
Terror en pleno vuelo: identificaron al copiloto de Flydubai que atacó al comandante con un hacha
Alejandro CabreraLo que inicialmente había sido presentado como un grave “incidente de seguridad” dentro de la cabina de un avión de Flydubai adquirió este sábado una dimensión completamente diferente. El fiscal general de Emiratos Árabes Unidos, Hamad Saif Al Shamsi, confirmó oficialmente que el copiloto del vuelo FZ1073 intentó llevar adelante un ataque terrorista mientras la aeronave viajaba desde Emiratos hacia Israel, atacó al comandante con un hacha de emergencia e intentó hacerse con el control del avión antes de ser reducido por pasajeros y miembros de la tripulación.
El sospechoso fue identificado por fuentes vinculadas con la investigación como Hammam al-Hammami, ciudadano omaní. Las autoridades emiratíes todavía no habían difundido públicamente su identidad al momento de las últimas informaciones, pero distintos funcionarios y diplomáticos consultados por Reuters y Associated Press coincidieron en señalarlo como el copiloto involucrado en el ataque. El hombre habría nacido en Emiratos Árabes Unidos, su padre es omaní y su madre siria, mientras que los investigadores también reconstruyen viajes anteriores a Siria y otros elementos de su historial personal para determinar si existió un proceso de radicalización previo al episodio.
El ataque ocurrió el miércoles 30 de septiembre mientras la aeronave atravesaba espacio aéreo saudita rumbo a Israel con más de 170 personas a bordo, la mayoría ciudadanos israelíes. Según los datos de seguimiento del vuelo, el avión llegó a perder alrededor de 16.625 pies de altitud en poco más de treinta segundos, una caída extraordinariamente violenta que refleja la gravedad de lo sucedido dentro de la cabina. El comandante consiguió mantenerse consciente pese a sus heridas y logró abrir la puerta del cockpit, lo que permitió que otras personas ingresaran y redujeran al agresor. Un piloto de reserva que viajaba a bordo tomó posteriormente los controles y consiguió estabilizar el aparato antes de realizar un aterrizaje de emergencia en Tabuk, Arabia Saudita.
Un hacha dentro de la cabina y segundos que pudieron terminar en una tragedia
Uno de los elementos más impactantes revelados por la investigación es el arma utilizada. Al-Hammami habría atacado al comandante con un crash axe, un hacha que forma parte del equipamiento de emergencia de las cabinas de los aviones y que está diseñada para situaciones extremas, por ejemplo para romper determinados paneles o superficies durante un incendio o después de un accidente.
De acuerdo con la reconstrucción oficial emiratí, el copiloto utilizó esa herramienta contra el comandante e intentó tomar los controles de la aeronave. El piloto resultó gravemente herido pero consiguió utilizar las últimas fuerzas que le quedaban para desbloquear la puerta de la cabina, mientras pasajeros y otros integrantes de la tripulación habían comenzado a percibir que algo extraordinario estaba ocurriendo. El ingreso de esas personas terminó siendo decisivo: lograron inmovilizar al agresor mientras otros pilotos presentes en el avión recuperaban el control de una aeronave que había iniciado un descenso extremadamente peligroso.
El avión finalmente aterrizó en Arabia Saudita y el sospechoso fue detenido por las autoridades sauditas. Posteriormente fue trasladado a Abu Dhabi, donde Emiratos Árabes Unidos encabeza la investigación. Israel anunció que sus investigadores participarán del proceso junto con las autoridades emiratíes, mientras se intenta establecer si el copiloto actuó completamente solo o si existió algún grado de coordinación externa.
Hasta el momento no surgieron pruebas públicas que vinculen a al-Hammami con una organización terrorista concreta. Funcionarios regionales indicaron que agencias de inteligencia de varios países del Golfo, con cooperación de Estados Unidos y otros gobiernos occidentales, están investigando sus antecedentes y que las pesquisas preliminares apuntan a la posibilidad de una actuación individual. Esa hipótesis todavía no constituye una conclusión definitiva y el propio fiscal general emiratí señaló que continúan analizándose las motivaciones y todas las circunstancias que rodearon el ataque.
La diferencia es importante. Que Emiratos Árabes Unidos haya calificado formalmente el episodio como un atentado terrorista no significa que ya se haya demostrado la pertenencia del atacante a una organización extremista. El concepto utilizado por las autoridades describe por ahora la naturaleza que atribuyen a la acción; la investigación sobre quién lo radicalizó, si recibió instrucciones o si actuó por cuenta propia continúa abierta.
La pregunta más incómoda: cómo llegó ese copiloto a Flydubai
A medida que aparecen nuevos datos sobre al-Hammami, el foco empieza a desplazarse desde lo ocurrido dentro de la cabina hacia los controles de seguridad que permitieron que llegara hasta allí.
Funcionarios regionales citados por Associated Press aseguraron que el hombre había sido anteriormente apartado de tareas de vuelo en Oman Air debido a preocupaciones relacionadas con supuestas posiciones extremistas y habría sido trasladado posteriormente a funciones administrativas. Más tarde consiguió ingresar en Flydubai, donde habría superado los controles de seguridad habituales antes de ser contratado.
