
Italia investiga “safaris humanos” durante la guerra de Bosnia: el horror oculto de Sarajevo vuelve a los tribunales
Alejandro Cabrera
La Justicia italiana sorprendió al mundo con la reapertura de una herida histórica: una investigación sobre los llamados “safaris humanos” en Sarajevo. Según la denuncia, durante el asedio a la capital bosnia en los años noventa, personas extranjeras habrían pagado para viajar a la zona de guerra y disparar contra civiles, participando así en una forma de turismo macabro organizada por milicias locales.
El caso, impulsado por la Fiscalía de Milán, busca determinar la responsabilidad de al menos cinco ciudadanos italianos que habrían intervenido en estos episodios entre 1993 y 1995, cuando la ciudad estaba bajo cerco de las fuerzas serbobosnias. La noticia conmociona a Europa y revive uno de los capítulos más crueles del siglo XX: la guerra de Bosnia-Herzegovina, que dejó más de 100.000 muertos y millones de desplazados.
El contexto: la guerra que desmembró Yugoslavia
Entre 1991 y 1999, el mapa de los Balcanes se fracturó con una sucesión de conflictos étnicos y separatistas que destruyeron el antiguo Estado yugoslavo. De todos ellos, el más sangriento fue el de Bosnia-Herzegovina, iniciado en abril de 1992 y concluido en diciembre de 1995 con los Acuerdos de Dayton.
El enfrentamiento opuso a tres comunidades principales: bosníacos musulmanes, serbobosnios ortodoxos y croatas católicos, cada una con milicias armadas y apoyo externo. Las diferencias étnicas y religiosas, contenidas durante décadas por el régimen comunista, estallaron en una guerra caracterizada por los asedios urbanos, los campos de concentración y la limpieza étnica.
En ese contexto se produjo el asedio de Sarajevo, el más largo de la historia moderna: 1.425 días bajo bombardeos constantes, francotiradores apostados en las colinas y una población atrapada sin agua, luz ni alimentos. Más de 11.000 civiles murieron y decenas de miles resultaron heridos. Las imágenes de ciudadanos cruzando calles bajo el fuego enemigo recorrieron el mundo y marcaron para siempre la conciencia europea.
Qué investiga la fiscalía de Milán
La Fiscalía de Milán abrió la investigación tras recibir un dossier con testimonios, documentos y material audiovisual que apuntan a un hecho inédito: la participación de civiles extranjeros que habrían pagado por matar. Según la denuncia, estos individuos viajaban a Bosnia desde Italia —principalmente desde Trieste a Belgrado— para integrarse temporalmente a posiciones serbobosnias y disparar contra la población civil de Sarajevo como parte de una práctica clandestina denominada “safari humano”.
El caso surgió a partir de una denuncia conjunta del periodista Ezio Gavazzeni, el exmagistrado Guido Salvini y la exalcaldesa de Sarajevo, Benjamina Karic, quienes aportaron archivos de inteligencia bosnios y el testimonio de un exagente que asegura que los servicios secretos italianos sabían de estos hechos desde 1993.
La denuncia describe un mecanismo perturbador: milicianos serbios cobraban dinero a extranjeros —en su mayoría europeos— para permitirles usar fusiles de precisión y disparar desde las colinas que rodeaban la capital bosnia. Los precios habrían oscilado entre 80.000 y 100.000 euros actuales por cada “experiencia”.
Una forma de crimen inédita
La investigación se apoya también en el documental Sarajevo Safari (2023), del realizador esloveno Miran Zupanic, que recupera testimonios de testigos y sobrevivientes. Allí se menciona que algunos “turistas de guerra” provenían de Italia, Austria y otros países occidentales.
Si las pruebas son confirmadas, los imputados podrían enfrentar cargos de homicidio agravado, crímenes de guerra y participación en actos inhumanos, delitos imprescriptibles bajo el derecho internacional. La fiscalía italiana actúa por jurisdicción nacional sobre ciudadanos propios involucrados en crímenes cometidos en el extranjero.
Para el equipo de investigación, el objetivo no es solo identificar a los ejecutores, sino también rastrear quiénes organizaron los viajes, quién facilitó el ingreso a zonas de combate y quién obtuvo beneficios económicos.
