Cuba al límite: apagones, escasez y el temor a un nuevo “Periodo Especial”

La isla atraviesa en 2026 una de las crisis más profundas desde la caída de la Unión Soviética. La falta de combustible, los apagones prolongados, la escasez de alimentos y medicamentos y la presión internacional reavivaron en la memoria colectiva el fantasma del “Periodo Especial” de los años noventa.
15 de febrero de 2026Alejandro CabreraAlejandro Cabrera
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Energía en emergencia: la raíz del colapso


La crisis actual tiene un núcleo claro: el combustible. Cuba depende históricamente de importaciones de petróleo para sostener su sistema eléctrico, el transporte y buena parte de su actividad productiva. La reducción drástica en los envíos de crudo desde Venezuela y la retracción de otros socios dejó al país en una situación crítica.

Las centrales termoeléctricas, muchas de ellas obsoletas y con mantenimiento diferido, funcionan al límite. Los apagones se extienden durante horas en diferentes provincias y, en algunos casos, superan la mitad del día. La planificación eléctrica pasó de ser un esquema de distribución a una administración de escasez.

La falta de combustible impacta también en el transporte público. Ómnibus interurbanos reducidos, trenes con frecuencia limitada y escasez de gasolina en estaciones de servicio se volvieron parte del paisaje cotidiano. Las largas filas para cargar combustible recuerdan escenas que parecían superadas.

El turismo, uno de los pilares económicos de la isla, también sufre. La reducción de vuelos y la incertidumbre energética afectan la llegada de visitantes, lo que reduce el ingreso de divisas en un momento clave.

El gobierno implementó esquemas de racionamiento más estrictos. Se priorizan hospitales, servicios básicos y algunas industrias estratégicas, mientras el resto del país opera bajo cronogramas de corte programado.

La vulnerabilidad energética expone una fragilidad estructural: la falta de diversificación de la matriz y la dependencia externa siguen siendo un talón de Aquiles del modelo económico cubano.

Escasez, inflación y deterioro social


La crisis energética se traslada directamente al abastecimiento. Sin electricidad estable ni combustible suficiente, la cadena de distribución de alimentos se vuelve irregular. Productos básicos desaparecen de góndolas o aparecen a precios inaccesibles para buena parte de la población.

La inflación golpea con fuerza, especialmente en mercados informales y tiendas en moneda extranjera. La brecha entre ingresos estatales y precios reales se amplía. Muchos salarios no alcanzan para cubrir necesidades esenciales.

Los medicamentos escasean. El sistema de salud, históricamente uno de los símbolos del Estado cubano, enfrenta dificultades para garantizar insumos básicos. Hospitales con equipamiento limitado y farmacias desabastecidas son parte del cuadro actual.

La migración continúa como válvula de escape. Miles de cubanos buscan salir del país ante la falta de perspectivas económicas. La salida de población joven y capacitada profundiza el desgaste interno.

Las protestas, aunque contenidas, reaparecen de manera intermitente. Reclamos por electricidad, comida y mejores condiciones de vida surgen en distintas localidades. El malestar social crece en silencio y en redes sociales, donde la población expresa frustración y agotamiento.

El recuerdo del “Periodo Especial” vuelve con fuerza en el discurso popular. En los años noventa, la caída de la Unión Soviética dejó a Cuba sin su principal sostén económico. Hoy, aunque el contexto geopolítico es diferente, la sensación de retroceso se instala nuevamente.

Presión externa y aislamiento


El contexto internacional agrava el panorama. La política de sanciones de Estados Unidos se mantiene firme y, en algunos aspectos, se endurece. Las restricciones financieras y energéticas dificultan que terceros países comercien con la isla sin exponerse a penalidades.

Alianzas tradicionales muestran signos de desgaste. Venezuela enfrenta sus propios problemas internos y ya no puede sostener el flujo de petróleo de otros tiempos. México y otros países latinoamericanos brindan ayuda humanitaria, pero el respaldo energético es limitado.

Rusia y China mantienen vínculos diplomáticos, pero su apoyo económico no alcanza para compensar el vacío energético. La isla queda atrapada entre su necesidad de apertura económica y la persistencia de tensiones geopolíticas.

El gobierno cubano denuncia un “cerco económico” que asfixia la capacidad de recuperación. Desde el exterior, analistas sostienen que la crisis también responde a limitaciones estructurales del modelo productivo interno.

Reformas pendientes y dilemas políticos


En los últimos años, Cuba avanzó en algunas reformas parciales: apertura a pequeñas y medianas empresas privadas, flexibilización de ciertas actividades comerciales y ajustes en el sistema cambiario. Sin embargo, el ritmo de transformación resulta insuficiente frente a la magnitud del deterioro.

El Estado mantiene un fuerte control sobre sectores estratégicos, pero la capacidad de sostener subsidios y garantizar abastecimiento se debilita. La dualidad monetaria dejó secuelas y la unificación cambiaria no logró estabilizar completamente el sistema.

El liderazgo encabezado por Miguel Díaz-Canel enfrenta un equilibrio complejo: mantener cohesión política interna mientras administra una crisis económica severa.

El riesgo no es solo económico. Es social. Cuando la electricidad falla, la comida escasea y los salarios pierden valor, la legitimidad del modelo se pone a prueba.

¿Un nuevo Periodo Especial?


La comparación con los años noventa no es retórica. En aquel momento, el PBI cayó abruptamente, el transporte se paralizó y la población enfrentó severas restricciones alimentarias. Hoy, aunque el mundo es diferente y la isla cuenta con mayor conectividad y redes sociales, la sensación de precariedad revive aquellos años.

La diferencia clave es que ahora el contexto global es más competitivo y menos dispuesto a sostener economías cerradas. La integración internacional es más exigente y la competencia por inversiones más intensa.

Cuba se encuentra en una encrucijada histórica. Sin combustible suficiente, con escasez persistente y presión externa, el margen para evitar un deterioro mayor es reducido.

La evolución de la crisis dependerá de varios factores: capacidad de conseguir suministros energéticos, eventuales acuerdos internacionales, reformas internas y estabilidad política.

Por ahora, la isla navega una tormenta que combina memoria histórica y desafíos contemporáneos. La pregunta que resuena en La Habana y en las provincias es si se trata de una fase transitoria o del inicio de un ciclo prolongado de contracción.

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