
La economía argentina llegó a un punto de inflexión: las encuestas muestran que bajar la inflación ya no alcanza para sostener el apoyo
Alejandro CabreraLa economía argentina está entrando en una etapa diferente. Durante buena parte de los primeros años de Javier Milei, la discusión estuvo concentrada en estabilizar variables que habían llevado al país al borde de otra crisis: inflación, déficit fiscal, emisión monetaria, reservas y dólar. En agosto de 2026, varios de esos indicadores muestran una situación considerablemente más ordenada que la recibida en diciembre de 2023. Sin embargo, el problema político y económico empieza a trasladarse hacia otro terreno: cuánto de esa estabilización puede percibir efectivamente una familia cuando mira su salario, su empleo, sus deudas y lo que queda de sus ingresos después de pagar los gastos esenciales.
Ese es el “punto de inflexión” que plantea el análisis publicado este domingo por La Nación. A medida que comienza anticipadamente la carrera hacia 2027, inversores, empresarios, sindicatos y dirigentes políticos empiezan a observar la economía ya no solamente por lo que ocurrió desde 2023, sino por lo que puede suceder durante los próximos doce o quince meses. En ese escenario aparece una alerta importante para la Casa Rosada: distintas encuestas realizadas por firmas que utilizan metodologías y universos diferentes están encontrando, con matices, una creciente brecha entre la macroeconomía que mejoró y la economía cotidiana que una parte importante de la sociedad todavía siente deteriorada.
No significa que todas las encuestas digan exactamente lo mismo ni que puedan sumarse matemáticamente entre sí. Tampoco significa que una mala evaluación económica se transforme automáticamente en un voto opositor. Pero cuando estudios de Giacobbe, Aresco, Management & Fit, AtlasIntel-Bloomberg, Zentrix y la Universidad Torcuato Di Tella empiezan a detectar simultáneamente dificultades alrededor del empleo, los ingresos, la confianza y las expectativas, aparece una tendencia que el Gobierno necesita observar.
De la inflación al trabajo: está cambiando la principal preocupación económica
Uno de los datos más fuertes del análisis de La Nación proviene del último relevamiento de Giacobbe & Asociados. El 58,9% de los encuestados consideró que la situación económica está empeorando. En el mismo estudio ocurrió algo políticamente llamativo: Axel Kicillof alcanzó 36,7% de imagen positiva y 50,4% negativa, mientras Javier Milei quedó en 33,9% positiva y 57,2% negativa. Según la propia interpretación de la encuesta, el cambio no responde tanto a un crecimiento abrupto del gobernador bonaerense como a una caída del Presidente.
La diferencia es importante porque muestra una modificación del terreno político. La gran ventaja conceptual de Milei durante 2024 y 2025 fue poder comparar permanentemente la situación actual con la crisis inflacionaria recibida. Cuanto más traumático permanecía el recuerdo de aquella inflación, mayor era la tolerancia social hacia el ajuste. Pero a medida que pasa el tiempo, la comparación deja de hacerse solamente contra Alberto Fernández o Sergio Massa y comienza a realizarse contra las expectativas que generó el propio Milei.
También está cambiando aquello que los argentinos identifican como problema. Según Aresco, citado en el análisis de La Nación, las dificultades vinculadas con trabajo y empleo representan el 41% de las preocupaciones, mientras la inflación aparece con 17%. La inflación no desapareció: julio terminó con un IPC de 2,1% mensual y 33,8% interanual, todavía extraordinariamente alto frente a los estándares regionales. Pero ya no monopoliza como antes la ansiedad económica.
Esto puede convertirse en un desafío mucho más complejo para el oficialismo. Bajar la inflación depende fundamentalmente de variables monetarias, cambiarias y fiscales sobre las cuales el Poder Ejecutivo tiene herramientas relativamente directas. Crear puestos de trabajo privados, mejorar salarios reales y reactivar miles de pequeñas empresas exige, en cambio, una expansión económica suficientemente amplia y sostenida.
Y ahí aparece una de las claves de esta etapa: Argentina puede crecer sin que todos los sectores crezcan al mismo tiempo.
Petróleo, gas, minería, agro y grandes inversiones pueden expandirse mientras comercio, industria manufacturera, construcción o pequeñas empresas vinculadas al mercado interno continúan con dificultades. El problema político es que estas últimas actividades tienen una incidencia enorme sobre el empleo.
Management & Fit: 57% pide un cambio, pero seis de cada diez todavía creen que la economía puede mejorar
Probablemente una de las encuestas más interesantes para entender la situación actual sea la de Management & Fit, realizada entre el 20 y el 31 de julio sobre 2600 casos efectivos a nivel nacional.
