Milei prepara otra semana de máxima exposición: FIA, Kast, la derecha internacional y empresarios, después de quince días dominados por la furia y la confrontación

Javier Milei comenzará septiembre con una agenda intensa que lo llevará del Congreso Americano de la FIA a una nueva reunión de Gabinete, un foro liberal, un viaje a Chile para encontrarse con José Antonio Kast y una funcionaria de Donald Trump, y finalmente a la convención financiera del IAEF en Misiones. El contraste con las dos semanas anteriores es marcado: primero reapareció después de varios días de aislamiento con discursos cada vez más combativos; luego volvió a la Casa Rosada, consiguió una victoria legislativa pero profundizó su enfrentamiento con el periodismo y terminó envuelto en la polémica por su discurso ante alumnos de la ORT. La próxima semana parece diseñada para recuperar una fotografía presidencial más internacional, económica e institucional, aunque la batalla cultural seguirá ocupando buena parte del escenario.
Política31 de agosto de 2026Alejandro CabreraAlejandro Cabrera

Javier Milei comenzará este lunes una de las semanas de mayor exposición programada de los últimos meses. Durante cinco días tendrá actividades prácticamente consecutivas en Buenos Aires, Santiago de Chile y Puerto Iguazú, con una combinación cuidadosamente distribuida entre gestión, economía, vínculos internacionales y espacios ideológicos. La secuencia representa un cambio respecto de las últimas dos semanas, no porque el Presidente haya abandonado su discurso confrontativo, sino porque la Casa Rosada intentará volver a mostrarlo en escenarios donde pueda hablar de inversiones, reformas, crecimiento, relaciones exteriores y de la expansión regional de las ideas libertarias después de quince días en los que la conversación pública quedó dominada por sus insultos, la morosidad, las peleas con la prensa y la controversia que provocó su paso por la escuela ORT.

El primer escenario será este lunes 31 de agosto. Milei participará en Buenos Aires de la apertura del Congreso Americano de la Federación Internacional del Automovilismo, que reunirá durante tres jornadas a las máximas autoridades del automovilismo continental. El encuentro se realiza mientras el Gobierno intenta reactivar el proyecto para que la Fórmula 1 vuelva a tener un Gran Premio en la Argentina, algo que no sucede desde 1998, y después de la renovación de Franco Colapinto con Alpine para la temporada siguiente. El presidente de la FIA, Mohammed Ben Sulayem, estará en Buenos Aires y el Gobierno pretende aprovechar la reunión para reforzar la idea de recuperar una fecha argentina dentro del calendario internacional.

La elección del escenario no es menor. Milei viene de dos semanas en las que prácticamente cada aparición terminó convertida en una controversia política. El automovilismo le ofrece en cambio una fotografía distinta: deporte internacional, turismo, inversiones, empresarios y una potencial candidatura argentina para volver a recibir a la Fórmula 1. Es uno de esos terrenos donde la Casa Rosada puede construir un mensaje de normalización y apertura al mundo sin que necesariamente todo termine organizado alrededor de la disputa con el kirchnerismo.

El martes volverá la política doméstica. Milei encabezará otra reunión de Gabinete y participará de la mesa política oficialista. Apenas una semana antes había reunido a todos sus ministros después de aproximadamente 45 días sin una reunión formal de ese tipo y tras 24 días sin trabajar presencialmente desde la Casa Rosada. Aquella convocatoria duró casi tres horas y tuvo una función muy concreta: ratificar que no modificará el programa económico aunque las dificultades sociales puedan generarle costos electorales y preparar al oficialismo para la pelea parlamentaria por la reforma de la Carta Orgánica del Banco Central y la denominada Inocencia Fiscal II.

La reunión de este martes tendrá un clima diferente porque el Gobierno llega con una victoria legislativa en el bolsillo. Diputados otorgó media sanción a los dos proyectos económicos centrales: la reforma del BCRA reunió 144 votos y la segunda versión de Inocencia Fiscal consiguió 139. Para una administración que venía de atravesar problemas con algunos de sus aliados y había visto cómo el Senado modificaba iniciativas enviadas desde el Ejecutivo, el resultado permitió demostrar que la mayoría parlamentaria ampliada alrededor de La Libertad Avanza todavía puede reconstruirse cuando el Gobierno coordina previamente con el PRO, radicales y fuerzas provinciales.

