Rusia aprendió la guerra de Ucrania y empieza a borrar la ventaja tecnológica que mantuvo a Kiev con vida

Durante años, Ucrania compensó la superioridad rusa en hombres, dinero y fábricas con una capacidad extraordinaria para innovar más rápido. Esa ventaja empieza a achicarse: Moscú está incorporando drones más veloces, nuevas redes satelitales, inteligencia artificial y una producción militar de enorme escala. El desafío para Kiev ya no es solamente inventar mejores armas, sino conseguir fabricarlas por cientos de miles antes de que Rusia transforme la guerra en una competencia industrial imposible de sostener.
 
Mundo09 de septiembre de 2026Alejandro CabreraAlejandro Cabrera

Durante años, Ucrania compensó la superioridad rusa en hombres, dinero y fábricas con una capacidad extraordinaria para innovar más rápido. Esa ventaja empieza a achicarse: Moscú está incorporando drones más veloces, nuevas redes satelitales, inteligencia artificial y una producción militar de enorme escala. El desafío para Kiev ya no es solamente inventar mejores armas, sino conseguir fabricarlas por cientos de miles antes de que Rusia transforme la guerra en una competencia industrial imposible de sostener.

Durante buena parte de los cuatro años y medio de guerra hubo una paradoja que explicaba por qué Ucrania podía seguir resistiendo frente a un enemigo mucho más grande. Rusia tenía más población, más fábricas, más artillería, más dinero y una capacidad mucho mayor para reponer hombres y material. Pero Ucrania conseguía hacer algo que el enorme aparato militar ruso tenía dificultades para replicar: cambiar de tecnología y de táctica a una velocidad extraordinaria. Un grupo de ingenieros podía diseñar un dron, enviarlo a una brigada, recibir información desde el frente y modificarlo unas semanas después. Esa red descentralizada de militares, programadores y pequeñas empresas permitió a Kiev mantenerse un paso adelante durante distintos momentos de la guerra. Lo que ahora empieza a preocupar a sus aliados es que Rusia aprendió precisamente esa lección.

La advertencia aparece en una columna publicada este miércoles por Eric Schmidt, exCEO y expresidente de Google y actual presidente del Special Competitive Studies Project. Schmidt no escribe como un observador completamente neutral: lleva años involucrado en proyectos tecnológicos relacionados con la defensa ucraniana y su artículo es explícitamente una argumentación para que Estados Unidos y Europa incrementen su apoyo. Pero su diagnóstico coincide con varios fenómenos que pueden observarse independientemente en el campo de batalla. Después de regresar de una nueva visita a Ucrania, asegura que encontró a Rusia considerablemente mejor preparada que en etapas anteriores y advierte que el Kremlin está combinando por primera vez dos características que Kiev había conseguido mantener separadas: masa industrial e innovación rápida.

La guerra de drones ofrece el ejemplo más evidente. Ucrania había desarrollado interceptores relativamente baratos capaces de derribar buena parte de los Shahed iraníes y sus variantes rusas, evitando utilizar contra ellos misiles antiaéreos que cuestan muchísimo más. Moscú respondió incorporando modelos propulsados por motores a reacción, mucho más veloces y difíciles de interceptar. Reuters documentó durante las últimas semanas cómo los nuevos drones rusos de alta velocidad están obligando a Kiev a modificar otra vez sus defensas y contribuyeron a una campaña aérea prácticamente permanente sobre Kyiv antes del próximo invierno. Aquello que funcionaba hace apenas algunos meses empieza nuevamente a quedar retrasado.

La dinámica resume una característica esencial de esta guerra. Ninguna ventaja tecnológica parece durar demasiado. Un dron puede resultar devastador durante algunas semanas y convertirse después en un blanco fácil cuando el enemigo identifica su frecuencia de radio. Una defensa electrónica puede inutilizar cientos de aparatos hasta que aparecen sistemas guiados por fibra óptica. Un interceptor funciona hasta que el atacante duplica su velocidad. Luego vuelve a comenzar el ciclo. Schmidt describe ese proceso como probablemente la competencia tecnológica militar más rápida que haya existido hasta ahora: la innovación ya no se mide en generaciones de armamento que duran décadas, sino en meses e incluso semanas.

El problema para Ucrania es que esa velocidad de aprendizaje ya no pertenece exclusivamente a su lado. Durante los primeros años de la invasión, Rusia tuvo dificultades para absorber rápidamente las lecciones del frente y sufrió enormes pérdidas intentando aplicar tácticas tradicionales contra un campo de batalla cada vez más transparente. Hoy el Ejército ruso utiliza drones para reconocimiento, ataque, logística y vigilancia en cantidades gigantescas, adapta sus frecuencias, utiliza sistemas de fibra óptica y combina vehículos no tripulados con artillería, misiles y pequeños grupos de infantería. Rusia continúa teniendo problemas de mando, logística y calidad de determinadas unidades, pero la caricatura de una burocracia militar incapaz de aprender resulta cada vez menos útil para comprender lo que ocurre.

