Brasil llega al domingo partido al medio: Lula y Flávio Bolsonaro empatan 50-50 y crece la tensión por el resultado

Brasil elegirá presidente este domingo 25 de octubre en una de las elecciones más ajustadas de su historia reciente. El último Datafolha coloca a Luiz Inácio Lula da Silva y Flávio Bolsonaro exactamente empatados con 50% de los votos válidos, mientras otros estudios mantienen ventajas mínimas para el candidato del Partido Liberal. 
Mundo23 de octubre de 2026Alejandro CabreraAlejandro Cabrera

Brasil llega a las últimas horas de la campaña presidencial sin un candidato que haya conseguido despegarse claramente del otro. Después de semanas en las que Flávio Bolsonaro mantuvo una pequeña ventaja en buena parte de los sondeos, Lula recuperó terreno y el último Datafolha produjo la fotografía más extrema de esa convergencia: 50% para cada uno entre los votos válidos.

En votos totales, Flávio aparece con 47% y Lula con 46%, mientras 5% declara que votará en blanco o anulará su voto y solamente 2% permanece indeciso. La diferencia está completamente dentro del margen de error de dos puntos porcentuales.

Otros institutos ofrecen resultados ligeramente diferentes, pero describen básicamente la misma elección. RealTime Big Data coloca a Flávio con 52% de los votos válidos frente a 48% de Lula; PoderData lo ubica 51% a 49%; Quaest registra 50,56% contra 49,44%; e Ipespe también muestra una diferencia mínima, de 50,5% a 49,5%.

Las cifras varían, pero todas conducen a una misma conclusión descriptiva: Brasil llega al domingo con una elección extraordinariamente competitiva.

Las claves

  • Brasil celebra este domingo 25 de octubre la segunda vuelta presidencial.

  • El último Datafolha coloca a Flávio Bolsonaro y Lula empatados con 50% de los votos válidos.

  • En votos totales, Flávio registra 47%, Lula 46%, los blancos y nulos 5% y los indecisos apenas 2%.

  • RealTime Big Data muestra 52%-48% para Flávio; PoderData, 51%-49%; Quaest, 50,56%-49,44%; e Ipespe, 50,5%-49,5%.

  • Flávio había ganado la primera vuelta con 47,03% de los votos válidos, frente al 45,16% de Lula.

  • La abstención superó los 33 millones de personas, un universo mucho mayor que la diferencia entre ambos candidatos.

  • Lula obtiene sus mejores resultados entre mujeres, católicos, votantes de bajos ingresos, electores negros y el Nordeste.

  • Flávio Bolsonaro presenta ventajas especialmente amplias entre hombres, evangélicos, sectores de mayores ingresos y en el Sur, Sudeste y Centro-Oeste/Norte.

  • El rechazo también está prácticamente empatado: alrededor de 46% dice que no votaría por Flávio y 45% rechaza a Lula.

  • Diplomáticos extranjeros en Brasilia discuten una respuesta coordinada para reconocer rápidamente al vencedor oficial y evitar proclamaciones prematuras desde otros países.

  • El foco diplomático está particularmente puesto en posibles intervenciones de Donald Trump o Javier Milei antes de que la Justicia Electoral brasileña complete la proclamación del resultado.

  • El sábado se publicará una última medición de Datafolha antes de la votación.

El 51-49 que se convirtió en 50-50

Una semana atrás, Datafolha mostraba a Flávio Bolsonaro con 51% de los votos válidos y Lula con 49%.

La nueva medición elimina incluso esa pequeña diferencia.

Ambos llegan ahora al 50% exacto, después de una campaña en la que el presidente brasileño consiguió recuperar parte del terreno perdido tras su segundo puesto en la primera vuelta.

El estudio fue realizado presencialmente entre 2.520 electores distribuidos en 154 municipios y posee un margen de error de dos puntos porcentuales.

El movimiento no significa que Lula haya pasado a liderar ni que Flávio haya perdido necesariamente su ventaja real. Las diferencias son demasiado pequeñas para establecerlo estadísticamente.

