El Salvador extiende el régimen de excepción mientras crece la presión internacional por las deportaciones desde Estados Unidos

El gobierno de Nayib Bukele renovó por 45ª vez el régimen de excepción que sostiene su ofensiva contra las pandillas, en un momento en que Estados Unidos enfrenta cuestionamientos por vuelos de deportación hacia San Salvador que habrían violado órdenes judiciales. El escenario abre un capítulo incómodo para ambos países, marcado por denuncias de abusos, silencios diplomáticos y un tablero geopolítico cada vez más tenso.
26 de noviembre de 2025Alejandro CabreraAlejandro Cabrera
68kq2g3-item01-ipad-89774359
Nayib Bukele

El régimen de excepción en El Salvador, instaurado en marzo de 2022 para combatir a las pandillas, logró convertirse en el eje identitario del gobierno de Nayib Bukele y en un símbolo de seguridad para buena parte de la población. Sin embargo, casi tres años después, su continuidad ya supera cualquier estándar regional o internacional, tanto en duración como en profundidad.

Aun así, el oficialismo salvadoreño aprobó su 45ª prórroga consecutiva, consolidando un sistema de detenciones masivas, restricciones constitucionales, tribunales especiales y políticas carcelarias ultraenergéticas. Mientras tanto, crece el ruido externo: Estados Unidos, bajo la administración de Kristi Noem, quedó en el centro de una controversia por la deportación de migrantes venezolanos hacia territorio salvadoreño —algunos de ellos con antecedentes penales— pese a una orden judicial que prohibía explícitamente ese movimiento.

El cruce entre ambos procesos —la política interna salvadoreña y la política migratoria estadounidense— expone una relación bilateral enrarecida, donde cada parte evita críticas abiertas al otro, aunque ambas enfrenten cuestionamientos severos en foros internacionales.

 
Una 45ª prórroga que consolida un modelo

La Asamblea Legislativa salvadoreña extendió el régimen de excepción alegando que persisten “amenazas activas” de estructuras criminales. Desde su implementación, las autoridades aseguran que la ofensiva redujo drásticamente los homicidios y destruyó buena parte de los clanes que dominaron barrios enteros durante décadas.

El modelo, no obstante, descansa sobre pilares extraordinarios:

  • suspensión del derecho de defensa inmediata,
  • detenciones sin orden judicial,
  • vigilancia ampliada,
  • restricciones a la libertad de asociación,
  • fortalecimiento de la policía militarizada.

    A esto se suma el megaproyecto penitenciario, incluyendo cárceles de máxima seguridad y sistemas de reclusión diseñados para alojar a miles de detenidos simultáneamente.

La narrativa oficial insiste en que no hay alternativa viable a este esquema. Los críticos sostienen que el régimen se convirtió en una política permanente disfrazada de medida transitoria, utilizada para gobernar en un estado de excepción perpetuo.

El gobierno, por su parte, exhibe encuestas que muestran un apoyo público superior al 80% para la continuidad del plan de seguridad. Para amplios sectores sociales, el país vive un momento histórico: pasar de ser uno de los países más violentos del mundo a uno de los más seguros. El costo institucional, sin embargo, es objeto de debate global.

 
Las deportaciones desde Estados Unidos: un capítulo inesperado


Al mismo tiempo, el gobierno estadounidense enfrenta críticas tras la realización de vuelos de deportación hacia El Salvador que incluyeron a ciudadanos venezolanos, algunos de ellos con causas penales, en aparente violación de una orden judicial federal que prohibía esos movimientos.

La administración de Kristi Noem justificó la decisión bajo el argumento de “cooperación regional en seguridad”, pero organismos jurídicos dentro del propio sistema estadounidense sostienen que la operación incumplió explícitamente la orden del tribunal.

La polémica se vuelve aún más compleja porque los migrantes no fueron enviados a su país de origen —Venezuela— sino a El Salvador, que aceptó la recepción a pesar de no tener obligación formal. Esto reconfigura el rol del país en el mapa migratorio regional, posicionándolo como destino de deportados de terceros países bajo acuerdos no transparentados públicamente.

El Gobierno salvadoreño, por su parte, no realizó críticas a Washington. La relación entre ambos parece estar atravesada por un pacto tácito: seguridad a cambio de cooperación migratoria. Sin embargo, esta dinámica puede generar riesgos legales y diplomáticos, sobre todo si surgen nuevas órdenes judiciales en Estados Unidos que cuestionen la operatoria.

