Milei contra Europa: dijo que “se está hundiendo” y apuntó al Estado de bienestar, la inmigración y la sobrerregulación

En una entrevista con la señal francesa LCI, Javier Milei trazó un diagnóstico extremadamente crítico sobre el futuro europeo: habló de una “muerte lenta, agónica y cobarde”, responsabilizó a la regulación, al Estado de bienestar, la inmigración y el “wokismo”, y contrastó el continente con Estados Unidos. Algunos problemas señalados por el Presidente —menor productividad, envejecimiento y pérdida de competitividad— también aparecen en informes de la propia Unión Europea.
22 de septiembre de 2026Alejandro CabreraAlejandro Cabrera

Javier Milei volvió a utilizar Europa como contramodelo de la sociedad que pretende construir en la Argentina. Esta vez no lo hizo ante un foro libertario ni frente a empresarios estadounidenses, sino directamente ante la televisión francesa. Durante una entrevista concedida desde Buenos Aires a LCI, la señal informativa del grupo TF1, el Presidente sostuvo que Europa “se está hundiendo”, describió su futuro como una posible “muerte lenta, agónica y cobarde” y atribuyó el deterioro del continente a una combinación de sobrerregulación, Estado de bienestar, problemas migratorios y “wokismo”. También defendió con énfasis a Donald Trump y contrapuso la Bruselas institucional con Roma, a la que presentó como heredera de los fundamentos históricos de Occidente.

La frase más potente de toda la entrevista llegó cuando el periodista Darius Rochebin le preguntó por qué Trump genera tanto rechazo en Europa. Milei respondió que quienes consideran que el presidente estadounidense debilita a Occidente están equivocados y sostuvo que los europeos se sienten incómodos frente a lo que él considera una verdad evidente: el continente está perdiendo peso relativo frente a Estados Unidos. Su razonamiento económico partió de la menor velocidad de crecimiento europeo, continuó con una crítica a la regulación y terminó responsabilizando al modelo social construido después de la Segunda Guerra Mundial. Según Milei, el llamado Estado de bienestar se transformó en una estructura que dificulta la acumulación, la inversión y la innovación.

El diagnóstico contiene elementos que sí encuentran respaldo en informes elaborados dentro de las propias instituciones europeas. El informe Draghi sobre competitividad, encargado por la Comisión Europea, señala que la Unión Europea creció persistentemente menos que Estados Unidos durante las últimas dos décadas y que la brecha se explica fundamentalmente por productividad. Medido a precios constantes, el diferencial entre ambas economías pasó de poco más de 15% en 2002 a alrededor de 30% en 2023; en términos de poder de compra, el informe calcula que cerca del 70% de la brecha de PBI per cápita con Estados Unidos responde a una productividad inferior. Además, desde 2000 el ingreso disponible real por habitante aumentó casi el doble en Estados Unidos que en la Unión Europea. Es decir: cuando Milei afirma que Europa perdió terreno económico relativo frente a Washington, está señalando un problema ampliamente reconocido por Bruselas.

Pero de ahí a afirmar que Europa “se está hundiendo” existe una distancia importante. Los últimos datos disponibles no muestran una economía continental en contracción. Eurostat informó que durante el segundo trimestre de 2026 el PBI aumentó 0,7% en la Unión Europea y 0,6% en la eurozona respecto del trimestre anterior. Frente al mismo período de 2025, el crecimiento fue de 1,4% y 1,2%, respectivamente. Estados Unidos continúa mostrando una expansión interanual superior —2,1% en el segundo trimestre—, pero durante ese mismo trimestre su crecimiento frente a los tres meses anteriores fue del 0,4%. Europa está creciendo lentamente y conserva problemas estructurales de competitividad; eso es distinto de una economía actualmente en caída generalizada.

La propia Comisión Europea espera una expansión modesta. Su última previsión disponible proyecta un crecimiento de aproximadamente 1,1% para la Unión Europea durante 2026 y del 0,9% para la eurozona, afectadas especialmente por el shock energético derivado de los conflictos internacionales. La inflación europea volvería a situarse alrededor del 3,1% este año antes de moderarse nuevamente en 2027. La palabra que utiliza Bruselas es desaceleración, no colapso. Al mismo tiempo, reconoce que Europa necesita acelerar inversión, productividad, digitalización, integración energética y capacidad tecnológica para evitar que la distancia con Estados Unidos y China continúe ensanchándose.

