
Mamdani quedó atrapado entre dos frentes: fue abucheado por propalestinos tras participar de un homenaje a las víctimas del 7 de octubre
Alejandro CabreraZohran Mamdani llegó a la alcaldía de Nueva York convertido en uno de los principales símbolos de la nueva izquierda estadounidense. Su posición crítica hacia el Gobierno israelí, sus denuncias sobre Gaza y su cercanía histórica con la causa palestina fueron elementos centrales de su identidad política. Sin embargo, apenas instalado en uno de los cargos municipales más importantes de Estados Unidos, empezó a comprobar que gobernar una ciudad extraordinariamente diversa obliga a administrar equilibrios mucho más complejos que los de una campaña electoral.
La escena del miércoles lo mostró con particular claridad. Mamdani asistió a una vigilia organizada para recordar a las víctimas israelíes de los ataques perpetrados por Hamás el 7 de octubre de 2023. Mientras permanecía serio, sosteniendo una vela y escuchando los testimonios, un grupo de manifestantes propalestinos comenzó a increparlo. Hubo acusaciones de “traidor”, “cobarde” e incluso gritos que lo responsabilizaban políticamente por haber participado del homenaje.
Las claves
- Mamdani participó de una vigilia por las víctimas israelíes del ataque del 7 de octubre de 2023.
- Manifestantes propalestinos lo llamaron “traidor” y “cobarde” por asistir al acto.
- La organización responsable de la ceremonia, Israelíes por la Paz, mantiene posiciones críticas con la ocupación y con la política israelí sobre Gaza.
- El alcalde había condenado horas antes los “crímenes de guerra” de Hamás, pero también volvió a acusar al Gobierno israelí de cometer un “genocidio” en Gaza.
- Las autoridades israelíes reaccionaron contra Mamdani y cuestionaron su mensaje.
- Después de la vigilia, el alcalde mantuvo un encuentro privado con ciudadanos palestinos de Nueva York.
- El episodio muestra la tensión entre las bases progresistas que acompañaron su ascenso y la necesidad de gobernar una ciudad con una de las comunidades judías más numerosas del mundo.
Un homenaje que terminó convirtiéndose en un problema político
La vigilia había sido convocada por Israelíes por la Paz, una organización que recuerda a las víctimas de los ataques de Hamás pero mantiene al mismo tiempo una posición crítica sobre la ocupación y sobre las políticas desarrolladas por Israel en Gaza.
Durante el acto se escucharon testimonios de sobrevivientes y familiares de las más de 1.100 personas asesinadas en Israel el 7 de octubre de 2023. También hubo referencias a las condiciones de vida de la población palestina en Gaza.
Fue en ese contexto cuando Mamdani comenzó a recibir los reproches de los manifestantes ubicados en las inmediaciones. Algunos asistentes incluso mostraron imágenes de Yahya Sinwar, dirigente de Hamás muerto por Israel en 2024.
El alcalde evitó responder. Permaneció en silencio durante la ceremonia y sostuvo una vela mientras se desarrollaban los discursos. La imagen tenía un contenido político evidente: un dirigente que construyó buena parte de su perfil público denunciando a Israel participando de un homenaje a israelíes asesinados por Hamás.
Mamdani intentó sostener las dos condenas al mismo tiempo
Horas antes de asistir al acto, el alcalde había publicado uno de sus mensajes más delicados desde que asumió.
Mamdani calificó los ataques del 7 de octubre como “horribles crímenes de guerra”, recordó que Hamás asesinó a más de 1.100 israelíes y secuestró a 251 personas, y expresó solidaridad con las familias que todavía arrastran las consecuencias de aquella jornada.
Pero inmediatamente incorporó la otra parte de su posición política. Sostuvo que el sufrimiento “no comenzó ni terminó aquel día” y volvió a calificar como un “genocidio devastador y en curso” las operaciones desarrolladas posteriormente por el Gobierno israelí en Gaza.
Esa combinación pretende establecer una frontera política clara: condenar los ataques de Hamás sin abandonar la denuncia contra la estrategia militar israelí.
El problema para Mamdani es que esa síntesis parece no convencer completamente a ninguno de los sectores más enfrentados.
Para los propalestinos más duros, Mamdani está moderándose
Durante su ascenso político, Mamdani consiguió construir una conexión particularmente fuerte con sectores jóvenes, progresistas y críticos de Israel. Su discurso sobre Palestina era mucho más contundente que el habitual entre dirigentes demócratas de alcance nacional.
Ahora aparece una tensión inevitable.
Una cosa es encabezar protestas o cuestionar públicamente al Gobierno israelí y otra muy diferente es ejercer como alcalde de Nueva York, donde conviven enormes comunidades judías, musulmanas, árabes y palestinas.
Participar de una conmemoración del 7 de octubre podría parecer un gesto institucional relativamente convencional. Para algunos de los manifestantes, sin embargo, representa una señal de moderación o incluso de abandono de las posiciones que impulsaron originalmente la candidatura de Mamdani.
La acusación de “traidor” resulta especialmente significativa porque no proviene de sus adversarios tradicionales, sino de un sector que históricamente estuvo mucho más cerca de su propia coalición política.
Israel también lo cuestiona
Pero Mamdani tampoco consiguió neutralizar las críticas provenientes de Israel.