Cómo funcionaban los “safaris humanos”
Aunque el término suena casi irreal, los testimonios lo describen con crudeza. Durante los peores años del asedio, las colinas de Sarajevo estaban plagadas de posiciones de francotiradores. Según la denuncia, algunos combatientes locales ofrecían a extranjeros la posibilidad de ocupar esas posiciones por un día, bajo la promesa de “participar en la guerra” y disparar a objetivos civiles.
Los supuestos visitantes eran instruidos brevemente en el manejo del arma y luego “asistidos” por soldados serbobosnios. No se trataba de militares entrenados, sino de aficionados a las armas y coleccionistas, muchos vinculados con círculos de extrema derecha europeos.
El pago, además de financiar a las milicias, se usaba para obtener provisiones, combustible o acceso a contrabando. En algunos casos, los francotiradores extranjeros habrían filmado sus propios disparos como “souvenirs” de guerra.
La dimensión judicial y política
El caso en Milán representa un precedente sin antecedentes en Europa. Hasta ahora, los crímenes cometidos en Bosnia habían sido juzgados por el Tribunal Penal Internacional para la ex-Yugoslavia (TPIY), con sede en La Haya. Pero la aparición de ciudadanos de terceros países cambia el enfoque: se trata de civiles que se incorporaron voluntariamente a actos de guerra.
La justicia italiana deberá determinar si los hechos encuadran en los delitos de crímenes de guerra, homicidio agravado o participación en organización criminal internacional. Si se confirma, la causa podría derivar en órdenes de captura europeas y cooperación judicial con Bosnia-Herzegovina.
En paralelo, el gobierno bosnio manifestó su plena disposición a colaborar, mientras que asociaciones de víctimas en Sarajevo celebraron la apertura del proceso. “No buscamos venganza, sino verdad. Cada disparo sobre esta ciudad tiene un rostro y una historia”, declaró una organización local.
Las heridas de Sarajevo
Para Bosnia, esta investigación reabre un capítulo de memoria y justicia. Tres décadas después del final del conflicto, la sociedad aún lidia con más de 20.000 desaparecidos y fosas comunes sin identificar. La reconstrucción material avanzó, pero el trauma psicológico sigue presente.
El asedio transformó a Sarajevo en un símbolo de resistencia civil. A pesar de los bombardeos, la ciudad mantuvo sus escuelas abiertas, organizó festivales de cine en refugios y defendió su identidad cultural. Hoy, sus calles están marcadas por cicatrices que el tiempo no borra: agujeros de bala convertidos en mosaicos rojos —las “rosas de Sarajevo”— recuerdan los lug i humano” pone en cuestión algo más que la atrocidad individual. Representa la mercantilización del crimen de guerra, la banalización del dolor ajeno y la conversión del conflicto armado en espectáculo.
Para los investigadores, probar la existencia de esta práctica es vital para el derecho internacional: demostrar que incluso en el caos de la guerra, la crueldad puede tener un precio, y por tanto, un responsable.
Si se confirman los hechos, Italia podría sentar un precedente global, convirtiéndose en el primer país europeo en juzgar la participación de civiles extranjeros en ejecuciones de guerra por placer o lucro. ares donde murieron civiles.
La causa en Milán se suma, así, a una larga lista de juicios internacionales que buscan restaurar la verdad histórica y demostrar que ningún crimen queda fuera del alcance del derecho, sin importar el tiempo transcurrido.
Lo que está en juego
El llamado “safari humano” pone en cuestión algo más que la atrocidad individual. Representa la mercantilización del crimen de guerra, la banalización del dolor ajeno y la conversión del conflicto armado en espectáculo.
Para los investigadores, probar la existencia de esta práctica es vital para el derecho internacional: demostrar que incluso en el caos de la guerra, la crueldad puede tener un precio, y por tanto, un responsable.
Si se confirman los hechos, Italia podría sentar un precedente global, convirtiéndose en el primer país europeo en juzgar la participación de civiles extranjeros en ejecuciones de guerra por placer o lucro.


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