
Milei y Trump, la política de la confrontación permanente: periodistas, bolsillo, inmigración y enemigos como método de gobierno
Alejandro CabreraJavier Milei salía este miércoles de un acto en Madrid cuando Julia Molina, periodista de la Cadena SER, le hizo una pregunta relativamente sencilla: si consideraba que su presencia en España, en plena campaña electoral, podía resultar incómoda para el Partido Popular y Vox. El presidente argentino no respondió explicando su relación con sus aliados españoles. Contestó cuestionando a quien había preguntado.
“Es una visión propia de gente corta intelectualmente y miserables políticos”, respondió Milei, antes de agregar que esa descripción “quizás” también servía para la periodista. Molina contó posteriormente que el mandatario había utilizado un tono similar contra medios argentinos durante el encuentro y que había llamado “corruptos” a periodistas de Clarín.
El episodio podría interpretarse como una nueva expresión del estilo personal de Milei si no hubiera ocurrido apenas 48 horas después de otra controversia en Argentina y en la misma mañana en que el presidente volvió a utilizar un lenguaje extraordinariamente agresivo contra el Gobierno español.
Vistos en conjunto, los episodios permiten observar algo más amplio: la consolidación de una forma de comunicación política basada en la confrontación permanente que tiene numerosos puntos de contacto con Donald Trump.
Las claves
- Milei calificó de “corta intelectualmente” a una periodista de la Cadena SER después de una pregunta sobre su visita a España.
- En el mismo viaje volvió a cuestionar a periodistas argentinos y llamó “impresentable dictador” a Pedro Sánchez.
- También afirmó que el Gobierno español fomenta la inmigración en Ceuta porque “cada migrante es un voto”, aunque los extranjeros que llegan a España no adquieren automáticamente derecho a votar en elecciones generales.
- Un día antes había ridiculizado un relevamiento según el cual aproximadamente dos de cada tres argentinos encuestados agotan sus ingresos antes del día 20.
- La encuesta de Zentrix también registra un fuerte uso del endeudamiento para cubrir alimentos, salud, servicios y otros gastos corrientes.
- Trump atraviesa conflictos similares con la prensa: su Gobierno intentó excluir a CNN, MS NOW y Politico de espacios de la Casa Blanca y un juez consideró probable que existiera discriminación por sus posiciones editoriales.
- Frente al costo de vida, Trump también ha cuestionado datos o percepciones negativas mientras las encuestas muestran que la economía constituye una de las mayores preocupaciones electorales estadounidenses.
- Ambos dirigentes utilizan la inmigración como parte central de su comunicación política y han realizado recientemente afirmaciones que organismos, autoridades o verificadores no pudieron sostener con evidencia.
- Las semejanzas retóricas son importantes, aunque existen diferencias institucionales: Trump ha trasladado algunos conflictos con la prensa a decisiones administrativas, mientras que las polémicas recientes de Milei se concentran principalmente en el terreno discursivo.
La pregunta de una periodista terminó convertida en una discusión sobre la periodista
El intercambio de Madrid resulta particularmente representativo porque la pregunta original no contenía una acusación contra el presidente argentino.
Molina quería saber cómo interpretaba Milei que dirigentes españoles ideológicamente próximos evitaran mostrarse demasiado cerca suyo durante una campaña particularmente competitiva. Santiago Abascal no programó una reunión pública con él y la eventual cita con Isabel Díaz Ayuso fue manejada con extrema cautela durante las horas previas.
La respuesta modificó completamente el objeto de la conversación.
La cuestión dejó de ser qué efecto político podía producir la visita de Milei sobre la derecha española y pasó a ser si la periodista que formulaba la pregunta tenía o no capacidad intelectual suficiente para comprender la situación.
Este recurso aparece con frecuencia dentro de la comunicación política contemporánea: en lugar de discutir exclusivamente una información o una interpretación, se cuestiona la legitimidad del interlocutor.
Un día antes, el problema había sido “llegar al día 20”
La secuencia resulta todavía más evidente cuando se observa lo ocurrido en Argentina.
Un relevamiento del Monitor de Opinión Pública de Zentrix indicó que aproximadamente 65% de los consultados agota sus ingresos a más tardar el día 20 de cada mes. La situación aparece especialmente comprometida entre jóvenes y sectores de menores ingresos. El informe de septiembre fue elaborado sobre 1.438 casos y también detectó que más de la mitad de los encuestados había tomado deuda durante los seis meses anteriores.