El miércoles Milei volverá directamente al terreno ideológico. Participará en el Sheraton de Buenos Aires del encuentro organizado por la Fundación Libertad y Progreso denominado “Vientos de Cambio: avanza la libertad en Argentina y las Américas”, al que también asistirán numerosos funcionarios. El título anticipa el mensaje que probablemente desplegará el Presidente: presentar su gobierno no únicamente como una experiencia económica nacional sino como parte de una transformación política regional que conecta a la Argentina con las nuevas derechas de América Latina y Estados Unidos.

Y será precisamente esa dimensión internacional la que dominará el jueves.

Milei partirá a las siete de la mañana hacia Chile y tendrá tres actividades sucesivas. La primera será a las 9.30 en el Foro Madrid, organizado por la Fundación Disenso, el think tank vinculado con Vox. A las 10.15 mantendrá un encuentro con Sarah Rogers, subsecretaria de Estado para Diplomacia Pública de Estados Unidos, una funcionaria de la administración Trump. Después llegará la reunión con el presidente chileno José Antonio Kast, con quien se encontrará por tercera vez desde la asunción del mandatario chileno en marzo. Milei asistió a su toma de posesión y Kast posteriormente viajó a Buenos Aires para reunirse con él en la Casa Rosada.

El encuentro tendrá además un pequeño trasfondo diplomático. Apenas una semana atrás, declaraciones del jefe de la Fuerza Aérea argentina sobre el Estrecho de Magallanes habían generado ruido en Chile y obligaron a la Cancillería argentina a reafirmar la posición oficial y el compromiso bilateral. Kast consideró luego superado el episodio. La reunión presidencial permitirá dejar definitivamente atrás aquella controversia y volver al punto donde ambos gobiernos pretenden colocar la relación: afinidad ideológica, comercio, seguridad y coordinación política regional.

El viernes Milei regresará al escenario económico. Participará en Puerto Iguazú de la Convención Anual del Instituto Argentino de Ejecutivos de Finanzas bajo un título que parece diseñado a medida del discurso oficial: “Argentina: de la estabilidad al crecimiento, cómo generar competitividad sostenida”. Allí tendrá probablemente una de las mejores oportunidades de la semana para volver a colocar en primer plano la narrativa que el Gobierno quiere instalar hacia el final de 2026: que la estabilización macroeconómica ya está conseguida y que el problema siguiente consiste en acelerar inversión, crédito y crecimiento.

El título de la convención también muestra dónde está ahora el desafío. Durante los primeros años de Milei, el Gobierno podía medir su éxito casi exclusivamente por inflación, déficit fiscal y reducción de la emisión. A medida que esas variables se estabilizan, crece la presión para responder por salarios, empleo, consumo, deuda familiar y actividad. Es justamente ese desplazamiento de la discusión el que estuvo detrás de buena parte de la tensión de las últimas dos semanas.

Dos semanas en las que Milei pasó de la reaparición a la furia

La semana que comenzará este lunes contrasta especialmente con la del 17 al 23 de agosto.

Milei había reaparecido públicamente el lunes 17 después de nueve días sin actividades abiertas desde su regreso de Colombia. Lo hizo durante el homenaje a José de San Martín en Retiro, donde reivindicó nuevamente la “batalla cultural”, reclamó unas Fuerzas Armadas mejor equipadas y utilizó la figura del Libertador para volver a establecer una división entre quienes defienden la libertad y quienes, según él, pretenden llevar al país nuevamente hacia el pasado.

La intensidad aumentó el jueves 20 en el Council of the Americas.

Frente a empresarios, Milei desarrolló una defensa cerrada de su programa económico, relativizó el cierre de empresas como parte de la reasignación propia de una economía competitiva, afirmó que los salarios no habían caído, negó que el desempleo hubiera aumentado y aseguró que el consumo privado estaba en niveles históricamente elevados. También celebró que la inflación mayorista de julio hubiera sido de 0,8% y prometió volver a realizar un “recital” porque el índice había comenzado con cero.

