios europeos las posibilidades de sectores como energía, minería, agroindustria e infraestructura. En ese escenario apareció además un anuncio importante de TotalEnergies, cuyo CEO informó planes de inversión por unos US$10.000 millones en la Argentina, destinados principalmente a proyectos energéticos y a incrementar la producción de gas en Neuquén y Tierra del Fuego. Reducir todo ese movimiento a una gira electoral sería desconocer una parte relevante de lo que efectivamente ocurrió.

Pero tampoco sería razonable escuchar los discursos presidenciales y actuar como si la elección de 2027 hubiese quedado en Buenos Aires. Milei llevó la campaña consigo y lo hizo de una manera bastante más sofisticada que mediante una simple consigna partidaria: incorporó su propia continuidad al argumento económico con el que intenta convencer a inversores internacionales. Frente a empresarios en París afirmó que, si su Gobierno es reelegido, 2028 será el mejor año económico de la historia argentina, sostuvo que las inversiones en energía, minería y agroindustria se acelerarían y aseguró que ese proceso terminaría impactando sobre los salarios. Una semana antes había utilizado prácticamente la misma formulación frente al Economic Club de Nueva York, lo que permite observar que no se trató de una improvisación parisina sino de una idea que ya forma parte central de su discurso internacional.

Ahí aparece el aspecto políticamente más interesante del viaje. Milei no se limitó a decirles a los empresarios que la Argentina ofrece buenas oportunidades de inversión; construyó una relación causal entre esas oportunidades y su permanencia en el poder. Según la secuencia que presentó, una reelección permitiría profundizar las reformas, conseguir una composición parlamentaria mucho más favorable, reducir el riesgo político, acelerar las inversiones y alcanzar finalmente el grado de inversión. De esa manera, una exposición que formalmente estaba destinada a presentar el potencial económico argentino terminó transformándose también en una argumentación sobre por qué, desde su perspectiva, ese potencial depende de la continuidad del oficialismo después de diciembre de 2027.

## De la estabilización a la promesa: ahora el mejor año siempre está por venir

Durante los primeros años de su Gobierno, Milei construyó buena parte de su legitimidad económica alrededor de resultados que podían presentarse como inmediatos: la eliminación del déficit fiscal, la caída de la inflación respecto de los niveles heredados, el cierre del déficit cuasifiscal, la desregulación y la recuperación inicial de algunos indicadores financieros. En París, sin embargo, apareció con mayor claridad una segunda etapa discursiva, porque el oficialismo ya no puede limitarse a explicar lo que hizo durante los primeros tres años; necesita convencer de que aquello que todavía no ocurrió ocurrirá después de las elecciones.

Esa modificación resulta especialmente visible en la promesa de 2028. Milei no eligió 2026, el año en el que se encuentra su administración, ni siquiera 2027, cuando la sociedad deberá votar nuevamente, sino el primer año completo de un eventual segundo mandato. La construcción política tiene lógica: permite transformar los costos y las dificultades actuales en una etapa de transición, mientras desplaza hacia adelante el momento en que debería observarse plenamente el resultado de las reformas. El mensaje deja de ser solamente “el ajuste era necesario” y pasa a convertirse en algo más ambicioso: el sacrificio ya fue realizado, las bases están construidas y ahora sería necesario garantizar continuidad política para recibir los beneficios.

Por eso también resulta significativo que Milei haya pedido “paciencia” durante su participación, desde París, en el Coloquio de IDEA. Allí sostuvo que los procesos de crecimiento no son instantáneos y volvió a presentar las elecciones de 2027 como una elección entre dos caminos opuestos, definidos por él como prosperidad y decadencia. Esa apelación a esperar tiene una función económica, porque efectivamente inversiones mineras, energéticas o de infraestructura requieren años antes de comenzar a producir plenamente, pero al mismo tiempo tiene una consecuencia electoral evidente: el Gobierno necesita que una parte de la sociedad evalúe su desempeño no solamente por lo que está ocurriendo ahora, sino también por aquello que promete que ocurrirá si continúa gobernando.