Milei decidió impugnar la forma en que se estaba interpretando el dato mediante una pregunta sarcástica: si realmente alguien se queda sin dinero el día 20, preguntó, “¿cómo vive 10 días sin comer y sin beber?”. Después calificó la formulación sobre quienes no llegan a fin de mes como una “pelotudez del tamaño de una casa” y acusó a periodistas de repetir el argumento sin analizarlo.
El punto metodológico es atendible: una encuesta de opinión no equivale a una estadística oficial de ingresos y decir que una persona “se queda sin plata” no significa literalmente que deje de consumir durante diez días.
Pero el mismo estudio contiene parte de la explicación que la respuesta presidencial omitía. Entre quienes se habían endeudado, una porción importante informó utilizar el crédito para alimentos, salud, tarifas y servicios. Es decir, quedarse sin ingresos disponibles no equivale a dejar de comer: puede significar recurrir a tarjetas, préstamos, familiares, postergar pagos o acumular deuda.
La controversia no surgió entonces únicamente por la discusión técnica sobre una encuesta, sino por la manera elegida para responder a una percepción económica extendida.
Trump enfrenta prácticamente la misma pregunta sobre el costo de vida
Estados Unidos ofrece una comparación interesante.
A menos de dos semanas de las elecciones legislativas del 3 de noviembre, el costo de vida es la principal preocupación declarada por los votantes estadounidenses. Una encuesta Reuters/Ipsos encontró que la mitad de los registrados considera la asequibilidad y los precios como el factor más importante para decidir su voto.
Trump, sin embargo, viene dedicando buena parte de sus actos a otros asuntos.
Reuters analizó más de 16 horas de discursos pronunciados por el presidente desde comienzos de octubre y encontró que, aunque habla de economía, suele hacerlo brevemente antes de desplazarse hacia adversarios, recuerdos de su primer mandato o agravios personales. En Montana llegó a afirmar que Estados Unidos tiene “muy poca inflación”, pese a que la tasa interanual había subido al 3,7% en septiembre.
También repitió en varios actos que había visto gasolina a US$1,85 o US$1,95 durante una visita a Iowa. Reuters contrastó esa afirmación con registros de GasBuddy y AAA y no encontró estaciones que vendieran combustible regular a esos valores durante aquella jornada; el promedio estatal era de US$2,57.
La similitud con la discusión argentina no está necesariamente en las condiciones económicas —que son muy distintas— sino en la estrategia comunicacional utilizada cuando la experiencia económica de una parte del público contradice el relato oficial.
En ambos casos, el Gobierno intenta discutir la interpretación del problema antes que aceptar el marco propuesto por sus críticos.
Milei llevó la confrontación de Argentina a España
La polémica con la periodista no fue el único episodio del viaje.
Durante su intervención en Madrid, Milei volvió a cargar contra Pedro Sánchez, a quien definió como un “impresentable dictador”, atacó al socialismo español y defendió la necesidad de expulsarlo políticamente del poder. También sostuvo que lo ocurrido recientemente en Ceuta había sido deliberadamente fomentado porque, según él, “cada migrante es un voto”.
La afirmación presenta un problema factual importante.
Un inmigrante que entra o reside en España no adquiere por ese hecho el derecho a votar en elecciones generales. Para participar en la elección de diputados y senadores se requiere ciudadanía española e inscripción en el censo. Incluso los ciudadanos de otros países de la Unión Europea residentes en España pueden participar bajo determinadas condiciones en municipales y europeas, pero no en las elecciones generales españolas simplemente por residir en el país.
Es posible que Milei estuviera planteando un argumento de largo plazo sobre naturalizaciones futuras. Pero la fórmula “cada migrante es un voto”, aplicada directamente a quienes llegan actualmente, no describe cómo funciona el sistema electoral español.
Trump acaba de utilizar una fórmula muy parecida con Francia
La coincidencia resulta especialmente llamativa porque Trump acaba de incorporar las protestas europeas a la campaña estadounidense.
El presidente y otros referentes republicanos responsabilizaron a inmigrantes musulmanes por buena parte de los disturbios ocurridos en Francia e Italia. Una verificación de Associated Press no encontró evidencia que permita atribuir la violencia a ese grupo y señaló que las autoridades francesas tampoco establecieron semejante vínculo.