La regulación: uno de los puntos donde Milei encuentra más coincidencias dentro de Europa

Milei sostuvo que Europa construyó una “maraña de regulaciones” que dificulta la actividad económica. En este punto, su crítica coincide parcialmente con una discusión que se está produciendo dentro de la propia Unión. El informe Draghi coloca el exceso de fragmentación regulatoria y administrativa entre los obstáculos a la competitividad, y este mismo septiembre al menos 17 gobiernos europeos respaldaron una iniciativa encabezada por Austria e Italia destinada a reducir cargas burocráticas. El Banco Central Europeo ha estimado que las barreras internas existentes dentro del mercado único pueden producir efectos equivalentes a aranceles elevados para determinados intercambios entre países.

La Comisión ya empezó a modificar normas en esa dirección. El EU Listing Act, que comenzó a desplegarse plenamente durante 2026, simplifica requisitos para que empresas —especialmente pequeñas y medianas— puedan acceder a los mercados de capitales europeos. Bruselas reconoce que existen procedimientos demasiado complejos y que el continente necesita facilitar inversión, innovación y crecimiento empresarial para competir con Estados Unidos. Por lo tanto, la discusión sobre sobrerregulación no es exclusivamente una bandera libertaria: gobiernos socialdemócratas, liberales, conservadores y las propias instituciones comunitarias aceptan que hay un problema de complejidad administrativa. La diferencia está en cuánto regular, qué regulaciones eliminar y cuáles preservar.

¿El Estado de bienestar es responsable del menor crecimiento?

La conclusión de Milei es mucho más controvertida cuando atribuye el deterioro económico europeo al “perverso Estado de bienestar”. Europa efectivamente mantiene un nivel de protección social considerablemente superior al de muchas otras regiones. En 2024, el gasto en prestaciones de protección social equivalió aproximadamente al 27,3% del PBI de la Unión Europea. Finlandia destinó 32,5%, Francia 31,9% y Austria 31,8%. Una parte importante corresponde a jubilaciones y atención sanitaria, dos áreas particularmente presionadas por el envejecimiento demográfico.

Lo que los datos no establecen automáticamente es que ese gasto sea la causa principal del menor crecimiento europeo. El informe Draghi identifica una combinación bastante más amplia de factores: menor productividad, atraso en determinadas tecnologías, mercados de capitales fragmentados, energía cara, menor inversión, envejecimiento, dependencia estratégica y dificultades para transformar innovación científica en grandes compañías tecnológicas. Por lo tanto, afirmar que el Estado de bienestar explica por sí mismo la pérdida relativa frente a Estados Unidos representa una interpretación ideológica de Milei, no una conclusión estadística establecida por las instituciones europeas.

Además, el mercado laboral europeo no presenta actualmente una imagen de derrumbe. En julio de 2026 el desempleo se ubicó en 6,1% en la Unión Europea y 6,4% en la eurozona, mientras que durante el segundo trimestre la tasa de empleo de la población entre 20 y 64 años alcanzó 76,4%, ligeramente por encima del trimestre anterior. Existen problemas relevantes —el desempleo juvenil sigue alrededor del 15% y algunos países como España superan ampliamente el promedio—, pero la participación laboral agregada permanece elevada.

Demografía: probablemente el punto más delicado del diagnóstico europeo

Donde el diagnóstico de Milei encuentra evidencia particularmente clara es en la demografía. Europa envejece rápidamente y tiene pocos nacimientos. Eurostat calcula que la tasa de fertilidad de la Unión Europea cayó hasta 1,34 hijos por mujer en 2024, muy por debajo de los 2,1 necesarios para mantener estable una población sin inmigración. Las proyecciones actuales indican que la población de la UE alcanzaría un máximo aproximado de 453 millones de habitantes en 2029 y luego comenzaría un descenso prolongado hasta unos 445 millones en 2050 y menos de 400 millones hacia finales del siglo. Paralelamente, aumentará fuertemente la proporción de mayores de 65 años.

