
La guerra con Irán ya le costó a EE.UU. más de US$43.600 millones y empieza a vaciar sus arsenales
Alejandro CabreraLa guerra de Estados Unidos contra Irán está empezando a mostrar una segunda factura, menos visible que los ataques sobre Teherán o las imágenes de bases estadounidenses alcanzadas por misiles: el costo económico y militar de sostener durante meses un conflicto de alta intensidad.
El Comando Central estadounidense calculó que las operaciones habían costado US$43.600 millones hasta el 3 de septiembre, según la información entregada al Congreso y obtenida por Associated Press. La cifra supera claramente los US$38.000 millones que la Oficina de Presupuesto del Congreso —CBO— había estimado apenas unas semanas antes con información hasta el 1° de agosto.
Pero incluso los US$43.600 millones podrían quedarse cortos.
Informaciones posteriores basadas en fuentes legislativas señalaron que el Pentágono agregó aproximadamente US$1.500 millones adicionales correspondientes a combustible, llevando el costo informado a legisladores hasta aproximadamente US$45.100 millones. Ese cálculo tampoco incluye todavía todos los daños sufridos por bases estadounidenses ni todos los efectos económicos indirectos.
La guerra ya cuesta alrededor de US$2.000 a US$3.000 millones adicionales por cada mes que continúa, según la CBO. Si vuelve a intensificarse, la factura puede crecer todavía más rápido.
El dato central: más de la mitad del gasto son armas
El desglose entregado al Congreso permite entender por qué la cifra crece tan rápidamente.
De los US$43.600 millones calculados hasta el 3 de septiembre:
- alrededor de US$28.100 millones corresponden a municiones utilizadas;
- unos US$11.200 millones fueron gastos operativos adicionales;
- aproximadamente US$4.300 millones corresponden a equipos destruidos o perdidos.
Es decir, aproximadamente dos de cada tres dólares del costo contabilizado están vinculados con reponer armamento y material militar.
La comparación con agosto muestra además la velocidad del consumo de municiones. El cálculo anterior ubicaba ese rubro en US$21.700 millones. En poco más de un mes saltó hasta US$28.100 millones, una diferencia superior a US$6.000 millones.
No se trata simplemente de bombas convencionales.
Entre las armas más costosas utilizadas por Estados Unidos aparecen los interceptores de defensa antimisiles Patriot y THAAD, necesarios para defender bases, barcos y aliados frente a los misiles balísticos y drones lanzados por Irán y otros actores regionales.
El verdadero problema puede no ser el dinero
Estados Unidos puede financiar decenas de miles de millones de dólares adicionales.
Lo que no puede producir instantáneamente son misiles sofisticados.
Y ahí aparece probablemente la consecuencia estratégica más importante de la guerra.
La CBO advirtió que el elevado consumo de interceptores dejó los inventarios estadounidenses reducidos durante varios años. La agencia considera que esa escasez podría transformarse en un problema particularmente grave si Estados Unidos tuviera que enfrentar simultáneamente otro conflicto contra un país con grandes arsenales de misiles, y menciona explícitamente un posible escenario relacionado con China y Taiwán.
El informe plantea que recuperar determinadas existencias puede tomar varios años, porque la capacidad industrial no permite fabricar en pocos meses todos los misiles que fueron utilizados.
Eso transforma la discusión.
La pregunta ya no es solamente cuánto cuesta pelear contra Irán.
También es qué queda disponible para la próxima crisis internacional.
Patriot y THAAD: una reserva bajo presión
Los sistemas Patriot y THAAD son una pieza fundamental de la arquitectura antimisiles estadounidense.
No son únicamente utilizados por Estados Unidos. También son demandados por aliados en Europa, Medio Oriente y Asia.
La guerra con Irán obligó a emplearlos de manera intensiva para interceptar misiles y proteger instalaciones estadounidenses. Funcionarios norteamericanos y de la OTAN describieron a AP la situación de determinadas reservas de interceptores como “más que crítica”.
Arabia Saudita enfrenta un problema parecido.
