
Caputo rompió el espejo con Macri y buscó ordenar el relato económico de Milei
El ministro no solo negó que haya continuidad entre ambos proyectos: sostuvo que, en materia económica, Milei hizo “lo opuesto” a Macri, una definición que apunta tanto a la discusión técnica sobre el déficit como a la pelea política por el liderazgo del espacio no peronista.
Alejandro CabreraLuis Caputo eligió una frase fuerte para ordenar una discusión que venía creciendo por debajo de la superficie: el gobierno de Javier Milei no sería una versión más dura, más acelerada o más ideológica del gobierno de Mauricio Macri, sino su contrario. La definición no es menor porque sale de un ministro que fue protagonista de ambas experiencias y que, por lo tanto, no puede hablar desde afuera de esa comparación.
El ministro de Economía sostuvo que la administración libertaria aplicó una corrección fiscal inmediata, mientras que el gobierno de Cambiemos habría conservado durante sus primeros años un nivel de déficit similar al que heredó. Esa es la línea central del planteo: para Caputo, la diferencia no está en el discurso antikirchnerista ni en la pertenencia al universo no peronista, sino en la decisión de atacar desde el inicio lo que el Gobierno considera la raíz de la inestabilidad argentina: el déficit fiscal.
La frase también tiene una lectura política. Caputo no solo defendió el programa económico de Milei, sino que tomó distancia de Macri en un momento en el que el expresidente intenta recuperar protagonismo y presentar al PRO como una fuerza preparada para administrar una etapa posterior del proceso iniciado por La Libertad Avanza. En ese terreno, la comparación económica se transforma en una discusión por la paternidad del cambio: si Milei es continuidad de Macri, el PRO todavía puede reclamar centralidad; si Milei es lo opuesto, el macrismo queda reducido a una experiencia fallida dentro del mismo campo electoral.
La economía como frontera con el macrismo
La defensa de Caputo se apoya en tres ejes: equilibrio fiscal, baja de la inflación y rechazo a la idea de atraso cambiario. En la mirada oficial, el ajuste inicial, la eliminación del déficit y la disciplina monetaria son los elementos que separan al modelo libertario del gradualismo macrista. Por eso el ministro insistió en que el gobierno actual no se parece al de Cambiemos, aunque ambos hayan compartido parte del electorado, parte del gabinete técnico y una misma oposición al kirchnerismo.
El problema de esa explicación es que Caputo carga con su propia biografía política. Fue ministro de Finanzas y luego presidente del Banco Central durante el gobierno de Macri. Por eso, cuando dice que Milei hizo exactamente lo contrario, también está revisando la experiencia de la que formó parte. Esa tensión vuelve más potente la declaración, pero también más incómoda: el funcionario que hoy reivindica la corrección de shock fue uno de los nombres centrales del esquema financiero del macrismo.
El Gobierno necesita esa diferenciación porque la economía sigue siendo su principal argumento de legitimidad. La inflación de abril fue de 2,6% mensual y marcó una desaceleración respecto de marzo, con una variación interanual del 32,4%, un dato que el oficialismo celebró como señal de ordenamiento, aunque todavía dentro de un escenario socialmente exigente por salarios, tarifas, transporte y consumo.
Caputo también buscó despejar otro flanco sensible: el tipo de cambio. En su defensa del modelo, rechazó que el dólar esté atrasado y volvió a sostener que el esquema económico tiene consistencia. Esa discusión es central porque buena parte de las críticas al programa libertario señalan que la baja de la inflación se apoya en una combinación de recesión, tasas altas, ancla cambiaria y apertura de importaciones que golpea a sectores productivos, especialmente industria y comercio.
Una frase para los mercados y para la interna
La declaración de Caputo no se explica solo por la economía. Aparece en un clima político cargado, con tensiones dentro del oficialismo, cruces entre sectores de La Libertad Avanza, desgaste por denuncias y una relación cada vez más compleja con aliados que antes eran indispensables para la gobernabilidad. El Gobierno llega a esta etapa con logros que exhibe en materia macroeconómica, pero también con una discusión abierta sobre poder, conducción y costos sociales.
