
Trump y Delcy Rodríguez sellan el deshielo: petróleo, deuda y una nueva relación entre Washington y Caracas
Alejandro CabreraDonald Trump y Delcy Rodríguez protagonizaron una de las imágenes políticas más inesperadas de la Asamblea General de Naciones Unidas. El presidente estadounidense y la mandataria interina venezolana se reunieron a puerta cerrada en Nueva York, apenas nueve meses después de que fuerzas estadounidenses capturaran a Nicolás Maduro y lo trasladaran a Estados Unidos. Rodríguez había sido su vicepresidenta; hoy es la dirigente con la que Washington negocia el futuro económico y político de Venezuela.
El encuentro se produjo durante una recepción organizada por Trump en el Lotte New York Palace. Junto al mandatario estadounidense participaron figuras centrales de su administración: el secretario de Estado, Marco Rubio; el secretario del Tesoro, Scott Bessent; la jefa de gabinete, Susie Wiles; y Stephen Miller. Del lado venezolano, la delegación llegó a Nueva York con funcionarios económicos, petroleros y representantes de PDVSA.
La fotografía resume un cambio profundo: Washington pasó de intentar aislar al Gobierno venezolano a negociar directamente con una dirigente que formó parte del núcleo de poder de Maduro.
Del enfrentamiento al pragmatismo
Durante años, chavismo y Estados Unidos construyeron buena parte de su política exterior alrededor de la confrontación mutua. Hugo Chávez convirtió a Washington en uno de los principales adversarios de su discurso internacional; Maduro mantuvo esa línea entre sanciones, acusaciones y ruptura diplomática; y la propia Delcy Rodríguez calificó en 2019 las sanciones estadounidenses como una forma de “terrorismo de Estado”.
Siete años después, el lenguaje es completamente diferente.
Rodríguez calificó la reunión con Trump como un paso histórico y aseguró que ambos hablaron sobre energía, minería, seguridad y fortalecimiento de las relaciones bilaterales. Reuters confirmó que la administración venezolana busca obtener resultados concretos en inversiones, financiamiento y recuperación de activos internacionales.
El giro no significa que hayan desaparecido las diferencias ideológicas. Significa que ambos gobiernos encontraron intereses capaces de imponerse sobre ellas.
Las claves del nuevo vínculo
La negociación tiene varios componentes que explican por qué Washington y Caracas comenzaron a acercarse:
- Petróleo: Trump quiere fuertes inversiones estadounidenses en la industria venezolana.
- Deuda: Caracas prepara una reestructuración estimada entre US$150.000 millones y US$200.000 millones.
- Minería: Venezuela busca nuevos acuerdos con compañías internacionales.
- Financiamiento: Rodríguez ya mantuvo contactos con el BID, el FMI y el Banco Mundial.
- Seguridad: ambos gobiernos incorporaron cooperación regional y combate al crimen organizado a la agenda.
- Política: sectores opositores reclaman que el proceso incluya elecciones y reformas democráticas.
La economía explica buena parte del acercamiento, pero no todo. Para Trump, Venezuela también representa una pieza estratégica en su intención declarada de reforzar el peso estadounidense en el hemisferio occidental. Para Rodríguez, la apertura hacia Washington puede convertirse en la llave para sacar al país de años de aislamiento financiero.
El petróleo, en el centro
Trump dejó pocas dudas sobre cuál considera uno de los mayores activos venezolanos. Durante su discurso ante Naciones Unidas reivindicó un acuerdo energético alcanzado previamente con Caracas y aseguró que pretende movilizar US$100.000 millones en inversiones hacia la industria petrolera venezolana.
Su expresión más polémica fue: “Al vencedor le corresponde el botín”.
La frase fue pronunciada después de reivindicar la operación que terminó con Maduro detenido y al hablar del acceso estadounidense al petróleo venezolano. EL PAÍS señala que Trump presentó como uno de sus principales logros un acuerdo que otorgaría a Estados Unidos acceso privilegiado a una porción significativa de las reservas del país.
