Estados Unidos supera los US$40 billones de deuda: por qué el problema ya empieza a sentirse en la economía real

La deuda federal estadounidense atravesó por primera vez la barrera de los US$40 billones y el dato llega acompañado por una señal más difícil de ignorar: Washington terminó el año fiscal 2026 con un déficit cercano a los US$2 billones y pagó un récord de US$1,36 billones solamente en intereses.
19 de octubre de 2026Alejandro CabreraAlejandro Cabrera

Durante décadas, la deuda pública estadounidense creció mientras el mercado mantenía una enorme disposición a financiar al Gobierno federal. Esa combinación permitió que administraciones republicanas y demócratas convivieran con déficits persistentes sin enfrentar una crisis de financiamiento inmediata. El escenario empieza a volverse más incómodo porque el problema ya no es únicamente cuánto debe Estados Unidos, sino cuánto cuesta sostener esa deuda cada año.

La deuda federal superó los US$40 billones en agosto de 2026. En enero de 2017, cuando Donald Trump asumió por primera vez la presidencia, rondaba los US$19,95 billones, por lo que prácticamente se duplicó en menos de una década. Una parte importante de ese aumento estuvo vinculada con el gasto extraordinario durante la pandemia, pero el resto responde a desequilibrios estructurales que atravesaron gobiernos de ambos partidos: impuestos insuficientes para cubrir el nivel de gasto, programas sociales cada vez más costosos y una factura de intereses que crece con rapidez. 

Las claves

  • La deuda federal estadounidense superó por primera vez los US$40 billones durante agosto de 2026.
  • El déficit del año fiscal 2026 terminó cerca de US$2 billones, el tercero más alto de la historia en términos nominales. 
  • Washington gastó un récord de aproximadamente US$1,36 billones en intereses, un 12% más que el año anterior. 
  • Los gastos federales alcanzaron alrededor de US$7,4 billones, mientras los ingresos fueron aproximadamente US$5,4 billones. 
  • La deuda en manos del público equivale actualmente a alrededor del 101% del PBI estadounidense. 
  • El problema se agrava porque las tasas de interés de largo plazo son mucho mayores que durante buena parte de la década pasada.
  • Un escenario prolongado de tasas altas aumenta automáticamente el déficit porque el Tesoro debe refinanciar deuda a costos superiores.
  • El costo del financiamiento también se traslada a hipotecas, créditos para empresas, tarjetas y consumo.
  • La situación fiscal será uno de los grandes condicionantes del Congreso que surja de las elecciones legislativas del 3 de noviembre.

La deuda llegó a US$40 billones, pero el número por sí solo no explica el problema

Una deuda de US$40 billones resulta impactante, aunque para analizarla correctamente es necesario compararla con el tamaño de la economía estadounidense y con la capacidad del Gobierno para recaudar y financiarse.

La Congressional Budget Office calcula que la deuda federal en manos del público equivale actualmente aproximadamente al 101% del producto interno bruto. Bajo las políticas vigentes en su escenario base, esa proporción podría alcanzar el 120% del PBI hacia 2036 y continuar creciendo posteriormente. 

Estados Unidos ya atravesó niveles de endeudamiento comparables después de la Segunda Guerra Mundial. La diferencia central es que entonces la deuda comenzó posteriormente a reducirse como proporción de una economía que crecía rápidamente, mientras que las proyecciones actuales muestran una trayectoria ascendente.

El verdadero interrogante no es, por lo tanto, si existe un número mágico a partir del cual Estados Unidos quiebra. El problema es que cada punto adicional de deuda necesita financiamiento y cada refinanciación se está realizando a tasas mucho más altas que hace pocos años.

El dato realmente preocupante está en los intereses

Durante mucho tiempo, Estados Unidos pudo endeudarse a costos extraordinariamente bajos. Las tasas cercanas a cero posteriores a la crisis financiera de 2008 permitían refinanciar obligaciones sin que el gasto en intereses creciera al mismo ritmo que la deuda.

Ese mundo cambió.

En el año fiscal 2026, los pagos asociados con el servicio de la deuda alcanzaron aproximadamente US$1,36 billones, un récord histórico y un incremento del 12% respecto del ejercicio anterior. 