El discurso salió además de la economía para ingresar otra vez en la batalla cultural. Milei responsabilizó al aborto legal por parte de la caída de la natalidad argentina, habló de la “locura de los pañuelitos verdes” y calificó el aborto como una pasión por “asesinar niños en el vientre”. La caída de la natalidad argentina había comenzado antes de la aprobación de la Ley de Interrupción Voluntaria del Embarazo en 2020, de modo que la asociación causal utilizada por el Presidente generó cuestionamientos.

Al día siguiente, en el 142° aniversario de la Bolsa de Comercio de Rosario, redobló la apuesta. Durante más de una hora y media volvió a defender el programa económico, rechazó que el crecimiento de la morosidad pudiera atribuirse a la política gubernamental y sostuvo que alrededor de la cuestión se había construido un “mercado repugnante” destinado a responsabilizar políticamente al Gobierno. Entre las explicaciones mencionó compras realizadas en cuotas, apuestas online y televisores adquiridos para mirar el Mundial.

La propia discusión sobre la morosidad terminaría persiguiendo al Gobierno durante los días siguientes. Mientras Milei intentaba relativizar el problema, los datos del Banco Central mostraban un deterioro real de la calidad crediticia de los hogares. La discusión legítima era —y continúa siendo— cuál es su causa y qué dimensión macroeconómica tiene, pero el Presidente eligió interpretar buena parte de los cuestionamientos como una ofensiva política.

Fue también durante esa primera semana cuando se disparó nuevamente su enfrentamiento con el periodismo.

Un relevamiento realizado sobre su actividad en X determinó que entre el lunes 17 y el domingo 23 Milei reprodujo 335 publicaciones críticas contra periodistas y medios y escribió otras 26 personalmente. En total, 361 mensajes vinculados con ataques a la prensa en apenas siete días, a los que se sumaron 21 referencias negativas durante sus intervenciones públicas y entrevistas.

El sábado completó esa semana con una entrevista en la que habló del caso Fernando Cerimedo, su antiguo colaborador detenido en Bolivia, se desligó del consultor y sugirió que alrededor del expediente podía existir una operación que vinculó con Marcela Pagano, Franco Bindi y el “castrochavismo”. No presentó pruebas públicas que permitieran demostrar ese supuesto entramado.

La fotografía de esa semana fue entonces la de un Presidente que regresaba de varios días de bajo perfil decidido a defender personalmente su gobierno pero lo hacía con un tono mucho más agresivo que el que parte de su propia mesa política parecía estar intentando construir. Incluso análisis publicados durante aquellos días describieron a Milei como un “outsider de su propio gobierno”: mientras Karina Milei y otros funcionarios intentaban ordenar alianzas y moderar conflictos de cara a 2027, el Presidente volvía a funcionar políticamente desde la confrontación permanente.

La semana pasada: victoria en el Congreso, ocho horas de insultos y la polémica en la ORT

Entre el 24 y el 30 de agosto cambió el escenario, pero no necesariamente el tono.

El lunes Milei volvió físicamente a la Casa Rosada después de más de tres semanas y reunió al Gabinete. El mensaje fue nuevamente de resistencia: no iba a modificar el programa económico por las críticas sociales ni introducir medidas que considerara populistas. Al día siguiente convocó a diputados y senadores de La Libertad Avanza para prepararlos para la sesión de Diputados. Durante aproximadamente una hora y cuarenta minutos volvió a explicar la economía, habló de los denominados “mercados repugnantes”, cuestionó el abordaje opositor de la morosidad y pidió a sus legisladores “salir a combatir la mentira”.

En términos estrictamente políticos, la estrategia funcionó. El miércoles el oficialismo consiguió aprobar los dos proyectos económicos que había colocado en el centro de su agenda y demostró que todavía posee capacidad para articular mayorías mucho más amplias que su bloque propio. Fue probablemente la noticia institucional más favorable para Milei durante toda la quincena.

