Flávio Bolsonaro y Luiz Inácio Lula da Silva protagonizaron el primer debate televisivo de la segunda vuelta brasileña con una estrategia casi opuesta: el senador buscó desde el comienzo llevar al presidente al terreno de la corrupción, la inseguridad y las acusaciones personales, mientras Lula intentó defender su gestión, poner en discusión el ajuste propuesto por su adversario y atacar los vínculos políticos y familiares del bolsonarismo.
Después de semanas de protestas que comenzaron en el sistema educativo y terminaron extendiéndose hacia el costo de vida y el deterioro de los servicios públicos, Francia enfrenta ahora un problema diferente: cómo recuperar el control de las calles sin profundizar una crisis social que ya se convirtió también en política.
Flávio Bolsonaro terminó la primera vuelta 2,2 millones de votos por encima de Lula, pero más de 33 millones de brasileños directamente no fueron a votar. A cinco días del balotaje, ese enorme grupo se convirtió en uno de los principales objetivos de las dos campañas.
Javier Milei llegó a España y en pocas horas acumuló una nueva cadena de controversias: insultó a una periodista de la Cadena SER por una pregunta incómoda, volvió a atacar a medios argentinos, calificó a Pedro Sánchez de “dictador”, atribuyó la inmigración en Ceuta a una estrategia electoral y, apenas un día antes, había ridiculizado un estudio según el cual dos de cada tres argentinos agotan sus ingresos antes del día 20.
España votará anticipadamente el 29 de noviembre en unas elecciones que llegan con un sistema político dividido en cinco grandes espacios nacionales y varios partidos regionales capaces de intervenir en la formación del próximo Gobierno.