
Israel ataca a Irán y desata una escalada militar que reconfigura el tablero de Medio Oriente
Alejandro CabreraLa ofensiva conjunta de Israel y Estados Unidos contra objetivos estratégicos en Irán abrió una nueva fase del conflicto regional y provocó una inmediata respuesta militar de Teherán. El intercambio de misiles, drones y amenazas cruzadas encendió alarmas globales por el riesgo de guerra abierta y por el impacto en el equilibrio energético y diplomático internacional.
El episodio marca un salto cualitativo: ya no se trata de ataques indirectos o enfrentamientos a través de aliados, sino de una acción militar declarada con participación estadounidense directa. La tensión se trasladó rápidamente más allá de las fronteras iraníes e israelíes, involucrando a países del Golfo y a potencias mundiales.
Cómo comenzó la ofensiva
La operación se inició en las primeras horas del sábado 28 de febrero de 2026 con explosiones en Teherán y en otras ciudades clave de Irán. Autoridades israelíes confirmaron el lanzamiento de una campaña militar coordinada con Estados Unidos, cuyo objetivo declarado fue debilitar capacidades estratégicas iraníes vinculadas a su infraestructura militar y a su programa de desarrollo avanzado.
Los ataques impactaron instalaciones consideradas sensibles por Israel y Washington. Según reportes oficiales iraníes, también se registraron daños en zonas urbanas, con víctimas civiles y destrucción parcial de edificios.
El número preliminar difundido por autoridades iraníes indicó cientos de muertos y heridos, aunque la cifra exacta continuó actualizándose durante la jornada. Las comunicaciones internas sufrieron interrupciones, con cortes parciales de internet y telefonía móvil.
En el plano político, la narrativa de Estados Unidos e Israel no se limitó a objetivos militares: también incluyó un mensaje hacia la población iraní, sugiriendo que el debilitamiento del régimen podría abrir un escenario de cambio interno. Ese componente elevó la dimensión del conflicto más allá del plano táctico.
La respuesta de Teherán
La reacción iraní fue inmediata. Se lanzaron misiles y drones contra territorio israelí y contra instalaciones militares estadounidenses en la región. Se reportaron explosiones en áreas cercanas a bases en Baréin, Qatar, Emiratos Árabes Unidos, Kuwait y Arabia Saudita.
Teherán calificó la ofensiva como una agresión directa y anunció que no habría “lenidad” en su respuesta. Desde el gobierno iraní se sostuvo que el ataque ocurrió mientras existían canales diplomáticos abiertos, lo que fue presentado como una ruptura deliberada de cualquier posibilidad de negociación.
El patrón de respuesta mostró una estrategia de ampliación del conflicto, buscando elevar el costo regional y obligar a actores externos a involucrarse en la contención o en el alineamiento.
Israel, por su parte, indicó que la operación podría extenderse durante varios días, consolidando la idea de que el enfrentamiento entró en una fase prolongada.
Reacciones internacionales
La Organización de las Naciones Unidas pidió un cese inmediato de hostilidades y convocó a reuniones de emergencia ante el riesgo de escalada. El llamado central fue retomar la vía diplomática y evitar una guerra regional de mayores dimensiones.
Los principales países europeos expresaron preocupación y reclamaron moderación, al tiempo que condenaron los ataques iraníes sobre territorio de países del Golfo. La posición buscó equilibrar el rechazo a la expansión regional sin respaldar explícitamente la ofensiva inicial.
China manifestó inquietud por el impacto en la estabilidad regional y pidió respeto por la soberanía iraní. Canadá expresó apoyo a la acción estadounidense bajo el argumento de frenar el avance nuclear iraní.
Omán, que había actuado como mediador en conversaciones indirectas entre Washington y Teherán, lamentó que el proceso diplomático se viera interrumpido, lo que reduce las vías de desescalada.
Los países del Golfo quedaron en una posición delicada: condenaron los ataques iraníes en su territorio, pero evitaron confrontar abiertamente la acción inicial de Israel y Estados Unidos.
Impacto energético y estratégico
Uno de los focos de máxima preocupación es el Estrecho de Ormuz, paso clave por donde circula una porción significativa del comercio mundial de petróleo. Advertencias sobre posibles interrupciones elevaron la volatilidad en los mercados energéticos.
El riesgo de que actores aliados de Irán en la región se involucren directamente añade otra capa de incertidumbre. El conflicto podría extenderse a otros frentes si se activan redes regionales vinculadas a Teherán.
La ofensiva también redefine la relación entre Washington y sus aliados europeos, que buscan evitar una guerra de gran escala mientras intentan mantener cohesión frente a la amenaza nuclear iraní.
El 28 de febrero de 2026 se perfila como un punto de inflexión. El enfrentamiento directo entre Israel e Irán, con participación estadounidense, transforma un conflicto latente en una confrontación abierta con consecuencias regionales y globales. La evolución dependerá ahora de la capacidad de las potencias para contener la escalada o de si el intercambio de ataques continúa ampliando el teatro de operaciones.


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