
Francia reconoce al Estado palestino en la ONU pese a la presión de Israel
Alejandro Cabrera
Emmanuel Macron anunció en la Asamblea General de la ONU el reconocimiento oficial de Palestina como Estado. La decisión, que llega tras meses de debate interno y presiones diplomáticas, marca un punto de inflexión en la política internacional francesa y en la dinámica del conflicto de Medio Oriente. Con este paso, Francia se convierte en el primer miembro permanente del Consejo de Seguridad de la ONU que, junto a Rusia, China y el Reino Unido, respalda de manera explícita la solución de los dos Estados, dejando a Estados Unidos como la última gran potencia en rechazar ese camino.
El discurso de Macron en Nueva York fue cuidadosamente diseñado para transmitir equilibrio. Por un lado, ratificó el apoyo histórico de Francia a la seguridad de Israel, insistiendo en que el reconocimiento de Palestina no resta legitimidad a su existencia ni a su derecho a defenderse. Por el otro, enfatizó que los palestinos tienen derechos legítimos que no pueden seguir siendo postergados. Para subrayar ese punto, citó versos de Mahmud Darwish, el poeta nacional palestino, y evocó la figura de Isaac Rabin, el primer ministro israelí asesinado por firmar los Acuerdos de Oslo. “La paz es mucho más exigente y difícil que todas las guerras, pero ha llegado el momento”, afirmó el presidente francés.
Macron también fue categórico en su diagnóstico de la situación actual. Señaló que Hamás fue debilitado y que “nada justifica que la guerra continúe”, en referencia a la ofensiva israelí en Gaza que ya provocó decenas de miles de muertes. Pidió la liberación inmediata de los rehenes en manos de Hamás y el fin de las masacres contra la población civil palestina. Para reforzar el tono equilibrado de su mensaje, nombró con detalle tanto a rehenes franco-israelíes como a víctimas palestinas, buscando transmitir empatía hacia ambos pueblos.
La decisión francesa no es un gesto aislado. Se inscribe en una ola internacional cada vez más amplia de reconocimientos a Palestina. En los últimos meses, países como Reino Unido, Canadá y Australia dieron el mismo paso. Antes lo habían hecho España, Irlanda, Noruega y Eslovenia, lo que generó un efecto dominó dentro de la Unión Europea y más allá. En total, 142 naciones firmaron en junio la Declaración de Nueva York en apoyo a la solución de los dos Estados. De los 193 miembros de la ONU, cerca de 160 ya reconocen a Palestina como Estado independiente.
Este movimiento diplomático refleja un cambio de época. Durante décadas, el reconocimiento palestino estuvo limitado a países árabes, africanos y latinoamericanos. Hoy, sin embargo, las potencias occidentales tradicionales empiezan a sumarse. El gesto de Francia es particularmente significativo porque no solo se trata de una nación europea influyente, sino de un actor con poder de veto en el Consejo de Seguridad. Ese factor aumenta la presión sobre Estados Unidos, que mantiene su rechazo por considerar que la creación de un Estado palestino solo debe surgir de una negociación directa con Israel.
La reacción israelí no tardó en llegar. El gobierno de Benjamín Netanyahu calificó el reconocimiento como una “concesión peligrosa” que debilita los intentos de negociación y fortalece a Hamás. Autoridades de Jerusalén acusaron a Macron de actuar por cálculo político interno, intentando reforzar su liderazgo internacional en un momento de desgaste en la política doméstica francesa. Las advertencias incluyeron el posible enfriamiento de las relaciones bilaterales y el impacto en los acuerdos de cooperación en materia de seguridad.
En Francia, la medida también generó tensiones. Sectores de la oposición conservadora criticaron la decisión por considerarla inoportuna y potencialmente riesgosa para la seguridad del país, en un contexto donde la amenaza del terrorismo sigue presente. En cambio, partidos progresistas y amplias organizaciones de la sociedad civil la aplaudieron como un paso valiente hacia la justicia y la paz. El debate se trasladó a los medios y a la opinión pública, donde las encuestas muestran un apoyo mayoritario de los franceses al reconocimiento palestino.
La apuesta de Macron tiene además una dimensión geopolítica. Francia busca reposicionarse como mediador central en Medio Oriente, un rol que en las últimas décadas estuvo relegado frente al protagonismo de Washington, Moscú o Ankara. Con esta decisión, París intenta recuperar protagonismo diplomático dentro de Europa y proyectarse como la voz que equilibre la política exterior occidental. La Conferencia de Alto Nivel para la Solución Pacífica de la Cuestión Palestina, copatrocinada por Francia y Arabia Saudí, fue el escenario donde se empezó a gestar este giro, al punto de que allí el bloque árabe pidió por primera vez que Hamás depusiera las armas y abandonara el poder en Gaza.
El reconocimiento francés se suma a un contexto internacional cada vez más polarizado. António Guterres, secretario general de la ONU, habló de una situación “moral, jurídica y políticamente intolerable” y pidió un compromiso urgente con la paz. El presidente español Pedro Sánchez fue incluso más lejos y describió la ofensiva israelí como un “genocidio”. Sus palabras resonaron en la Asamblea General y generaron incomodidad en varios aliados de Israel, pero reflejaron el sentimiento de gran parte de la comunidad internacional.
Más allá de las declaraciones, el reconocimiento tiene efectos prácticos. Palestina podrá reclamar mayor legitimidad en foros multilaterales, presionar para ser admitida como miembro pleno de la ONU y fortalecer sus vínculos diplomáticos con potencias europeas. Para Israel, en cambio, significa un aumento de su aislamiento en el plano internacional y una pérdida de influencia sobre sus socios históricos.
En definitiva, la decisión de Francia marca un punto de inflexión en la historia del conflicto. No resuelve la crisis en Gaza ni garantiza un proceso de paz inmediato, pero abre una puerta a la posibilidad de que el tema regrese al centro de la agenda internacional con mayor fuerza. También envía un mensaje claro: la mayoría del mundo considera que sin el reconocimiento de Palestina como Estado no habrá paz duradera en Medio Oriente.
El futuro inmediato dependerá de la reacción de Estados Unidos y de la capacidad de Israel y la Autoridad Nacional Palestina para retomar algún canal de diálogo. Por lo pronto, Macron apostó a que su gesto histórico pueda convertirse en el inicio de una nueva etapa. Una etapa en la que Francia busca consolidar su liderazgo y en la que la cuestión palestina vuelve a ocupar un lugar central en la diplomacia mundial.


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