Una guerra donde moverse puede ser más peligroso que permanecer en una trinchera

La transformación del campo de batalla es todavía más profunda. Schmidt cuenta que durante su visita observó puestos de mando instalados muy por detrás de las líneas, donde los oficiales siguen en simultáneo decenas de transmisiones provenientes de cámaras y vehículos no tripulados. Drones vigilan rutas, siguen soldados individuales, transportan suministros y esperan durante horas hasta detectar un blanco. Los vehículos terrestres robotizados empiezan a realizar misiones que antes exigían que una persona expusiera su vida. Según comandantes ucranianos consultados por Schmidt, hasta el 80% de las bajas se producirían actualmente cuando los soldados se desplazan entre posiciones, aunque esa cifra debe leerse como una estimación de oficiales entrevistados y no como una estadística pública independiente para todo el frente.

La consecuencia es una suerte de campo de batalla transparente. Concentrar centenares de soldados o decenas de vehículos blindados para lanzar una ofensiva tradicional se volvió extremadamente difícil porque prácticamente cualquier movimiento puede quedar expuesto ante drones, sensores o satélites. Eso explica también por qué Rusia continúa avanzando lentamente a pesar de su superioridad material. En Donetsk, sus fuerzas se encuentran cada vez más cerca de Sloviansk y Kramatorsk y los analistas esperan combates muy intensos durante septiembre y octubre, pero los intentos de grandes ataques mecanizados siguen encontrando defensas ucranianas preparadas precisamente para detectarlos y destruirlos antes de que consigan una ruptura.

Por eso sería incorrecto interpretar la columna de Schmidt como una descripción de una Ucrania derrotada. Rusia controla alrededor de una quinta parte del territorio ucraniano, pero cuatro años y medio después de la invasión todavía no consiguió destruir el Estado ucraniano, tomar Kyiv ni conquistar completamente Donetsk. Sus avances siguen costándole grandes cantidades de hombres y material y Ucrania conserva capacidades ofensivas suficientes para atacar refinerías, bases, radares y centros logísticos dentro de Rusia. El propio Vladimir Putin reconoció recientemente que los ataques ucranianos están provocando daños reales, aunque sostiene que sus fuerzas avanzan y que Ucrania terminará cediendo.

Lo que cambió es la ecuación detrás de esa resistencia. Ucrania ya no puede confiar únicamente en fabricar un sistema mejor. Schmidt relata el caso de un comandante cuya unidad directamente dejó de buscar nuevos objetivos porque ya tenía identificados más blancos de los que podía atacar con los drones disponibles. Esa frase explica probablemente mejor que cualquier estadística la nueva fase del conflicto: la información empieza a sobrar y las municiones a faltar. El problema ya no es detectar el tanque ruso; es disponer del aparato, la batería, el explosivo y el enlace necesarios para destruirlo cuando aparece.

Schmidt lo sintetiza con otra idea contundente: un dron extraordinario producido por centenares puede ser tecnológicamente fascinante, pero un aparato simplemente bueno fabricado por cientos de miles puede decidir una guerra. Ucrania es capaz de innovar; Rusia intenta ahora convertir la innovación en producción industrial masiva. Y esa diferencia de escala se vuelve cada vez más importante a medida que la guerra consume cantidades gigantescas de sistemas relativamente baratos.

La situación de la defensa aérea muestra el mismo problema en una escala distinta. Rusia intensificó sus ataques con drones y misiles de crucero y balísticos mientras Ucrania todavía depende de una cantidad limitada de interceptores occidentales. Kyiv está contratando alrededor de 1.000 misiles Patriot, pero la mayor parte llegará durante los próximos años. Su ministro de Defensa pidió a los aliados que cedan inmediatamente unos 300 desde sus propios arsenales porque los misiles balísticos continúan siendo uno de los blancos más difíciles de interceptar. Al mismo tiempo, Ucrania calcula que enfrenta un déficit de aproximadamente US$27.000 millones para financiar su programa de drones.

Eso explica la preocupación por el próximo invierno. Rusia retomó esta semana sus ataques contra Kyiv apenas terminó una pausa coincidente con la visita de negociadores estadounidenses y volvió a emplear drones, misiles de crucero y proyectiles balísticos. El objetivo no es exclusivamente militar. Moscú continúa atacando energía, transporte, instalaciones públicas y nodos logísticos en un intento por elevar el costo cotidiano de la guerra y deteriorar la capacidad ucraniana para mantener funcionando sus ciudades.