 
El factor venezolano: entre la detención y el traslado


El traslado de venezolanos con antecedentes desde territorio estadounidense hacia El Salvador plantea un problema adicional: el régimen salvadoreño permite detenciones prolongadas sin debido proceso, lo cual podría generar un choque con normas internacionales si estos migrantes terminan incursos dentro del régimen de excepción sin mecanismos de defensa adecuados.

Además, organizaciones humanitarias advierten que los deportados podrían enfrentar trato desigual en el sistema penitenciario salvadoreño, dada su condición de extranjeros sin arraigo local.

Washington, por su parte, sostiene que actuó en un marco de “coordinación hemisférica” y que los traslados se realizaron con acuerdo de las autoridades salvadoreñas. El detalle operativo sigue sin aclararse.

 
Kristi Noem endurece la política migratoria y acelera vuelos


La Casa Blanca reforzó su postura en materia migratoria con el aumento de vuelos de deportación hacia Centroamérica. La narrativa oficial insiste en que la administración está “recuperando el control de las fronteras” y que no habrá tolerancia frente a criminalidad extranjera.

Esta estrategia se sostiene en tres ejes:

  • acelerar procesos de expulsión para quienes tengan antecedentes penales,
  • aumentar la presión sobre gobiernos de la región para recibir deportados,
  • imponer mayor control federal sobre jurisdicciones que se oponían a estas políticas.

    El Salvador aparece como un socio predispuesto a colaborar, en un momento en que Bukele busca consolidar su imagen internacional como líder regional en materia de seguridad.

 
La tensión entre seguridad, derechos humanos y geopolítica

El cruce entre El Salvador y Estados Unidos pone sobre la mesa un debate que ninguna de las partes parece dispuesto a afrontar abiertamente: los efectos jurídicos y humanitarios de combinar deportaciones polémicas con un régimen de excepción prolongado.

Los analistas consideran que esta convergencia crea un ecosistema que favorece la opacidad. Las instituciones salvadoreñas funcionan bajo un esquema de emergencia permanente y, al mismo tiempo, Estados Unidos enfrenta cuestionamientos internos sobre el cumplimiento de órdenes judiciales.

Ambos gobiernos, en paralelo, utilizan la seguridad como herramienta política: Bukele para sostener su legitimidad nacional; Noem para construir su identidad federalista y de “mano dura” frente a la inmigración.

El resultado es un escenario donde la cooperación bilateral prioriza eficacia operativa por encima de garantías legales.

 
La mirada regional: entre el elogio y el temor

Mientras algunos gobiernos latinoamericanos observan el modelo salvadoreño como un posible camino frente a la violencia organizada, otros lo perciben como un riesgo institucional que, de extenderse, podría erosionar los sistemas democráticos del continente.

Ante el incremento de vuelos de deportación, además, crecen las tensiones diplomáticas entre países de origen, países de tránsito y países de destino. La triangulación que involucra a Estados Unidos, Venezuela y El Salvador podría replicarse en otras rutas migratorias si Washington decide ampliar el esquema.

Esto abre interrogantes estratégicos:

  • ¿se convertirá El Salvador en centro regional de recepción de deportados?,
  • ¿se usará el régimen de excepción como herramienta para procesar a extranjeros?,
  • ¿cómo afectará esto la relación de Bukele con organismos internacionales?

 
Una alianza pragmática que redefine la dinámica del poder
Lo que emerge de este cuadro no es una fraternidad ideológica, sino una alianza pragmática basada en intereses coincidentes: Estados Unidos necesita destinos seguros para acelerar deportaciones; El Salvador desea reconocimiento y apoyo tácito a su política interna.

El régimen de excepción, lejos de mostrar señales de finalización, se fortalece en un marco donde la seguridad se ha transformado en la moneda de cambio más valiosa para la política salvadoreña. Y mientras el país profundiza ese modelo, la Casa Blanca intensifica una agenda migratoria sin concesiones.

Ambos caminos confluyen en una zona gris donde lo legal, lo político y lo humanitario se intersectan sin definiciones claras.

