
Trump, entre la grandilocuencia y los hechos: amenaza con “aniquilar” a Irán, dice controlar Ormuz y asegura que EE.UU. está “mejor que nunca”
Alejandro CabreraDonald Trump suele describir los acontecimientos antes de que terminen. Una ventaja militar se transforma en “control total”, una negociación abierta en una victoria anticipada, una economía con indicadores positivos y negativos en “la mejor de la historia” y un adversario todavía dispuesto a combatir en un país que inevitablemente terminará rindiéndose. Esa forma de comunicar no es nueva, pero durante los últimos días se concentraron varios ejemplos que permiten observar hasta qué punto la descripción presidencial de la realidad puede ser considerablemente más categórica que los propios hechos.
La economía estadounidense continúa creciendo y mostró mejores números de los esperados durante el segundo trimestre, pero la confianza de los consumidores cayó en septiembre a su nivel más bajo en casi doce años y medio. Estados Unidos consiguió recuperar una parte importante de los flujos energéticos de Medio Oriente, pero el petróleo Brent cerró septiembre por encima de los 100 dólares y con una suba mensual cercana al 14%. Trump rechazó una propuesta presentada por Irán y habló de rendición, mientras Qatar continúa trasladando mensajes entre ambos gobiernos y Teherán acaba de recibir una nueva respuesta estadounidense. Reuters
La característica común es menos la contradicción que la grandilocuencia. Trump intenta presentar cada escenario como una demostración de dominio estadounidense incluso cuando todavía quedan abiertas variables económicas, diplomáticas y militares capaces de modificar completamente el resultado.
LAS CLAVES DE LOS ÚLTIMOS DÍAS DE TRUMP
- Admitió que hizo “un muy mal trabajo” explicando su economía, pero aseguró que Estados Unidos está funcionando “mejor que nunca”.
- Amenazó ante Naciones Unidas con “aniquilar” a Irán si no se alcanza un acuerdo.
- Rechazó posteriormente una propuesta iraní para reabrir Ormuz y avanzar hacia una desescalada, aunque las conversaciones continúan mediante Qatar.
- Afirma que Estados Unidos posee el “control total” de Ormuz, mientras el mercado energético continúa pagando una fuerte prima de riesgo.
- Pasó de asegurar que la “libertad” llegaría a Cuba a pronosticar pocos días después un acuerdo con La Habana y decir que probablemente no será necesaria una intervención militar.
- Calificó a la Corte Penal Internacional como una organización “malvada” y “rebelde” y pidió a todos sus integrantes abandonarla inmediatamente. Reuters
“Hice un muy mal trabajo explicando lo bien que estamos”
Una de las declaraciones más reveladoras ocurrió este miércoles en la Casa Blanca. Trump reconoció que su administración había hecho “un muy mal trabajo” comunicando su desempeño económico, pero la autocrítica terminó prácticamente en esa frase. Inmediatamente sostuvo que Estados Unidos está mejor que nunca y planteó que el principal problema de los republicanos no se encuentra en los resultados económicos sino en su incapacidad para transmitirlos correctamente a los ciudadanos.
Los datos permiten construir una fotografía bastante más compleja. La última revisión mostró que el PBI estadounidense creció a una tasa anualizada del 2,2% durante el segundo trimestre, por encima de la estimación previa de 1,5%. El consumo mostró fortaleza y la inversión empresarial, especialmente alrededor de inteligencia artificial, también contribuyó a la expansión. El empleo privado aumentó en septiembre en unas 90.000 posiciones, superando las expectativas del mercado. Reuters
Pero al mismo tiempo, la confianza de los consumidores cayó a mínimos de más de una década y crecieron las preocupaciones relacionadas con el mercado laboral, el costo de la energía y las hipotecas. Los hogares no evalúan la economía exclusivamente observando el PBI: también miran cuánto pagan por la gasolina y los alimentos, qué ocurre con sus salarios, cuánto cuesta financiar una vivienda, qué estabilidad tiene su empleo y qué tasas enfrentan cuando necesitan crédito. Esa diferencia entre una macroeconomía que todavía muestra crecimiento y una percepción social considerablemente más negativa es uno de los principales desafíos políticos que enfrenta la Casa Blanca antes de las elecciones legislativas. Reuters
Decir que la economía está “mejor que nunca” simplifica entonces una realidad donde conviven indicadores de fortaleza con señales claras de malestar. No significa que Trump esté describiendo una economía en recesión que en realidad está creciendo; significa que convierte un conjunto de datos mixtos en una afirmación absoluta que elimina prácticamente todos los matices.
