
Operativo letal en Río de Janeiro: 64 muertos en la ofensiva más brutal contra el Comando Vermelho
Alejandra Larrea
Antes del amanecer, helicópteros sobrevolaban los techos del norte de Río de Janeiro mientras vehículos blindados irrumpían entre los pasillos angostos del Complexo do Alemão. Las sirenas, los disparos y el humo marcaron el inicio de una jornada que los vecinos describieron como “una guerra sin fin”.
La llamada “Operación Contención” buscaba desarticular la red logística del Comando Vermelho, la organización criminal más poderosa de Brasil, responsable de controlar el tráfico de drogas, armas y extorsiones en buena parte del estado. Lo que se suponía una acción puntual terminó en el operativo más sangriento de la historia reciente carioca.
El desarrollo del operativo
El despliegue comenzó a las 4 de la mañana, con el ingreso simultáneo de 2 500 agentes de la policía civil, militar y unidades especiales, apoyados por helicópteros artillados, drones y vehículos blindados. El objetivo era ejecutar más de 100 órdenes de captura y 150 allanamientos en las zonas de Alemão y Penha, dos bastiones históricos del crimen organizado.
Los criminales respondieron con un nivel de resistencia nunca visto. Fuentes de seguridad confirmaron que el Comando Vermelho utilizó drones equipados con explosivos y barricadas incendiarias para frenar el avance policial. Varios autobuses y camiones fueron atravesados en medio de avenidas principales para bloquear el paso de los blindados.
Durante las primeras horas, los enfrentamientos se extendieron por más de veinte manzanas. Las imágenes mostraron casas perforadas por disparos, cables eléctricos colgando y vecinos refugiados en pasillos mientras se oían ráfagas de ametralladoras desde ambos lados.
Al cierre del operativo, el balance oficial fue de 64 muertos —de los cuales cuatro eran agentes policiales— y 81 personas detenidas. También se incautaron 75 fusiles automáticos, granadas y más de 30 vehículos utilizados por las bandas. Los equipos forenses continúan trabajando en la zona, por lo que el número de víctimas podría aumentar.
Las autoridades aseguraron que entre los abatidos se encontraban al menos seis líderes locales del Comando Vermelho vinculados al tráfico de cocaína y marihuana hacia la zona portuaria. A la vez, la policía informó que se rescataron varias familias que habían quedado atrapadas dentro de viviendas ocupadas por los delincuentes.
El gobernador Cláudio Castro declaró que el operativo fue “una respuesta sin precedentes” y pidió apoyo del gobierno federal: “Estamos librando una guerra que no es solo de Río de Janeiro, es de todo Brasil”, dijo ante los medios.
Reacciones y consecuencias inmediatas
La magnitud de la operación provocó conmoción nacional. En cuestión de horas, se suspendieron las clases en 25 escuelas, se interrumpió el transporte público y se cerró parcialmente la autopista Linha Vermelha, que conecta el centro de Río con el aeropuerto internacional.
Diversas organizaciones de derechos humanos denunciaron el uso desproporcionado de la fuerza y advirtieron sobre el riesgo de víctimas civiles, dado que miles de personas viven en las áreas intervenidas. Las autoridades locales defendieron la acción alegando que se trató de “un punto de inflexión” en la lucha contra el narcotráfico.
Los barrios afectados amanecieron bajo un escenario desolador: patrullas militares en las esquinas, humo en los techos y vecinos retirando restos de municiones de sus puertas. Las calles permanecieron tomadas hasta entrada la noche, mientras las fuerzas revisaban cada vivienda en busca de fugitivos.
Un conflicto que trasciende al operativo
El Comando Vermelho, fundado en la década del 70 en el penal de Ilha Grande, controla hoy vastas áreas del norte y oeste de Río. En los últimos años ha consolidado una red que incluye el tráfico internacional de drogas y alianzas con bandas de São Paulo y Paraguay.
El operativo de este martes no solo buscó capturas, sino también reducir la capacidad logística del grupo. Sin embargo, expertos en seguridad advierten que los golpes militares suelen tener un efecto temporal, mientras las causas estructurales —pobreza, falta de presencia estatal y corrupción policial— permanecen intactas.
En 2024, Río de Janeiro registró más de 700 muertes en acciones policiales, un promedio de dos por día. Con los 64 fallecidos de este operativo, 2025 se perfila como uno de los años más violentos de la década.
Un cierre bajo tensión
La operación “Contención” deja una pregunta central: ¿es posible vencer al crimen organizado con tácticas de guerra en plena ciudad? Las imágenes de blindados entre las casas y cuerpos en las calles muestran que la línea entre seguridad y tragedia es cada vez más difusa.
Mientras el gobierno celebra lo que considera un triunfo, Río de Janeiro despierta bajo una mezcla de miedo y resignación. El eco de los disparos aún resuena entre los cerros, recordando que en la “Cidade Maravilhosa”, la paz sigue siendo un lujo distante.


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