
AfD dejó de ser un fenómeno del este: triplicó sus votos en Baja Sajonia y volvió a encender las alarmas en Alemania
Alejandro CabreraAlternativa para Alemania no ganó las elecciones municipales de Baja Sajonia, pero consiguió el resultado que probablemente produzca las mayores consecuencias políticas. La CDU continuó siendo la fuerza más votada, el Partido Socialdemócrata mantuvo el segundo lugar y AfD terminó tercero. Sin embargo, el partido de extrema derecha pasó de aproximadamente el 4,6% registrado en 2021 a una cifra cercana al 16% en 2026, desplazó a Los Verdes y obtuvo el mayor crecimiento entre todas las fuerzas que participaron de la elección.
El primer recuento difundido durante la noche electoral situó a AfD en el 15,9%, la cifra recogida inicialmente por El País. Una estimación posterior elaborada por Infratest Dimap para la cadena pública NDR, con una proporción mayor de resultados incorporados, la ubicó en el 16,5%. La diferencia no modifica la conclusión: AfD más que triplicó su participación electoral en cinco años y consiguió penetrar con fuerza en un territorio donde hasta hace poco encontraba muchas más dificultades que en los Estados orientales.
La CDU obtuvo alrededor del 27,7%, aunque perdió cuatro puntos, mientras el SPD cayó hasta el 24,5%, unos cinco puntos y medio menos que en los comicios anteriores. Los Verdes retrocedieron al 13,6% y fueron superados por AfD, mientras Die Linke casi duplicó su resultado y llegó al 5,9%. Los dos grandes partidos que gobiernan Alemania, democristianos y socialdemócratas, conservaron juntos una posición dominante en las instituciones municipales, pero sufrieron un desgaste que volvió a beneficiar simultáneamente a fuerzas ubicadas fuera del centro político tradicional.
AfD no ganó Baja Sajonia, pero consiguió algo que puede ser más importante
Las elecciones del domingo no fueron una votación regional para elegir al gobierno de Baja Sajonia ni una consulta nacional sobre el canciller Friedrich Merz. Aproximadamente 6,3 millones de ciudadanos estaban habilitados para elegir 2182 cuerpos municipales —entre consejos de ciudades, distritos, municipios y barrios—, además de 395 alcaldes, intendentes y administradores territoriales. En total, se distribuyeron casi 30.000 cargos entre decenas de miles de candidatos.
Por esa razón, el porcentaje difundido para cada partido no surge de una única boleta estatal. El denominado Landestrend es un cálculo realizado por Infratest Dimap a partir de los resultados de las distintas elecciones locales, entre ellas los consejos de las ciudades, las asambleas de los distritos y la región de Hannover. Sirve para obtener una fotografía política general de Baja Sajonia, pero no debe interpretarse exactamente como si hubiera existido una elección regional única.
Esa aclaración permite dimensionar el resultado sin exagerarlo. AfD no conquistó el Estado, no controlará por sí sola sus principales ciudades y continuará necesitando acuerdos para convertir sus votos en poder ejecutivo. La CDU conservó una estructura territorial más amplia y logró retener alcaldías importantes, entre ellas Wolfsburgo, donde el democristiano Dennis Weilmann obtuvo la reelección. En Hannover, la disputa por la jefatura de gobierno local avanzó hacia una segunda vuelta sin un candidato de AfD como protagonista principal.
Sin embargo, el partido logró romper otra barrera. Hasta ahora, buena parte del sistema político alemán explicaba sus resultados nacionales por el enorme apoyo que recibía en los territorios de la antigua República Democrática Alemana. AfD podía arrasar en Turingia, Sajonia o Sajonia-Anhalt, mientras en el oeste permanecía más contenida. Baja Sajonia demuestra que esa separación geográfica está debilitándose.
