
Economía en tensión: actividad que se enfría, inflación persistente y presión social en la Argentina 2026
Alejandro Cabrera
Actividad económica: señales de enfriamiento
El último dato disponible del Estimador Mensual de Actividad Económica difundido por el INDEC mostró una caída interanual del 0,3% en noviembre de 2025 y una contracción similar en la medición mensual desestacionalizada. El acumulado anual todavía conserva crecimiento positivo, pero el cierre del año evidenció una pérdida de dinamismo.
El número no es menor. La actividad económica funciona como síntesis de múltiples sectores: industria, comercio, construcción, servicios y agro. Cuando el indicador comienza a mostrar variaciones negativas, la señal se transmite rápidamente al empleo y al consumo.
Durante buena parte de 2025 el Gobierno sostuvo que el rebote era consistente y que la economía comenzaba a estabilizarse tras el shock inicial de ajuste. Sin embargo, los últimos registros sugieren que el ritmo perdió fuerza. La combinación de tasas reales altas, retracción del crédito y caída del poder adquisitivo impacta en la demanda interna.
La pregunta que sobrevuela el escenario es si se trata de una pausa técnica dentro de un proceso de normalización o del inicio de una nueva etapa de estancamiento.
Inflación: desaceleración con límites sociales
El índice de precios al consumidor marcó en enero de 2026 una suba del 2,9% mensual y 32,4% interanual. En términos técnicos, el número confirma que el proceso de desaceleración iniciado meses atrás continúa.
Pero el dato más relevante está en la composición: alimentos y bebidas no alcohólicas registraron aumentos superiores al promedio general. Esto implica que el rubro con mayor impacto en los sectores de ingresos bajos y medios volvió a moverse por encima del índice global.
La inflación dejó atrás los registros de tres dígitos, pero todavía no logró perforar niveles que permitan recuperar poder adquisitivo con rapidez. La nominalidad sigue siendo elevada para una economía que busca estabilizar expectativas.
La tensión radica en que una inflación mensual cercana al 3% anualizada supera cómodamente el 40%. El desafío no es solo bajar el índice, sino sostenerlo en niveles compatibles con crecimiento y recomposición salarial.
Canastas básicas: el termómetro social
Las canastas básicas alimentaria y total mostraron incrementos significativos en el último registro. La canasta alimentaria, que marca el umbral de indigencia, subió 5,8% en enero. La canasta total, que determina la línea de pobreza, avanzó 3,9%.
Para una familia tipo de cuatro integrantes, los valores superan ampliamente el millón de pesos en el caso de la canasta total. Este dato es central porque define cuántos hogares quedan por debajo del umbral de pobreza.
La aceleración en alimentos respecto del promedio general genera un efecto regresivo. Aunque la inflación global desacelere, si los productos básicos aumentan más rápido, la presión sobre los ingresos vulnerables se intensifica.
La distancia entre salarios formales, ingresos informales y el valor de la canasta sigue siendo una de las principales variables de observación para analistas económicos y sociales.
Pobreza: estabilidad relativa con fragilidad estructural
La última medición oficial ubicó la pobreza en 31,6% de las personas durante el primer semestre de 2025. Aunque representa una mejora respecto de picos anteriores, el número continúa siendo alto en términos históricos.
El dato debe leerse en conjunto con la evolución de las canastas. Si los ingresos no acompañan el ritmo de precios básicos, el riesgo de deterioro social persiste.
El mercado laboral muestra tasas de desocupación relativamente moderadas, pero con alta informalidad y empleo precario. Esto significa que muchos hogares dependen de ingresos inestables y sensibles a cualquier desaceleración económica.
La economía argentina convive así con una paradoja: indicadores macro que buscan estabilizarse y un entramado social que todavía no consolida recuperación.
Riesgo país: la mirada de los mercados
El riesgo país se ubica en torno a los 500 puntos básicos. Si bien está lejos de los niveles extremos observados en momentos de crisis aguda, continúa reflejando que la Argentina paga una prima significativa para acceder a financiamiento.
El indicador sintetiza la percepción de solvencia y estabilidad. Cuando el riesgo país permanece elevado, el crédito externo resulta más costoso y la posibilidad de financiar déficit o inversiones se vuelve limitada.
Los mercados observan con atención el cumplimiento de metas fiscales, la acumulación de reservas y la consistencia del programa económico. Cualquier señal de desviación impacta rápidamente en la curva de bonos y en el indicador.
Reservas y tipo de cambio
Las reservas internacionales del Banco Central de la República Argentina se ubican en torno a los 45 mil millones de dólares en términos brutos. Sin embargo, el análisis fino distingue entre reservas brutas y netas, lo que introduce matices sobre la verdadera capacidad de intervención.
El tipo de cambio oficial mayorista se mueve cerca de los 1.395 pesos por dólar, mientras que el minorista supera levemente esa cifra. La estabilidad cambiaria ha sido uno de los pilares de la estrategia oficial para contener la inflación.
No obstante, la sostenibilidad depende del ingreso de divisas por exportaciones, financiamiento o inversiones. Cualquier tensión externa puede trasladarse rápidamente al mercado cambiario.
El equilibrio fiscal y el ajuste
El Gobierno sostiene que el ordenamiento fiscal es la base de la estabilización. El superávit primario alcanzado en meses recientes fue presentado como señal de disciplina y compromiso con la reducción del déficit.
Sin embargo, el ajuste del gasto tuvo impacto directo en obra pública, transferencias y programas sociales. El equilibrio macro convive con tensiones microeconómicas.
La clave será determinar si el sendero fiscal puede sostenerse sin profundizar la desaceleración económica.
Mercado laboral y poder adquisitivo
La tasa de desempleo se mantiene en niveles moderados, pero el salario real todavía no recupera completamente la pérdida acumulada en años anteriores.
El empleo formal muestra cierta estabilidad, aunque el crecimiento es heterogéneo según sector. La construcción y la industria sienten el freno de la actividad, mientras que algunos servicios mantienen dinamismo.
El consumo masivo refleja prudencia. Las familias priorizan alimentos y bienes esenciales, postergando gastos durables.
Una economía en transición
La Argentina atraviesa una etapa de transición económica. La inflación desacelera, pero no lo suficiente para aliviar plenamente la presión social. La actividad creció en parte del año, pero los últimos datos insinúan enfriamiento. El riesgo país bajó respecto de crisis anteriores, aunque sigue alto para estándares regionales.
El desafío es consolidar estabilidad sin sacrificar crecimiento. El equilibrio entre ajuste y expansión será determinante en los próximos meses.
La evolución de la inflación, el comportamiento de las canastas básicas y el desempeño de la actividad definirán si la economía logra encadenar una recuperación sostenida o si se instala en una meseta prolongada.
La Argentina sigue caminando por una cornisa fina entre estabilización macro y fragilidad social.


El Banco Central volvió a comprar dólares y las reservas muestran una recuperación en 2026




Burford duda en ir a la Corte de EE.UU.: el giro del caso YPF abre un nuevo escenario


Una diputada libertaria habló de “Checoslovaquia” y desató polémica

Trump destituyó a Pam Bondi y reconfigura el poder en el Departamento de Justicia

Artemis II rompe un récord en órbita y marca un nuevo paso en el regreso humano a la Luna