Eso introduce presiones enormes sobre jubilaciones, salud, oferta laboral y cuentas fiscales. Menos trabajadores deben financiar proporcionalmente a más jubilados. Empresas de numerosos sectores ya tienen dificultades para encontrar personal. La propia Comisión considera el cambio demográfico uno de los principales desafíos económicos europeos y lanzó durante 2026 medidas destinadas a atraer trabajadores extranjeros precisamente para cubrir vacantes.

La inmigración: un problema político real, pero económicamente más complejo

Milei habló de un “terrible” o “furioso” problema migratorio. La inmigración es efectivamente una de las cuestiones que más tensionan actualmente a la política europea, con controversias por integración, vivienda, seguridad, fronteras, asilo y capacidad de los servicios públicos. La UE recibió 4,2 millones de inmigrantes provenientes de países extracomunitarios durante 2024, además de 1,5 millones de movimientos entre países miembros. Se trata de movimientos poblacionales de gran magnitud.

Pero los últimos datos de asilo contradicen la idea de que el flujo se encuentra actualmente acelerándose sin control. Durante 2025 hubo 669.400 primeras solicitudes de asilo, 27% menos que en 2024. La tendencia descendente continuó durante 2026: en junio se registraron 37.075 solicitudes por primera vez, 29% menos que un año antes. También disminuyó en 21,7% durante 2025 el número de extranjeros detectados en situación irregular dentro de la Unión Europea, mientras crecieron los retornos hacia terceros países.

Al mismo tiempo, la inmigración cumple una función económica que Milei no desarrolló durante la entrevista. Un estudio de la Dirección General de Asuntos Económicos y Financieros de la Comisión concluyó que la población en edad de trabajar nacida fuera de la UE pasó de alrededor del 8% en 2014 a más del 12% en 2024 y que los inmigrantes contribuyeron significativamente al crecimiento del empleo y a reducir faltantes de trabajadores. La Comisión sostiene directamente que, debido al envejecimiento, Europa necesitará cada vez más trabajadores extranjeros y considera la inmigración legal una herramienta de competitividad. Esto no elimina los desafíos de integración ni la inmigración irregular, pero vuelve mucho más complejo presentar inmigración y decadencia como una relación causal automática.

“Wokismo”: una explicación política difícil de medir económicamente

El cuarto elemento señalado por Milei fue el “wokismo”, al que responsabilizó de haber provocado “un verdadero desastre” en Europa. Aquí se abandona prácticamente el terreno de los indicadores económicos. “Woke” es una categoría política utilizada de maneras muy diferentes según quién la emplee: puede abarcar desde políticas de diversidad e identidad hasta debates sobre género, inmigración, multiculturalismo o legislación antidiscriminatoria. No existe un indicador económico reconocido que permita medir cuánto “wokismo” tiene una economía ni atribuirle determinada cantidad de puntos de crecimiento o productividad.

Por esa razón, esa parte del argumento debe entenderse como la interpretación ideológica del Presidente sobre las transformaciones culturales europeas, no como una explicación económica verificable equivalente a productividad, inversión o envejecimiento. Milei vinculó esa transformación cultural con la socialdemocracia, el Estado de bienestar y el papel institucional de Bruselas. También contrapuso a Bruselas con Roma: presentó a la primera como símbolo de la decadencia burocrática y reivindicó a la segunda por la filosofía griega, el derecho romano y los valores judeocristianos que, según su interpretación, permitieron desarrollar el capitalismo occidental.

Trump, Meloni y Orbán

La entrevista sirvió además para que Milei profundizara su alineamiento internacional. Defendió enfáticamente a Donald Trump frente a las críticas europeas y lo describió como una figura histórica por su papel en distintos conflictos internacionales. También mencionó a Giorgia Meloni y Viktor Orbán como dirigentes europeos que, desde su perspectiva, comprendieron mejor los problemas que atraviesa el continente. Esas valoraciones corresponden al Presidente y no constituyen por sí mismas una evaluación objetiva de la política exterior estadounidense o de la situación europea.