La fotografía inicial es desfavorable para el Gobierno: 57% respondió que, si las elecciones fueran hoy, votaría buscando un cambio total de políticas y equipo, mientras apenas 16,1% elegiría mantener íntegramente el modelo y los funcionarios actuales. Otro 23,7% preferiría continuidad, pero con modificaciones. La gestión presidencial obtuvo 37,1% de aprobación contra 58,6% de desaprobación.
Sin embargo, aparece inmediatamente un dato que obliga a ser más prudente antes de interpretar esos números como un rechazo definitivo al programa económico: 59,2% todavía considera que la economía argentina puede mejorar hacia adelante. El problema para Milei es el plazo. Un 40,4% cree que esa recuperación tardará más de un año.
Ese quizás sea uno de los números más relevantes para 2027.
Significa que existe una porción de la población que no está satisfecha con su situación presente pero todavía conserva expectativas favorables sobre el futuro. Esa sociedad puede convertirse en el electorado decisivo. Si la recuperación llega antes de las elecciones, una parte puede volver hacia Milei. Si no llega, la expectativa puede convertirse en frustración.
El mismo estudio permite observar dónde se concentra actualmente el problema. El 53,6% de los hogares dijo tener dificultades para afrontar sus gastos. Entre las preocupaciones personales, 24% mencionó directamente la dificultad para llegar a fin de mes y 20,4% los bajos ingresos. Si se reúnen los distintos problemas económicos, representan el 71,4% de las menciones.
También surge otro fenómeno que empieza a crecer silenciosamente: el endeudamiento para financiar la vida cotidiana. Entre quienes declararon tener deudas, la tarjeta de crédito representa el principal instrumento. Pero lo más significativo es el destino: 33,4% dijo haberse endeudado para comprar alimentos o cubrir los gastos del mes y otro 25,9% tomó crédito para pagar otras deudas.
Cuando el crédito deja de utilizarse principalmente para comprar un automóvil, mejorar una vivienda o adquirir un electrodoméstico y empieza a servir para comida, servicios o cancelar una deuda anterior, cambia completamente la interpretación económica del fenómeno.
AtlasIntel y Bloomberg: 70% evalúa mal la economía y 73% el mercado laboral
La medición de AtlasIntel y Bloomberg, realizada entre el 30 de julio y el 3 de agosto sobre 1120 casos, profundiza todavía más esa señal.
El 70% de los consultados calificó negativamente la situación económica argentina, frente a apenas 21% que realizó una evaluación positiva. Cuando la pregunta se concentró específicamente en el empleo, el diagnóstico fue todavía peor: 73% consideró malo el estado del mercado laboral y solamente 9% lo evaluó positivamente.
La evaluación sobre la propia familia también muestra dificultades. Un 60% describió negativamente su situación económica personal.
Pero quizá el dato más preocupante está en las expectativas: 56% cree que la economía nacional empeorará durante los próximos seis meses, 52% espera un deterioro del mercado laboral y 47% considera que empeorará la situación económica de su propia familia.
Esto introduce una diferencia con Management & Fit. En aquella encuesta persiste una expectativa de mejora en el mediano o largo plazo; AtlasIntel muestra, en cambio, pesimismo en el horizonte inmediato.
No es necesariamente una contradicción. Una persona puede creer simultáneamente que los próximos seis meses serán difíciles y que Argentina eventualmente terminará mejorando dentro de uno o dos años. Justamente esa diferencia temporal explica una parte importante del dilema oficialista: la sociedad puede continuar creyendo en el programa económico y, al mismo tiempo, empezar a quedarse sin paciencia para esperar sus resultados.
La encuesta de AtlasIntel también muestra el desplazamiento de las prioridades. La corrupción apareció con 47,7% de menciones, seguida por desempleo con 45,5%, mientras altos precios e inflación quedó en 37,4% y situación económica general en 32,5%. Milei registró 39% de imagen positiva y 57% negativa; Luis Caputo, 32% positiva y 57% negativa.
La inflación continúa siendo importante, pero nuevamente aparece el mismo fenómeno: trabajo e ingresos empiezan a competir con los precios como elemento central del humor social.
Zentrix: pluriempleo, deuda y una clase media que siente que retrocede
Un estudio de Zentrix publicado a comienzos de agosto agrega otra dimensión porque no pregunta solamente cómo evalúa la población la economía, sino cómo está reorganizando concretamente su vida para enfrentarla.
Según ese relevamiento, 87,4% considera que sus ingresos no le están ganando a la inflación. Incluso entre quienes respaldan al oficialismo, 73% reconoce esa pérdida, mientras entre los opositores llega a 97,1%.