Para Caracas, recuperar el sector energético exige cantidades enormes de capital. Venezuela conserva recursos petroleros extraordinarios, pero necesita infraestructura, tecnología y financiamiento para aumentar sostenidamente la producción.
Ahí aparece la coincidencia: Venezuela posee recursos que necesita monetizar y Estados Unidos tiene empresas, capital y un interés estratégico en esos recursos.
Hasta US$200.000 millones de deuda: la otra negociación gigantesca
El segundo gran problema es financiero.
Venezuela anunció en mayo que comenzaría a reestructurar su deuda soberana y la correspondiente a PDVSA. Los analistas citados por Reuters calculan obligaciones acumuladas por entre US$150.000 millones y US$200.000 millones.
La delegación venezolana llegó a Nueva York precisamente para avanzar en ese proceso.
Rodríguez mantuvo encuentros con:
Ilan Goldfajn, presidente del Banco Interamericano de Desarrollo; Kristalina Georgieva, directora gerente del Fondo Monetario Internacional; y Ajay Banga, presidente del Banco Mundial.
El BID prepara un plan de vinculación de dos años con Venezuela centrado, entre otras áreas, en electricidad y protección social. Además, su conducción intenta conseguir autorización para un préstamo de aproximadamente US$2.500 millones, aunque Reuters informó que existen resistencias dentro del directorio del organismo.
La reunión entre Trump y Rodríguez, por lo tanto, no fue solamente una fotografía diplomática. Ocurrió en medio de una negociación económica que puede redefinir durante años la estructura financiera venezolana.
US$4.000 millones en oro también entran en el tablero
Otro activo aparece dentro de las conversaciones: unas reservas de oro venezolanas bloqueadas durante años en el Banco de Inglaterra.
Reuters informó que el Gobierno de Rodríguez y un sector opositor se acercaron a un acuerdo para trasladar alrededor de US$4.000 millones en oro hacia Estados Unidos, dentro de un mecanismo que permitiría utilizar esos recursos para necesidades de recuperación y reconstrucción.
La discusión muestra hasta qué punto el nuevo esquema venezolano está atado al reconocimiento internacional. Durante los años de disputa sobre la legitimidad del Gobierno, numerosos activos quedaron congelados o sujetos a litigios. Una normalización política facilitaría su recuperación.
Delcy busca vender una Venezuela “invertible”
Dos fuentes próximas a la delegación venezolana dijeron a Reuters que uno de los objetivos centrales del viaje era mostrar que Venezuela puede volver a ser un país “invertible”.
Eso requiere mucho más que anuncios petroleros.
Los inversores necesitan reglas de juego relativamente previsibles, mecanismos para cobrar deudas, protección jurídica y garantías de que los acuerdos sobrevivirán a futuros cambios políticos. La reestructuración financiera y las negociaciones con los organismos multilaterales están directamente relacionadas con ese objetivo.
La gran apuesta de Rodríguez consiste en convertir la estabilización de la relación con Washington en una puerta de entrada para capital internacional.
Pero la política sigue abierta
El acercamiento generó también críticas.
Reuters señala que opositores acusan a la administración Trump de haber relegado a la dirigencia encabezada por María Corina Machado mientras prioriza petróleo e inversiones con el Gobierno interino. Ese cuestionamiento adquirió visibilidad en Nueva York, donde venezolanos se manifestaron reclamando elecciones y utilizando consignas como “No Vote, No Oil”.
Machado, que permanece fuera de Venezuela, realizó además tres intentos fallidos de regresar al país en las horas coincidentes con el encuentro entre Rodríguez y Trump, según su equipo y medios citados por Reuters.
La discusión que comienza a emerger es clara: ¿la recuperación económica avanzará al mismo ritmo que la apertura política?
Washington sostiene que desde la captura de Maduro se produjeron liberaciones de presos políticos y cambios institucionales. Sectores opositores consideran que eso todavía no alcanza y reclaman garantías electorales más profundas.
Maduro, preso mientras su exvicepresidenta negocia con Trump
La escena tiene una carga simbólica extraordinaria.
