Caputo salió a vender la Argentina en París: “El riesgo no es político ni cambiario, es perder la oportunidad de invertir”

Luis Caputo abrió la jornada económica de la Argentina Week en París con un mensaje directo a empresarios europeos: aseguró que el principal riesgo ya no está en las elecciones de 2027 ni en una eventual tensión cambiaria, sino en llegar tarde a las oportunidades de inversión que ofrece el país.
01 de octubre de 2026Alejandro CabreraAlejandro Cabrera

Luis Caputo llegó a París con una misión bastante concreta: convencer a los inversores internacionales de que la Argentina dejó de ser solamente una economía con recursos extraordinarios y empezó a convertirse en un país donde esos recursos pueden transformarse efectivamente en negocios de largo plazo.

El ministro de Economía fue el primer expositor de la jornada de la Argentina Week, realizada en la sede de la OCDE frente a unos 700 invitados, y construyó prácticamente toda su presentación alrededor de una idea: el Gobierno considera que las principales vulnerabilidades macroeconómicas que históricamente espantaban al capital comenzaron a ser corregidas y que esperar demasiado para entrar al país puede terminar resultando más costoso que asumir el riesgo actual.

La frase que eligió para resumirlo fue contundente: “El riesgo no está en las elecciones en la Argentina. El riesgo no está en el tipo de cambio. Creo firmemente que el riesgo está en perder la oportunidad de invertir en la Argentina”.

No fue solamente una consigna destinada a seducir empresarios. Caputo dedicó buena parte de su exposición a explicar por qué cree que esta vez Argentina puede atravesar un año electoral sin repetir las tradicionales corridas contra el peso, por qué considera que existe una protección mayor sobre los contratos privados y cuáles son los sectores que deberían generar los dólares necesarios para sostener el nuevo esquema económico.

LAS CLAVES DEL MENSAJE DE CAPUTO

  • Aseguró que el principal riesgo es quedarse afuera de las oportunidades de inversión y no las elecciones o el dólar.
  • Dijo que el Gobierno redujo alrededor de 30% el gasto público y destacó la eliminación del déficit fiscal.
  • Presentó como uno de los principales logros haber atravesado la estabilización sin defaults, confiscaciones, pesificaciones ni alteraciones de contratos.
  • Sostuvo que el Presupuesto proyecta cuatro años consecutivos de superávit financiero, aunque se trata de una meta futura y dependerá de su cumplimiento efectivo.
  • Defendió al RIGI como herramienta para brindar previsibilidad de largo plazo a las grandes inversiones.
  • Aseguró que las exportaciones de energía y minería podrían pasar de aproximadamente US$19.000 millones a US$61.000 millones en cinco años.
  • Sostuvo que el Gobierno se está preparando para una eventual dolarización preelectoral aun cuando no espera una corrida cambiaria.
  • Mencionó reservas, swaps, futuros y una estructura de vencimientos de deuda más extendida como herramientas de protección.
  • Volvió a poner a agro, energía, minería y servicios en el centro del modelo exportador.
  • Cerró pidiendo al sector privado que sea protagonista de la transformación económica.

La frase más fuerte: “El riesgo es no invertir”

Caputo buscó invertir completamente una pregunta que acompaña a la Argentina desde hace décadas. En lugar de explicar por qué un inversor debería asumir el riesgo argentino, planteó que el verdadero riesgo es postergar una decisión mientras otros capitales ingresan a sectores que, según el Gobierno, tendrán una expansión extraordinaria.

Su argumento se apoya principalmente en energía, minería, agroindustria, infraestructura y servicios. Argentina posee algunas de las mayores reservas de shale gas y shale oil del mundo, importantes recursos de litio y cobre, una estructura agroexportadora consolidada y potencial para aumentar significativamente las exportaciones energéticas durante los próximos años.

El problema histórico nunca fue solamente la existencia de esos recursos. También fueron la inestabilidad macroeconómica, los cambios regulatorios, los controles cambiarios, los defaults y la dificultad para establecer reglas que sobrevivieran a los distintos gobiernos.

Caputo intentó convencer precisamente sobre ese punto: la oportunidad argentina, según su planteo, no sería nueva; lo nuevo sería el marco económico y jurídico para explotarla.

“La santidad de los contratos” como carta de presentación

El ministro dijo que uno de los principales logros de la administración de Javier Milei no se encuentra exclusivamente en la inflación o el resultado fiscal, sino en haber atravesado una crisis muy profunda sin alterar los derechos de propiedad.

