
Quién va a gobernar Israel: Netanyahu sigue, pero Eisenkot tiene una vía para sacarlo del poder
Alejandro CabreraIsrael ya conoce prácticamente la composición de su próximo Parlamento, pero todavía no sabe quién será su próximo primer ministro.
El resultado dejó 53 bancas para el bloque de Netanyahu, 48 para la oposición encabezada por Eisenkot y 19 para Ra'am y la Lista Conjunta, las dos fuerzas de mayoría árabe.
La mayoría necesaria para formar Gobierno es de 61 diputados.
Por eso nadie ganó realmente.
Las claves
Netanyahu tiene 53 diputados y necesita ocho más.
Eisenkot reúne 48 dentro de su actual bloque.
Los partidos árabes consiguieron 19 bancas, su mejor resultado histórico.
Eisenkot podría llegar matemáticamente a 67 diputados con apoyo árabe.
Varios partidos opositores prometieron durante la campaña no gobernar dependiendo de fuerzas árabes.
Netanyahu continúa como primer ministro interino hasta que se forme otro Gobierno.
Una coalición amplia entre Likud y sectores opositores también sería posible.
Si todas las negociaciones fracasan, Israel podría volver nuevamente a elecciones.
Netanyahu ganó la elección, pero no puede gobernar solo
El Likud volvió a ser el partido más grande de Israel y Netanyahu consiguió un resultado mejor de lo que anticipaban muchas encuestas.
Pero sus socios perdieron suficientes diputados como para destruir la mayoría que sostenía al actual Gobierno.
Su bloque quedó en 53 bancas.
Para volver a ser investido necesita convencer a ocho diputados de la oposición para que cambien de posición o conseguir que algún partido completo rompa con Eisenkot.
Netanyahu ya dejó claro que pretende mantener su alianza con la derecha religiosa, Itamar Ben-Gvir y Bezalel Smotrich.
Eso limita sus opciones.
Eisenkot tiene los números, pero no necesariamente los aliados
La aritmética favorece potencialmente a Gadi Eisenkot.
Si los 48 diputados de su bloque alcanzaran un acuerdo con los 19 legisladores árabes, sumarían 67 bancas, seis más de las necesarias.
Sería suficiente para terminar con el Gobierno de Netanyahu.
El problema aparece dentro de la propia oposición.
Naftali Bennett, Avigdor Lieberman y otros dirigentes hicieron campaña prometiendo no depender de la Lista Conjunta o de partidos árabes para gobernar.
Romper esa promesa apenas después de las elecciones tendría un costo político importante.
El líder de los Demócratas, Yair Golan, ya comenzó a defender públicamente una negociación con las fuerzas árabes.
Eisenkot todavía debe decidir hasta dónde está dispuesto a avanzar.
Los partidos árabes tienen la llave
El resultado electoral transformó a Ra'am y a la Lista Conjunta en actores centrales.
Juntas poseen 19 diputados.
Mansour Abbas, líder de Ra'am, ya tiene experiencia negociando con partidos judíos: su formación integró en 2021 la coalición que consiguió sacar temporalmente a Netanyahu del poder.
La Lista Conjunta presenta mayores dificultades por sus posiciones sobre el conflicto palestino y por el rechazo que genera entre sectores de derecha y centroderecha.
Una alternativa sería que las fuerzas árabes no ingresen formalmente al Gobierno, pero permitan desde afuera la investidura de Eisenkot.
Ese modelo reduciría algunas resistencias, aunque seguiría siendo presentado por Netanyahu como un Gobierno dependiente del voto árabe.
Netanyahu intenta impedir justamente ese acuerdo
Las primeras horas posteriores a las elecciones ya mostraron cuál será la estrategia del primer ministro.
Netanyahu comenzó a cuestionar el resultado obtenido por los partidos árabes y denunció presuntas irregularidades electorales sin presentar hasta ahora pruebas de un fraude generalizado.
Las autoridades electorales rechazaron que exista evidencia de una manipulación sistemática.
La ofensiva tiene también una explicación política.
Si Netanyahu consigue convertir cualquier pacto entre Eisenkot y las fuerzas árabes en algo demasiado costoso para Bennett, Lieberman u otros sectores opositores, puede bloquear la única mayoría evidente existente en la Knesset.
Y mientras nadie consiga reemplazarlo, Netanyahu continúa gobernando.
Una gran coalición también está sobre la mesa
Existe otro escenario: un Gobierno de unidad nacional.
Likud y varios partidos opositores podrían superar ampliamente los 61 diputados y construir una mayoría sin depender de los partidos árabes ni de los sectores más radicales de la actual coalición.
Sobre el papel sería probablemente la fórmula más estable.
Políticamente es extremadamente difícil.
La oposición hizo campaña precisamente para terminar con Netanyahu, mientras el primer ministro acaba de prometer a Ben-Gvir y Smotrich que permanecerán juntos.
Para que exista una coalición amplia, alguna de esas promesas tendría que romperse.
Una crisis militar o meses de bloqueo político podrían volver ese escenario más atractivo.
Y si nadie cede, Israel vuelve a votar
Israel conoce perfectamente este problema.
Entre 2019 y 2022 celebró cinco elecciones porque los partidos fueron incapaces de construir mayorías estables.
Puede volver a ocurrir.
Cuando los resultados sean oficiales, el presidente Isaac Herzog consultará con los distintos partidos y encargará la formación del Gobierno al dirigente que considere con mayores posibilidades.
El candidato tendrá varias semanas para intentar conseguir 61 apoyos.
Si fracasa, otro diputado podrá intentarlo.
Si tampoco aparece una mayoría, habrá nuevas elecciones.
Entonces, ¿quién tiene hoy más posibilidades?
La respuesta depende de distinguir quién gobierna ahora de quién puede formar el próximo Gobierno.
Ahora seguirá gobernando Benjamin Netanyahu, porque continuará como primer ministro interino durante todas las negociaciones.
Pero no tiene asegurado otro mandato.
Eisenkot posee una combinación matemática más sencilla: oposición más partidos árabes supera claramente los 61. Su problema es conseguir que todos los integrantes de ese bloque acepten políticamente la fórmula.
Netanyahu tiene una aritmética peor, pero una ventaja enorme: ya está en el poder y solo necesita impedir que sus adversarios se pongan de acuerdo.
Ese puede terminar siendo el factor decisivo.
Israel votó contra la continuidad de la actual mayoría, pero no eligió claramente una alternativa. Netanyahu necesita sumar ocho diputados; Eisenkot necesita convencer a su propia oposición de aceptar el apoyo árabe. Hasta que alguno lo consiga, el hombre que seguirá ocupando la oficina del primer ministro será Netanyahu.


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