Por qué los humanos perdieron la cola: la mutación genética que cambió la evolución para siempre

Un nuevo estudio científico reabre una de las preguntas más fascinantes de la evolución humana: por qué nuestra especie, a diferencia de otros primates, no tiene cola. La respuesta apunta a un cambio genético clave que transformó la forma en que nos movemos, nos desarrollamos y hasta cómo funciona nuestro cuerpo.
 
Ciencia y Tecnología10 de abril de 2026Alejandro CabreraAlejandro Cabrera

La ausencia de cola en los seres humanos parece un detalle menor, pero en términos evolutivos es una de las transformaciones más profundas que separan a nuestra especie de otros mamíferos. Durante décadas, los científicos intentaron entender cuándo y por qué se produjo ese cambio.

Ahora, nuevas investigaciones vuelven a poner el foco en una mutación genética específica que habría sido determinante. No se trata simplemente de “perder” una parte del cuerpo, sino de una reconfiguración completa del desarrollo embrionario que impactó en la anatomía, la postura y la evolución de los primates superiores.

La mutación que cambió el curso de la evolución

El hallazgo central apunta a un gen llamado TBXT, también conocido como “gen T”, que cumple un rol fundamental en el desarrollo de la columna vertebral durante las primeras etapas del embrión.

Según los estudios más recientes, los humanos y otros primates sin cola —como los simios— presentan una mutación particular en ese gen que altera la forma en que se desarrolla la estructura vertebral. En lugar de extenderse en una cola, la columna se acorta y se reorganiza en lo que conocemos como el coxis.

Lo interesante es que esta mutación no aparece en otros primates que sí tienen cola, lo que refuerza la hipótesis de que fue un evento evolutivo específico que ocurrió hace millones de años en un ancestro común de los simios modernos.

No fue una simple pérdida: fue una transformación estructural profunda que modificó la biomecánica del cuerpo.

Una ventaja evolutiva… con consecuencias

Eliminar la cola no fue un cambio neutro. En términos evolutivos, habría ofrecido ventajas importantes, especialmente en el paso hacia la locomoción erguida.

La desaparición de la cola permitió una reorganización del equilibrio corporal, facilitando posturas más verticales y, eventualmente, el desarrollo del bipedalismo. Esto sería clave en la evolución de los homínidos.

Pero ese cambio también tuvo costos.

Los investigadores detectaron que la misma mutación genética que elimina la cola está asociada a un mayor riesgo de defectos en el desarrollo del tubo neural, como la espina bífida. Es decir, el avance evolutivo vino acompañado de nuevas vulnerabilidades.

Esta lógica —ganancias adaptativas con efectos secundarios— es bastante común en la evolución, pero en este caso queda particularmente expuesta.

El coxis: vestigio de un pasado evolutivo

Aunque no tenemos cola, el cuerpo humano conserva una evidencia directa de ese pasado: el coxis.

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Este pequeño hueso al final de la columna es un vestigio evolutivo. En otras especies, esa estructura continúa en una cola funcional. En los humanos, quedó reducida pero sigue cumpliendo funciones, como servir de anclaje para músculos y ligamentos.

En casos extremadamente raros, incluso pueden darse nacimientos con estructuras similares a una cola, lo que refuerza la idea de que el “programa genético” original aún está presente, aunque modificado.

Un cambio clave en la historia humana

La pérdida de la cola no fue un detalle menor ni una curiosidad anatómica. Fue un punto de inflexión en la evolución de los primates que terminarían dando origen al ser humano.

Ese cambio ayudó a moldear la postura, la forma de desplazamiento y hasta el desarrollo del cerebro, al liberar al cuerpo de ciertas limitaciones estructurales.

Lo que hoy parece natural —no tener cola— es en realidad el resultado de millones de años de evolución, de mutaciones genéticas específicas y de un equilibrio complejo entre ventajas y riesgos.

Y, como suele ocurrir en la ciencia, cada respuesta abre nuevas preguntas: no solo sobre nuestro pasado, sino sobre cómo pequeños cambios en el ADN pueden redefinir completamente una especie.

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