Caputo recordó defaults, expropiaciones, confiscaciones, pesificaciones asimétricas y el corralito como ejemplos de soluciones utilizadas en diferentes momentos de la historia argentina cuando la economía quedó sometida a una presión extrema.

Su argumento fue que esas respuestas resolvieron o postergaron determinados problemas fiscales o financieros a costa de destruir la confianza del sector privado.

Por eso utilizó repetidamente una expresión que ya forma parte del discurso económico oficial: “respetar la santidad de los contratos”.

Para los inversores extranjeros, ese aspecto puede ser incluso más importante que una determinada tasa de crecimiento. Una inversión minera o energética puede requerir diez, veinte o treinta años para recuperar completamente el capital inicial. Si las reglas cambian radicalmente después de cada elección, el riesgo termina incorporándose al rendimiento exigido o directamente impide que el proyecto avance.

El ajuste fiscal vuelve a aparecer como el origen de todo

Caputo sostuvo que el Gobierno redujo aproximadamente 30% el gasto público y eliminó rápidamente el déficit fiscal. También afirmó que el proyecto presupuestario permitiría alcanzar cuatro años consecutivos de superávit financiero, algo que presentó como excepcional dentro de la historia económica argentina. Infobae

La lógica oficial es conocida: sin déficit no es necesario financiar al Tesoro mediante emisión monetaria permanente, disminuye una de las principales fuentes de expansión de pesos y, con el tiempo, puede reducirse la presión sobre inflación, tasas y mercado cambiario.

El Gobierno considera que esa modificación fiscal es lo que diferencia la estabilización actual de programas anteriores que lograron reducir transitoriamente la inflación pero mantuvieron desequilibrios debajo de la superficie.

El verdadero examen será sostener esa disciplina durante un período prolongado, especialmente si la actividad se debilita y aumenta la presión política para incrementar gasto o reducir impuestos más rápidamente.

Caputo vuelve a plantear que la inflación extrema quedó atrás

El ministro repasó la aceleración inflacionaria existente cuando asumió Milei y aseguró que el país estaba encaminado hacia una hiperinflación si no se modificaban simultáneamente la política fiscal y monetaria.

Según su interpretación, el cierre del déficit y la eliminación progresiva de los pasivos remunerados del Banco Central fueron decisivos para quebrar aquella dinámica.

Caputo reconoció, de todos modos, que “todavía queda mucho trabajo por hacer”.

Ese matiz es importante porque el proceso de desinflación avanzó significativamente respecto de 2023 y 2024, pero el objetivo oficial continúa siendo llevar la inflación hacia niveles similares a los de economías estables. El Gobierno intenta ahora demostrar que puede completar ese recorrido sin provocar un deterioro prolongado de la actividad.

Vaca Muerta: “No la descubrimos hace dos años”

Uno de los mejores momentos para entender el argumento económico de Caputo apareció cuando habló de Vaca Muerta.

“No descubrimos Vaca Muerta hace dos años”, sostuvo.

La frase resume bastante bien la visión oficial. Los recursos argentinos ya existían. El problema, según Caputo, eran las reglas que impedían que esos recursos generaran inversiones a la escala necesaria.

Durante años Argentina tuvo enormes reservas de gas y petróleo no convencional mientras simultáneamente necesitaba importar energía en determinados períodos. Para el Gobierno, esa contradicción se produjo por controles de precios, restricciones cambiarias, impuestos y falta de previsibilidad regulatoria.

La apuesta actual consiste en revertirla y convertir la energía en una de las principales fuentes estructurales de dólares.

Del agro a la minería: el modelo necesita dólares genuinos

Caputo sostuvo que el Gobierno identificó los sectores donde Argentina posee ventajas competitivas y comenzó a modificar los incentivos para que produzcan y exporten más.

Agroindustria, petróleo, gas, litio, cobre y servicios aparecen en el centro de esa estrategia.

La lógica es que Argentina necesita dejar de depender exclusivamente del endeudamiento o del ingreso circunstancial de capital financiero para conseguir divisas. Cuanto más grandes sean sus exportaciones, mayor capacidad tendrá la economía para permitir importaciones, pago de dividendos, ahorro privado en dólares y acumulación de reservas sin volver periódicamente a restricciones cambiarias.

Por eso la discusión exportadora está directamente conectada con el futuro del cepo. Una economía que genera más dólares estructuralmente tiene menos necesidad de administrar cada uno de esos dólares mediante controles.