Lo que sí permite afirmar es que la ventaja que el candidato bolsonarista había conseguido después del primer turno se redujo durante las últimas dos semanas.

Pero no todos los sondeos muestran exactamente lo mismo

Mirar solamente Datafolha tampoco alcanza para describir correctamente la elección.

RealTime Big Data difundió este viernes una medición que coloca a Flávio Bolsonaro con 52% de los votos válidos frente al 48% de Lula.

PoderData registra una diferencia menor, 51% a 49%.

Quaest muestra 50,56% frente a 49,44%.

Ipespe, 50,5% contra 49,5%.

La mayoría de esos números sigue mostrando una ventaja numérica del candidato del Partido Liberal, aunque en varios casos las diferencias se encuentran dentro del margen de error.

Por eso conviene evitar una lectura excesivamente determinista de cualquiera de las encuestas individuales. Brasil no tiene hoy una medición que permita establecer con seguridad una diferencia amplia entre los candidatos.

El domingo será la elección real.

El mapa brasileño parece dividido en dos países electorales

La igualdad nacional esconde diferencias enormes cuando se observa quién vota a cada candidato.

Lula obtiene su principal fortaleza en el Nordeste, donde Datafolha lo ubica alrededor del 68% de los votos válidos frente al 32% de Flávio Bolsonaro.

El candidato del PL domina, en cambio, en las demás grandes regiones.

En el Sudeste aparece aproximadamente con 56% frente a 44% de Lula. En el Sur la distancia es todavía mayor, alrededor de 64% a 36%, mientras en el conjunto Norte/Centro-Oeste Flávio también registra aproximadamente 56%.

Esta distribución convierte a estados como São Paulo, Minas Gerais y Río de Janeiro en territorios fundamentales por su enorme peso demográfico.

Lula necesita compensar las ventajas bolsonaristas del centro y sur del país con una movilización excepcionalmente fuerte en el Nordeste y entre sectores sociales donde mantiene mayor adhesión.

También existe una fractura religiosa muy marcada

La religión vuelve a aparecer como una de las variables más poderosas de la elección brasileña.

Entre los votantes evangélicos, Flávio Bolsonaro obtiene aproximadamente 69%, frente al 26% de Lula.

Entre los católicos ocurre prácticamente lo contrario: Lula obtiene alrededor de 55% y Flávio 39%.

La magnitud de esa diferencia explica por qué las iglesias evangélicas adquirieron una importancia extraordinaria dentro de la estrategia bolsonarista durante los últimos años.

Brasil posee una de las comunidades evangélicas más grandes del mundo y su peso electoral continúa creciendo.

El PT conserva, mientras tanto, una ventaja importante entre católicos, aunque este electorado resulta políticamente bastante más heterogéneo.

La elección también tiene una división de ingresos

Lula conserva una ventaja considerable entre los sectores de menores recursos.

Entre quienes reciben hasta dos salarios mínimos, el presidente registra alrededor de 54% frente al 39% de Flávio.

A medida que aumenta el ingreso, esa relación se modifica.

El candidato bolsonarista obtiene mejores resultados entre votantes de ingresos medios y altos, así como entre quienes poseen estudios secundarios o universitarios.

La fractura muestra que la elección brasileña mantiene parte de la estructura histórica del lulismo: un apoyo especialmente fuerte entre trabajadores de menores ingresos y sectores beneficiados por políticas sociales.

Pero también confirma que el bolsonarismo consiguió construir una coalición muy amplia entre clases medias, empresarios, sectores religiosos y votantes preocupados por seguridad, corrupción y tamaño del Estado.

Mujeres y hombres también votan diferente

Lula mantiene ventaja entre las mujeres.

Flávio Bolsonaro se impone entre los hombres.

La diferencia no es exclusiva de Brasil y aparece actualmente en numerosas democracias occidentales, donde las preferencias políticas de hombres y mujeres jóvenes comenzaron a separarse de manera más marcada.

En Brasil, el fenómeno se superpone además con religión, ingreso, educación y región.

Por eso ninguna de estas variables debe analizarse aisladamente.