La dificultad para el oficialismo es que esa paciencia deberá convivir con indicadores que muestran una economía bastante menos lineal que la descripción presidencial. El PBI creció 2% interanual durante el segundo trimestre de 2026, pero cayó 0,6% frente al trimestre anterior en la medición desestacionalizada; el EMAE de julio retrocedió 2,9% frente a junio y 1,4% interanual; la desocupación se ubicó en 7,9% durante el segundo trimestre y la pobreza alcanzó al 32,3% de las personas durante el primer semestre. Al mismo tiempo, existen resultados positivos que también forman parte de la fotografía, como una inflación mensual de 1,7% en agosto y un fuerte crecimiento de las exportaciones durante buena parte del año. El problema político para Milei no consiste entonces en la ausencia total de resultados, sino en conseguir que la estabilización macroeconómica se transforme en una mejora suficientemente extendida como para que la promesa del futuro resulte tangible antes de que llegue la elección.

## La elección convertida en una variable económica

Milei fue incluso más lejos durante su exposición en París al proyectar qué ocurriría en el Congreso si repitiera en 2027 el resultado electoral que obtuvo anteriormente. Señaló que semejante desempeño podría darle el control de Diputados y dejarlo muy cerca de una mayoría en el Senado, y utilizó ese escenario para pedir a los empresarios que imaginaran la velocidad de las reformas con un Congreso mucho más favorable. El planteo permite comprender que la campaña que empieza a insinuarse no estará concentrada únicamente en defender el balance del primer mandato; una parte fundamental consistirá en ofrecer un segundo Gobierno como la instancia en la que el programa libertario podría desplegarse sin las restricciones legislativas de los primeros años.

Hay una diferencia importante respecto de otras campañas oficialistas argentinas. Milei asegura que no pretende mejorar artificialmente los ingresos o incrementar el gasto para llegar mejor posicionado a las urnas y utilizó específicamente la expresión “Plan Platita” para rechazar ese camino. Su propuesta electoral, al menos en el plano discursivo, consiste en mantener la ortodoxia fiscal y convencer a la sociedad de que abandonar el programa cuando empiezan a madurar las inversiones sería cometer un error. Esa posición puede ser consistente con las ideas económicas que viene defendiendo desde antes de llegar al poder, pero no significa que el Gobierno haya dejado de hacer campaña; significa que está intentando hacer campaña precisamente con la promesa de no modificar su política económica para ganar votos.

Esa construcción tiene además una herramienta muy poderosa: convertir la propia elección en un factor de riesgo económico. En las intervenciones de Milei y de Luis Caputo aparece repetidamente la idea de que la incertidumbre sobre 2027 condiciona las decisiones de los inversores y afecta variables como el riesgo país. La preocupación electoral de los mercados existe y ningún análisis serio debería negarla, pero allí también aparece una zona políticamente conveniente para el oficialismo, porque permite presentar parte de las dificultades económicas actuales como consecuencia de una duda acerca de la continuidad futura del programa.

El razonamiento puede terminar construyendo una especie de circuito cerrado: si el riesgo país baja, se presenta como una validación del programa; si sube, una parte de la explicación puede atribuirse al temor de los inversores frente a un eventual cambio político. El problema es que los mercados no observan solamente elecciones, sino también reservas, actividad, vencimientos, acceso al crédito, capacidad de pago y consistencia macroeconómica. Por eso sería demasiado sencillo convertir cualquier tensión financiera en una encuesta indirecta sobre Milei, de la misma manera que sería incorrecto desconocer que la posibilidad de un giro profundo de política económica después de 2027 también influye sobre las expectativas de inversión.

## Los gobernadores y la imagen de una Argentina que Milei quiere mostrar

La presencia de trece gobernadores agregó otra capa política importante. Rolando Figueroa, Ignacio Torres, Alberto Weretilneck, Alfredo Cornejo, Rogelio Frigerio, Gustavo Sáenz, Juan Pablo Valdés, Leandro Zdero, Carlos Sadir, Claudio Vidal, Marcelo Orrego, Raúl Jalil y Jorge Macri acompañaron la delegación, junto con la vicegobernadora cordobesa Myrian Prunotto. Milei utilizó esa fotografía para argumentar que cuestiones como el equilibrio fiscal, la apertura económica y la explotación de recursos naturales empiezan a construir consensos que atraviesan partidos políticos.

La escena tiene una explicación económica concreta, porque los principales recursos que el Gobierno quiere promocionar están justamente en las provincias. Vaca Muerta atraviesa Neuquén y Río Negro, la producción petrolera tiene peso determinante en Chubut y Santa Cruz, el litio se concentra en provincias del norte y las mayores posibilidades de expansión del cobre aparecen en territorios como San Juan y Mendoza. Si Argentina quiere atraer decenas de miles de millones de dólares hacia esos sectores, los gobernadores inevitablemente forman parte de la conversación.