El Estado pertenece históricamente a Alemania occidental, posee ciudades industriales, zonas agrícolas, grandes centros universitarios y una economía estrechamente vinculada con Volkswagen. Allí AfD no llegó al 40% ni se acercó a una mayoría, pero alcanzar alrededor del 16% significa que dejó de ser una fuerza marginal. La extrema derecha puede ahora condicionar debates locales, ampliar su representación municipal, formar nuevos dirigentes y construir una estructura territorial desde la cual competir en futuras elecciones regionales y federales.
De Sajonia-Anhalt a Baja Sajonia: dos resultados diferentes y una misma tendencia
El avance municipal ocurrió apenas una semana después del terremoto electoral en Sajonia-Anhalt, donde AfD obtuvo cerca del 44% y se convirtió ampliamente en la primera fuerza regional. Allí duplicó a la CDU y quedó muy cerca de alcanzar una mayoría propia en el Parlamento estatal. Los demás partidos mantienen su negativa a formar coaliciones con la extrema derecha, pero el resultado dejó a Alemania frente a la posibilidad de que AfD encuentre algún mecanismo para influir sobre la formación del próximo gobierno.
Las dos elecciones no pueden compararse directamente. Sajonia-Anhalt pertenece al este, tiene características sociales y económicas distintas y celebró comicios para elegir su Parlamento regional. Baja Sajonia votó autoridades municipales y continúa mostrando una mayoría claramente superior de los partidos tradicionales si se suman sus resultados. Pero, observadas juntas, las votaciones ofrecen una señal inquietante para la CDU y el SPD: AfD ya domina parte del este y simultáneamente está construyendo un piso electoral cada vez más alto en el oeste.
La dirigencia del partido no oculta esa estrategia. Su objetivo consiste en utilizar los triunfos orientales para presentarse como una fuerza capaz de gobernar y, al mismo tiempo, expandirse en Estados occidentales donde se concentra la mayor parte de la población y de la economía alemana. Sin esa segunda pata, AfD puede ganar elecciones regionales pero difícilmente llegar al gobierno federal. Con ella, en cambio, su ambición de disputar seriamente las elecciones de 2029 deja de parecer puramente retórica.
El resultado de Baja Sajonia tampoco puede separarse de la crisis de confianza que atraviesa el Gobierno de Merz. La coalición entre la CDU-CSU y el SPD enfrenta desgaste por el costo de vida, las pensiones, la inmigración, la falta de crecimiento y las dificultades para cumplir sus promesas de reforma. El canciller mantiene además una política firme de apoyo a Ucrania, cuestionada por AfD, que reclama levantar sanciones contra Rusia y reducir la asistencia a Kiev.
En Baja Sajonia se sumó la incertidumbre alrededor de Volkswagen, la compañía más importante del Estado y uno de los símbolos de la industria alemana. La empresa atraviesa una profunda reestructuración, con discusiones sobre fábricas, costos, competitividad y decenas de miles de puestos de trabajo. El primer ministro regional, el socialdemócrata Olaf Lies, integra además el consejo de supervisión de Volkswagen debido a la participación accionaria del Estado. AfD utilizó esa doble responsabilidad para acusar al establishment político de no proteger adecuadamente a la industria y al empleo.
No es posible afirmar que todos sus nuevos votantes respondan a una única causa. Algunos priorizan la inmigración y la seguridad; otros expresan rechazo a la política energética, preocupación por el empleo industrial, desconfianza hacia la coalición gobernante o cansancio con los partidos tradicionales. Las elecciones municipales incorporan además factores locales, candidatos conocidos y conflictos particulares de cada ciudad. Pero la expansión simultánea en regiones muy diferentes demuestra que el voto a AfD ya no puede explicarse únicamente como una protesta específica del este alemán.
El “muro de contención” mantiene a AfD fuera del poder, pero cada vez cuesta más sostenerlo
Desde hace años, la CDU, el SPD, Los Verdes y Die Linke mantienen el denominado Brandmauer, el muro de contención que impide formar coaliciones con AfD. La estrategia busca evitar que una fuerza con dirigentes radicales, propuestas de “remigración” masiva y sectores vigilados por los servicios de protección constitucional ingrese a los gobiernos regionales o al Ejecutivo federal.