Irán: amenazar con “aniquilar” y continuar negociando
El ejemplo más peligroso aparece en Medio Oriente. Durante la Asamblea General de Naciones Unidas, Trump amenazó públicamente con “aniquilar” a Irán si no se conseguía un entendimiento. La frase fue pronunciada al mismo tiempo que diplomáticos qataríes y representantes estadounidenses e iraníes intentaban construir un mecanismo que permitiera reducir los combates y recuperar el tránsito por el estrecho de Ormuz. Reuters
Días después apareció una propuesta concreta de Teherán. El esquema contemplaba una secuencia de siete días para avanzar hacia la reapertura del estrecho y reducir las hostilidades a cambio de determinadas medidas estadounidenses, entre ellas modificaciones del bloqueo y alivios vinculados con sanciones y activos iraníes. Trump rechazó públicamente el planteo y sostuvo que Irán había realizado la oferta porque estaba perdiendo y necesitaba desesperadamente una salida económica. Reuters
Sin embargo, la negociación no terminó. Este miércoles Irán confirmó que recibió, por intermedio de Qatar, una nueva respuesta estadounidense. Las conversaciones siguen concentradas principalmente en el orden en que deberían implementarse las medidas acordadas. Es decir, Washington continúa negociando con el mismo Gobierno cuya propuesta Trump había presentado públicamente como inaceptable y cuya eventual rendición viene anticipando desde hace días. Reuters
No existe necesariamente una incoherencia estratégica. Trump puede estar utilizando amenazas máximas como instrumento para aumentar su poder de negociación. La contradicción aparece entre el lenguaje y el estado real del conflicto: una rendición es un resultado definitivo; una negociación mediada por Qatar significa exactamente lo contrario, que ninguno de los dos adversarios consiguió todavía imponer completamente sus condiciones.
Ormuz: “control total” frente a un mercado que todavía paga la guerra
Trump también insiste en que Estados Unidos posee el “control total” del estrecho de Ormuz. Desde una perspectiva militar, Washington dispone de una superioridad naval, aérea y tecnológica extraordinaria y consiguió mejorar significativamente el tránsito de petróleo después de los peores momentos de la crisis. Arabia Saudita también aumentó sus exportaciones por rutas alternativas y parte del flujo de crudo del Golfo comenzó a recuperarse.
Pero controlar militarmente una ruta no equivale a haber normalizado completamente su funcionamiento económico. Las compañías navieras deben calcular el riesgo de un ataque, las aseguradoras incorporan primas extraordinarias, los costos de transporte permanecen elevados y la disponibilidad de combustibles refinados continúa tensionada. La situación mejoró respecto de los momentos más críticos, pero sigue lejos de ser irrelevante para la economía mundial. The Washington Post
El mejor indicador aparece en el precio. El contrato de noviembre del Brent cerró septiembre en US$103,50 por barril y acumuló una suba mensual cercana al 14%, mientras el petróleo estadounidense terminó alrededor de US$90. La recuperación parcial de las exportaciones no consiguió eliminar la prima geopolítica porque las negociaciones con Irán permanecen abiertas y continúan las dificultades en los mercados de combustibles. Reuters
Por eso la expresión “control total” necesita contexto. Estados Unidos consiguió recuperar una capacidad muy importante para proteger y facilitar el tránsito, pero todavía no consiguió reconstruir las condiciones económicas existentes antes de la guerra. La diferencia es especialmente importante porque un petrolero no decide navegar únicamente mirando quién posee la flota militar más poderosa; también debe calcular cuánto cuesta asegurar la embarcación y qué posibilidades existen de perderla.
La frase de los “29 barcos” y la construcción de una victoria
Trump utilizó además el número de embarcaciones que atravesaron Ormuz durante una determinada noche como una prueba de que su estrategia estaba funcionando. El dato puede mostrar una recuperación real del tránsito, pero el salto discursivo consiste en convertir un movimiento puntual en evidencia de una normalización completa.
Esa forma de comunicación se repite constantemente. Si pasan más barcos, el estrecho está controlado; si el PBI crece, la economía está mejor que nunca; si Irán presenta una propuesta, está desesperado y cerca de rendirse. Trump toma un dato favorable y lo convierte en la descripción total del escenario, incluso cuando otras variables todavía muestran tensiones importantes.
En política puede ser extremadamente eficaz porque simplifica cuestiones complejas y ofrece una conclusión fácil de recordar. En economía y relaciones internacionales presenta un problema diferente: cuanto más categórica sea la afirmación, más sencillo resulta encontrar acontecimientos posteriores capaces de contradecirla.
Cuba: de anunciar la “libertad” a prometer un acuerdo
Cuba mostró otro cambio significativo de tono. Durante su intervención ante Naciones Unidas, Trump describió a la isla como un Estado fracasado y sostuvo que la “libertad” acabaría llegando a Cuba. El comentario apareció después de meses de una política de presión estadounidense que afectó especialmente el acceso cubano al combustible y aumentó las dificultades de una economía que ya atravesaba una profunda crisis estructural.