Un hombre evangélico del Sur puede mostrar patrones electorales muy diferentes de una mujer católica del Nordeste, incluso cuando ambos tengan niveles de ingreso similares.

La elección brasileña se está definiendo precisamente por la capacidad de cada coalición para movilizar esos grupos hasta las urnas.

Los 33 millones que faltaron pueden terminar siendo decisivos

Hay una cifra incluso mayor que cualquiera de las diferencias registradas por las encuestas.

Más de 33 millones de brasileños no votaron en la primera vuelta.

La abstención superó el 21%.

Flávio Bolsonaro terminó aquel domingo apenas unos 2,2 millones de votos por encima de Lula.

Eso significa que el universo de personas que decidió no participar fue aproximadamente quince veces mayor que la diferencia entre ambos.

No todos esos electores van a regresar a las urnas y tampoco forman un grupo políticamente uniforme.

Pero las últimas mediciones ofrecen un dato especialmente interesante para Lula: entre quienes declaran no haber votado en la primera vuelta, la aprobación de su Gobierno resulta superior a la desaprobación.

Eso explica por qué el PT concentró buena parte de su última semana en movilizar abstencionistas.

Para Flávio, el desafío es diferente: conservar el nivel extraordinariamente alto de movilización que permitió al bolsonarismo superar las expectativas de prácticamente todas las encuestas en la primera vuelta.

El votante de los candidatos eliminados también sigue siendo importante

Alrededor de nueve millones de brasileños eligieron en primera vuelta candidatos que ya no estarán en la boleta.

Augusto Cury, Renan Santos, Ronaldo Caiado y Romeu Zema concentraron la mayor parte de esos votos.

Según Datafolha, aproximadamente 47% de esos electores ahora se inclina por Flávio Bolsonaro, mientras 26% opta por Lula.

Otro 21% asegura que votará en blanco o anulará su voto y 6% continúa indeciso.

Los números explican parte de la ventaja que Flávio conserva en determinados sondeos.

Caiado y Zema, ambos provenientes de la derecha, respaldaron públicamente al candidato del Partido Liberal después de la primera vuelta.

Sin embargo, todavía existe una porción significativa de aquel electorado que no terminó completamente integrada al bloque bolsonarista.

El 94% dice tener decidido el voto

Otro dato reduce considerablemente el margen para una gran transformación de último momento.

Datafolha encontró que 94% de los electores afirma estar completamente decidido.

Entre los votantes de Lula, la cifra llega al 96%.

Entre los de Flávio, al 95%.

Esto significa que la campaña final probablemente tenga menos capacidad para producir millones de conversiones directas de un candidato hacia el otro.

El desafío pasa entonces por la movilización.

Conseguir que una persona convencida efectivamente vaya a votar puede ser más importante que intentar persuadir a alguien completamente identificado con el adversario.

Por eso los aparatos territoriales, las iglesias, los sindicatos, las redes sociales, WhatsApp y las estructuras partidarias adquieren tanta importancia durante las últimas horas.

También es una elección marcada por el rechazo

La polarización aparece claramente en otra cifra.

Aproximadamente 46% de los electores declara que no votaría por Flávio Bolsonaro, mientras 45% expresa el mismo rechazo hacia Lula.

Es prácticamente un empate.

Existe además una diferencia interesante en las motivaciones de cada electorado.

Entre quienes votan a Lula, alrededor de 81% afirma hacerlo porque lo considera la mejor opción y 13% principalmente para impedir una victoria de Flávio.

Entre los electores del candidato del PL, aproximadamente 65% considera a Flávio la mejor alternativa, mientras 23% reconoce que su principal motivación es evitar que Lula continúe en la presidencia.

La elección tiene entonces una importante dimensión negativa: una parte relevante del voto no expresa únicamente adhesión, sino rechazo al adversario.

Seguridad y corrupción dominaron buena parte de la campaña

La discusión electoral no quedó limitada a economía.

Flávio Bolsonaro convirtió la inseguridad en uno de sus principales argumentos y propone un endurecimiento de las políticas penales, mayor protagonismo policial y ampliación de la capacidad penitenciaria.