Riad ha recurrido a sus aliados occidentales y regionales para reforzar sus reservas mientras continúa enfrentando amenazas de misiles y drones provenientes de Yemen.
Esto genera una competencia por el mismo tipo de armamento:
Estados Unidos necesita reponerlo. Europa necesita más. Ucrania continúa reclamándolo. Arabia Saudita también.
Y la industria militar tiene una capacidad de producción limitada.
Las bases destruidas todavía no están completamente incluidas
Hay otro elemento que permite pensar que la cifra real terminará siendo mayor.
Irán respondió a los ataques estadounidenses e israelíes golpeando instalaciones militares de Estados Unidos distribuidas por Medio Oriente.
Según el inspector general del Pentágono, ataques iraníes con misiles balísticos y drones dañaron o destruyeron cientos de edificios y estructuras militares estadounidenses en países como:
- Kuwait;
- Bahréin;
- Qatar;
- Emiratos Árabes Unidos;
- Arabia Saudita;
- Irak;
- Omán;
- Jordania.
La estimación de US$43.600 millones no incorpora todavía una evaluación completa del costo de reparar todos esos daños.
Tampoco contabiliza cada impacto económico producido fuera del Departamento de Defensa.
Por eso la cifra debe interpretarse como un piso parcial del costo militar directo, no como la factura definitiva de la guerra.
18 estadounidenses muertos y más de 830 heridos
El costo humano estadounidense también comenzó a crecer.
Los registros oficiales del Pentágono citados por AP contabilizan 18 militares estadounidenses muertos y más de 830 heridos desde el inicio del conflicto.
Esas cifras tampoco resumen el impacto humano completo de la guerra, que incluye víctimas iraníes, israelíes y de otros países de la región.
Para Washington existe además un costo de largo plazo que todavía es prácticamente imposible calcular: atención sanitaria, rehabilitación, pensiones y asistencia a veteranos heridos.
Históricamente, ese tipo de obligaciones continuó durante décadas después de finalizar guerras como Irak y Afganistán.
Una guerra que empezó el 28 de febrero y no terminó rápido
Estados Unidos e Israel iniciaron las operaciones contra Irán el 28 de febrero de 2026.
La administración Trump presentó inicialmente la ofensiva en términos de objetivos militares específicos vinculados con la capacidad nuclear y militar iraní.
Pero siete meses después el conflicto continúa.
La intensidad varió durante ese período. La CBO identificó una fase inicial extremadamente intensa, una reducción durante mayo y junio y una nueva escalada durante julio.
De esa evolución surge su estimación mensual.
Si el nivel de combate permanece relativamente bajo, el costo adicional sería de aproximadamente US$2.000 millones mensuales.
Si vuelve al nivel observado durante julio, subiría hasta alrededor de US$3.000 millones al mes.
Y la propia CBO advierte que podría superar esa cifra ante una nueva escalada.
¿Cuánto podría costar si continúa hasta fin de año?
Una proyección simple ayuda a dimensionar el problema.
Partiendo de los US$43.600 millones acumulados hasta comienzos de septiembre y utilizando la estimación de la CBO:
Escenario de menor intensidad:
unos US$2.000 millones adicionales mensuales.
Escenario similar a julio:
aproximadamente US$3.000 millones adicionales mensuales.
Si el conflicto se mantuviera hasta diciembre dentro de ese rango, el costo militar directo podría terminar el año varios miles de millones por encima de los US$50.000 millones.
No es una previsión oficial y dependerá completamente de la intensidad de las operaciones, pero muestra por qué el Congreso está empezando a prestar mucha más atención a la factura.
El petróleo convierte el costo militar en un costo doméstico
La guerra no afecta solamente al presupuesto del Pentágono.
También está encareciendo la energía.
Los ataques, interrupciones y riesgos de navegación alrededor del estrecho de Ormuz y del Mar Rojo redujeron el tránsito normal de petróleo y gas e incrementaron los costos de transporte marítimo.
La CBO calculó que esas alteraciones ya añadieron una presión considerable sobre los precios estadounidenses.