Eso significa que una parte creciente de los impuestos recaudados por Washington no financia infraestructura, educación, defensa o programas sociales, sino simplemente el costo financiero de decisiones fiscales tomadas anteriormente.

El problema puede retroalimentarse. Cuanto mayores sean los intereses, mayor puede ser el déficit; cuanto mayor sea el déficit, más deuda debe emitir el Tesoro; y cuanto mayor sea la cantidad de deuda que el mercado tiene que absorber, mayor puede ser la presión sobre las tasas.

El déficit volvió a acercarse a los US$2 billones

El Gobierno federal cerró el año fiscal 2026 con un déficit de aproximadamente US$1,99 billones, unos US$217.000 millones más que el año anterior. Los ingresos alcanzaron un récord cercano a US$5,4 billones, pero el gasto aumentó todavía más hasta aproximadamente US$7,4 billones. 

La CBO había calculado inicialmente un déficit de alrededor de US$1,9 billones para este año, pero su estimación de cierre se aproximó finalmente a los US$2 billones. El organismo señala que los déficits estadounidenses se encuentran en niveles elevados en comparación con la experiencia histórica, especialmente considerando que el país no está atravesando actualmente una recesión severa ni una crisis comparable con la pandemia. 

Ese punto resulta relevante porque los déficits suelen aumentar durante emergencias económicas. Cuando una economía entra en recesión, cae la recaudación y aumenta el gasto destinado a sostener empleo e ingresos. La dificultad actual es que Estados Unidos mantiene un desequilibrio muy grande incluso en una economía que continúa creciendo.

Trump prometió reducir el déficit, pero las cuentas todavía no muestran ese giro

Donald Trump regresó a la Casa Blanca prometiendo reducir el tamaño del Gobierno, impulsar el crecimiento económico y utilizar una combinación de recortes, desregulación y mayores ingresos comerciales para mejorar las cuentas públicas.

Hasta ahora, el déficit continúa cerca de niveles históricamente elevados y la deuda superó los US$40 billones. Reuters

Eso no significa que la trayectoria actual sea responsabilidad exclusiva de su administración. La deuda estadounidense viene creciendo durante gobiernos republicanos y demócratas, mientras una parte sustancial del gasto está determinada por programas como Social Security, Medicare y otros compromisos aprobados muchos años antes.

La dificultad política aparece precisamente allí. Reducir significativamente el déficit exige tocar alguno de tres componentes: aumentar impuestos, reducir grandes programas de gasto o conseguir un crecimiento económico extraordinariamente alto durante un período prolongado. Ninguna de esas alternativas resulta políticamente sencilla.

Los aranceles tampoco resolvieron el desequilibrio

La administración Trump presentó los aranceles como una fuente adicional de ingresos fiscales, además de utilizarlos como instrumento comercial. Durante parte del año esa recaudación efectivamente ayudó a las cuentas públicas, pero el impacto terminó siendo menor de lo esperado después de decisiones judiciales que obligaron al Gobierno a devolver unos US$145.000 millones en ingresos arancelarios. 

Los ingresos federales igualmente alcanzaron un récord nominal, pero crecieron menos que el gasto. El problema estructural continuó intacto: Washington sigue gastando mucho más de lo que recauda.

Esto explica por qué la discusión fiscal estadounidense no puede reducirse únicamente a conseguir una fuente nueva de ingresos. El desequilibrio anual se acerca a los US$2 billones y existen presiones de gasto relacionadas con jubilaciones, salud, defensa e intereses que continuarán aumentando durante los próximos años.

La deuda estadounidense no funciona como la deuda de cualquier país

Estados Unidos posee una ventaja que ninguna otra economía reproduce completamente: emite la principal moneda de reserva internacional y sus bonos del Tesoro siguen siendo considerados uno de los activos financieros más importantes del mundo.

Gobiernos, bancos centrales, fondos de inversión, aseguradoras, empresas y particulares mantienen enormes cantidades de deuda estadounidense. Esa demanda permite que Washington se financie en una escala que sería imposible para prácticamente cualquier otro Estado.

Por eso alcanzar US$40 billones no implica que Estados Unidos esté a punto de quedarse sin compradores para sus bonos.