Solamente cuatro días después, Trump habló desde la Casa Blanca y planteó un escenario considerablemente diferente. Aseguró que Estados Unidos y Cuba terminarán alcanzando un acuerdo, afirmó que Washington quiere ayudar al país y agregó que probablemente no sea necesario recurrir a una intervención militar. Reuters
Las dos declaraciones no son necesariamente incompatibles. Trump puede considerar que la presión provocará cambios políticos en Cuba y que esos cambios llegarán mediante un acuerdo en lugar de una intervención. Pero el giro resulta ilustrativo de su método: primero eleva la amenaza hasta el máximo nivel posible y luego presenta la negociación como resultado de la fortaleza conseguida mediante aquella presión.
En otras palabras, para Trump amenazar y negociar no son acciones opuestas. Funcionan como etapas de una misma estrategia. La amenaza eleva el costo para el adversario y el acuerdo posterior puede ser presentado como una capitulación obtenida gracias a la presión estadounidense.
La Corte Penal Internacional: de criticar decisiones a pedir que desaparezca
Otro momento particularmente fuerte llegó cuando Trump atacó a la Corte Penal Internacional. Estados Unidos nunca ratificó el Estatuto de Roma y desde hace décadas discute la posibilidad de que la CPI pueda investigar a ciudadanos estadounidenses. La administración Trump profundizó esa confrontación después de las actuaciones del tribunal relacionadas con Israel y con funcionarios de otros países.
Pero el Presidente fue considerablemente más lejos que una crítica jurídica. Definió a la CPI como una institución “malvada” y “rebelde” y pidió a los países miembros que abandonaran inmediatamente el organismo. La reacción internacional fue limitada: varios gobiernos europeos defendieron públicamente al tribunal y solamente un número reducido de Estados acompañó el llamado estadounidense. Reuters
El episodio vuelve a mostrar otra característica de la política exterior trumpista. Cuando una institución internacional adopta decisiones que Washington considera contrarias a sus intereses, Trump tiende a cuestionar no solamente esa decisión particular sino la legitimidad del organismo completo.
La misma lógica apareció anteriormente frente a otros organismos multilaterales: la soberanía estadounidense, según esta visión, no debe quedar condicionada por instituciones internacionales que Washington no controla ni reconoce plenamente.
Xi Jinping: una “gran reunión” con avances bastante más modestos
La reunión con Xi Jinping ofreció un ejemplo menos conflictivo pero igualmente ilustrativo. Trump calificó el encuentro como una “gran reunión” y destacó públicamente su relación personal con el presidente chino. La cumbre permitió extender temporalmente la tregua comercial, obtener determinadas reducciones arancelarias y abrir nuevos canales de conversación sobre inteligencia artificial.
Sin embargo, las cuestiones estructurales más importantes continuaron abiertas: Taiwán, semiconductores, tierras raras, controles tecnológicos y la rivalidad estratégica en Asia. La reunión sirvió para estabilizar temporalmente la relación, pero no produjo una solución profunda a la competencia entre las dos potencias.
Nuevamente aparece la diferencia entre una reunión útil y una reunión histórica. Trump suele borrar ese espacio intermedio y presentar cualquier avance diplomático como una victoria de enorme dimensión.
No todo es relato: también existen resultados concretos
Sería igualmente impreciso analizar los últimos días como si todo lo que rodea a Trump fuera únicamente retórica. La economía estadounidense efectivamente mostró una revisión positiva del crecimiento, el empleo privado superó las expectativas de septiembre y Washington consiguió recuperar parte importante del flujo energético afectado por la guerra. Trump también utiliza su política arancelaria para obtener compromisos de inversión extranjera, y Corea del Sur anunció esta semana grandes proyectos energéticos y tecnológicos en territorio estadounidense. Reuters
El debate no consiste, entonces, en determinar si Trump obtiene resultados o si absolutamente todo lo que afirma carece de sustento. La cuestión está en la distancia entre los resultados reales y la escala con la que los presenta.
Una economía que crece 2,2% anualizado puede considerarse sólida, pero eso no demuestra por sí mismo que esté “mejor que nunca”. Conseguir aumentar el número de petroleros que atraviesan Ormuz representa un avance, pero no necesariamente “control total”. Mantener una ventaja militar sobre Irán tampoco equivale a haber conseguido su rendición.
El lenguaje absoluto como herramienta política
Trump construyó buena parte de su carrera alrededor de una característica que sus seguidores consideran fortaleza y sus críticos consideran exageración: el rechazo casi sistemático a hablar en términos de incertidumbre.