Emmanuel Macron reaccionó este miércoles calificando como “estúpidas” e “inaceptables” las versiones que atribuían la crisis francesa a una supuesta revuelta de inmigrantes musulmanes y acusó a dirigentes extranjeros de utilizar los disturbios para sus propias campañas.
La comparación con Milei vuelve a aparecer.
En España, Milei conecta inmigración, socialismo y votos.
En Estados Unidos, Trump conecta inmigración, inseguridad y disturbios europeos.
En ambos casos, un fenómeno complejo se reorganiza alrededor de la inmigración, incluso cuando las evidencias disponibles no permiten sostener algunas de las afirmaciones utilizadas para hacerlo.
Francia también muestra por qué esa simplificación es problemática
Las protestas francesas comenzaron alrededor de demandas estudiantiles y posteriormente incorporaron reclamos por costo de vida, servicios públicos, vivienda y salarios.
Parte de las manifestaciones terminó derivando en graves disturbios, saqueos e incendios.
Sin embargo, eso no demuestra que exista detrás una rebelión organizada por musulmanes o inmigrantes.
Associated Press señala que no existe evidencia de que una comunidad religiosa o migratoria particular sea responsable de la mayoría de los daños. Las autoridades francesas mencionaron en cambio grupos violentos, militantes radicalizados y oportunismo criminal dentro de movilizaciones mucho más amplias.
Esto no significa que inmigración, integración o seguridad no sean problemas legítimos de la política europea.
Significa algo bastante diferente: la existencia de un problema migratorio no convierte automáticamente cualquier conflicto social en un conflicto migratorio.
El otro gran punto de contacto está en la relación con la prensa
Milei mantiene desde hace tiempo una relación extraordinariamente conflictiva con periodistas y medios argentinos.
Durante agosto llegó a utilizar expresiones como “mierdas mentirosas”, “basuras inmundas” e “ignorantes e imbéciles” contra periodistas y opositores en redes sociales. El episodio de la Cadena SER trasladó ahora esa dinámica fuera de Argentina.
Trump construyó buena parte de su carrera política alrededor de una confrontación comparable con los medios, aunque en su segundo mandato el conflicto alcanzó además una dimensión institucional.
Su Gobierno prohibió durante septiembre el acceso a instalaciones de la Casa Blanca a periodistas de CNN, MS NOW y Politico, argumentando que difundían “fake news”. Un juez federal posteriormente ordenó restaurar su acceso provisionalmente y consideró probable que la decisión gubernamental constituyera discriminación basada en el punto de vista editorial y vulnerara garantías constitucionales.
CNN sostiene ahora que, pese a esa decisión judicial, continúa siendo excluida de determinados viajes presidenciales en Air Force One y amenazó con iniciar nuevas acciones legales.
Aquí aparece también una diferencia importante entre ambos casos.
Los ataques recientes de Milei son fundamentalmente discursivos. En Estados Unidos, el conflicto entre Trump y determinados medios ya produjo decisiones concretas sobre acreditaciones y acceso al poder presidencial.
No son situaciones institucionalmente equivalentes, aunque comparten una concepción de la prensa crítica como un adversario político.
La provocación también tiene una función electoral
Ni Milei ni Trump parecen considerar estas controversias simplemente como costos inevitables de su forma de comunicarse.
La confrontación también puede cumplir una función.
Trump está recorriendo Estados Unidos para pedirles a sus seguidores que en las elecciones legislativas actúen como si él estuviera personalmente en la boleta. En Georgia volvió incluso a repetir afirmaciones falsas sobre fraude en las elecciones de 2020 mientras centraba buena parte de su discurso en adversarios políticos y cuestiones nacionales antes que en los candidatos republicanos locales.
Milei también utiliza sus viajes internacionales para insertarse en disputas políticas extranjeras. Su presencia en España ocurre en plena campaña para las elecciones generales del 29 de noviembre y su discurso estuvo dirigido de manera explícita contra Sánchez y la izquierda española. La visita incomodó incluso a sectores del PP y Vox, cuyos máximos dirigentes evitaron una foto pública con él durante buena parte de la agenda.
En Brasil viene ocurriendo algo parecido. Milei expresó repetidamente su respaldo al bolsonarismo y volvió a intervenir en la discusión brasileña a días del balotaje entre Lula y Flávio Bolsonaro.
La política exterior deja así de ser exclusivamente una relación entre Estados y se convierte también en una red de alianzas ideológicas transnacionales.
Milei no es Trump y Trump no es Milei
Las semejanzas no deberían ocultar las diferencias.