Según su estudio, el impacto energético de la guerra agregó aproximadamente 2,3 puntos porcentuales a la tasa anualizada de inflación PCE durante el segundo trimestre de 2026.
Para comienzos de 2027, la agencia prevé que la inflación interanual pueda terminar 0,5 puntos porcentuales por encima de lo que esperaba antes del conflicto.
La inflación subyacente también quedaría alrededor de 0,3 puntos por encima de la estimación previa.
La factura de la guerra no aparece únicamente en las cuentas del Pentágono: también llega al consumidor estadounidense a través de combustible, transporte y precios.
Una crisis en el estrecho de Ormuz
La situación energética continúa siendo frágil.
Este domingo apenas 17 buques de carga atravesaron el estrecho de Ormuz durante el período analizado por Reuters, frente a 37 una semana antes y niveles previos a la guerra que podían alcanzar alrededor de 125 embarcaciones diarias.
El tránsito petrolero no se detuvo completamente.
Pero la combinación de riesgo militar, rutas alternativas, barcos operando con sistemas de identificación apagados y mayores costos de seguro alteró profundamente el funcionamiento del mercado energético.
A eso se agregó el ataque contra el oleoducto saudí Este-Oeste, que obligó a Arabia Saudita a volver a utilizar con mayor intensidad precisamente el estrecho de Ormuz.
El costo de transportar petróleo también se disparó
No es solamente el precio del barril.
La escasez de grandes petroleros está encareciendo de manera extraordinaria el transporte.
El Wall Street Journal informó que algunas tarifas para grandes buques llegaron a niveles cercanos al millón de dólares diarios, mientras aproximadamente 15% de la flota mundial de grandes petroleros quedó absorbida por rutas alteradas alrededor de Ormuz o por desvíos a través del Cabo de Buena Esperanza.
Eso termina trasladándose al precio de combustibles y productos transportados.
Y explica por qué incluso una guerra librada a miles de kilómetros puede terminar apareciendo en el surtidor de una estación de servicio estadounidense.
La guerra también empieza a costarle políticamente a Trump
El conflicto se convirtió en un problema relevante a apenas semanas de las elecciones legislativas del 3 de noviembre.
Una encuesta Reuters/Ipsos publicada este lunes ubicó la aprobación presidencial de Trump en 32%, su mínimo registrado en esa serie, mientras sólo 34% de los consultados respaldaba los ataques contra Irán.
El costo de vida aparece entre las principales preocupaciones de los votantes.
La misma encuesta encontró que apenas 17% aprobaba el manejo presidencial del costo de vida, mientras el incremento de la energía y el conflicto iraní aparecen entre los factores que condicionan la campaña.
Esas cifras describen la opinión de la población encuestada en ese momento; no determinan por sí solas cómo votará el electorado en noviembre.
Pero ayudan a explicar por qué el costo de la guerra dejó de ser una discusión exclusiva de los comités de Defensa del Congreso.
Incluso un republicano pidió avanzar contra Hegseth
La oposición al conflicto tampoco se limita completamente al Partido Demócrata.
El republicano Thomas Massie presentó artículos de impeachment contra el secretario de Defensa, Pete Hegseth, argumentando que las operaciones contra Irán avanzaron sin la autorización constitucional necesaria del Congreso.
La iniciativa tiene pocas posibilidades de prosperar, pero muestra que existe una discusión institucional sobre los poderes de guerra de la Presidencia incluso dentro del Partido Republicano.
En paralelo, la Cámara de Representantes volvió a debatir resoluciones destinadas a limitar o terminar las operaciones estadounidenses.
El Gobierno sostiene que tiene autoridad para continuar defendiendo fuerzas estadounidenses y persiguiendo los objetivos estratégicos de la operación.
Sus críticos plantean que una guerra prolongada requiere autorización legislativa explícita.
El Congreso también discute la transparencia del gasto
Otro foco de tensión es cuánto sabe realmente el Poder Legislativo.
La CBO explicó que el Departamento de Defensa no respondió a sus solicitudes de información cuando elaboró su estimación independiente de US$38.000 millones. Por eso tuvo que utilizar bases de datos gubernamentales y fuentes públicas.
