
Canadá y México refuerzan su alianza comercial ante la incertidumbre generada por EE.UU.
Alejandra Larrea
Canadá y México sellaron un compromiso para estrechar sus lazos económicos en medio de un clima de creciente tensión comercial impulsado por las medidas proteccionistas e imprevisibles de Estados Unidos. En una reciente reunión de alto nivel entre el primer ministro canadiense Mark Carney y la presidenta mexicana Claudia Sheinbaum en Ciudad de México, ambos mandatarios coincidieron en que reforzar la integración bilateral es clave para generar mayor estabilidad económica en la región y diversificar los riesgos que sienten frente al nuevo escenario internacional.
El eje central del nuevo plan de acción incluye inversión mutua, cooperación en infraestructura, energía, agricultura y seguridad comercial. Se busca facilitar mayor fluidez en el intercambio de bienes y servicios sin tener que depender totalmente de las decisiones que provienen de Washington, las cuales han estado marcadas por aranceles repentinos, amenazas de tarifas y cambios en regulaciones que afectan directamente las cadenas de valor y exportaciones norteamericanas. México y Canadá reconocen que buena parte de sus economías están vinculadas al comercio con EE.UU., pero apuestan a fortalecer rutas alternativas que les otorguen más margen de maniobra.
Otra pieza importante del acuerdo es la revisión del pacto comercial USMCA, que deberá renovarse en 2026. Las consultas públicas previas ya han comenzado en los tres países, pero Canadá y México buscan maximizar sus intereses conjuntos en ese proceso, asegurando que se respeten reglas de origen, condiciones laborales y ambientales, además de garantizar un tratamiento justo frente a eventuales nuevas barreras impuestas desde el norte. La coordinación bilateral permitirá presentar propuestas más fuertes y coherentes tanto frente a EE.UU. como dentro del marco trilateral.
Los líderes también enfatizaron la necesidad de reforzar cadenas de suministro resilientes, incentivar inversiones que generen empleo de calidad, y avanzar en proyectos energéticos que reduzcan costos y dependencias externas. En ese sentido, se mencionaron oportunidades en generación eléctrica, transporte, puertos y logística, donde los dos países podrían apoyarse mutuamente para mejorar la infraestructura necesaria para competir de igual a igual en mercados globales.
Aunque la iniciativa surge como respuesta a señales de inestabilidad —como amenazas arancelarias y la posibilidad de una revisión punitiva unilateral en sectores clave—, refleja también una estrategia a mediano plazo de integración regional. La expectativa es que una relación comercial más fuerte entre México y Canadá sirva de contrapeso, no solo frente a EE.UU., sino frente a los vaivenes del comercio internacional. Si logran consolidar las medidas pactadas, podrían fortalecer sus economías frente a shocks externos, mejorar su capacidad de negociación internacional y reducir la vulnerabilidad que generan los cambios repentinos en políticas externas.


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