La presión se extendió incluso hacia los corredores que conectan Ucrania con Europa. Este miércoles drones rusos alcanzaron un paso fronterizo entre Ucrania y Moldavia, provocaron muertos y obligaron a suspender temporalmente el tránsito. Esos ataques muestran cómo Moscú intenta golpear no sólo las posiciones militares sino las arterias económicas y logísticas que permiten a Ucrania continuar funcionando pese a las dificultades en el mar Negro.

La batalla que puede decidirse en las fábricas y en el espacio

La otra advertencia de Schmidt apunta a una ventaja ucraniana que durante años pareció casi imposible de replicar: Starlink. La constelación de SpaceX permitió sostener comunicaciones, transmitir video desde drones y conectar unidades incluso cuando torres, fibra óptica y redes celulares habían sido destruidas. Moscú utilizó durante un tiempo terminales obtenidas de manera irregular, pero SpaceX comenzó posteriormente a bloquear parte de esos accesos. Rusia respondió acelerando el proyecto Rassvet, su propia constelación de satélites de órbita baja.

El programa ruso todavía está lejos de ser otro Starlink. Según el Institute for the Study of War, aproximadamente la mitad de los 36 satélites lanzados hasta comienzos de septiembre tuvieron problemas para alcanzar la órbita prevista y Rusia necesitaría aumentar enormemente la cantidad de lanzamientos para disponer de una cobertura permanente sobre Ucrania. Pero incluso una red incompleta puede proporcionar durante determinadas ventanas conexiones para reconocimiento y guiado de drones. El dato importante no es que Rusia ya haya igualado a SpaceX —no lo hizo—, sino que identificó otra ventaja esencial de Ucrania y comenzó a construir una alternativa propia.

Esa capacidad de adaptación cambia también la discusión sobre cuánto puede durar la guerra. Ucrania tiene una industria de drones impresionante para un país sometido a una invasión y continúa desarrollando tecnologías que observan con atención Estados Unidos y Europa. Pero su población es mucho menor, su infraestructura industrial está bajo ataques constantes y necesita financiamiento exterior. Rusia dispone de más territorio, más plantas industriales protegidas de la línea del frente, mayores reservas humanas y una economía progresivamente orientada hacia el esfuerzo militar.

Schmidt denomina a esa evolución rusa una transición hacia una estrategia de “guerra total”. La expresión puede resultar excesiva si se compara con las movilizaciones económicas completas de la Segunda Guerra Mundial: Rusia todavía mantiene una enorme economía civil y Putin negó recientemente que prepare una nueva movilización masiva. Pero el concepto apunta a algo real. Moscú parece cada vez más dispuesto a apostar a que puede producir durante más tiempo, absorber más bajas y mantener una presión suficientemente alta como para que la capacidad ucraniana y la voluntad occidental terminen agotándose antes que la propia.

Ese es el punto en el que la guerra deja de ser exclusivamente un problema ucraniano y se convierte en una cuestión industrial para Occidente. Durante décadas, Estados Unidos y Europa desarrollaron armas extraordinariamente sofisticadas, pero muchas de ellas se producen en cantidades relativamente pequeñas, cuestan millones de dólares y requieren años para ampliar las líneas de fabricación. Ucrania demostró otra lógica: sistemas mucho más baratos, reemplazables y fabricados en grandes volúmenes. Rusia está aprendiendo la misma lección.

Por eso Schmidt reclama que Estados Unidos y Europa dejen de considerar la industria ucraniana simplemente como un receptor de ayuda y empiecen a tratarla como parte de su propia base industrial de defensa. Eso implicaría financiar fábricas dentro y fuera de Ucrania, producir conjuntamente sistemas, garantizar componentes, simplificar contratos y utilizar directamente el conocimiento adquirido por los ucranianos después de años de combate. Su argumento no es solamente solidario: considera que las fuerzas occidentales deberían aprender rápidamente esas lecciones porque el tipo de guerra que está apareciendo en Ucrania probablemente anticipa cómo se combatirán conflictos futuros.

Hay motivos para tomar esa advertencia seriamente sin caer en la conclusión de que Moscú ya consiguió una superioridad definitiva. Rusia todavía falla, sus proyectos tecnológicos tienen problemas, su avance terrestre sigue siendo lento y sus propias instalaciones están bajo ataques. Ucrania continúa adaptándose, recuperando posiciones puntuales y desarrollando sistemas capaces de golpear profundamente dentro del territorio ruso. No hay, hasta ahora, una herramienta milagrosa que permita a ninguno de los dos bandos romper completamente la guerra de posiciones.