Ese antecedente, si termina siendo confirmado plenamente por la investigación, representa uno de los puntos más graves de todo el caso. No solo porque un piloto supuestamente observado por una compañía anterior consiguió volver a volar comercialmente, sino porque terminó asignado a una ruta especialmente sensible: un vuelo hacia Israel con una enorme mayoría de pasajeros israelíes.
Israel y Omán, además, no mantienen relaciones diplomáticas formales. Autoridades israelíes sostienen que existen protocolos con las compañías extranjeras para evitar que pilotos de países sin relaciones con Israel operen vuelos con destino a su territorio. Todavía no está explicado cómo un ciudadano omaní terminó como copiloto del FZ1073 ni qué controles se realizaron antes de autorizar su participación en esa ruta.
La revisión de antecedentes laborales también comenzó a aportar otros datos. Royal Air Maroc confirmó que al-Hammami había realizado un período de capacitación teórica de tres meses durante 2025 como parte de un proceso de selección, aunque finalmente no fue contratado. Una universidad británica confirmó además que había cursado a distancia estudios vinculados con administración aeronáutica, aunque aclaró que no había recibido allí entrenamiento como piloto. Flydubai, por su parte, mantiene una posición prudente mientras continúa la investigación y sostiene que todavía existen numerosas preguntas sin respuesta.
Ese es probablemente el aspecto que puede transformar el episodio en algo mucho más importante que un ataque individual. La aviación comercial internacional construyó durante décadas sistemas de seguridad cada vez más estrictos para evitar que pasajeros armados ingresen a los aviones, pero el caso Flydubai plantea una vulnerabilidad distinta: qué ocurre cuando la amenaza ya se encuentra dentro de la cabina y forma parte de la propia tripulación.
Las compañías aéreas realizan controles profesionales, psicológicos, médicos y de antecedentes sobre sus pilotos, pero esos mecanismos dependen también del intercambio de información entre aerolíneas, gobiernos y organismos de seguridad. Si efectivamente Oman Air había detectado elementos suficientes para retirar a al-Hammami de funciones de vuelo por preocupación respecto de posiciones extremistas, la investigación deberá establecer qué información existía, quién tenía acceso a ella y por qué no impidió posteriormente su contratación.
Un ataque que también golpea la seguridad aérea entre Israel y el Golfo
El vuelo de Flydubai tiene además una importancia política y regional particular. Las rutas entre Emiratos Árabes Unidos e Israel se convirtieron en uno de los símbolos más visibles de la normalización diplomática iniciada con los Acuerdos de Abraham. Miles de ciudadanos israelíes utilizan Dubai como destino turístico y como centro de conexión hacia Asia y otros puntos del mundo.
Que un intento de ataque terrorista se haya producido precisamente dentro de uno de esos vuelos introduce inevitablemente nuevas preocupaciones de seguridad. La mayoría de los pasajeros del FZ1073 eran israelíes y el incidente ocurrió a pocos días del aniversario del ataque de Hamas del 7 de octubre de 2023, aunque hasta ahora no existe evidencia pública que permita establecer una relación entre ambas circunstancias.
El primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, afirmó que el copiloto habría atravesado un proceso de radicalización islamista y anunció que su Gobierno investigaría si actuó bajo instrucciones de terceros. Esa afirmación corresponde por ahora a la posición del Gobierno israelí: las autoridades emiratíes continúan investigando y no anunciaron públicamente la existencia de vínculos comprobados con organizaciones militantes.
Emiratos Árabes Unidos reaccionó con un mensaje igualmente contundente. Después de que la Fiscalía calificara oficialmente el episodio como terrorismo, uno de los principales asesores de la presidencia emiratí sostuvo que el país mantiene una política de tolerancia cero frente al extremismo y aseguró que no habrá indulgencia con discursos radicales. Para Abu Dhabi, que ha construido parte de su posicionamiento internacional alrededor de la estabilidad, el turismo y la imagen de seguridad interna, lo ocurrido representa también un golpe reputacional considerable.
La investigación deberá determinar ahora qué motivó exactamente al copiloto, si recibió algún tipo de colaboración y cómo consiguió atravesar todos los filtros profesionales y de seguridad necesarios para sentarse frente a los controles de un Boeing con destino a Israel.
Pero existe algo que ya parece claro: la diferencia entre una catástrofe aérea y un aterrizaje de emergencia dependió de apenas unos minutos, de la resistencia de un comandante gravemente herido y de la intervención de quienes consiguieron ingresar a la cabina y reducir al agresor.
El vuelo FZ1073 no terminó convertido en una de las mayores tragedias de la aviación reciente por una combinación extraordinaria de decisiones tomadas en segundos. Ahora, una vez superada la emergencia, llega una pregunta quizás menos espectacular pero mucho más importante para evitar que vuelva a ocurrir: cómo alguien que presuntamente ya había generado alertas de extremismo pudo volver a pilotar un avión comercial y terminar precisamente en la cabina de un vuelo cargado de pasajeros israelíes.


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