Menos consumo y menos empleo formal: los datos que contradicen el relato de recuperación del Gobierno

Mientras la Casa Rosada presenta la desaceleración de la inflación y el crecimiento de algunos sectores exportadores como pruebas de una recuperación económica, los indicadores difundidos esta semana muestran otra realidad: los hogares compran menos, cae la confianza, la industria trabaja con capacidad ociosa y el empleo asalariado privado continúa retrocediendo.
27 de julio de 2026Alejandro CabreraAlejandro Cabrera

La baja de la inflación se convirtió en el principal argumento económico de Javier Milei. El Gobierno sostiene que el equilibrio fiscal y la reducción de la emisión permitieron ordenar la economía y sentar las bases para una recuperación sostenida.

Pero los datos publicados durante esta semana muestran que esa estabilización todavía no se trasladó de manera generalizada al consumo, la producción industrial ni el empleo formal.

Las ventas de productos básicos volvieron a caer en junio, la confianza de los consumidores se deterioró durante julio y la industria metalúrgica redujo tanto su actividad como la cantidad de trabajadores. Los registros oficiales también muestran que el empleo asalariado privado continúa perdiendo puestos, mientras aumenta el monotributo y se expande la informalidad.

No se trata de indicadores aislados. El consumo y el trabajo forman parte de un mismo circuito: cuando los hogares pierden ingresos o estabilidad laboral, reducen sus compras; cuando las empresas venden menos, recortan producción, turnos, horas extras e incorporaciones.

El Gobierno consiguió reducir la velocidad a la que aumentan los precios. Todavía no consiguió que esa mejora se convierta en más poder adquisitivo y mejores empleos.

El consumo volvió a caer pese a la desaceleración de los precios

La consultora privada Scentia, especializada en el seguimiento del consumo masivo, informó que el volumen de productos vendidos cayó 2,7% interanual durante junio.

En los primeros seis meses de 2026, la baja acumulada llegó al 2,9%. Tomando enero de 2023 como base 100, el índice quedó en 82,9 puntos, aproximadamente un 17% por debajo del nivel registrado al comienzo de aquella serie.

El dato comprende alimentos, bebidas, artículos de limpieza, productos de higiene y otras mercaderías vendidas en supermercados, mayoristas, autoservicios, farmacias, kioscos, almacenes y plataformas digitales.

Son los productos que forman parte de la vida cotidiana de los hogares. Por eso, su caída tiene un significado diferente al retroceso de bienes de lujo o consumos extraordinarios: indica que las familias están ajustando incluso las compras habituales.

Los comercios de cercanía fueron los más afectados. Kioscos y almacenes vendieron 4,6% menos que en junio de 2025. Los mayoristas retrocedieron 3,3%, las grandes cadenas de supermercados cayeron 2,6% y los autoservicios independientes bajaron 1,6%.

Dentro de la canasta, desayuno y merienda cayó 7,7%; los productos para la limpieza de la ropa y el hogar retrocedieron 6,2%; los perecederos disminuyeron 5,7%; y los artículos de higiene y cosmética bajaron 3,7%.

Incluso los alimentos, el componente más difícil de reducir, registraron una caída del 0,5%.

Los hogares no están dejando de consumir porque los precios aumenten más rápidamente que antes. Están comprando menos porque sus ingresos disponibles siguen limitados por alquileres, tarifas, transporte, salud, educación, deudas y la pérdida acumulada de poder adquisitivo.

La inflación mensual puede bajar al 1,9%, pero eso no significa que los precios vuelvan hacia atrás. Solo indica que continúan aumentando a una velocidad menor, después de años de fuertes subas.

El Gobierno suele presentar la desaceleración como si produjera automáticamente una recuperación del salario. Sin embargo, para que exista una mejora real, los ingresos necesitan crecer por encima de los precios durante varios meses y compensar parte de la pérdida anterior.

La única gran excepción del relevamiento de Scentia fueron las bebidas. Las alcohólicas crecieron 9,4% y las no alcohólicas avanzaron 3,5%, impulsadas parcialmente por las reuniones alrededor de los partidos del Mundial.

Ese crecimiento no refleja una recuperación estructural del consumo. Fue un efecto extraordinario y concentrado en pocas semanas, mientras casi toda la canasta continuó en terreno negativo.

Una leve mejora mensual que no cambia el cuadro general

Los datos oficiales del INDEC sobre supermercados y autoservicios mayoristas mostraron una mejora frente al mes anterior, pero tampoco permiten sostener el relato de una recuperación consolidada.

Durante mayo, las ventas reales en supermercados aumentaron 0,9% respecto de abril. Fue el segundo avance mensual consecutivo. Sin embargo, todavía quedaron 0,7% por debajo del mismo mes de 2025 y acumularon una caída cercana al 2,8% durante los primeros cinco meses del año.

En los autoservicios mayoristas, las ventas mejoraron 2,3% frente a abril, pero cayeron otro 2,3% en la comparación interanual. El acumulado de enero a mayo permaneció alrededor de un 3% por debajo del año anterior.

