La guerra entra en una fase más peligrosa: Washington analiza operaciones con fuerzas en tierra mientras escala la tensión con Teherán. El conflicto deja de ser solo aéreo y abre un escenario de alto riesgo global.
Los dos sectores productivos registraron retrocesos mensuales cercanos al 5% y volvieron a mostrar que la estabilización macroeconómica todavía no se traduce en una recuperación sostenida de la actividad. El deterioro alcanzó prácticamente a todo el entramado fabril, mientras el empleo, la demanda interna, los costos energéticos y la competencia importada siguen condicionando a las empresas.
Durante años, Ucrania compensó la superioridad rusa en hombres, dinero y fábricas con una capacidad extraordinaria para innovar más rápido. Esa ventaja empieza a achicarse: Moscú está incorporando drones más veloces, nuevas redes satelitales, inteligencia artificial y una producción militar de enorme escala. El desafío para Kiev ya no es solamente inventar mejores armas, sino conseguir fabricarlas por cientos de miles antes de que Rusia transforme la guerra en una competencia industrial imposible de sostener.
El oficial de la Armada estaba destinado en Northwood, desde donde la Alianza monitorea submarinos, buques de guerra y petroleros vinculados con Rusia. Su relación con una mujer nacida en la Unión Soviética provocó investigaciones de seguridad, la suspensión de sus credenciales y su regreso a España, aunque hasta ahora no se demostró que ella fuera una agente rusa ni que se hubiera filtrado información clasificada.
La detención del periodista nicaragüense Luis Galeano, exiliado en Estados Unidos desde 2018 y con una solicitud de asilo todavía pendiente, deja al descubierto una contradicción profunda de la política de Donald Trump: Washington dice combatir a las dictaduras de América Latina, pero su maquinaria migratoria alcanza a quienes escaparon de ellas, mientras la Casa Blanca reconoce a Delcy Rodríguez, negocia el petróleo venezolano y respalda a un empresario investigado por presunto lavado de dinero.
La Argentina funciona como un sistema de luces que se encienden y se apagan según quién ocupa el Gobierno. La representación política, la libertad de expresión, la lucha contra la corrupción y hasta la solidaridad social son defendidas mientras resultan convenientes, pero abandonadas cuando afectan los intereses propios. Esa es la tesis que Armesto desarrolla para explicar por qué los ciudadanos votan una propuesta y terminan gobernados por intereses que nunca eligieron.