Un dirigente convencional puede explicar que existen probabilidades, riesgos, escenarios alternativos y negociaciones incompletas. Trump tiende a reemplazar ese lenguaje por conclusiones: ganaremos, ellos perderán, habrá un acuerdo, tenemos el control, estamos mejor que nunca.
La ventaja política es evidente. Las ideas simples se transmiten mejor que las explicaciones técnicas y ofrecen una sensación de dirección y liderazgo. La debilidad también resulta clara: cuando los acontecimientos evolucionan en otra dirección, la afirmación previa queda inmediatamente expuesta.
Ese mecanismo se observa actualmente en Irán. Si finalmente existe un acuerdo, Trump probablemente podrá presentarlo como resultado de haber rechazado las condiciones iniciales y presionado hasta conseguir algo mejor. Si las conversaciones fracasan y el conflicto vuelve a escalar, su afirmación de que Teherán estaba cerca de rendirse será mucho más difícil de sostener.
La economía es donde esa distancia puede tener mayor impacto
La política exterior permite al Presidente construir imágenes de fuerza que muchas veces dependen de información difícil de percibir directamente por la población. La economía funciona de manera distinta porque cada ciudadano la experimenta cotidianamente.
Una familia no necesita conocer el crecimiento anualizado del PBI para formar una opinión sobre la economía. La construye observando cuánto le cuesta llenar el tanque, cuánto gasta en el supermercado, qué tasa debe pagar para comprar una casa o financiar una tarjeta, qué seguridad tiene en su empleo y cuánto puede ahorrar después de pagar sus gastos.
Eso explica por qué pueden convivir un PBI en expansión y una confianza del consumidor muy baja. La macroeconomía describe el funcionamiento agregado del país; la percepción económica se construye desde la experiencia individual de millones de hogares.
Trump reconoce parcialmente ese problema cuando admite que su Gobierno no comunicó bien sus resultados. Sin embargo, atribuir toda la diferencia a una falla comunicacional supone asumir que el malestar económico proviene esencialmente de una percepción equivocada. Los datos sugieren una situación más compleja: existen resultados favorables, pero también costos elevados en energía, crédito y vivienda que afectan directamente a los hogares. Reuters
La campaña de noviembre explica parte del endurecimiento
Estados Unidos entra ahora en el tramo decisivo hacia las elecciones legislativas del 3 de noviembre, en las que se renovará el Congreso. Trump ya incrementó su actividad política y reconoce públicamente que los republicanos necesitan movilizar a sus votantes para sostener su posición parlamentaria.
No corresponde inferir de estos datos cómo terminará esa elección. Lo que sí puede observarse es que la campaña aumenta el incentivo presidencial para presentar una narrativa de resultados claros: una economía fuerte, adversarios debilitados, acuerdos comerciales, control energético y liderazgo internacional.
En ese escenario, aceptar demasiados matices puede resultar políticamente inconveniente. Decir que la economía crece pero existen problemas de percepción y costo de vida es menos potente electoralmente que afirmar que el país está mejor que nunca. Explicar que Ormuz funciona mejor pero continúa sujeto a riesgos resulta menos contundente que hablar de control total.
Trump convierte cada negociación en una batalla que afirma estar ganando
Los últimos días permiten observar una lógica bastante consistente. Ante Irán utiliza amenazas máximas y pronostica la rendición, aunque continúa negociando. Frente a Cuba endurece inicialmente el lenguaje y después presenta un eventual acuerdo como resultado de la presión. Sobre Ormuz transforma la recuperación parcial del tránsito en una demostración de dominio. Ante la CPI no discute solamente una decisión: cuestiona la existencia misma del tribunal. Y frente a los problemas de percepción económica responde que la economía está funcionando extraordinariamente y que el verdadero problema fue no explicarlo correctamente.
No todas estas posiciones son necesariamente contradictorias entre sí. Muchas forman parte de una estrategia deliberada de negociación y comunicación.
Pero sí comparten una característica central: Trump suele anunciar la victoria antes de que termine la batalla.
Ese método puede servir para presionar adversarios, fortalecer a sus seguidores y construir una imagen permanente de poder. También eleva enormemente el costo de cualquier resultado que termine siendo menos favorable de lo prometido.
Irán todavía no se rindió y sigue negociando. Ormuz recuperó tránsito, pero el petróleo continúa por encima de los 100 dólares. Cuba continúa gobernada por el mismo sistema mientras Washington explora un posible acuerdo. La Corte Penal Internacional sigue funcionando pese al pedido estadounidense para que sus miembros la abandonen. Y la economía norteamericana continúa creciendo mientras una porción importante de los consumidores expresa preocupación por su situación cotidiana.
Ese contraste entre la seguridad absoluta con la que Trump describe el mundo y un mundo que continúa lleno de incertidumbres es probablemente el mejor resumen de sus últimos días.


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