Lo más visto
Milei

Del odio en X al aula: la furia de Milei cruzó otra frontera y terminó frente a adolescentes de la ORT

Alejandro Cabrera
Opinión28 de agosto de 2026
En apenas una semana, Javier Milei escribió o amplificó 361 mensajes contra periodistas y medios; días después dedicó horas enteras a calificarlos de “mierdas humanas”, “soretes” e “imbéciles” y respaldó la idea de Luis Caputo de sancionar a quienes publiquen información que el Gobierno considere falsa. El jueves trasladó esa lógica a un colegio secundario: ante alumnos de cuarto y quinto año de la ORT defendió su modelo como expresión del orden divino, presentó al marxismo como “satánico”, degradó moralmente a sus adversarios y alentó a los estudiantes a abuchear a periodistas. Lo más incómodo es que fue el propio gobierno de Milei el que convirtió el “adoctrinamiento político-partidario” en las escuelas en una vulneración de derechos y creó mecanismos para denunciarlo.
Milei

Milei prepara otra semana de máxima exposición: FIA, Kast, la derecha internacional y empresarios, después de quince días dominados por la furia y la confrontación

Alejandro Cabrera
Política31 de agosto de 2026
Javier Milei comenzará septiembre con una agenda intensa que lo llevará del Congreso Americano de la FIA a una nueva reunión de Gabinete, un foro liberal, un viaje a Chile para encontrarse con José Antonio Kast y una funcionaria de Donald Trump, y finalmente a la convención financiera del IAEF en Misiones. El contraste con las dos semanas anteriores es marcado: primero reapareció después de varios días de aislamiento con discursos cada vez más combativos; luego volvió a la Casa Rosada, consiguió una victoria legislativa pero profundizó su enfrentamiento con el periodismo y terminó envuelto en la polémica por su discurso ante alumnos de la ORT. La próxima semana parece diseñada para recuperar una fotografía presidencial más internacional, económica e institucional, aunque la batalla cultural seguirá ocupando buena parte del escenario.
Laje Milei

¿Milei rompió con Agustín Laje? La trama del “traidor”, el bloqueo y qué fuentes sostienen realmente la pelea

Alejandro Cabrera
Política31 de agosto de 2026
Una versión lanzada por Alejandro Bercovich aseguró que Javier Milei insultó, acusó de “traidor” y bloqueó a Agustín Laje después de escuchar al director de la Fundación Faro advertir que “la gente no come batalla cultural” y que el Gobierno necesita mejorar “el metro cuadrado” de los argentinos. La historia dejó de descansar únicamente en C5N cuando Infobae afirmó haberla confirmado por su cuenta con personas al tanto del episodio. Sin embargo, no aparecieron capturas de los supuestos mensajes, ni Milei ni Laje hicieron una confirmación pública y una fuente cercana al conflicto aseguró posteriormente que “ya está todo bien”. Por eso, hablar de una ruptura definitiva va más allá de lo que hoy permiten sostener las pruebas disponibles.
 
Milei

¿Milei es iliberal? El Presidente que se define liberal pero tensiona cada vez más el pluralismo, los contrapoderes y las libertades

Alejandro Cabrera
Opinión31 de agosto de 2026
Javier Milei es probablemente el presidente más explícitamente liberal en materia económica que tuvo la Argentina moderna: propiedad privada, mercado, desregulación, reducción del Estado y rechazo del colectivismo forman el centro de su doctrina. Pero el concepto de “iliberalismo” obliga a mirar otra dimensión. Un dirigente puede defender radicalmente el capitalismo y al mismo tiempo erosionar componentes esenciales de la tradición liberal política: el pluralismo, los límites al poder, la libertad del adversario, los derechos de las minorías y la legitimidad de los contrapoderes. Bajo esa definición, Milei muestra numerosos rasgos iliberales, aunque todavía sería excesivo equiparar a la Argentina con la “democracia iliberal” consolidada de Viktor Orbán.
Merlo

Horror en Merlo: torturaron y asfixiaron con un cable a un jubilado y detuvieron a cuatro vecinos por el crimen

Alejandro Cabrera
Policiales31 de agosto de 2026
Ángel Rosendo Leguizamón tenía 74 años, vivía solo en el barrio Matera y era conocido por todos como “Santiago”. Lo encontraron maniatado, con heridas de arma blanca y un cable alrededor del cuello. Las cámaras de seguridad fueron decisivas: registraron movimientos de vecinos que vivían a pocos metros y permitieron realizar allanamientos de urgencia. La principal hipótesis es que el hombre fue atacado para obligarlo a entregar dinero u objetos de valor.