
El sector metalúrgico se estanca: sólo funciona el 45 % de su maquinaria
Alejandra Larrea
El sector metalúrgico, uno de los pilares de la industria manufacturera argentina, atraviesa una profunda crisis. Según el informe más reciente de la Asociación de Industriales Metalúrgicos de la República Argentina (ADIMRA), la utilización de la capacidad instalada alcanzó apenas 44,5 % en septiembre de 2025, cifra que iguala los peores momentos de la pandemia.
Aun más preocupante, ese porcentaje indica que menos de una de cada dos máquinas está realmente operando, lo que evidencia un nivel extremo de ociosidad y un freno de la producción que se extiende desde hace meses.
¿Por qué ocurre esta crisis?
El informe señala que el empleo de maquinaria cayó por la combinación de falta de demanda, costos financieros elevados, importaciones de insumos y restricciones cambiarias que encarecen la renovación de equipos. Al mismo tiempo, los empresarios advierten que la producción metalúrgica sufrió una caída interanual de -5,2 % durante septiembre y una contracción de -1,1 % respecto al mes anterior.
Este panorama se corresponde con una industria que todavía no consigue recuperar el ritmo de los años previos y que afronta el desafío de competitividad global con herramientas industriales oxidándose.
¿Cuáles son las consecuencias?
El elevado nivel de capacidad ociosa implica que se deteriora el mantenimiento de los equipos y aumentan los costos fijos por unidad producida.
La caída de producción impacta sobre la cadena de valor: menor demanda de insumos, repuestos, transporte y servicios industriales.
Empleo y salarios se afectan: con poca actividad, las empresas reducen horas, postergan inversiones y limitan la incorporación de personal.
El efecto es acumulativo: la falta de renovación tecnológica y la presión de costos dificultan que el sector se inserte en cadenas exportadoras con valor agregado.
¿Qué se necesita para revertir la situación?
Los industriales coinciden en que es imprescindible una mejora de la demanda interna y externa, medidas de estímulo a la inversión en renovación de maquinaria, acceso más fluido a financiamiento y una política cambiaria que reduzca los costos de importación de bienes de capital. En particular, destacan que reconstruir el nivel de utilización de la maquinaria será clave para pasar de la inactividad al crecimiento.
El momento es crítico: con menos del 50 % de la capacidad activa, el sector metalúrgico no sólo arrastra cifras adversas, sino que también pone en riesgo su rol estratégico en la economía argentina. El desafío ahora es detener la caída y volver a poner en marcha las máquinas que aún permanecen paradas.


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