Más llamativo todavía: 86,6% de los encuestados considera que actualmente hacen falta dos o más trabajos para llegar a fin de mes. Dos de cada tres dijeron agotar sus ingresos como máximo alrededor del día 20 y solamente 9,3% manifestó conservar alguna capacidad de ahorro al terminar el mes.
El endeudamiento aparece nuevamente. El 61,9% declaró haber tomado deuda durante los últimos seis meses y aproximadamente la mitad de esos hogares lo hizo para afrontar gastos básicos. Los bienes durables explicaron solamente 11,5% del endeudamiento.
Además, entre quienes tomaron créditos, 28,9% afirmó que le cuesta mucho pagarlos, 12% reconoció atrasos y 6,4% directamente dijo que no puede cumplir con las cuotas. Un 55% considera que las tasas terminan transformando al crédito en una “trampa”.
Ese dato encaja con otro fenómeno que ya aparece en estadísticas financieras: el fuerte aumento de la morosidad de los hogares y la expansión del crédito otorgado por entidades no bancarias y billeteras virtuales.
Lo más interesante del estudio de Zentrix puede ser, sin embargo, una pregunta aparentemente subjetiva: 53,9% de los consultados se ubicó a sí mismo dentro de los sectores de clase baja o media-baja. No mide técnicamente pobreza ni ingreso, pero sí una transformación de la autopercepción social.
En un país cuya identidad económica estuvo históricamente vinculada con una gran clase media, que más de la mitad de una encuesta deje de reconocerse dentro de ella constituye un dato social y potencialmente político.
Di Tella confirma el deterioro de la confianza
Las encuestas políticas encuentran además respaldo en dos indicadores sistemáticos de la Universidad Torcuato Di Tella.
El Índice de Confianza del Consumidor cayó 4,8% en julio respecto de junio. El movimiento interrumpió dos meses consecutivos de recuperación: había aumentado 1,3% en mayo y 6,4% en junio. Antes de ese rebote, había registrado caídas de 4,7% en febrero, 5,3% en marzo y 5,7% en abril.
La lectura del año, por lo tanto, no muestra un derrumbe continuo sino una enorme volatilidad. Cada señal de estabilización produce recuperaciones, pero todavía no aparece una tendencia sólida y persistente de optimismo.
Algo parecido ocurre con el Índice de Confianza en el Gobierno. En julio cayó 6,5% mensual y quedó en 1,94 puntos. Es 3,9% inferior al nivel que tenía Mauricio Macri en el mismo mes de su presidencia, aunque todavía se ubica 73,3% por encima del registro comparable de Alberto Fernández.
La comparación resulta especialmente interesante porque evita dos exageraciones frecuentes.
Milei no está atravesando un colapso de confianza comparable con los peores momentos de la administración anterior, pero tampoco conserva los niveles de apoyo y expectativa que tuvo durante etapas anteriores de su propia gestión.
Existe desgaste.
La pregunta es si será transitorio o estructural.
Los economistas también corrigieron hacia abajo el crecimiento de 2026
El deterioro de las expectativas no aparece solamente entre consumidores.
El último Relevamiento de Expectativas de Mercado del Banco Central, realizado entre el 29 y el 31 de julio entre 45 participantes —33 consultoras y centros de investigación y 12 entidades financieras—, redujo la previsión de crecimiento para 2026.
Los analistas esperan ahora que el PIB crezca 2,7% durante 2026, cuatro décimas menos que en la encuesta anterior. Además, estimaron que el producto desestacionalizado se habría contraído 0,4% durante el segundo trimestre, aunque anticipan un rebote de 1% tanto en el tercero como en el cuarto.
El escenario que proyecta el mercado no es, por lo tanto, necesariamente recesivo para todo el año. Es más parecido a una economía que perdió velocidad durante el primer semestre y podría recuperar dinamismo hacia el final.
El mismo REM mantiene elementos positivos importantes. Los economistas esperan un crecimiento anual de 2,7%, un superávit comercial superior a US$23.400 millones, exportaciones por más de US$100.000 millones y continuidad del superávit fiscal primario. También proyectaban una inflación anual cercana al 30%.
Ahí se encuentra la gran paradoja de la economía de Milei.
Los fundamentos macroeconómicos pueden continuar fortaleciéndose mientras simultáneamente empeora la percepción económica de una parte importante de la sociedad.
Las dos cosas pueden ser ciertas.
Empresas que cierran y sectores que crecen: la economía a dos velocidades
El análisis de La Nación agrega un dato particularmente sensible: en mayo desaparecieron 2371 empresas con al menos un trabajador registrado respecto del mes anterior. Desde diciembre de 2023 el número acumulado asciende a 30.633 unidades productivas menos, de acuerdo con el Monitor Mensual de Empresas de Fundar elaborado sobre información de la Superintendencia de Riesgos del Trabajo.