El Gobierno puede señalar la mejora mensual como indicio de que el consumo encontró un piso. Pero el informe posterior de Scentia mostró que durante junio las ventas masivas volvieron a retroceder.

Ambas mediciones utilizan metodologías y muestras diferentes, además de corresponder a meses distintos. Aun así, describen una tendencia coincidente: pueden existir rebotes puntuales, pero el volumen comprado sigue por debajo del año anterior.

La recuperación tampoco es homogénea entre canales.

El comercio electrónico creció 41% interanual durante junio, según Scentia, pero una parte de esa expansión responde al traslado de consumidores hacia plataformas con descuentos, reintegros y mejores posibilidades de comparar precios.

No significa necesariamente que cada familia compre más. Muchas veces significa que compra la misma cantidad o incluso menos, pero cambia de canal para conseguir una promoción.

El consumidor argentino se volvió más selectivo y dependiente de descuentos. Divide tickets, recorre comercios, espera días de reintegro, sustituye marcas y elige presentaciones más pequeñas.

Esa conducta no expresa confianza en la recuperación. Expresa adaptación frente a ingresos insuficientes.

La confianza se derrumba entre los sectores de menores ingresos

El Centro de Investigación en Finanzas de la Universidad Torcuato Di Tella difundió esta semana otro dato que profundiza las dudas sobre la economía cotidiana.

Su Índice de Confianza del Consumidor, elaborado a partir de un relevamiento realizado por Poliarquía Consultores en 40 centros urbanos, cayó 4,8% en julio frente a junio y 12,3% en la comparación interanual.

La disminución anual fue la más pronunciada desde julio de 2020, cuando la economía todavía estaba atravesada por las restricciones y la incertidumbre de la pandemia.

El deterioro fue especialmente fuerte entre los hogares de menores ingresos, donde la confianza cayó 11,47% en un solo mes. Entre los sectores de mayores recursos, la baja fue del 1,45%.

Esta brecha es una de las mayores debilidades del programa económico oficial.

La reducción de la inflación beneficia a toda la economía, pero no compensa de la misma manera a quienes tienen salarios altos, ahorros o ingresos dolarizados que a quienes dependen de una jubilación, un trabajo informal o un salario que apenas cubre gastos básicos.

Las familias de menores ingresos destinan una proporción más alta de sus recursos a alimentos, transporte, alquileres y servicios públicos. Cuando esas erogaciones aumentan, queda muy poco margen para consumir o ahorrar.

La confianza no mide directamente las ventas, pero anticipa decisiones. Una persona que teme perder su empleo, que no espera una recomposición salarial o que observa con incertidumbre los próximos meses tiende a postergar compras y evitar nuevas deudas.

El Gobierno apuesta a que la estabilidad produzca una mejora de expectativas. Por ahora, el indicador de la Universidad Torcuato Di Tella muestra el movimiento contrario.

La industria metalúrgica trabaja al 40% y elimina empleos

El frente productivo también dejó datos preocupantes.

La Asociación de Industriales Metalúrgicos de la República Argentina, a través de su Departamento de Estudios Económicos, informó que la actividad del sector cayó 4,6% interanual durante junio y 0,3% frente a mayo.

Durante el primer semestre, la industria metalúrgica acumuló una contracción del 5,7%.

El uso de la capacidad instalada quedó en apenas 40,8%. En otras palabras, casi seis de cada diez máquinas disponibles permanecen sin utilizar.

El indicador expone los límites de una recuperación basada principalmente en el agro, la energía, la minería y determinados sectores exportadores. La industria orientada al mercado interno continúa trabajando muy por debajo de su potencial.

La caída no quedó restringida a la producción.

El empleo metalúrgico se redujo 2,3% frente a junio de 2025 y 0,2% respecto de mayo. Cuando la utilización de las fábricas permanece cerca del 40%, las empresas no tienen incentivos para contratar y comienzan a revisar turnos, horas extras y dotaciones.

Las ramas más afectadas fueron fundición, con una caída del 9,4%; otros productos de metal, con una baja del 9%; carrocerías y remolques, con un retroceso del 6,7%; bienes de capital, con una disminución del 5,9%; y equipamiento médico, con una caída del 4,8%.

También retrocedieron todas las principales cadenas que demandan productos metalúrgicos. El consumo final cayó 9,8%, la construcción 7,1%, la actividad automotriz 6,3% y petróleo y gas 6,1%.

El Gobierno sostiene que la apertura económica, la desregulación y la estabilidad permitirán aumentar la productividad. Pero para muchas empresas industriales el problema inmediato no es la falta de reformas de largo plazo, sino la ausencia de compradores.

Una fábrica no contrata porque la inflación disminuya. Contrata cuando recibe pedidos y necesita producir más.

Menos asalariados y más monotributistas

El deterioro del empleo industrial forma parte de una tendencia más amplia.