El contraste político que Milei construye es claro: de un lado coloca una Europa regulada, envejecida, socialdemócrata y culturalmente “woke”; del otro, el Estados Unidos de Trump, la Italia de Meloni, la Hungría de Orbán y su propio proyecto argentino. Esa división forma parte de una corriente política transatlántica que plantea una revisión profunda del modelo europeo, aunque dentro de la propia UE existen gobiernos y partidos con diagnósticos y propuestas muy diferentes.

La afirmación sobre el Reino Unido también necesita matices

Milei utilizó además la situación interna británica como ejemplo de lo que considera un deterioro europeo y mencionó las aspiraciones separatistas dentro del Reino Unido. Aquí conviene precisar la situación. Escocia mantiene un movimiento independentista significativo y el Gobierno escocés ha defendido formalmente la celebración de un nuevo referéndum, argumentando que las condiciones cambiaron después del Brexit. Eso no equivale a afirmar que Escocia, Gales e Irlanda del Norte hayan decidido abandonar conjuntamente el Reino Unido. Son procesos políticos distintos, con posiciones sociales, electorales y constitucionales diferentes.

Ese pasaje se conectó con otro asunto relevante para la Argentina: Malvinas. Milei reiteró que su Gobierno busca recuperar las islas exclusivamente mediante la vía diplomática y volvió a cuestionar el argumento británico de autodeterminación de los isleños. También vinculó el Atlántico Sur con los intereses estratégicos estadounidenses y describió al Reino Unido como una potencia cuya evolución demográfica genera dudas sobre su capacidad futura. Son posiciones expresadas por el mandatario argentino dentro de una disputa de soberanía en la que Londres mantiene una interpretación opuesta y sostiene que la voluntad de los habitantes de las islas es determinante.

Entonces, ¿los datos muestran una Europa “hundiéndose”?

La evidencia disponible permite separar la frase política de Milei de los problemas concretos que intenta describir. Europa tiene un problema real de crecimiento relativo, productividad, envejecimiento, energía cara, inversión tecnológica y complejidad regulatoria. El informe Draghi, elaborado por encargo de la propia Comisión Europea, contiene advertencias extraordinariamente fuertes sobre varios de esos puntos. La brecha productiva con Estados Unidos existe y el continente necesita inversiones importantes para evitar que siga ampliándose.

Pero los indicadores actuales no describen un hundimiento económico literal. La UE creció 0,7% trimestral y 1,4% interanual en el segundo trimestre, tiene una tasa de empleo del 76,4%, desempleo de 6,1% y continúa siendo uno de los mayores bloques económicos y comerciales del planeta. Incluso la inmigración, uno de los factores que Milei identifica como parte del problema, tiene una doble dimensión: genera tensiones políticas y desafíos de integración, pero también compensa parcialmente una escasez de trabajadores causada precisamente por la baja natalidad europea.

La diferencia, entonces, está en el significado de las palabras. “Europa pierde peso relativo frente a Estados Unidos y enfrenta problemas estructurales importantes” es una afirmación respaldada por numerosos datos. “Europa se está hundiendo” es la conclusión política que Milei extrae de esos problemas. Entre ambas existe una diferencia que vale la pena conservar: el diagnóstico de competitividad tiene indicadores concretos; la idea de un continente condenado a una “muerte lenta, agónica y cobarde” es una interpretación sobre su futuro.

Y justamente ahí aparece la paradoja de la próxima gira presidencial. Milei viajará a Francia entre el 30 de septiembre y el 2 de octubre para encabezar Argentina Week París, acompañado por ministros, funcionarios, gobernadores y representantes económicos, con el objetivo de atraer inversiones europeas hacia energía, minería, infraestructura, agroindustria y tecnología. Antes de pedirle capital a Europa, eligió decirle a la televisión francesa que Europa se está hundiendo. El viaje permitirá comprobar cómo conviven esas dos caras de su política exterior: la crítica ideológica al modelo europeo y la búsqueda pragmática de sus empresas, inversiones y mercados.

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