El RIGI como gran “paraguas” para las inversiones

Caputo volvió a defender el Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones como una de las herramientas centrales para modificar la relación histórica entre Argentina y los grandes proyectos internacionales.

El RIGI ofrece beneficios fiscales, cambiarios y aduaneros junto con condiciones de estabilidad regulatoria durante períodos prolongados. Su objetivo es reducir precisamente el riesgo de que inversiones que requieren miles de millones de dólares queden atrapadas posteriormente en cambios impositivos o restricciones de acceso a divisas.

Los proyectos ya aprobados representan cerca de US$50.000 millones de inversión, concentrados principalmente en minería, petróleo y gas. Existen además numerosas iniciativas en distintas etapas de evaluación. RIGI.ar

Caputo utilizó en París una cifra superior, cercana a US$57.000 millones aprobados, y mencionó otros US$150.000 millones bajo evaluación. Las diferencias pueden responder a actualizaciones, etapas de aprobación y criterios utilizados para contabilizar los proyectos, por lo que conviene no tratar todas esas cifras como capital ya desembolsado.

Un proyecto aprobado tampoco equivale a dólares que ya ingresaron. Las inversiones se ejecutan gradualmente durante varios años y pueden estar sujetas al cumplimiento de etapas, permisos y decisiones empresariales.

La apuesta: triplicar energía y minería

Uno de los números más ambiciosos de la exposición fue el relacionado con las exportaciones.

Caputo sostuvo que energía y minería generan actualmente aproximadamente US$19.000 millones anuales y podrían alcanzar unos US$61.000 millones dentro de cinco años.

Si ese escenario se materializara, implicaría un cambio relevante en la estructura externa argentina. Energía y minería pasarían a convertirse, junto con la agroindustria, en pilares permanentes de generación de divisas.

La transformación también reduciría parte de la histórica dependencia del clima y de las cosechas.

Durante décadas, una sequía podía eliminar miles de millones de dólares de exportaciones y alterar rápidamente el mercado cambiario. Una matriz más diversificada entre agro, hidrocarburos, minerales y servicios debería disminuir esa vulnerabilidad.

El desafío es que muchos de esos proyectos necesitan años para alcanzar plena producción. La promesa de dólares futuros debe convivir con las necesidades financieras del presente.

Caputo dice que las exportaciones ya están en niveles récord

El ministro aseguró que Argentina registra máximos tanto en exportaciones medidas en dólares como en cantidades físicas y destacó especialmente productos primarios, manufacturas agropecuarias y pequeñas y medianas empresas exportadoras.

La tendencia externa es uno de los puntos más fuertes que exhibe el Gobierno, aunque no todos los sectores de la economía muestran simultáneamente el mismo dinamismo.

Mientras energía, minería y determinadas exportaciones crecen, industria orientada al mercado interno, construcción y consumo enfrentaron meses más débiles durante 2026.

Eso configura una economía cada vez más heterogénea: sectores exportadores muy dinámicos conviven con actividades domésticas que todavía encuentran dificultades para recuperar un crecimiento sostenido.

La gran preocupación de los inversores: 2027

Aunque Caputo aseguró que el riesgo no está en las elecciones, buena parte de su exposición estuvo dedicada precisamente al escenario electoral.

El ministro contó que durante reuniones internacionales algunos inversores le pidieron prácticamente una sola cosa: garantizar la reelección de Milei.

La preocupación es comprensible desde la lógica de un proyecto de largo plazo. Un inversor que compromete miles de millones necesita preguntarse si las reglas actuales continuarán después de diciembre de 2027.

El propio Gobierno reconoce esa inquietud.

Por eso existe cierta tensión en el discurso: Caputo sostiene que el riesgo político está sobredimensionado, pero al mismo tiempo dedica una parte importante de su estrategia financiera a prepararse para posibles tensiones antes de las elecciones.

No invalida su argumento. Simplemente muestra que incluso el equipo económico considera prudente construir defensas frente a un escenario que afirma no temer.

“Nos preparamos como si estuviéramos equivocados”

Esta fue probablemente una de las frases más interesantes de toda la exposición.

Caputo dijo que el Gobierno cree que no habrá una gran crisis cambiaria antes de las elecciones, pero agregó que tiene la responsabilidad de prepararse “para lo peor”. 

La frase muestra una estrategia más prudente que el título político de su discurso.