Lula intentó responder desplazándose hacia posiciones más duras en algunas cuestiones y defendiendo una mayor coordinación federal de las políticas de seguridad.

La corrupción fue el otro gran campo de confrontación.

Durante el primer debate cara a cara, ambos candidatos involucraron a familiares, investigaciones y episodios vinculados con sus respectivos espacios políticos.

El intercambio fue tan agresivo que buena parte de las propuestas económicas terminó en segundo plano.

La recta final mantuvo ese tono.

Flávio Bolsonaro consiguió algo que parecía difícil: construir una identidad propia

La candidatura comenzó inevitablemente bajo la sombra de Jair Bolsonaro.

Flávio era conocido fundamentalmente como senador e hijo del expresidente, que actualmente cumple una condena de prisión por su participación en el intento de impedir la transición presidencial después de las elecciones de 2022.

La campaña modificó parcialmente esa percepción.

Flávio consiguió ganar la primera vuelta con 47,03% de los votos válidos y se transformó en el principal dirigente electoral de la derecha brasileña.

Continúa utilizando el legado, la estructura y el electorado construido por su padre, pero intenta combinarlo con una imagen algo más institucional y con mayor énfasis en seguridad y reducción del gasto público.

El resultado del domingo determinará hasta qué punto esa transformación se consolida.

Para Lula, la elección define mucho más que un cuarto mandato

Lula llega al domingo buscando un cuarto mandato no consecutivo y enfrentando una situación muy distinta de la que atravesó en elecciones anteriores.

Ya no aparece como el dirigente claramente dominante de la centroizquierda brasileña frente a una derecha fragmentada.

Enfrenta a un bloque conservador que salió fortalecido de la primera vuelta y consiguió además una presencia muy importante en el Congreso y en distintas gobernaciones.

Incluso una eventual victoria presidencial dejaría a Lula frente a un Legislativo mucho más difícil.

Por eso el domingo también definirá la estructura del poder brasileño de los próximos años.

Ahora aparece una preocupación inesperada: qué pasa durante el escrutinio

La enorme paridad electoral llevó la tensión hacia otro terreno.

Diplomáticos extranjeros acreditados en Brasilia comenzaron a discutir mecanismos para reconocer rápidamente al vencedor una vez que la Justicia Electoral brasileña publique un resultado oficial suficientemente claro.

La iniciativa no implica que exista desconfianza hacia el sistema electoral brasileño.

Es exactamente lo contrario.

Los diplomáticos consultados manifiestan confianza en el Tribunal Superior Electoral y buscan evitar que pronunciamientos políticos desde el exterior interfieran antes de que las autoridades brasileñas completen la proclamación.

La preocupación surge porque una elección extremadamente estrecha puede generar varias horas políticamente delicadas.

Trump y Milei aparecen dentro de esa preocupación diplomática

Según diplomáticos consultados en Brasilia, existe especial atención sobre las posibles reacciones de Donald Trump y Javier Milei.

Los dos mantienen vínculos políticos e ideológicos estrechos con el bolsonarismo.

La preocupación de algunas representaciones extranjeras es que alguno de ellos pueda proclamar prematuramente una victoria de Flávio antes de que la Justicia Electoral brasileña cierre oficialmente el resultado.

El escenario genera particular sensibilidad en el caso hipotético de una victoria estrecha de Lula.

No existe hasta ahora evidencia de que Trump o Milei hayan decidido realizar semejante declaración.

Se trata de una preocupación diplomática preventiva, no de un hecho consumado.

Pero la discusión muestra el nivel de tensión con el que Brasil llega a la votación.

El fantasma de 2022 sigue presente

La sensibilidad institucional tiene antecedentes concretos.

Después de perder las elecciones de 2022, Jair Bolsonaro tardó en reconocer el resultado y sus seguidores mantuvieron durante semanas protestas contra la victoria de Lula.

El proceso terminó con el asalto del 8 de enero de 2023 contra las sedes de los tres poderes en Brasilia.

Las investigaciones posteriores derivaron en condenas y finalmente en la sentencia contra el expresidente por el intento de impedir la transición constitucional.

La elección de 2026 ocurre inevitablemente bajo el recuerdo de aquella crisis.