Horas antes de reunirse con Rodríguez, Trump habló ante la Asamblea General y volvió a definir a Nicolás Maduro en términos extremadamente duros, reivindicando la operación estadounidense que terminó con su captura. Rodríguez estaba presente en Naciones Unidas mientras escuchaba ese discurso.
Después ambos se reunieron.
Maduro permanece detenido en Nueva York mientras una de las dirigentes más importantes de su Gobierno negocia con Washington la reconstrucción de la economía venezolana.
Eso revela algo esencial sobre la estrategia de Trump: Estados Unidos no optó por desmantelar completamente la estructura estatal chavista después de Maduro. Eligió trabajar con una parte de ella.
Trump cambia aislamiento por negocios
Desde la perspectiva estadounidense, el nuevo esquema ofrece varias ventajas concretas.
Venezuela puede aportar petróleo, minerales y oportunidades para empresas norteamericanas. También puede colaborar en seguridad regional y reducir espacios de influencia que históricamente ocuparon Rusia, China e Irán.
Trump ha insistido además en recuperar una política exterior donde Estados Unidos tenga mayor peso directo sobre América Latina y el Caribe. En su discurso ante Naciones Unidas utilizó la captura de Maduro como ejemplo de la disposición estadounidense a proteger sus intereses en el hemisferio occidental.
Desde esa perspectiva, Venezuela no es únicamente un problema interno venezolano: también forma parte de la competencia geopolítica entre grandes potencias.
Delcy obtiene algo igualmente importante: legitimidad
La ganancia de Rodríguez no es solamente económica.
Sentarse con Trump como presidenta interina significa obtener un reconocimiento político de enorme peso. Es su primera visita a Estados Unidos desde que asumió el Gobierno en enero y está acompañada por reuniones con algunas de las instituciones financieras más influyentes del mundo.
Para una dirigente que durante años estuvo identificada con la confrontación chavista con Washington, la transformación es profunda.
La propia Rodríguez resumió públicamente el nuevo enfoque como una relación que debe conducirse mediante el diálogo y producir beneficios concretos para los venezolanos.
De “aquí huele a azufre” a una reunión con Trump
La historia aporta una comparación inevitable.
En 2006, Hugo Chávez utilizó el escenario de Naciones Unidas para atacar a George W. Bush con su famosa referencia al “azufre”. Durante años, aquel discurso simbolizó el enfrentamiento frontal del chavismo con Estados Unidos.
En 2026, una de las figuras más importantes surgidas de ese mismo movimiento llegó a Nueva York defendiendo “respeto, cooperación y entendimiento” entre los países.
El cambio no puede ser más evidente.
Hace apenas algunos años, Washington intentaba aislar políticamente a Caracas. Hoy participa directamente de negociaciones destinadas a atraer capital hacia Venezuela, reestructurar su deuda y recuperar sectores estratégicos.
Un deshielo con muchas preguntas pendientes
El encuentro de Nueva York confirma que comenzó una nueva etapa, pero todavía no define su resultado.
Trump y Rodríguez encontraron una agenda común basada en petróleo, minería, inversiones, deuda y seguridad. Venezuela necesita capital y acceso al sistema financiero internacional; Estados Unidos busca recursos, negocios y una posición dominante en un país estratégico del Caribe.
Lo que todavía no está resuelto es el componente político de esa transformación.
¿Habrá nuevas elecciones? ¿Qué papel tendrá la oposición? ¿Hasta dónde se reformarán las instituciones heredadas del chavismo? ¿Qué ocurrirá con los presos políticos? ¿Cuánto poder conservarán las estructuras asociadas al período de Maduro?
Esas preguntas determinarán si Venezuela está atravesando solamente una normalización económica con Estados Unidos o una transición política de mayor alcance.
Por ahora, el dato más contundente es la fotografía: Maduro permanece preso en Estados Unidos; Delcy Rodríguez negocia con Trump; y Washington pasó de las sanciones y el aislamiento a discutir inversiones multimillonarias con Caracas.
Ese es el verdadero alcance del encuentro de Nueva York. No elimina las contradicciones entre ambos gobiernos. Pero demuestra que la relación que dominó durante casi tres décadas ya no es la misma.


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