Sin embargo, la fotografía también le sirve al Presidente para construir una imagen doméstica más amplia que la de un gobierno encerrado dentro de La Libertad Avanza. Que un gobernador participe de una misión comercial no significa que vaya a respaldar electoralmente a Milei, y sería incorrecto interpretar automáticamente una relación institucional como una alianza política, pero al oficialismo le resulta útil mostrar que dirigentes de procedencias diferentes comparten determinadas prioridades productivas mientras el Presidente intenta instalar que su modelo dejó de pertenecer exclusivamente a una fuerza partidaria. El propio Milei destacó durante el discurso la presencia de mandatarios provinciales que colaboraron legislativamente con algunas reformas y presentó ese acompañamiento como una señal de un consenso económico más amplio.

## Una campaña construida entre la promesa y el miedo al regreso

La otra mitad del discurso electoral empieza a resultar igualmente visible. Milei no propone solamente un futuro de inversiones, crecimiento y mayor peso parlamentario en caso de conseguir un segundo mandato, sino que presenta la alternativa política como un regreso al pasado. En París volvió a asociar al kirchnerismo con las políticas económicas que considera responsables de la decadencia argentina, mientras que en Nueva York había utilizado un lenguaje todavía más explícito al referirse al “riesgo kuka” frente a los inversores.

La estructura del relato es sencilla y electoralmente reconocible: de un lado aparecen el equilibrio fiscal, las inversiones, Vaca Muerta, la minería, el crecimiento futuro y la posibilidad de alcanzar el grado de inversión; del otro, el riesgo de interrumpir el programa y regresar a políticas que el Gobierno identifica con el kirchnerismo. Eso no significa que los votantes estén obligados a aceptar esa dicotomía ni que solamente existan esas dos alternativas económicas, pero sí permite entender cómo Milei intenta ordenar la discusión política alrededor de una polarización que le resulta funcional: no discutir únicamente si la situación presente es buena o mala, sino si conviene continuar un proceso que, según promete, todavía no mostró sus mayores beneficios.

Ahí probablemente estuvo el contenido electoral más profundo de la Argentina Week. Milei sabe que discutir solamente el presente puede resultar insuficiente en una economía donde conviven estabilidad de precios, equilibrio fiscal y grandes inversiones con sectores productivos debilitados, una pobreza todavía elevada y una actividad que perdió velocidad. Por eso necesita convertir la elección de 2027 en una decisión sobre el futuro más que en un plebiscito lineal sobre el bolsillo de 2026.

La gira de París mostró con bastante claridad esa transición. El Presidente ya no utiliza solamente los logros alcanzados como argumento de legitimidad, sino que empieza a pedir un segundo mandato para completar aquello que considera inconcluso. La estabilidad sería apenas el primer capítulo, las inversiones constituirían el segundo y la prosperidad prometida aparecería después de la reelección, cuando un Congreso más favorable permitiría profundizar las reformas y reducir todavía más el riesgo argentino.

Ese es probablemente el verdadero desafío político detrás de todos los anuncios realizados en Francia. Los US$10.000 millones de TotalEnergies, el desarrollo del gas, las posibilidades del cobre o el litio y la eventual expansión de las exportaciones constituyen oportunidades económicas reales, pero la velocidad con la que esas inversiones pueden convertirse en empleo, consumo, mejores ingresos y bienestar cotidiano será determinante para la discusión electoral. Un gobierno puede pedir paciencia mientras construye infraestructura o espera que maduren proyectos de largo plazo, pero las elecciones tienen fechas concretas y los votantes evalúan también el presente.

Por eso Milei volvió de la Argentina Week habiendo conseguido algo más que fotografías con empresarios europeos y anuncios vinculados a la energía. También dejó bastante definido el argumento que pretende instalar durante el próximo año: **la primera etapa consistió en evitar una crisis y ordenar la macroeconomía; la segunda necesita continuidad política para que las inversiones y las reformas produzcan el crecimiento prometido**. Frente a esa narrativa, la discusión hacia 2027 probablemente no pase solamente por determinar cuánto logró reducir la inflación o cuántas empresas anunciaron inversiones, sino por algo mucho más difícil de controlar desde un escenario internacional: cuánto de esa transformación comienza efectivamente a sentirse en la vida cotidiana antes de que los argentinos vuelvan a votar.

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