Por eso cualquier declaración sobre fraude o cualquier proclamación externa prematura tendría un peso político considerablemente mayor que en una elección ordinaria.

Meta también quedó en el centro de la campaña

La Justicia Electoral brasileña intervino además durante los últimos días sobre el funcionamiento de las redes sociales.

Meta tuvo que responder a una orden que reclamaba tratamiento igualitario para las candidaturas de Lula y Flávio Bolsonaro después de acusaciones de sesgo político en sus plataformas.

La empresa negó actuar con parcialidad y aseguró haber adoptado las medidas necesarias para cumplir con las disposiciones electorales.

El episodio vuelve a colocar a Facebook e Instagram dentro de una discusión que Brasil viene teniendo desde hace años: cuánto poder tienen las plataformas sobre la circulación de información política durante una elección extremadamente polarizada.

El domingo no solamente se elige entre izquierda y derecha

La simplificación ideológica ayuda a entender parte de la elección, pero no toda.

Lula representa una coalición de centroizquierda apoyada fundamentalmente por el PT, sectores sindicales, movimientos sociales y partidos aliados.

Flávio Bolsonaro encabeza un espacio conservador mucho más amplio que combina al Partido Liberal con gobernadores, dirigentes empresariales, iglesias evangélicas y referentes provenientes de otras fuerzas de derecha.

Detrás también aparecen modelos económicos diferentes.

Lula defiende mayor protagonismo estatal, políticas sociales, aumentos reales del salario mínimo e inversión pública.

Flávio propone reducción del gasto, mayor desregulación, políticas de seguridad más duras y una orientación internacional mucho más cercana a Estados Unidos bajo Donald Trump.

La política exterior también cambiaría significativamente dependiendo del resultado.

Argentina tiene mucho más en juego de lo que parece

Brasil es el principal socio comercial de Argentina y cualquier modificación importante en su orientación económica o diplomática repercute directamente sobre Buenos Aires.

Una victoria de Flávio Bolsonaro abriría previsiblemente una etapa de mayor cercanía política con Javier Milei.

Una continuidad de Lula mantendría una relación institucional que durante los últimos años estuvo atravesada por fuertes enfrentamientos personales entre ambos presidentes.

Sin embargo, la dimensión económica limita cualquier ruptura completa.

Las cadenas productivas argentinas y brasileñas, especialmente en la industria automotriz, poseen un nivel de integración que obliga a ambos gobiernos a mantener canales de cooperación independientemente de sus diferencias ideológicas.

El resultado del domingo tendrá entonces consecuencias regionales inmediatas.

Todavía queda una encuesta antes de votar

Datafolha realizará una última medición durante viernes y sábado y difundirá sus resultados antes de que Brasil vaya a las urnas.

Será la fotografía demoscópica final.

Pero la primera vuelta dejó una advertencia importante: las encuestas subestimaron la fortaleza de Flávio Bolsonaro y sobreestimaron en distintos grados el desempeño de Lula.

Por eso los propios institutos insisten en que sus estudios miden intención de voto en un momento determinado y no constituyen una predicción del resultado.

La participación efectiva puede modificar significativamente cualquier fotografía previa.

Brasil llega al domingo sin una respuesta clara

Flávio Bolsonaro ganó la primera vuelta y conserva una pequeña ventaja numérica en varios estudios.

Lula redujo esa diferencia y alcanzó un empate completo en Datafolha.

Los dos tienen electorados extraordinariamente consolidados.

Los dos presentan niveles de rechazo cercanos al 45%.

Y millones de brasileños que no votaron en la primera vuelta todavía pueden modificar la composición final del electorado.

A eso se suma una polarización que ya dejó una crisis institucional grave después de las elecciones anteriores y una atención internacional poco habitual sobre las horas que seguirán al cierre de las urnas.

Brasil llega así al 25 de octubre prácticamente dividido por la mitad. La última incógnita ya no es solamente quién tiene más intención de voto, sino quién consigue llevar a más de los suyos a las urnas y cómo reaccionará el país si la diferencia final resulta tan pequeña como indican las encuestas.

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