
China promete responder a las sanciones de Estados Unidos contra el petróleo iraní
Alejandro CabreraChina respondió este martes al nuevo cerco económico de Estados Unidos contra Irán y elevó la tensión entre las dos mayores potencias del mundo. El Ministerio de Relaciones Exteriores chino rechazó las sanciones unilaterales, defendió la legalidad de su cooperación con Teherán y advirtió que adoptará todas las medidas necesarias para proteger los derechos e intereses de sus ciudadanos y empresas.
La declaración es una novedad relevante porque transforma la ofensiva estadounidense anunciada el lunes en un conflicto directo con Pekín. Washington incluyó en su lista negra a personas, sociedades y buques vinculados con China continental y Hong Kong, acusados de facilitar compras de tecnología sensible, pagos clandestinos y transporte de petróleo iraní.
El vocero Lin Jian no explicó en qué consistiría la respuesta china ni confirmó si habrá represalias. Esa ausencia de detalles obliga a evitar una conclusión apresurada: Pekín amenazó con actuar, pero todavía no anunció sanciones contra empresas estadounidenses, restricciones comerciales ni medidas financieras concretas.
El plan de Washington y las redes alcanzadas
El Departamento del Tesoro lanzó la Operación Economic Outcast, presentada como un intento de convertir a Irán en un paria económico. El paquete inicial sanciona a cerca de 60 personas, empresas y embarcaciones de varias jurisdicciones y amplía el riesgo de sanciones secundarias en sectores como activos digitales, tecnología, oro, aviación y transporte marítimo.
Las sanciones secundarias son el instrumento más sensible para terceros países. No se limitan a bloquear operaciones dentro de Estados Unidos: amenazan con excluir del sistema financiero basado en el dólar a bancos y compañías extranjeras que continúen haciendo negocios con entidades iraníes alcanzadas. Esa capacidad de castigo le permite a Washington proyectar su legislación más allá de sus fronteras.
Entre las compañías mencionadas aparece Sweet Ocean Industrial, con sede en Hong Kong, señalada como intermediaria para la compra de equipos ópticos y componentes destinados a una universidad iraní asociada por Estados Unidos con investigaciones nucleares y de misiles. También figuran sociedades que habrían canalizado pagos, empresas logísticas de Shenzhen y operadores de petroleros utilizados para mover crudo mediante cambios de bandera, compañías pantalla y transferencias entre barcos.
El Tesoro estadounidense afirma que la campaña busca cortar recursos destinados al programa nuclear, la producción de misiles, operaciones cibernéticas y organizaciones armadas apoyadas por Teherán. El gobierno chino, en cambio, considera que las sanciones carecen de base en el derecho internacional cuando no cuentan con autorización del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas.
Petróleo, bancos y una cumbre bajo presión
China es el principal comprador del petróleo iraní. Según estimaciones de la firma Kpler citadas por medios internacionales, adquirió alrededor de 1,4 millones de barriles diarios durante 2025. En febrero de este año las importaciones habrían llegado a 1,57 millones por día, aunque los datos provisionales de agosto muestran una caída hasta aproximadamente 534.000.
Buena parte de esas operaciones se concentra en refinerías independientes, atraídas por descuentos y abastecidas mediante intermediarios. Los cargamentos pueden declararse como procedentes de otros países y los pagos se canalizan en yuanes o por circuitos alejados del sistema bancario estadounidense. Las grandes petroleras estatales chinas, más expuestas a sanciones globales, redujeron su participación directa hace años.
La respuesta de Pekín puede tomar varias formas: impedir que empresas locales cumplan decisiones extranjeras, ofrecer respaldo legal a compañías sancionadas, limitar la cooperación en otros sectores o aplicar restricciones a firmas estadounidenses. China ya utilizó en mayo un mecanismo interno para bloquear la ejecución de sanciones de Washington contra cinco refinerías acusadas de comprar crudo iraní.
El momento agrega un riesgo adicional. Xi Jinping tiene previsto viajar a Washington el 24 de septiembre para una nueva cumbre con Trump. Los dos gobiernos intentaban estabilizar una relación atravesada por aranceles, tecnología, minerales críticos y competencia militar. Llevar el conflicto iraní a ese vínculo puede complicar la negociación o convertirlo en una nueva moneda de cambio.
Estados Unidos evitó hasta ahora sancionar a los mayores bancos chinos sospechados de facilitar pagos relacionados con Irán. Ir contra esas entidades tendría un impacto mucho más profundo que incluir a intermediarios o petroleros: podría alterar flujos comerciales, provocar represalias y tensionar mercados globales. Esa posibilidad explica por qué la respuesta china fue firme, pero todavía calculada.
Para la Argentina, el choque no tiene un efecto inmediato equivalente al de una medida local, aunque puede repercutir por dos vías. Una interrupción mayor del petróleo iraní presionaría los precios internacionales de la energía, mientras una escalada entre Washington y Pekín afectaría comercio, financiamiento y demanda global. China es uno de los principales socios argentinos y cualquier desaceleración de su economía impacta sobre exportaciones agroindustriales y minerales.
El escenario queda abierto. Estados Unidos anunció un mecanismo de presión sostenida y prometió fijar plazos para que terceros países corten operaciones con Irán. China rechazó esa autoridad y avisó que defenderá sus intereses. Lo que todavía falta conocer es si esa defensa se limitará a medidas legales internas o si abrirá un nuevo frente de represalias económicas antes de la cumbre Trump-Xi.


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