Hasta ahora, los mercados tampoco muestran que los inversores estén tratando al Gobierno estadounidense como un deudor próximo a una crisis de solvencia. Reuters señaló que los mercados todavía no consideran que la deuda haya convertido significativamente a Estados Unidos en un crédito más riesgoso. 

La preocupación es más gradual: los inversores están exigiendo rendimientos superiores para prestar dinero durante períodos largos.

Ahí aparece el cambio más importante: el dinero dejó de ser barato

El rendimiento del bono del Tesoro estadounidense a diez años llegó recientemente a niveles superiores al 5%. El 1 de octubre cerró alrededor del 5,2%, según los datos utilizados por la Congressional Budget Office para analizar escenarios de tasas más elevadas. 

Son niveles muy distintos de los que dominaron gran parte de la década posterior a la crisis financiera.

Esto afecta directamente al Tesoro porque la deuda vence permanentemente y debe ser refinanciada. Un bono emitido años atrás al 2% puede ser reemplazado por otro cuyo rendimiento sea superior al 5%, aumentando el costo para el Gobierno aunque el volumen total de deuda no cambiara.

La CBO calculó recientemente qué ocurriría si las tasas permanecieran persistentemente por encima de sus previsiones. En un escenario con tasas un punto porcentual superiores a su trayectoria base, la deuda pública podría alcanzar el 222% del PBI hacia 2056, frente al 175% previsto en el escenario central.

El ciudadano común no paga directamente la deuda, pero sí siente las tasas

La deuda pública suele parecer una discusión limitada a economistas y funcionarios del Tesoro. Sin embargo, cuando la consecuencia del endeudamiento es un mercado de tasas permanentemente más altas, el impacto empieza a llegar a hogares y empresas.

Reuters informó que las tasas hipotecarias a 30 años se acercaron recientemente al 7,4%, muy por encima de los niveles cercanos al 3% que fueron habituales durante etapas de la década pasada. Reuters

Para una familia que compra una vivienda, una diferencia de varios puntos porcentuales puede significar cientos o incluso miles de dólares adicionales de cuota mensual dependiendo del valor de la propiedad.

Las empresas también enfrentan mayores costos para financiar inversiones, mientras los créditos para automóviles, tarjetas y préstamos personales tienden a encarecerse cuando las tasas generales permanecen altas.

Por eso el debate fiscal comienza a mezclarse con uno de los principales problemas políticos estadounidenses de 2026: el costo de vida.

Una deuda enorme también reduce la capacidad de responder a la próxima crisis

Estados Unidos continuará teniendo una capacidad excepcional para endeudarse, pero una carga financiera cada vez mayor reduce el margen disponible frente a futuras emergencias.

La pandemia mostró cómo el Gobierno federal puede utilizar enormes programas de gasto cuando necesita evitar una depresión económica. Una guerra, una crisis financiera, otra pandemia o una recesión grave podrían requerir nuevamente una respuesta fiscal considerable.

El problema es que cada emergencia comenzaría desde un punto de endeudamiento más alto.

Eso no significa necesariamente que Washington no pueda volver a gastar. Significa que hacerlo podría resultar progresivamente más caro y aumentar todavía más los pagos de intereses posteriores.

El dilema también afecta a la Reserva Federal

La Reserva Federal intenta controlar la inflación mediante tasas de interés elevadas. Desde el punto de vista monetario, mantener el costo del dinero alto puede ser necesario para evitar que los precios vuelvan a acelerarse.

Desde el punto de vista fiscal, ocurre exactamente lo contrario: cada aumento prolongado de las tasas encarece el financiamiento del Estado.

Esta tensión se vuelve especialmente importante porque la economía estadounidense atraviesa simultáneamente un boom de inversiones en inteligencia artificial, fuertes necesidades de capital y presiones inflacionarias persistentes. Los mercados de bonos deben absorber deuda pública y, al mismo tiempo, una cantidad creciente de deuda corporativa destinada a financiar infraestructura tecnológica. Reuters

La competencia por capital puede mantener elevados los rendimientos durante más tiempo de lo que Washington estaba acostumbrado.

¿Puede Estados Unidos simplemente crecer para salir del problema?

Ese es uno de los principales argumentos de la administración Trump. Si la economía crece con suficiente velocidad, la deuda podría perder peso en relación con el PBI incluso aunque continúe aumentando nominalmente.