Las pymes representan aproximadamente 98% de las empresas argentinas y las microempresas, aquellas que tienen menos de diez trabajadores, constituyen más del 70%. Además, aportan una proporción muy significativa del empleo formal.
El problema no reside entonces solamente en cuánto crece el PIB, sino en qué sectores explican ese crecimiento.
Vaca Muerta, minería, energía, agro y las grandes inversiones incluidas dentro del RIGI pueden producir exportaciones, dólares, inversión y crecimiento económico. De hecho, existen decenas de proyectos presentados bajo ese régimen y el desarrollo de gas natural licuado promete inversiones extraordinarias durante los próximos años.
Pero minería y petróleo son actividades mucho menos intensivas en empleo que comercio, construcción, industria o servicios.
Según otro relevamiento citado por La Nación, comercio explica alrededor de 21% del empleo argentino, industria 12%, construcción 9% y administración pública otro 9%. En conjunto, actividades particularmente expuestas al ajuste, el consumo interno y la reorganización productiva explican aproximadamente la mitad del empleo.
Ese es probablemente el mayor desafío del modelo hacia 2027: convertir la estabilización macro y los dólares de los sectores exportadores en una mejora suficientemente extendida como para alcanzar a millones de trabajadores que no tienen ningún vínculo directo con Vaca Muerta, el litio o las exportaciones agropecuarias.
El conurbano empieza a mostrar el costo político
La economía también comienza a reflejarse territorialmente.
Una encuesta de CB Global Data, realizada entre el 1° y el 4 de agosto mediante 14.741 entrevistas en los 24 municipios del Gran Buenos Aires, encontró que Milei tenía más de 50% de imagen negativa en todos los distritos relevados.
Cuando se comparó la imagen positiva del Presidente con la de Kicillof, el gobernador quedó arriba en 21 de los 24 municipios. Milei solamente lo superó en San Isidro, Vicente López y Tigre, tres de los distritos con mayor poder adquisitivo relativo dentro del conurbano.
Nuevamente conviene hacer una aclaración: imagen positiva no equivale automáticamente a intención de voto y una elección presidencial es completamente distinta de una encuesta municipal.
Pero el dato resulta relevante porque el conurbano concentra justamente buena parte de las actividades más vinculadas con consumo interno, industria, comercio y servicios.
Ese territorio puede funcionar como uno de los primeros lugares donde la brecha entre macro y micro se transforme en comportamiento electoral.
¿El Gobierno va a cambiar el plan?
Hasta ahora, la respuesta es no.
Milei considera que abandonar la disciplina fiscal o realizar un “plan platita” para estimular artificialmente el consumo terminaría destruyendo la credibilidad conseguida durante estos años. Su apuesta consiste en mantener el programa y esperar que la estabilización produzca progresivamente más inversión, crédito y crecimiento.
La lógica oficial tiene consistencia interna: si el principal logro político de Milei es haber estabilizado variables que parecían incontrolables, modificar el programa para conseguir una mejora electoral de corto plazo podría destruir precisamente aquello que sostiene su identidad económica.
El riesgo es temporal.
Management & Fit muestra que seis de cada diez personas todavía creen que la economía puede mejorar. Pero una parte considerable considera que ese resultado tardará más de un año. AtlasIntel encuentra mayor pesimismo para los próximos seis meses. Giacobbe registra que casi seis de cada diez creen que la situación empeora. Aresco detecta que el empleo ya desplazó a la inflación como principal preocupación económica. Zentrix muestra hogares recurriendo al pluriempleo y al endeudamiento. Di Tella registra una nueva caída de la confianza del consumidor.
Por eso el verdadero reloj económico de Milei ya no parece medirse solamente en inflación mensual o reservas.
También se mide en meses.
El Gobierno necesita que el crecimiento proyectado para la segunda mitad del año llegue suficientemente rápido al empleo, al salario real, al comercio y a las pequeñas empresas. Si ocurre, puede llegar a 2027 sosteniendo que el sacrificio inicial produjo finalmente una expansión más estable. Si la macro continúa ordenada pero la mayoría de las familias sigue sintiendo que necesita endeudarse o sumar otro trabajo para llegar a fin de mes, la oposición encontrará allí su argumento más potente.
El gran punto de inflexión no consiste entonces en determinar si la economía argentina está mejor o peor que en diciembre de 2023. En muchas variables macroeconómicas está claramente más estabilizada.
La pregunta que empieza a dominar la próxima elección es diferente: si para 2027 los argentinos sentirán que ellos también están mejor.
Esa batalla recién comienza.


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