La Secretaría de Trabajo, Empleo y Seguridad Social elabora su informe de trabajo registrado con los datos del Sistema Integrado Previsional Argentino, alimentado por las declaraciones de empleadores y trabajadores ante ARCA.

El último registro disponible, correspondiente a abril, contabilizó 12,765 millones de trabajadores formales, un 0,2% menos que en marzo. La reducción representó alrededor de 28.000 personas en un solo mes.

El empleo asalariado privado también cayó 0,2% mensual y quedó en aproximadamente 6,13 millones de puestos.

La comparación interanual es todavía más contundente: el sector privado registrado perdió 2,1% de sus trabajadores, lo que equivale a unos 128.600 puestos menos que en abril de 2025.

Mientras caen los asalariados, aumenta el monotributo. La cantidad de monotributistas creció 2,3% interanual y sumó cerca de 49.500 personas.

El oficialismo puede presentar ese aumento como un crecimiento del trabajo independiente. Sin embargo, una parte responde a personas que perdieron un empleo formal y tuvieron que generar ingresos por cuenta propia o aceptar relaciones laborales encubiertas bajo la modalidad del monotributo.

Un trabajador asalariado registrado tiene derecho a aguinaldo, vacaciones pagas, indemnización, obra social y aportes patronales. Un monotributista debe financiar parte de esas coberturas y depende de ingresos generalmente más variables.

No existe una equivalencia automática entre ambos tipos de ocupación.

La Encuesta de Indicadores Laborales de la Secretaría de Trabajo también detectó una caída del 0,1% mensual en el empleo privado registrado durante mayo en los principales aglomerados urbanos.

Los datos muestran que el ajuste del mercado laboral no terminó. La caída puede parecer pequeña cuando se expresa en porcentajes mensuales, pero se acumula sobre una base que ya perdió miles de puestos.

El desempleo no sube más porque crecen la informalidad y el cuentapropismo

La Encuesta Permanente de Hogares del INDEC registró una tasa de desocupación del 7,8% durante el primer trimestre de 2026. La variación frente al año anterior fue mínima.

Alrededor de 1,7 millones de personas se encontraban desempleadas en los aglomerados urbanos relevados.

Pero la estabilidad de la tasa esconde un cambio en la calidad del empleo.

La informalidad llegó al 44,2% y aumentó 2,2 puntos porcentuales en un año. Más de cuatro de cada diez trabajadores se desempeñan sin descuento jubilatorio o sin las protecciones completas del sistema formal.

Esto explica por qué la pérdida de empleos privados registrados no provoca un salto equivalente en el desempleo.

Muchas personas no quedan completamente sin ocupación. Pasan a realizar trabajos informales, tareas por pocas horas, actividades por cuenta propia o servicios mediante aplicaciones y plataformas.

El Gobierno puede mostrar una tasa de desocupación relativamente estable, pero eso no significa que el mercado laboral esté sano.

Una economía que reemplaza empleos asalariados por monotributo, cuentapropismo e informalidad puede mantener la cantidad total de ocupados mientras deteriora sus ingresos, estabilidad y derechos.

Ese deterioro termina reflejándose en el consumo.

Una persona con ingresos variables evita compromisos de largo plazo, compra menos y prioriza los gastos inmediatos. El resultado aparece después en las góndolas, los comercios y las fábricas.

La recuperación existe, pero no alcanza a la mayoría

La economía argentina no está completamente paralizada.

El agro, la minería, la energía y algunos sectores exportadores muestran crecimiento. También existen mejoras puntuales en las ventas mensuales y una desaceleración evidente de la inflación.

Pero esos avances no permiten afirmar que existe una recuperación extendida.

El crecimiento de sectores con alta productividad y pocos trabajadores no compensa automáticamente la pérdida de puestos en la industria, el comercio o la construcción.

Tampoco alcanza con que aumenten las exportaciones si los ingresos generados no se traducen en mejores salarios, empleo formal e inversión productiva.

La estrategia oficial parece confiar en que el orden macroeconómico terminará derramando hacia los hogares. Los datos de esta semana muestran que ese proceso, si existe, todavía no ocurrió.

Scentia registró menos consumo masivo. El INDEC mostró ventas interanuales negativas en supermercados y mayoristas. La Universidad Torcuato Di Tella detectó una fuerte caída de la confianza. ADIMRA informó menos actividad y empleo metalúrgico. La Secretaría de Trabajo contabilizó menos asalariados privados. El INDEC también registró una informalidad superior al 44%.

No son percepciones ni opiniones opositoras. Son resultados producidos por organismos oficiales, universidades, cámaras empresarias y consultoras privadas.

La baja de la inflación es un avance relevante, pero el Gobierno la utiliza para presentar como resuelto un problema económico mucho más amplio.

Una economía no se recupera solamente porque los precios suben más lentamente. Se recupera cuando las familias vuelven a comprar, las fábricas producen, las empresas contratan y el trabajo formal crece.

Los datos publicados esta semana muestran que esa etapa todavía no comenzó para una parte considerable de la sociedad argentina.

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