El problema es matemático. Cuanto más crece AfD, más difícil resulta formar mayorías sin ella. Los partidos tradicionales terminan obligados a construir coaliciones cada vez más amplias y contradictorias, uniendo a sectores conservadores, socialdemócratas, verdes y, en algunos casos, a la izquierda. Esas alianzas pueden preservar el aislamiento institucional de la extrema derecha, pero también alimentan su discurso de que todas las demás fuerzas forman un único bloque dispuesto a repartirse el poder.
En las instituciones municipales, donde las decisiones suelen referirse a presupuestos locales, escuelas, transporte, obras públicas o servicios urbanos, el muro es todavía más complicado de administrar. Los concejales pueden coincidir en proyectos concretos sin formar una coalición formal, y AfD intentará utilizar cada votación conjunta para demostrar que su exclusión comienza a resquebrajarse. Además, cientos de nuevos representantes locales permitirán al partido formar cuadros, ganar visibilidad comunitaria y presentarse como una fuerza incorporada a la vida cotidiana de los municipios.
Merz obtuvo un alivio limitado porque la CDU volvió a ganar en Baja Sajonia. Después de la derrota histórica sufrida en Sajonia-Anhalt y del deterioro de su imagen nacional, el canciller necesitaba demostrar que su partido todavía conserva capacidad electoral. Pero celebrar el primer puesto con el 27,7% resulta difícil cuando la CDU perdió cuatro puntos y AfD sumó casi doce. La victoria democristiana impidió un nuevo desastre, pero no revirtió la tendencia que amenaza su liderazgo.
AfD todavía enfrenta un techo, aunque ese techo sigue subiendo
El resultado también expone los límites de la extrema derecha. AfD quedó aproximadamente once puntos por debajo de la CDU, no logró dominar las principales ciudades y tuvo un desempeño muy distante del obtenido en Sajonia-Anhalt. Su crecimiento fue espectacular en términos relativos porque partía de una base municipal muy baja. Triplicar votos desde el 4,6% no equivale a encontrarse cerca de gobernar con mayoría propia.
Además, las elecciones municipales favorecen a partidos con estructuras territoriales extensas, candidatos conocidos y experiencia administrativa. La CDU y el SPD conservan redes construidas durante décadas, mientras AfD todavía carece de figuras competitivas en numerosos municipios. La fuerza tiene capacidad para expresar enojo y obtener representación, pero debe demostrar que puede presentar equipos, gestionar ciudades y conservar apoyo cuando deja de ser oposición.
El peligro para los partidos tradicionales no consiste en que AfD haya conquistado Baja Sajonia este domingo. Consiste en que el partido continúa ampliando su electorado incluso cuando no gana. Cada nuevo concejal, distrito competitivo y segundo puesto local reduce la distancia entre el voto de protesta y la posibilidad de poder real. Lo ocurrido en Sajonia-Anhalt mostró hasta dónde puede llegar esa dinámica en el este. Baja Sajonia demuestra ahora que también está avanzando en el oeste.
AfD todavía no domina Alemania y permanece aislada por la negativa de las demás fuerzas a gobernar con ella. Pero el cordón sanitario ya no es suficiente como única respuesta política. Mientras la CDU y el SPD pierden apoyo, la economía industrial se debilita y una parte creciente de la población siente que el sistema tradicional no ofrece soluciones, la extrema derecha puede continuar presentándose como la única alternativa exterior al consenso.
El mensaje de las municipales no es que AfD haya tomado Baja Sajonia. Es algo más gradual, pero igualmente profundo: el partido que alguna vez fue tratado como una anomalía limitada al este alemán está convirtiéndose en una fuerza estable en todo el país. Y si los partidos democráticos sólo consiguen excluirlo institucionalmente, pero no recuperar a sus votantes, el muro puede permanecer en pie mientras el territorio que protege se vuelve cada vez más pequeño.


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