El Pentágono entregó posteriormente al Congreso un desglose más detallado.
Pero incluso ese documento continúa excluyendo distintos costos indirectos y parte de los daños a instalaciones.
Esto genera una diferencia entre:
lo que ya se gastó efectivamente;
lo que deberá gastarse para reponer armamento;
lo que costará reparar instalaciones;
y el impacto macroeconómico general de la guerra.
No existe todavía una cifra única capaz de sumar correctamente todos esos conceptos.
Washington pide decenas de miles de millones adicionales
La dimensión del gasto también aparece en los pedidos presupuestarios.
La administración solicitó durante junio US$87.600 millones en fondos suplementarios, de los cuales unos US$67.100 millones estaban destinados al Departamento de Defensa.
La CBO calculó que aproximadamente US$42.300 millones de esa solicitud estaban directamente relacionados con el conflicto iraní.
En paralelo, Trump impulsa un presupuesto de defensa de aproximadamente US$1,5 billones, que sería extraordinariamente superior a los niveles históricos del gasto militar estadounidense.
La administración argumenta que el aumento es necesario no sólo por Irán, sino también por China, Rusia, modernización nuclear, defensa antimisiles y reconstrucción de arsenales.
El dilema de Estados Unidos: Irán hoy, China mañana
La advertencia más seria de la CBO probablemente no esté relacionada con dinero.
Está relacionada con capacidad militar futura.
Estados Unidos puede imprimir deuda, aprobar presupuestos suplementarios y aumentar el gasto en defensa.
Pero no puede reemplazar inmediatamente cientos de interceptores sofisticados.
La propia CBO señala que esa reducción de inventarios tendría consecuencias especialmente peligrosas si surgiera un enfrentamiento con China alrededor de Taiwán, porque Beijing dispone de enormes arsenales de misiles balísticos y de crucero.
Por eso Washington enfrenta una ecuación incómoda:
cada interceptor utilizado en Medio Oriente es un interceptor que debe ser fabricado nuevamente antes de poder estar disponible en Asia o Europa.
Y cada mes adicional de guerra profundiza esa brecha.
US$43.600 millones es apenas una fotografía
La cifra difundida ahora parece enorme.
Pero probablemente no sea definitiva.
No incluye completamente:
- reparación de bases estadounidenses;
- determinados costos indirectos;
- asistencia económica futura;
- reconstrucción regional;
- efectos sanitarios de largo plazo sobre veteranos;
- pérdidas económicas provocadas por la energía;
- ni todos los compromisos presupuestarios que surgirán después del conflicto.
El propio Gobierno estadounidense analiza ahora participar con US$5.000 millones en un fondo internacional destinado a reconstruir infraestructura energética dañada en países aliados del Golfo, otro posible costo asociado indirectamente al conflicto.
La guerra empieza a entrar en otra etapa
Durante sus primeros meses, el debate estuvo concentrado en una pregunta militar: si Estados Unidos e Israel lograrían degradar suficientemente las capacidades iraníes.
Ahora aparecen otras.
¿Cuánto tiempo puede sostenerse la guerra?
¿Cuánto cuesta realmente?
¿Cuántos interceptores quedan?
¿Qué ocurre si aparece simultáneamente otra crisis?
¿Y cuánto del costo termina pagando el consumidor estadounidense mediante energía e inflación?
El Pentágono puede mostrar todavía una enorme superioridad militar frente a Irán. Pero esa superioridad no significa que el conflicto sea barato ni estratégicamente gratuito.
El dato de US$43.600 millones muestra cuánto costó combatir hasta comienzos de septiembre. La verdadera preocupación en Washington es cuánto costará reconstruir lo utilizado y qué capacidad militar quedará disponible cuando termine.
Después de casi siete meses de guerra, ése puede convertirse en uno de los grandes problemas para Trump: una operación que debía demostrar la superioridad militar estadounidense está revelando también los límites industriales, presupuestarios y políticos de mantener durante meses una guerra moderna basada en armas extremadamente costosas.


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