En ese contexto, Caputo buscó reforzar una idea: la economía va a ordenar a la política. Según su visión, si el programa logra sostener la baja de la inflación, acumular reservas, mantener el equilibrio fiscal y mostrar recuperación, Milei llegará fuerte a 2027. Incluso planteó que el Presidente podría ganar cómodo en primera vuelta, una definición que coloca al ministro no solo como administrador del programa económico, sino como vocero de una apuesta electoral de largo plazo.
Esa afirmación también funciona como mensaje hacia el PRO. Macri intenta recuperar margen propio, diferenciarse sin romper del todo y reservarse un lugar en una eventual reorganización del espacio opositor al peronismo. Caputo, en cambio, marca que el liderazgo del cambio ya no está en el macrismo sino en Milei, y que el PRO no puede presentarse como dueño de una experiencia que el Gobierno libertario considera superada.
La frase “opuesto a Macri” es, en ese sentido, una forma de cerrar la puerta a la idea de una coalición simétrica. Milei puede necesitar votos, estructura legislativa o acuerdos provinciales, pero el mensaje de Caputo es que el rumbo económico no se negocia con la lógica del gradualismo. No hay retorno a 2015, no hay segunda versión de Cambiemos, no hay moderación como programa. La promesa oficial es que el costo del ajuste se justifica porque esta vez no se administra el problema, sino que se lo arranca de raíz.
El riesgo de comparar dos promesas incumplidas
La dificultad para Caputo es que la comparación con Macri también obliga a discutir resultados. El macrismo prometió normalizar la economía, bajar la inflación, abrir la Argentina al mundo y recuperar el crecimiento; terminó con crisis cambiaria, acuerdo con el FMI, deterioro social y derrota electoral. Milei promete algo más ambicioso: una transformación estructural, una estabilización duradera y una nueva relación entre Estado, mercado y sociedad.
Por eso la afirmación del ministro tiene fuerza, pero también riesgo. Si la economía mejora de manera visible, la diferencia con Macri puede consolidarse como relato de victoria. Pero si la recuperación no llega al bolsillo, si la inflación baja pero el consumo sigue débil, si las reservas no alcanzan o si la política vuelve a condicionar el programa, la frase puede volver como una carga: no alcanzará con decir que el método fue distinto si el resultado social termina siendo parecido.
El Gobierno sabe que su principal capital político es la expectativa de que el sacrificio tenga recompensa. Caputo intenta sostener esa expectativa con una narrativa de coherencia: shock fiscal, disciplina monetaria, reformas, baja de inflación y crecimiento futuro. Pero la sociedad no mide solamente consistencia técnica. Mide alquileres, alimentos, transporte, empleo, tarifas, crédito, deuda familiar y capacidad de proyectar el mes siguiente.
Ahí aparece el verdadero límite de la discusión con Macri. Para el círculo rojo, la diferencia puede estar en el déficit. Para los mercados, en la velocidad del ajuste. Para el PRO, en la conducción política del cambio. Pero para la mayoría de los argentinos, la diferencia se medirá en algo más concreto: si esta vez la promesa de orden económico se transforma en mejora material antes de que el desgaste político se coma el relato.
Caputo decidió entonces correr a Macri del centro de la escena y ubicar a Milei como una experiencia sin continuidad directa con Cambiemos. No fue una frase técnica aislada. Fue una definición de poder. En medio de internas, sospechas, tensiones con aliados y una economía que todavía pelea por convertir la macro en alivio cotidiano, el ministro salió a decir que este gobierno no es la repetición del anterior, sino una ruptura. La pregunta que queda abierta es si esa ruptura podrá demostrar, con resultados sociales y políticos, que no se trata solo de un cambio de método, sino también de destino.


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