
Balearon otra vez a Dylan Cantero, hijo del fundador histórico de Los Monos
Alejandro Cabrera
La violencia narco volvió a irrumpir con fuerza en Rosario. Dylan Cantero, hijo del fundador histórico de Los Monos y uno de los nombres más sensibles en la estructura delictiva del clan, fue nuevamente atacado a tiros este lunes. El episodio ocurrió al mediodía, en una zona de tránsito habitual, cuando el joven se desplazaba acompañado por dos menores de edad.
El ataque no solo renovó la preocupación por la escalada de violencia que atraviesa la ciudad desde hace meses, sino que también dejó expuesto que las disputas internas de la organización criminal continúan abiertas. El impacto político, policial y social del hecho volvió a poner a Rosario en el centro de la escena nacional.
Un ataque directo y a plena luz del día
Según pudo reconstruirse, el hecho ocurrió en la zona sur de la ciudad, cuando un vehículo se acercó a Cantero y sus acompañantes y abrió fuego de manera directa. Dos balas alcanzaron el abdomen del joven, quien quedó tendido en la vía pública en un cuadro de extrema gravedad.
Los dos menores que estaban con él —uno de 13 años y otro de 20— también fueron alcanzados por los disparos, aunque sus heridas no comprometen su vida. Las imágenes captadas por cámaras cercanas muestran la secuencia en apenas segundos: el rodado se aproxima, uno de los ocupantes dispara múltiples veces y se aleja a gran velocidad.
Tras el ataque, un automóvil particular trasladó a Cantero hasta el Hospital de Emergencias Clemente Álvarez. Allí ingresó en estado crítico y fue intervenido de inmediato por el equipo quirúrgico. El centro de salud activó protocolos especiales ante el riesgo de nuevos incidentes, mientras fuerzas provinciales y federales reforzaron la custodia.
Escalada narco y antecedentes inmediatos
La figura de Dylan Cantero permanece asociada a la zona más caliente del accionar de Los Monos. En los últimos meses, el joven había sido blanco de amenazas y ataques previos, lo que para los investigadores refleja un proceso de fragmentación interna dentro de la banda.
La muerte del histórico fundador del clan reconfiguró el mapa de poder, y varias facciones mantienen disputas abiertas por el control territorial, la administración de negocios ilegales y la conducción política de los sectores más violentos. El ataque de ayer se inscribe dentro de ese conflicto: un mensaje directo destinado a su círculo y una demostración de fuerza de quienes buscan desplazarlo.
El episodio se suma a una cadena reciente de hechos de gravedad ocurridos en Rosario, incluyendo ataques contra dependencias de salud, intimidaciones a personal hospitalario, balaceras contra edificios públicos y amenazas dirigidas a la policía. Para las autoridades, se trata de señales de una organización que intenta recuperar espacios perdidos, aun a costa de una escalada que afecta a la población civil.
Las primeras detenciones y el avance de la investigación
Pocas horas después del hecho, investigadores de la Fiscalía Regional avanzaron con allanamientos en distintos puntos de la ciudad, lo que derivó en detenciones vinculadas al ataque. Entre los sospechosos aparece un adolescente que habría participado en la logística previa y en el traslado del arma utilizada.
También se secuestró una motocicleta incinerada que habría sido descartada por los agresores luego del ataque. Ese vehículo tenía pedido de secuestro activo y sería clave para reconstruir la ruta de escape.
Aunque se trabaja bajo extrema reserva, los investigadores señalan que el atentado no fue un hecho improvisado: hubo seguimiento previo, acompañamiento de al menos dos vehículos y un operativo coordinado que sugiere intervención de una célula organizada, con acceso a armas, movilidad y logística.
Impacto en Rosario y respuesta del Estado
El nuevo ataque puso en alerta máxima a las autoridades de Santa Fe, que desde hace meses vienen intentando frenar una escalada narco que incluye ataques a viviendas, atentados contra comisarías, intimidaciones a fiscales y balaceras contra escuelas. Cada episodio añade presión a la política de seguridad provincial, que alterna refuerzos policiales con operativos federales y presencia militar limitada.
La inestabilidad generada por el episodio también impacta en el clima social: vecinos de la zona del ataque describieron un escenario de tensión constante, con circulación de motos sin identificación, autos con vidrios polarizados y ruidos de disparos frecuentes en horas nocturnas. En barrios del sur, la presencia de menores vinculados a facciones criminales se volvió parte de una dinámica cotidiana que el Estado no logra revertir.
En paralelo, Nación analiza nuevas medidas de asistencia, incluyendo refuerzo de fuerzas especiales, tecnología de vigilancia y una mesa ampliada de coordinación judicial. Sin embargo, el despliegue, hasta ahora, no logró contener la proliferación de eventos vinculados a Los Monos y a organizaciones emergentes que disputan su dominio.
Un entramado de poder que no cesa
Los Monos, surgidos como un clan familiar y transformados en una de las estructuras criminales más influyentes del país, mantienen una red compleja de vínculos con sectores sociales vulnerables, operadores barriales y actores de mayor escala que facilitan el financiamiento y el flujo de armamento.
La figura de Dylan Cantero funciona como símbolo de continuidad del clan, pero también como punto de conflicto interno. Las diferentes líneas que disputan la jefatura buscan evitar que un liderazgo joven recupere centralidad, y el ataque del lunes se interpreta en ese marco.
Para los especialistas en seguridad, el hecho de que menores participen tanto como víctimas como ejecutores revela el deterioro profundo del tejido social en Rosario. Escuelas, clubes y organizaciones sociales hace años vienen alertando sobre la captación sistemática de adolescentes por parte de las bandas.
Lo que viene en la causa
La Fiscalía adelantó que pedirá nuevas medidas de coerción para los detenidos y que avanza sobre la pista de un presunto instigador. La línea principal de la investigación apunta a una ruptura dentro del clan, aunque no se descarta la participación de terceros que buscan aprovechar la inestabilidad interna para ganar territorio.
El estado de salud de Dylan Cantero es reservado, y su evolución determinará la imputación final: tentativa de homicidio o homicidio agravado en caso de que su cuadro se agrave. Mientras tanto, los investigadores trabajan con un hermetismo absoluto para evitar filtraciones que entorpezcan el proceso.
El ataque contra Dylan Cantero vuelve a mostrar el nivel de descomposición y violencia que atraviesa Rosario. La disputa dentro del propio clan que dominó durante años el mapa narco de la ciudad alimenta un escenario inestable, donde cada atentado abre un nuevo capítulo de incertidumbre. La respuesta estatal intenta contener el impacto, pero el avance criminal sigue marcando el ritmo.


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