Lo que sí parece terminar es una etapa en la que podía suponerse que Rusia tenía cantidad y Ucrania inteligencia tecnológica. Moscú está intentando quedarse también con una parte de esa segunda ventaja.

Y ahí aparece el riesgo más serio para Kyev. Durante cuatro años, cada vez que la superioridad material rusa amenazó con inclinar la guerra, los ucranianos encontraron alguna forma de hacer más con menos: misiles antitanque, drones comerciales, ataques navales no tripulados, guerra electrónica, inteligencia distribuida o nuevas tácticas. Esa creatividad continúa existiendo. Lo que empieza a desaparecer es la garantía de que Rusia tarde años en responder.

Si el Kremlin consigue aprender casi tan rápido como Ucrania y al mismo tiempo mantiene su enorme superioridad de producción, el futuro de la guerra dependerá cada vez menos de quién invente primero el próximo dron y cada vez más de quién pueda construir el número cien mil, reponerlo cuando sea destruido y hacerlo nuevamente seis meses después cuando aparezca la siguiente generación.

Ese es, finalmente, el argumento central del artículo de Schmidt. Rusia todavía no eliminó la ventaja ucraniana, pero está erosionando el mecanismo que permitió sostenerla. Y si Occidente continúa entregando armas como si se tratara de una guerra convencional mientras Moscú transforma el conflicto en una competencia permanente entre industrias, software, satélites y millones de sistemas autónomos, Kiev puede terminar descubriendo que la innovación que la salvó durante cuatro años ya no alcanza por sí sola para ganar el quinto.

Te puede interesar
Vejez

Europa envejece y puede perder poder: en 2060 casi uno de cada tres habitantes tendrá más de 65 años

Alejandro Cabrera
Mundo09 de septiembre de 2026
El continente pasará de tener un 21% de mayores de 65 años en 2025 a casi 31% en 2060, mientras se reduce la población en edad de trabajar. El impacto no será solamente sobre jubilaciones y hospitales: afectará crecimiento, defensa, inmigración, elecciones y capacidad de competir con Estados Unidos, Asia y una África mucho más joven. El gran desafío europeo será sostener simultáneamente el Estado de bienestar y su regreso como potencia geopolítica.
 
22de8f78-c114-4881-8852-1d0dff9874fd

De la Espriella gobierna como si siguiera en campaña: mano dura, religión y un cerco cada vez mayor sobre la información

Alejandro Cabrera
Mundo07 de septiembre de 2026
A un mes de asumir la Presidencia de Colombia, el dirigente que derrotó por menos de un punto a Iván Cepeda trasladó buena parte de su estrategia electoral a la Casa de Nariño. La respuesta al terremoto, la ofensiva militar, el alineamiento con Trump y Netanyahu y una comunicación estrictamente controlada muestran un Ejecutivo que busca conservar la iniciativa política, mientras empiezan a aparecer límites judiciales, fiscales e institucionales.
Venezuela

Venezuela intenta jugar a dos puntas: abre el petróleo a Estados Unidos pero promete proteger los negocios de China y Rusia

Alejandro Cabrera
Mundo07 de septiembre de 2026
Caracas aseguró que las empresas mixtas vinculadas con Pekín y Moscú seguirán operando pese al gigantesco acuerdo energético impulsado por Donald Trump. Detrás de la declaración aparece una tensión mucho mayor: Washington busca desplazar a sus rivales estratégicos de las mayores reservas de crudo del planeta, mientras el gobierno de Delcy Rodríguez intenta evitar una ruptura con los socios que sostuvieron al chavismo durante dos décadas.
Alemania

La AfD arrasó en Sajonia-Anhalt y quedó a sólo tres bancas de gobernar por primera vez en Alemania

Alejandro Cabrera
Mundo07 de septiembre de 2026
La fuerza encabezada por Ulrich Siegmund obtuvo el 43,8% de los votos, más que duplicó su desempeño de 2021 y desplazó ampliamente a la CDU. No fueron comicios nacionales ni estaba en juego la Cancillería: se eligió el Parlamento de uno de los 16 estados federados, pero el resultado puede terminar rompiendo uno de los principales consensos políticos de la posguerra alemana.
 