Históricamente, Estados Unidos utilizó esa combinación después de la Segunda Guerra Mundial: crecimiento económico, inflación moderada y disciplina fiscal redujeron paulatinamente el peso de la deuda.

El inconveniente está en la magnitud del crecimiento necesario. La CBO proyecta, bajo las leyes actuales, que la deuda en manos del público aumentará desde aproximadamente 101% del PBI en 2026 hasta 120% en 2036. 

Es decir, su escenario base no prevé que el crecimiento económico sea suficiente para estabilizar la trayectoria por sí solo.

Los grandes programas sociales están en el centro del problema

A medida que envejece la población estadounidense, programas como Social Security y Medicare necesitan cada vez más recursos.

Reducirlos de manera significativa tendría enormes consecuencias políticas porque benefician a decenas de millones de estadounidenses, muchos de ellos jubilados. Aumentar impuestos también enfrenta una resistencia histórica importante dentro del sistema político.

Mientras esas dos grandes áreas permanezcan prácticamente intocables y los intereses continúen creciendo, los ajustes sobre otros componentes del presupuesto tienen una capacidad limitada para modificar la trayectoria completa.

Ese es uno de los motivos por los que distintos presidentes prometieron durante décadas controlar la deuda sin conseguir un cambio estructural duradero.

Las elecciones del 3 de noviembre pueden cambiar la discusión

El problema fiscal aparece ahora justo antes de las elecciones legislativas.

Los republicanos intentan conservar el control de ambas cámaras, mientras los demócratas buscan obtener las bancas necesarias para controlar al menos una de ellas. El resultado modificará la capacidad de Trump para aprobar nuevas reducciones impositivas, cambios de gasto y presupuestos durante los últimos dos años de su mandato. 

Si el Congreso queda dividido entre ambos partidos, las negociaciones fiscales podrían volverse todavía más difíciles. Presupuesto, impuestos, techo de deuda y programas sociales pueden transformarse en escenarios recurrentes de conflicto entre la Casa Blanca y la oposición.

La deuda, paradójicamente, no está ocupando el centro de la campaña a pesar de haber atravesado un récord histórico. Los votantes muestran una preocupación mucho más inmediata por inflación, gasolina y costo de vida. 

Sin embargo, esas discusiones empiezan a converger. El aumento de los intereses públicos, las tasas hipotecarias y el costo del crédito convierten lentamente a la deuda en un problema menos abstracto.

El riesgo no es necesariamente una crisis mañana

Hablar de US$40 billones puede llevar a imaginar un colapso inmediato del sistema financiero estadounidense, pero los datos actuales no respaldan esa conclusión.

Estados Unidos conserva la moneda de reserva mundial, el mercado de bonos más profundo del planeta y una economía capaz de generar enormes ingresos fiscales. Los inversores continúan comprando deuda del Tesoro en gran escala.

La preocupación está en la trayectoria.

Un déficit próximo a US$2 billones en una economía que no está en recesión, una deuda superior al tamaño anual de la economía y pagos de intereses que superaron US$1,3 billones conforman una combinación que reduce paulatinamente el margen fiscal. 

Si las tasas permanecen altas, una porción creciente del presupuesto tendrá que utilizarse simplemente para financiar deuda acumulada anteriormente.

De US$40 billones a la pregunta que realmente importa

El número redondo generó titulares porque ayuda a representar la escala de la deuda estadounidense, pero la cuestión más relevante durante los próximos años será otra: qué proporción de los recursos del Gobierno tendrá que destinarse a pagar intereses antes de poder financiar cualquier otra política.

Estados Unidos todavía está lejos de una situación en la que los mercados se nieguen a prestarle dinero. Lo que está cambiando es el precio que debe pagar para conseguirlo.

Ese cambio afecta simultáneamente al presupuesto federal, las tasas hipotecarias, las empresas, el mercado inmobiliario y la capacidad del Gobierno para responder a futuras crisis.

La deuda estadounidense pasó décadas creciendo sin ocupar demasiado espacio en la vida cotidiana de los votantes. Con los intereses en máximos históricos y el déficit nuevamente cerca de US$2 billones, el costo de esa deuda empieza a convertirse en una variable económica mucho más visible que el propio número de US$40 billones.

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