Trump construyó su proyecto alrededor del nacionalismo económico estadounidense, el proteccionismo, los aranceles y una política de “America First”. Milei se define como libertario, reivindica mercados abiertos y sostiene un discurso mucho más hostil hacia el Estado y los impuestos.
Trump gobierna la principal potencia económica y militar del mundo y dispone de herramientas institucionales que ningún presidente argentino posee.
Milei, en cambio, llegó al poder prometiendo una transformación económica basada en equilibrio fiscal, reducción del Estado y desregulación dentro de un país que atravesaba una crisis inflacionaria mucho más profunda.
Pero las diferencias programáticas conviven con una gramática política sorprendentemente parecida.
Ambos personalizan fuertemente el poder, utilizan redes sociales como canales directos, presentan a buena parte del periodismo como actor político, convierten críticas en ataques contra quienes las formulan y organizan buena parte de su identidad alrededor de adversarios claramente definidos.
Cuando el dato incómodo se convierte en una batalla cultural
El caso del “día 20” argentino resulta particularmente útil para observar ese mecanismo.
Había una discusión posible sobre metodología, representatividad de la encuesta, diferencia entre liquidez e ingreso o utilización del crédito.
Milei eligió otra.
Transformó el dato en evidencia de una supuesta incapacidad intelectual de quienes lo difundían y lo incorporó inmediatamente a su confrontación con el kirchnerismo y el periodismo.
Trump utiliza con frecuencia una estrategia similar cuando se discuten inflación, combustible o inmigración. En lugar de aceptar completamente el marco estadístico adverso, intenta imponer otra narración: los precios están mejor de lo que dicen los medios, determinados datos son falsos, los problemas provienen de enemigos externos o las críticas forman parte de una campaña política.
Eso puede ser electoralmente eficaz porque reemplaza una discusión técnica difícil por una división mucho más sencilla.
No se discute solamente si un dato es correcto. Se discute de qué lado está quien lo menciona.
El riesgo para ambos aparece cuando la experiencia cotidiana pesa más que el relato
Existe, sin embargo, un límite para cualquier estrategia comunicacional.
Los ciudadanos pueden discutir interpretaciones sobre inflación, pobreza o crecimiento, pero también pagan cuentas, compran alimentos, cargan combustible y pagan alquileres.
En Estados Unidos, aproximadamente la mitad de los votantes registrados señala actualmente al costo de vida como su principal preocupación electoral. La aprobación de Trump cayó al 31% en el último Reuters/Ipsos mientras los republicanos intentan conservar el Congreso.
En Argentina, el estudio que provocó la reacción de Milei no es una estadística oficial, pero tampoco es el único indicador de tensión en los hogares: diferentes relevamientos vienen mostrando un aumento del endeudamiento destinado a financiar consumo y gastos corrientes. El propio Monitor de Zentrix encontró que una mayoría de quienes se endeudan utiliza parte de esos recursos para necesidades básicas.
La pregunta política es entonces hasta dónde puede sostenerse una confrontación con quienes describen un problema cuando una parte del electorado percibe ese mismo problema en su propia economía.
De Washington a Madrid, el conflicto se convierte en parte del producto político
La comparación entre Milei y Trump no necesita afirmar que uno simplemente copia al otro.
Los dos provienen de historias políticas diferentes, gobiernan economías diferentes y defienden políticas que en algunos puntos incluso chocan entre sí.
Pero comparten una característica difícil de ignorar: la controversia no aparece como una interrupción de su estrategia política. Forma parte de ella.
El insulto a una periodista, la pelea con un medio, una acusación contra un adversario extranjero o una frase explosiva sobre inmigración pueden dominar la conversación durante horas y obligar a opositores y periodistas a discutir exactamente el terreno elegido por el presidente.
Eso explica por qué Milei puede pasar en apenas dos días de discutir cuánto duran los ingresos de los argentinos a convertirse en protagonista de la campaña española, y por qué Trump puede transformar disturbios franceses en un argumento para las legislativas estadounidenses.
La similitud más significativa entre ambos no está necesariamente en sus programas económicos. Está en una forma de ejercer la comunicación política en la que cada dato incómodo, cada periodista crítico y cada adversario puede convertirse inmediatamente en una nueva batalla cultural.
Y, a juzgar por lo ocurrido esta semana en Buenos Aires, Madrid y Washington, ninguno de los dos parece interesado en abandonar ese método.


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