CUBA

Cuba ante su mayor giro económico desde 1959: crisis energética, derrumbe productivo y una apertura al mercado que empieza a cambiar la isla

Alejandro Cabrera
Mundo07 de septiembre de 2026
Actualizado al 6 de septiembre de 2026. Cuba atraviesa una crisis que ya no puede explicarse solamente por el embargo estadounidense ni únicamente por las fallas del socialismo cubano. La combinación de décadas de baja productividad, pérdida de aliados, escasez de divisas, deterioro energético, emigración masiva y una ofensiva económica de Washington llevó al Gobierno a habilitar empresas privadas de mayor escala, capital extranjero, contratación directa, comercio exterior privado y mecanismos de mercado que hasta hace pocos años parecían incompatibles con el modelo revolucionario.
BUkele

El país que quiso reinventar el dinero: cinco años después, el experimento de Bukele quedó irreconocible

Alejandro Cabrera
Mundo06 de septiembre de 2026
La obligatoriedad del bitcoin desapareció en 2025; ahora el Estado cedió el control mayoritario de Chivo, dejó de usar fondos públicos para acumular la criptomoneda y acepta nuevas exigencias de transparencia para sostener un programa por US$1.400 millones. La reserva continúa en manos públicas y la actividad crece con fuerza, pero la identidad del nuevo operador y el origen de las donaciones recientes siguen sin conocerse.
Lo más visto
Niño

La ONU advierte por un “El Niño” excepcional: podría ser el más fuerte registrado y la Argentina se prepara para lluvias extremas hasta 2027

Alejandro Cabrera
Mundo03 de septiembre de 2026
La Organización Meteorológica Mundial confirmó que El Niño ya está consolidado, seguirá intensificándose durante la primavera y tiene una probabilidad prácticamente del 100% de mantenerse hasta febrero de 2027. La NOAA incluso calcula un 69% de posibilidades de que alcance una intensidad histórica, superior a todos los episodios medidos desde 1950. Para la Argentina, el principal riesgo se concentra en el Litoral, la Cuenca del Plata y el centro del país, donde pueden aumentar las lluvias, las crecidas de los ríos y las inundaciones durante la primavera y el verano. El Gobierno ya activó un plan federal de emergencia, mientras la OMM advierte que un fenómeno de esta magnitud puede amplificar sequías, inundaciones, olas de calor y tormentas en distintas partes del planeta.
 
Imputabilidad

La baja a 14 años quedó frenada en Buenos Aires: el fallo tiene sustento, pero enfrenta una batalla por sus límites

Alejandro Cabrera
Política07 de septiembre de 2026
La jueza Marta Pascual suspendió durante 60 días la aplicación del nuevo Régimen Penal Juvenil en territorio bonaerense al advertir que los centros provinciales no están preparados para recibir más adolescentes detenidos. La decisión tiene argumentos constitucionales importantes sobre las condiciones de encierro, pero abre una discusión mucho más compleja: hasta dónde puede un juzgado provincial paralizar los efectos de una ley nacional aprobada por el Congreso.
Venezuela

Venezuela intenta jugar a dos puntas: abre el petróleo a Estados Unidos pero promete proteger los negocios de China y Rusia

Alejandro Cabrera
Mundo07 de septiembre de 2026
Caracas aseguró que las empresas mixtas vinculadas con Pekín y Moscú seguirán operando pese al gigantesco acuerdo energético impulsado por Donald Trump. Detrás de la declaración aparece una tensión mucho mayor: Washington busca desplazar a sus rivales estratégicos de las mayores reservas de crudo del planeta, mientras el gobierno de Delcy Rodríguez intenta evitar una ruptura con los socios que sostuvieron al chavismo durante dos décadas.
INDUSTRIA

La industria y la construcción se hundieron en julio y vuelven a encender la alarma sobre la economía real

Alejandro Cabrera
Economía08 de septiembre de 2026
Los dos sectores productivos registraron retrocesos mensuales cercanos al 5% y volvieron a mostrar que la estabilización macroeconómica todavía no se traduce en una recuperación sostenida de la actividad. El deterioro alcanzó prácticamente a todo el entramado fabril, mientras el empleo, la demanda interna, los costos energéticos y la competencia importada siguen condicionando a las empresas.
Educación

PISA 2025: Argentina tocó su piso en matemática y profundizó una crisis educativa que atraviesa gobiernos

Alejandro Cabrera
Actualidad08 de septiembre de 2026
La nueva evaluación internacional muestra un retroceso simultáneo en las tres áreas básicas y una distancia enorme respecto de los países desarrollados. El dato desató una pelea por las responsabilidades entre Milei y la oposición, aunque los estudiantes evaluados acumulan doce años de escolaridad y el deterioro comenzó mucho antes de la actual administración. Estados Unidos también registró su peor marca histórica en lectura y buena parte de la región volvió a quedar estancada.