El ministro intenta convencer a los inversores de que el programa tiene continuidad, pero no descarta que el mercado vuelva a dolarizarse frente a la incertidumbre electoral.

Por eso el Gobierno trabaja sobre reservas, vencimientos en pesos, mercado de futuros y líneas financieras.

La apuesta es evitar que una demanda extraordinaria de dólares se convierta nuevamente en una crisis macroeconómica.

La experiencia de 2025 que Caputo utiliza como antecedente

El ministro puso como ejemplo lo ocurrido antes de las elecciones legislativas de 2025.

Según sus cálculos, durante los meses previos los argentinos aceleraron la compra de dólares y llegaron a acumular alrededor de US$5900 millones adicionales de dolarización. Después de los comicios, esa tendencia se revirtió prácticamente por el mismo monto.

Caputo interpreta ese movimiento como un adelantamiento de decisiones: personas que iban a comprar dólares durante los meses siguientes decidieron hacerlo antes de las elecciones por precaución.

Su conclusión es que no existió una demanda permanente nueva de divisas, sino un desplazamiento temporal.

De ahí surge otra de sus frases: “No hay creación de pesos”.

El razonamiento del ministro es que, si la cantidad de moneda local no se expande fuertemente, una eventual dolarización tiene un límite concreto porque los pesos disponibles para comprar dólares también son limitados.

De 15% a casi 45%: mover la deuda después de las elecciones

Caputo destacó además que el Tesoro consiguió modificar el calendario de vencimientos en moneda local.

Según explicó, anteriormente solamente alrededor del 15% de determinados compromisos vencía después de las elecciones, mientras actualmente esa proporción se acercaría al 45%.

La intención es evidente: reducir la cantidad de pesos que quedan libres precisamente durante los meses en los que podría aumentar la demanda de dólares.

No elimina el riesgo financiero, pero busca disminuir la presión potencial.

Es una de las herramientas que complementan reservas, swaps y futuros.

Los swaps vuelven a aparecer como red de seguridad

El ministro mencionó también las líneas financieras con China y Estados Unidos.

Los swaps no son equivalentes a reservas de libre disponibilidad permanentes. Poseen condiciones específicas, costos y mecanismos de activación.

Pero funcionan como respaldo potencial ante una situación de tensión extraordinaria.

Milei había hablado durante su exposición en París de una verdadera “bazuca de dólares” para atravesar el período electoral. Caputo presentó la misma idea con un lenguaje más técnico: múltiples fuentes de liquidez destinadas a evitar que una corrida financiera pueda convertirse en una crisis sistémica.

¿Entonces el riesgo cambiario desapareció?

No.

Y el propio discurso de Caputo permite entenderlo.

Si el riesgo hubiera desaparecido completamente, el Gobierno no necesitaría extender vencimientos, acumular reservas, mantener líneas contingentes ni prepararse para una nueva dolarización.

Lo que Caputo sostiene es algo diferente: el riesgo existe, pero considera que ahora puede ser manejado sin modificar el rumbo económico.

Esa distinción resulta mucho más precisa.

Durante años Argentina respondió a las crisis cambiarias introduciendo controles adicionales, devaluaciones, restricciones comerciales o medidas extraordinarias. El Gobierno busca demostrar que puede atravesar una situación de tensión utilizando liquidez y disciplina monetaria sin volver a ese esquema.

Tampoco desapareció el riesgo político

El ministro dijo expresamente que no considera a las elecciones el verdadero riesgo para un inversor.

Eso constituye una evaluación del propio Caputo.

Los mercados continúan, de hecho, incorporando variables políticas al precio de los activos argentinos. El riesgo país volvió recientemente a superar los 600 puntos y distintas entidades privadas revisaron sus previsiones de crecimiento mientras se acerca la discusión electoral. 

Además, la continuidad de muchas reformas depende del Congreso y del Gobierno que asuma en diciembre de 2027.

Por eso resulta más preciso interpretar el planteo de Caputo como un mensaje de confianza del Gobierno hacia los inversores, no como demostración de que el riesgo político dejó objetivamente de existir.

El riesgo país sigue siendo la gran frontera financiera

Argentina todavía posee un costo de financiamiento considerablemente superior al de economías consideradas normales.

El riesgo país alrededor de los 600 puntos continúa siendo elevado para un país que pretende recuperar acceso amplio al mercado voluntario de deuda.

