
Trump expresó su sorpresa por la condena de Bolsonaro
Alejandra Larrea
El Supremo Tribunal Federal de Brasil dictó una condena sin precedentes al sentenciar a Jair Bolsonaro a 27 años y 3 meses de prisión por conspiración golpista, asociación criminal e intento de ruptura institucional tras su derrota electoral en 2022 frente a Lula da Silva. La decisión, adoptada por mayoría de cuatro votos contra uno, estableció de manera contundente la responsabilidad penal del expresidente en el plan que derivó en los violentos hechos del 8 de enero de 2023 en Brasilia.
Donald Trump reaccionó inmediatamente y calificó la decisión como “muy sorprendente”, al tiempo que reivindicó la figura de Bolsonaro como un “buen presidente” y un aliado clave en la región. El mandatario estadounidense no se limitó a expresar sorpresa: aprovechó el escenario para trazar un paralelo con sus propios procesos judiciales, insistiendo en que tanto él como Bolsonaro son víctimas de persecuciones políticas motivadas por intereses ideológicos.
El fallo del STF se apoyó en pruebas que, según el tribunal, demostraron que Bolsonaro utilizó su investidura presidencial para fomentar desconfianza en el sistema electoral y alentar a sus seguidores a desconocer los resultados oficiales. La sentencia enfatizó que el exmandatario no solo omitió frenar la escalada, sino que contribuyó activamente a crear el clima que desembocó en el asalto a las sedes de los tres poderes del Estado en la capital brasileña.
El impacto político en Brasil fue inmediato. Mientras sectores oficialistas celebraron la condena como un acto de justicia y de protección de la democracia, el bolsonarismo denunció un proceso viciado y sostuvo que la decisión busca eliminar a su líder del escenario electoral. Para muchos analistas, aunque Bolsonaro quedó formalmente inhabilitado para ejercer cargos públicos, su influencia política persiste gracias a una base de apoyo movilizada y al potencial de transferir poder a nuevos dirigentes de su espacio.
En paralelo, la declaración de Trump generó ruido en la diplomacia internacional. Desde Brasil se interpretó como una injerencia indebida de Washington en un proceso judicial soberano, mientras que en Estados Unidos no faltaron voces críticas que advirtieron sobre el riesgo de alinear al país con líderes condenados por atentar contra la democracia. La Casa Blanca, en cambio, evitó confrontar directamente con la postura del presidente y se limitó a señalar que la relación bilateral con Brasil no está en discusión.
Bolsonaro continúa bajo arresto domiciliario en Brasilia mientras su defensa prepara recursos legales para intentar revertir o al menos suavizar la condena. El camino judicial será complejo, y todo indica que el caso marcará un antes y un después en la política brasileña, al igual que en las relaciones de poder en América Latina.
La condena de Bolsonaro, el respaldo de Trump y la fuerte polarización en Brasil configuran un escenario inédito en la región: un expresidente condenado por conspirar contra la democracia, con respaldo de un líder extranjero en funciones, y una sociedad dividida entre quienes ven justicia y quienes gritan persecución.


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