El embajador israelí ante Naciones Unidas, Danny Danon, acusó al alcalde de intentar transformar el aniversario de los ataques del 7 de octubre en una nueva ofensiva política contra Israel. Por su parte, el cónsul israelí en Nueva York, Ofir Akunis, calificó el mensaje del dirigente como una “vergüenza” y cuestionó su empatía con las víctimas israelíes.
De esta manera se produjo una situación políticamente incómoda: Mamdani fue atacado simultáneamente por sectores propalestinos por participar del homenaje y por representantes israelíes por la manera en que habló sobre Gaza.
Es probablemente la mejor representación del problema que enfrentará durante toda su administración.
La vieja promesa contra Netanyahu vuelve a perseguirlo
La relación del alcalde con Israel ya había producido polémicas antes de asumir.
Mamdani había prometido que intentaría detener a Benjamín Netanyahu si el primer ministro israelí visitaba Nueva York, apoyándose en la orden de arresto dictada contra el dirigente por el Tribunal Penal Internacional.
Pero cuando Netanyahu viajó a Nueva York para participar de la Asamblea General de Naciones Unidas, la promesa chocó con una limitación fundamental: el alcalde carece de la autoridad jurídica necesaria para ejecutar por decisión propia una orden internacional de esas características.
Netanyahu aprovechó posteriormente su intervención ante la ONU para atacar directamente a Mamdani, al que acusó de antisemitismo.
El episodio anticipaba algo que ahora vuelve a hacerse evidente: las posiciones políticas que podían resultar relativamente sencillas durante una campaña empiezan a volverse mucho más difíciles cuando deben convivir con las responsabilidades concretas del ejercicio del poder.
Nueva York convierte el conflicto de Medio Oriente en política local
La discusión no ocurre en cualquier ciudad.
Nueva York concentra una de las mayores comunidades judías fuera de Israel y, al mismo tiempo, enormes comunidades árabes y musulmanas. Según los datos citados en la información publicada este jueves, aproximadamente el 12% de la población neoyorquina pertenece a la comunidad judía. El País
Eso convierte prácticamente cualquier decisión relacionada con Israel y Palestina en un asunto de política interna.
Una declaración sobre Gaza puede afectar relaciones con dirigentes comunitarios, organizaciones religiosas, universidades, sindicatos y sectores empresariales. Un homenaje a las víctimas israelíes puede generar rechazo entre algunos grupos propalestinos. Y una condena demasiado tenue sobre la ofensiva israelí puede erosionar el vínculo de Mamdani con la izquierda que lo llevó hasta la alcaldía.
Una señal de lo que significa pasar de activista a gobernante
El desafío para Mamdani excede además la cuestión israelí-palestina.
Su administración representa un experimento político importante para la izquierda estadounidense: demostrar si una plataforma claramente progresista puede mantener su identidad ideológica una vez que debe gobernar una ciudad compleja, poderosa y profundamente heterogénea.
En campaña, la construcción política suele organizarse alrededor de posiciones relativamente claras. En el gobierno aparecen contradicciones.
Un alcalde no representa exclusivamente a quienes lo votaron. Tiene que hablar también con sectores que rechazaron su candidatura, garantizar seguridad en manifestaciones enfrentadas, administrar conflictos religiosos y evitar que una cuestión internacional termine deteriorando la convivencia dentro de la propia ciudad.
Ese proceso inevitablemente puede ser interpretado como moderación por los sectores más radicalizados de su propia base.
Después del homenaje, Mamdani buscó equilibrar nuevamente la escena
La jornada tuvo además otro movimiento significativo.
Después de participar de la vigilia por las víctimas israelíes, Mamdani se trasladó al Upper West Side y mantuvo una reunión privada con ciudadanos de origen palestino.
El gesto vuelve a mostrar la estrategia que parece estar intentando desarrollar: reconocer simultáneamente el trauma provocado por el 7 de octubre entre los israelíes y la devastación sufrida posteriormente por la población palestina.
Pero políticamente existe un riesgo evidente.
Cuanto más intenta ocupar una posición institucional capaz de reconocer el sufrimiento de ambos lados, más puede distanciarse de quienes esperaban que utilizara la alcaldía para mantener una confrontación mucho más directa con Israel.
El verdadero desafío recién empieza
El episodio probablemente no represente una crisis política para Mamdani, pero sí funciona como una advertencia.
La coalición que permitió su ascenso estaba formada por votantes progresistas, jóvenes y sectores críticos del establishment político estadounidense. Una parte considerable de esa base considera la causa palestina como una cuestión central.
Pero ahora gobierna una ciudad en la que cada decisión tiene consecuencias mucho más amplias.
Mamdani empieza así a experimentar una de las contradicciones clásicas del poder: cuanto más intenta representar al conjunto de Nueva York, más corre el riesgo de decepcionar a los sectores que esperaban que gobernara exclusivamente desde las posiciones que defendió durante su ascenso.
Los abucheos durante la ceremonia del 7 de octubre fueron apenas una escena. Pero detrás de ellos aparece una discusión mucho mayor sobre el futuro político de uno de los dirigentes más observados de la izquierda estadounidense: si Zohran Mamdani puede seguir siendo el referente progresista que llegó a la alcaldía mientras aprende, al mismo tiempo, a gobernar una ciudad donde casi todos los conflictos internacionales terminan convirtiéndose también en conflictos locales.


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