Pero quedó rápidamente desplazada por otra dinámica.

Durante el martes, antes de reunirse con los legisladores, Milei pasó aproximadamente ocho horas publicando y reproduciendo mensajes contra periodistas. Utilizó expresiones como “mierdas humanas”, “amontonamiento de mierda” y otras descalificaciones, mientras respaldaba una propuesta de Luis Caputo para que existieran consecuencias legales frente a publicaciones periodísticas que el Gobierno considere carentes de sustento.

La tensión llegó a su punto máximo el jueves en la Escuela ORT de Almagro.

Milei había sido invitado a hablar ante alumnos de cuarto y quinto año sobre “Ética como política de Estado” e inteligencia artificial. La charla terminó convirtiéndose en una exposición mucho más ideológica: presentó su concepción económica vinculándola con un orden moral y religioso, habló de una elección entre el bien y el mal, calificó a Marx de “satanista”, atacó nuevamente a sus adversarios y celebró los silbidos contra periodistas. Cuando parte del auditorio comenzó a abuchear a la prensa, Milei respondió que, si querían hacerlo más fuerte, él “se los iba a festejar”.

La intervención generó rechazo de padres, exalumnos, intelectuales y del exdirector de la institución Adrián Moscovich, quien sostuvo que una escuela no era el ámbito para definir como satánico al que piensa diferente ni para convocar a abuchear periodistas. Desde La Libertad Avanza, Sabrina Ajmechet defendió al Presidente y negó que hubiera existido adoctrinamiento porque, según su definición, nadie había sido obligado a aceptar las ideas expuestas.

Ese episodio terminó cerrando una quincena en la que Milei acumuló mucha exposición pero perdió parcialmente el control sobre qué aspecto de sus intervenciones quedaba instalado.

El Gobierno quería hablar de inflación mayorista en 0,8%, reformas del Banco Central, Inocencia Fiscal, crecimiento, desregulación y aprobación parlamentaria.

Una parte considerable de la conversación pública terminó girando alrededor de televisores comprados para el Mundial, los “pañuelitos verdes”, Cerimedo, cientos de insultos contra periodistas y el discurso en una escuela secundaria.

Ahí aparece el verdadero contraste con la semana que comienza.

La agenda del 31 de agosto al 4 de septiembre parece mucho más ordenada alrededor de escenarios presidenciales favorables. FIA para hablar de Argentina en el mundo y Fórmula 1. Gabinete para mostrar gestión. Libertad y Progreso para consolidar la identidad doctrinaria. Chile para exhibir la alianza con Kast y el vínculo con la administración Trump. El IAEF para volver a colocar la discusión en estabilidad, inversiones y crecimiento.

No significa necesariamente un Milei más moderado.

De hecho, dos de las actividades —el encuentro de Libertad y Progreso y el Foro Madrid— son escenarios donde probablemente vuelva a desplegar su discurso más ideológico. Y la experiencia de las últimas semanas demuestra que una intervención prevista originalmente para hablar de economía o inteligencia artificial puede terminar rápidamente convertida en una batalla contra periodistas, opositores o cualquier actor que el Presidente considere parte del problema.

La diferencia será el marco.

Después de quince días en los que estuvo prácticamente encerrado dentro de la discusión política argentina, Milei tendrá esta semana la oportunidad de reconstruir una imagen que históricamente le resultó más cómoda: la del Presidente que se mueve entre empresarios, dirigentes internacionales y aliados ideológicos explicando que la Argentina es la vanguardia de un cambio global.

La Casa Rosada necesita esa fotografía.

Porque las últimas dos semanas dejaron también una contradicción difícil de ignorar: mientras el oficialismo consiguió aprobar leyes, estabilizar variables económicas y reconstruir parte de sus alianzas parlamentarias, su principal figura volvió a quedar atrapada en una lógica de confrontación que muchas veces termina ocultando esos mismos resultados.

La próxima semana mostrará si Milei intenta modificar ese equilibrio.

O si simplemente llevará la batalla cultural de Buenos Aires a Santiago de Chile.

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