Eso encarece el financiamiento soberano y también impacta sobre las empresas, porque el riesgo del Estado funciona como referencia para el costo al que puede financiarse buena parte del sector privado.

Una reducción sostenida podría liberar inversiones que actualmente requieren tasas demasiado altas para resultar rentables.

Por eso el Gobierno deposita tanta importancia en la combinación de superávit fiscal, acumulación de reservas y continuidad política.

La paradoja del discurso de París

Caputo sostiene que el mayor peligro para un empresario es esperar demasiado.

Pero la decisión de esperar no necesariamente surge de desconocer las oportunidades argentinas. Muchas compañías conocen Vaca Muerta, el cobre, el litio y el potencial agroindustrial desde hace años.

La discusión real pasa por determinar qué rentabilidad adicional necesitan para compensar el riesgo argentino y cuánto creen que durarán las reglas actuales.

Esa es justamente la batalla que el Gobierno intenta ganar en París.

No necesita convencer a los empresarios de que Vaca Muerta existe.

Necesita convencerlos de que pueden invertir miles de millones hoy y seguir operando bajo reglas previsibles dentro de quince años.

Infraestructura: rutas, Hidrovía y Belgrano Cargas

Caputo también repasó la agenda de infraestructura que el Gobierno pretende desarrollar fundamentalmente mediante participación privada.

Mencionó la concesión de aproximadamente 9000 kilómetros de rutas, la nueva licitación de la Hidrovía y los planes alrededor del Belgrano Cargas.

La infraestructura es particularmente importante porque el crecimiento de minería y energía puede encontrar límites físicos si carreteras, ferrocarriles, puertos y líneas eléctricas no crecen al mismo ritmo.

Una mina de cobre puede producir miles de millones de dólares, pero necesita caminos, energía y capacidad logística para llevar la producción hacia un puerto.

Vaca Muerta enfrenta una lógica similar con oleoductos, gasoductos y plantas de procesamiento.

La siguiente etapa del modelo exportador dependerá en gran medida de esas inversiones complementarias.

Argentina LNG aparece como uno de los proyectos decisivos

Dentro de la jornada también se presentó el desarrollo de gas natural licuado como una de las mayores oportunidades del país.

El proyecto Argentina LNG contempla inversiones de decenas de miles de millones de dólares y busca transformar el gas de Vaca Muerta en un producto exportable a gran escala hacia Europa y Asia.

Para Argentina sería particularmente importante porque permitiría monetizar reservas que actualmente tienen un límite físico determinado por la demanda doméstica y los gasoductos regionales.

El GNL abre un mercado mundial.

El contexto internacional juega además a favor: Europa intenta diversificar proveedores y reducir su exposición energética a países considerados geopolíticamente riesgosos.

Caputo busca convertir recursos en una historia de inversión

El mensaje final reunió todos esos elementos.

Argentina tiene alimentos, energía, minerales críticos y capital humano. Eso es difícilmente discutible.

Lo que históricamente estuvo en discusión fue la capacidad de convertir ese potencial en inversión sostenida.

Caputo asegura que el cambio fiscal, la política monetaria, la protección de los contratos, el RIGI y la apertura económica finalmente están generando ese marco.

Los próximos años permitirán comprobarlo.

Los casi US$50.000 millones de proyectos aprobados bajo el RIGI representan compromisos importantes, pero deberán materializarse progresivamente en obras, producción, empleo y exportaciones.

El verdadero mensaje detrás de la frase

Cuando Caputo dice que “el riesgo es perder la oportunidad de invertir”, no está afirmando literalmente que Argentina se haya convertido en un país sin riesgo político, financiero o cambiario.

Su propio discurso reconoce que esos riesgos existen.

El mensaje que intenta transmitir es otro: considera que la relación entre riesgo y oportunidad cambió suficientemente como para que esperar sea una decisión cada vez menos atractiva.

Argentina sigue teniendo riesgo país elevado, elecciones por delante y sectores internos con actividad débil. Al mismo tiempo, posee proyectos energéticos y mineros de escala internacional, una balanza energética considerablemente mejor que algunos años atrás y un régimen específico destinado a proteger grandes inversiones.

La apuesta de Caputo es que el segundo grupo termine pesando más que el primero.

Y esa fue, en el fondo, la presentación que llevó a París: el Gobierno no pretende convencer al mundo de que Argentina dejó de tener problemas, sino de que la oportunidad potencial comenzó a ser suficientemente grande como para justificar asumirlos.

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